burro y hombre

Un asno nos enseña

El buey conoce a su dueño, y el asno conoce el pesebre de su amo, pero Israel no entiende; ¡mi pueblo no tiene entendimiento! (Is 1:3) 

¿Cómo es posible que un buey o un asno nos den una lección? Al comienzo de su libro, el profeta Isaías nos invita a pensar en una característica notoria que tienen estos dos animales. Aunque con fama de tercos y sin demasiada inteligencia, hay algo en lo que jamás fallarán: saben reconocer a su dueño… saben dónde está el pesebre de su amo.

Es un lenguaje cargado de ironía. Israel, el pueblo al cual Dios había librado de Egipto con su mano poderosa y que había comido de la mano generosa de Yahvé, de repente se comportaba peor que un asno. No reconocían quién era su dueño; habían abandonado a su Señor e iban a comer a los pesebres de dioses extraños. Yahvé, a fin de atraerlos hacia sí mismo, tuvo que tratarlos con rudeza; sufrieron en su propio pellejo la ira divina. Sin embargo, en el día de la ira, Dios los trató con misericordia.

Es una paradoja que en los retratos navideños tengamos un asno o un buey, pero que allí no se encuentre Israel. Es que el asno sí conoce el pesebre de su amo. La navidad es una oportunidad para que dejemos de lado nuestra terquedad y reconozcamos a nuestro hacedor, nuestro dueño, ¡que se deja encontrar en un pesebre!

El sentido profundo de la navidad es que tú y yo reconozcamos el pesebre de nuestro Señor y vayamos allí para encontrarle. Su Palabra y sus sacramentos son, hoy, el pesebre donde él puede ser hallado. Aprendamos del asno.

Señor, líbrame de la torpeza y terquedad de ignorar tu presencia, para que busque y encuentre tu pesebre. Amén

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burbuja y árbol

La paz es posible

Convertirán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces. (Is 2:4b)

Procurar la paz, en términos humanos, es un reto muchas veces inalcanzable. Un viejo dicho reza: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. De hecho, así ha sucedido durante siglos: pueblos y naciones armándose hasta los dientes a fin de garantizar la paz. Pero, como enseña la historia, esa paz muchas veces no es más que una frágil tregua. Si impide la guerra, es debido a que el temor que genera el rival hace que el sentido común evite ir contra el instinto de supervivencia.

Pero hay otra paz que sí es posible: es la que sucede cuando la causa de todos los conflictos y enemistades es erradicada y, en su lugar, se instalan el perdón, la confianza y la justicia. Los profetas del Antiguo Testamento anticipan esa era de paz perfecta y duradera. No es una paz construida desde abajo e impuesta por el temor al otro, ni por consenso, sino que viene desde arriba. Es la Shalom de Dios, que está fundada sobre SU buena voluntad y no la nuestra y que busca reconciliar todas las cosas con Dios en la persona de Jesús, el príncipe de paz.

Esa es la paz que habrían de anunciar los ángeles aquella noche a los pastores en Belén: paz y buena voluntad (de Dios) para con los hombres. Ese Niño que viene en camino será la auténtica prenda de paz, dado que tomará sobre sí mismo todo pecado y rebeldía, a fin de que pueda haber perdón auténtico. Siendo perdonados, podemos perdonarnos mutuamente y a nosotros mismos, y ya no tratamos de resolver los conflictos con lanzas y espadas, agresiones ni venganzas. Demos la bienvenida a esta Shalom.

Señor: dame la paz que es fruto de tu perdón. Transfórmame en un instrumento de paz sincera y duradera. Amén

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flores blancas y moradas

Desde Edén hasta Belén

Yo pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre tu descendencia y su descendencia; ella te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón. (Gn 3:15)

La llegada de un niño a un hogar puede generar un gran impacto. Un niño puede ser la concreción de un profundo anhelo… o una sorpresa inesperada que causa un terremoto emocional. ¡Cuánto más puede significar para el mundo la llegada de ese Niño prometido a nuestros primeros padres!

La historia de salvación de la humanidad y la suerte eterna de todos nosotros, estaría ligada a la venida de ese Niño anunciado en el Edén. Adán y Eva, expulsados del paraíso, sumidos en la realidad del pecado, tenían una luz de esperanza: ese descendiente algún día revertiría la tragedia que desencadenó nuestra triste historia de sufrimiento y muerte. Lo que comenzó con un árbol, sería revertido en el árbol de la cruz. Librar del sufrimiento costaría mucho sufrimiento.

En ese Niño serían benditas todas las naciones. Él sería un gran profeta. Sería un rey digno de los nombres más sublimes. Se nos sugiere que ese ser que nacerá será alguien divino, pero al mismo tiempo un siervo humilde, nuestro hermano.

Ese Niño viene en camino: desde el Edén hasta Belén. Como pecadores tenemos razones de sobra para esperarlo y confiar en su venida. Este Adviento puede ayudarnos a renovar nuestra fe en Él. Dios, quien tenía el derecho de abandonarnos en nuestra tragedia, por amor decidió venir en nuestro auxilio en la persona de su Hijo. Que su venida no termine en Belén, sino que alcance nuestra vida y la de nuestra familia, para regresarnos al nuevo Edén.

Padre de la humanidad: gracias por cumplir tu promesa dada en el Edén. Renueva nuestra fe en el Niño de Belén. En su santo nombre. Amén.

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corona

Un rey que viene

¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! (Mt 21:9b)

Si bien hoy en día las monarquías ya casi no existen, es fácil imaginar lo que significaba la visita de un rey. ¡Cuánto despliegue de pompa, lujo y poder acompañaba su venida! Todas las personas tenían que saber que el monarca venía, y en lo posible debían rendirle tributo a su paso. Un rey era un ser muy especial: tenía derecho sobre la vida de sus súbditos. El rey era EL REY, y nadie ignoraba lo que eso significaba.

Los cristianos de todo el mundo comenzamos hoy los preparativos para la llegada de nuestro rey Jesús. Se inicia un período llamado Adviento, término que significa “venida” o “advenimiento”. Este es un tiempo muy especial, en el que comienza un nuevo ciclo en el cual todo puede renovarse. El que viene es muy importante: es el Señor de la vida, el hacedor del mundo, el dueño del universo. Pero su venida no está rodeada de pompa ni de gloria: veremos un pesebre, un burrito, una corona de espinas… ¡una cruz! Sin embargo, en él reside la gloria de Dios.

Vale la pena prepararnos. Se trata de algo más que limpiar y adornar. Se trata de preparar nuestras mentes y corazones en verdadero arrepentimiento y humildad. Su venida fue necesaria por causa de nuestro pecado. La idea es que no nos tome desprevenidos, distraídos, entretenidos en las cosas mundanas. Que el camino hacia la próxima navidad nos prepare para un encuentro real, profundo, cara a cara con Jesús. Que nuestras voces puedan unirse al canto de quienes lo reciben con alabanzas, diciendo: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

Señor: que tu venida no me tome por sorpresa. Ayúdame a prepararme en humildad y sinceridad. Ven, Señor Jesús. Amén

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pareja joven

Cristo está conmigo

(Jesús dijo) “… Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo.” Juan 16:32 

A la mayoría de las personas no les gusta estar solos. Aun cuando algunos prefieren mantenerse alejados de los demás, a la mayoría le gusta identificarse con otras personas o grupos.

La realidad que más abunda, es la soledad. Aun cuando la soledad puede ser insufrible, para muchos provee un sentimiento de calma y complacencia.

Nuestro señor Jesucristo frecuentemente se tomó el tiempo para estar consigo mismo a solas y en silencio. De acuerdo a lo que dice en Juan 8:1, cada uno se fue a su casa, pero Jesús se fue al Monte de los Olivos, donde pasó tiempo a solas con Dios.

En el comienzo de todo, después de crear al hombre, Dios vio que no era bueno para Adán estar solo, por lo que creó a Eva para que fuera su compañera y ayudante. ¿Cuántos jóvenes hoy en día se sienten solos y están confundidos en su búsqueda de la compañía adecuada?

Si pensamos que estamos solos, estamos equivocados. Dios, nuestro Padre celestial, entregó a su hijo Jesucristo para que esté con nosotros siempre. Jesús es también llamado “Emmanuel”, que significa ‘Dios con nosotros’ (Mateo 1:23). Dios envió a su Hijo hecho hombre. Sin embargo, no fue solamente para que estuviera con nosotros, sino para que fuera nuestro Salvador. Sin el sacrificio de Cristo, sin su muerte en la cruz en lugar nuestro, estaríamos perdidos para siempre–solos y condenados por nuestros pecados.

A través de Jesús Dios nos ha dado un nuevo comienzo que continúa hasta la eternidad. Nuestro Señor también dice: “Y yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20b). Si Cristo está siempre conmigo ¿cómo podré decir que estoy solo?

Queridos amigos, determinemos quién será nuestra mejor compañía en el día de hoy. La compañía que escojamos deberá ser suficiente para cubrir todas nuestras necesidades en la vida. Cristo es el único que puede disipar nuestra soledad.

ORACIÓN: Amado Padre celestial, gracias por ser nuestra constante compañía, y por enviar a tu amado y único Hijo para conquistar nuestra soledad. Enséñanos a confiar en ti. Amén.

Biografía del autor: El Rev. Eben Titus es colaborador de Cristo Para Todas Las Naciones de la ciudad de Chennai en India. En los Centros Ministeriales de CPTLN se atienden a las necesidades de las personas compartiendo las Buenas Nuevas de salvación en Jesucristo con hombres y mujeres en más de 50 países y seis continentes a través de 34 Centros Ministeriales. Si desea más información sobre los Centros Ministeriales, diríjase a Por el mundo en el menú, y seleccione el país que le interesa.

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uranio

Pecados que brillan

“Pero el cobrador de impuestos, desde lejos, no se atrevía siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: ‘Dios mío, ten misericordia de mí, porque soy un pecador.'” Lucas 18:13

Tres chinos pagaron $2.000 por una bola hecha de “algo brillante” que pesaba 274 Kg, y a escondidas la pasaron por la frontera y la escondieron en un lugar seguro.

Sorprendidos de que la bola resplandeciera y brillara tanto en la oscuridad, uno de ellos rompió un trozo y lo puso al lado de su cama así durante la noche, cuando se desvelaba, podía jugar con él.

Finalmente, la curiosidad y el deseo de hacer dinero los impulsaron a tratar de venderla. Sabiendo que la mayoría de las personas locales se resistiría a comprar una pelota hecha de “algo brillante”, decidieron ir a Beijing para identificar el material, y hacerla cotizar.

Para que no los descubrieran, antes de emprender el viaje de mil millas, uno de ellos se la pegó al cuerpo con cinta.

Luego de ser arrestados, fueron informados que lo que estaban tratando de vender era una bola gigante de uranio empobrecido. También les dijeron que, usualmente, el estar expuestos a este material no causa problemas. La palabra clave en la frase anterior es “usualmente”.

Cuando leí esa historia publicada por la agencia de noticias Reuters, pensé: “es prácticamente la misma forma en que mucha gente trata al pecado”.

Piensan que el pecado es un juego inocente, y creen que pueden estar cerca y hasta tocarlo sin sufrir ninguna consecuencia. La Biblia dice que están equivocados: el alma que peca, muere. Pecados grandes y pecados pequeños por igual… todos los pecados llevan a la muerte. En otras palabras, el pecado puede parecer algo “que brilla”, pero en realidad es algo muy peligroso.

Por la gracia de Dios, los cristianos podemos reconocer el peligro que hay en el “brillo” del pecado, y por ello es que seguimos el ejemplo del publicano en la parábola de Jesús y, en vez de jugar con el pecado o pretender que es totalmente inocente, decimos: “Dios, ten compasión de mí, que soy pecador”.

No sé qué pecados le estarán molestando su conciencia. Pero sí sé que Jesús vino al mundo para borrarlos. Con la vida perfecta que vivió, Jesús se hizo cargo de todos sus pecados y los clavó en la cruz con él. Gracias al sacrificio de Jesús, sus pecados y todo su brillo han sido eliminados. Gracias a Jesús, usted ha sido salvado.

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados, y te doy gracias por haberte sacrificado para que yo pueda vivir perdonado y seguro de mi salvación. Amén.

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flores rosadas

Dios es fiel

“Pero el Señor es fiel, y él los fortalecerá y guardará del mal.” 2 Tesalonicenses 3:3

En estos tiempos en que la economía es inestable y causa grandes penas a muchos, el encontrar una oferta que nos ahorrará mucho dinero en una compra es casi demasiado bueno para ser verdad.

Tal fue el caso cuando la tienda puso en remate televisores de 52 pulgadas a tan solo $9.99, el cual es un precio increíble. La gente se apresuró a ordenar uno y luego pasar la voz a sus familiares y amigos, a fin de que ellos también lo hicieran.

Pero cuando la tienda anunció que habían “cometido un error”, y que en realidad el precio es $1,179.99, muchos de los que creían haber hecho la “compra de su vida”, se sintieron realmente decepcionados, y algunos hasta reclamaron que la tienda debería honrar su palabra.

Lo cual nos demuestra una vez más que es muy difícil encontrar a alguien que mantenga su palabra todo el tiempo y sin excepción.

Asimismo, nos demuestra otra razón por la que el Dios Trino es maravillosamente único, pues cuando él hace una promesa, podemos garantizar que será cumplida.

  • Si dice que va ha enviar a su hijo como Salvador, lo cumple.
  • Si dice que todo aquél que cree en Jesús como su Redentor no perecerá, podemos estar seguros que así es.
  • Si dice que nos protege del mal, podemos creerle cien por ciento.

 

En lo que respecta a Dios, no tenemos que preocuparnos de que algún día pueda decir que “cometió un error”, pues, así como dijo San Pablo: “el Señor es fiel”.

ORACIÓN: Amado Padre celestial, gracias por asegurarnos que podemos poner toda nuestra confianza en ti. Cuando todo alrededor es cambiante y todos están confundidos, tú permaneces como una roca. Gracias a tu fidelidad he recibido perdón, paz y la seguridad de la salvación. Amén.

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niña con oso

Dando vuelta las cosas

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.” Juan 3:16

El año pasado conocí a unos padres que criaron a su hija usando psicología. Cuando era la hora de ir a la cama, le decían: “¿A quién prefieres llevar contigo a la cama, a tu muñeca o a tu osito?” Lo bueno de esta estrategia es que, cualquiera fuera la decisión que la niña tomara, siempre terminaba yéndose a la cama.

Pero sabemos que los niños aprenden rápido, y esta niña de tres años no era una excepción. A pesar de que no tenía permiso para ir afuera después de la cena, una noche le dijo a sus padres: “¿Quieren que salga por la puerta de atrás, o por la de adelante?”

Siglos atrás, el Señor Jesucristo -al igual que esa niña- dio vuelta las cosas.

Debido al pecado, la humanidad había sido condenada a la muerte eterna. Como nadie había sido capaz de alterar la secuencia de pecado y muerte, la humanidad no tenía esperanza. Pero todo eso cambió cuando llegó Jesús.

Jesús vivió su vida sin pecado, y cumplió todas las leyes. Él murió por nosotros, cargando a la cruz todos los errores que hemos cometido y habremos de cometer. Aún cuando la muerte parecía imposible de ser conquistada, Jesús la conquistó.

Al tercer día resucitó de la tumba, y ahora asegura a todo el que cree en Él que un día también va a resucitar. Por todo esto los cristianos celebramos la vida, la muerte, y la resurrección de un Salvador que ha dado vuelta las cosas.

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, gracias por dar vuelta las cosas. Porque viviste tu vida sin pecar, porque moriste en la cruz cargando nuestros pecados, y porque conquistaste la muerte con tu resurrección, es que podemos celebrar la promesa de la vida eterna. En tu nombre. Amén.

De una devoción escrita originalmente para “By the Way”

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Taxi

Hospitalidad

“Y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.” Mateo 5:41 

Mi profesión demanda que esté viajando casi continuamente, razón por la cual muchas veces me veo en la necesidad de tomar un taxi.

El hecho que haya viajado en muchos taxis y aún así esté escribiendo está devoción, es un claro testimonio del poder de la oración. De veras, ningún viaje en avión, tren, o barco, me ha infundido el temor al Señor con más eficacia que algunos de los viajes en taxi que he hecho desde y hacia los aeropuertos.

Es por ello que no me sorprendió leer en un periódico que las autoridades de St. Paul, Minnesota, debido a que era la ciudad anfitriona de la Convención Nacional Republicana, habían enviado a sus taxistas a una escuela de comportamiento en sociedad.

Al leer esto, varias imágenes vinieron a mi mente. Algunas de las cosas que imaginé fueron:

  • Taxistas aprendiendo a servir delicadamente una taza de té;
  • Taxistas practicando cómo caminar sin que se les caigan los libros que llevan sobre la cabeza;
  • Taxistas preguntando con mucha amabilidad: “Señor, perdone la molestia, pero ¿me podría decir a dónde desea dirigirse en este hermoso día?”

 

Si bien todo esto es sólo parte de mi imaginación, es bien cierto que la ciudad de St. Paul quiso que sus taxistas aprendieran a hacer más que lo requerido, a ser amables, y a ir más allá de sus obligaciones.

Eso es exactamente lo que Jesús les dijo a sus seguidores en el texto de hoy: “Y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” (Mateo 5:41).

En la época de Jesús, cualquier representante de Roma tenía el derecho de obligar a quien no fuera ciudadano romano, a que llevara su carga por una milla. De más está decir que, para estos últimos, esta costumbre resultaba humillante y degradante. Pero aún así, yendo contra esos sentimientos generales, Jesús le dijo a sus seguidores que debían, por su propia voluntad, llevarles la carga por dos millas.

Reflexionemos sobre esto por un momento. Jesús no dijo que debemos ser amables con quienes son amables con nosotros, o con quienes nos pagan por nuestro trabajo, sino que debemos ser amables con nuestros enemigos.

Si en este momento está pensando: “Jesús me está pidiendo demasiado”, recuerde que él practicó lo que predicó. Aún desde la cruz, mientras sus verdugos sorteaban sus ropas, fue capaz de pronunciar palabras de perdón. Sin lugar a dudas, Jesús vivió, sufrió, murió y resucitó, para que este mundo lleno de pecado pudiera ser reconciliado con el Padre celestial.

Ir más allá de nuestras obligaciones, hacer más de lo requerido, ser amables con nuestros enemigos… todo esto Jesús lo hace posible cuando permitimos que él sea el centro de nuestras vidas.

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, gracias por enseñarme y ayudarme a ir más allá de mis obligaciones y a ser amable con mis enemigos. Ayúdame a seguirte con fidelidad para que, a través de mis acciones, muchos más puedan conocerte como Señor y Salvador de sus vidas. En tu nombre. Amén.

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hombre sentado en muelle

El amor del Padre

“Pero era necesario hacer una fiesta y regocijarnos, porque tu hermano estaba muerto, y ha revivido; se había perdido, y lo hemos hallado.” Lucas 15:32 

Al observar la realidad en la que vivimos no puedo dejar de pensar en la parábola del hijo pródigo. Son pocos los jóvenes que hoy en día desean vivir en casa con sus padres, siguiendo ciertos patrones de vida. Todos quieren vivir en total libertad, sin ningún tipo de compromiso y responsabilidad. No le dan valor al calor del hogar, al cariño de los padres y de los hermanos, hasta que llega el momento en que tienen que experimentar por cuenta propia lo amargo que es haberlo poseído todo y estar sin nada por haberlo tirado todo por la ventana.

Muchos cambian la verdadera felicidad por unos momentos breves de placer. Son como el joven de la parábola narrada por Jesús, que abandonó su hogar para poder sentir la libertad que ofrece el mundo. Lamentablemente el que desea vivir esa experiencia tendrá que pagar el precio que significa vivir libremente, sin compromisos y responsabilidades. Mientras este joven tenía dinero, podía comprar la compañía de los amigos, el placer, la supuesta felicidad. Pero cuando se acabaron sus bienes terminó todo su bienestar terrenal. Y cayó bajo, a lo más profundo del lodo, cuidando cerdos y alimentándose con lo que ellos comían.

Y recién allí se da cuenta de su situación, tuvo que caer tan bajo para poder arrepentirse. Arrepentido decía: En la casa de mi padre los empleados viven tan bien y yo aquí muriendo de hambre en este lodo. Y decidió regresar… regresar al Padre, este es el secreto queridos jóvenes. Que bueno es cuando Dios nos alcanza con su Palabra y consigue cambiar nuestro corazón de manera que regresemos a él.

Muchas veces nuestra duda es, ¿será que me va a recibir de vuelta? Sí… nuestro Dios es un Padre lleno de amor y de ternura, que hace fiesta cuando uno de sus hijos decide volver arrepentido. Nuestro Padre nos ama tanto, que decidió dar a su propio y único Hijo como precio por nuestro rescate.

Volvamos al Padre, él nos está esperando con los brazos abiertos y quiere que vivamos siempre en su compañía.

ORACIÓN: Querido Padre celestial, gracias por amarme tanto y por estar siempre dispuesto a perdonarme y a recibirme de vuelta cuando me aparto de Ti. Amén.

Biografía del autor: Pastor Laureno Sitzmann es 2º Vicepresidente de la Iglesia Evangélica Luterana del Paraguay. En los Centros Ministeriales de CPTLN se atienden a las necesidades de las personas compartiendo las Buenas Nuevas de salvación en Jesucristo con hombres y mujeres en más de 50 países y seis continentes a través de 34 Centros Ministeriales. Si desea más información sobre los Centros Ministeriales, diríjase a Por el mundo en el menú, y seleccione el país que le interesa.

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