No temas dice el Señor | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile | 28/02/2019

No temas

Cuando Simón Pedro vio esto, cayó de rodillas ante Jesús y le dijo: “Señor, ¡apártate de mí, porque soy un pecador!”. Y es que tanto él como todos sus compañeros estaban pasmados por la pesca que habían hecho. También estaban sorprendidos Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús le dijo a Simón: “No temas, que desde ahora serás pescador de hombres”.

Lucas 5:8-10

 

 

Había sido un día difícil para Pedro. Había estado pescando toda la noche, probablemente con su hermano Andrés y sus compañeros Jacobo y Juan, y aun así no habían pescado nada.

 

A la mañana siguiente, mientras preparaban sus redes para volver al lago, un rabino visitante le pidió a Pedro prestado el bote para predicarle a la gente en la costa. “¿Por qué no?”, pudo haber pensado Pedro. “Puede predicar sin ser apretujado por la multitud, y todo lo que tenemos que hacer es mantener el bote en un solo lugar”. Podría ser un buen descanso después de una noche decepcionante.

 

Pero cuando terminó la predicación, Jesús le dio un consejo al pescador con mala suerte. “Lleva la barca hacia la parte honda del lago y echen allí sus redes”, dijo. Pedro sabía que era una pérdida de tiempo. Pero para mostrar respeto lo hizo, y al poco rato él y sus compañeros estaban hundidos hasta la cintura, ¡casi hundiéndose por completo!

 

Pedro estaba aturdido. Cayendo de rodillas ante Jesús, dijo: “Señor, ¡apártate de mí, porque soy pecador!”. Estaba aterrorizado, ¿y quién podía culparlo? Los milagros no suceden todos los días. ¡Estar involucrado en un milagro da miedo! ¿Y estar al lado de aquel que lo hizo realidad? No es de extrañar que Pedro quisiera salir de esa situación. Todos los errores que había hecho le vinieron a la memoria, cada maldad, cada mentira, cada vez que hacía trampa o maldecía. ¿Cómo podía estar cerca del Dios santo?

 

Para nosotros también es así, ¿no es cierto? Jesús nos dice que hagamos algo, la situación se agrava y de repente nos encontramos abrumados, aturdidos. ¿Quieres que haga qué, Señor? ¿Hablar con esa persona sobre el ti? ¿Por qué? ¡Ni siquiera puedo abrir la boca! ¿Asumir esa responsabilidad que me aterra en mi familia o en la iglesia? ¿Corregir el error que todos conocen, pero que nadie trata de solucionar? No, yo no. Soy pecador. ¡Aléjate de mí, Señor!

 

Pero Jesús nos calma así como calmó a Pedro: “No temas”. Él sabe todo acerca de esos pecados que nos aterran y de esas viejas culpas que parece que no podemos superar. Los llevó a todos a la cruz. Él nos ha perdonado, nos ha lavado, nos ha hecho aptos para su servicio. No debemos temer por lo que somos o hemos sido. Jesús nos está llamando.

 

Y tampoco nos dejará solos. Sea lo que sea que tengamos que hacer él estará con nosotros guiándonos, fortaleciéndonos, enseñándonos a depender de él con todo nuestro corazón. Él sabe que lo necesitamos. Como le dijo a Pedro y a los demás la noche antes de su muerte: “Yo soy la vid y ustedes los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí ustedes nada pueden hacer” (Juan 15: 5). Él nos mantendrá en su amor.

 

ORACIÓN: Señor, cuando tenga miedo, ayúdame a confiar en ti. Gracias por estar siempre conmigo. Amén.

 

Dr. Kari Vo

 

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Edificando el cuerpo de Cristo | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile | 27/02/2019

Edificando el cuerpo

Lo mismo pasa con ustedes. Puesto que anhelan tener los dones espirituales, procuren abundar en ellos para la edificación de la iglesia.

1 Corintios 14:12

 

 

Uno tiene que apreciar el interés del apóstol Pablo por el funcionamiento de la iglesia.

 

Al escribirles a los creyentes en Corinto, trata una serie de asuntos que estaban afectando la fe y la vida de esa congregación: divisiones entre ellos, inmoralidad sexual, juicios frívolos entre sus miembros, problemas relacionados con el matrimonio y la circuncisión, idolatría, el mal uso de los dones espirituales. Todas estas cosas, y sin duda más, plagaban tanto la vida de esta iglesia, que Pablo les habló como si fueran niños en la fe.

 

“Hermanos, yo no pude hablarles como a personas espirituales sino como a gente carnal, como a niños en Cristo. Les di a beber leche, pues no eran capaces de asimilar alimento sólido, ni lo son todavía, porque aún son gente carnal. Pues mientras haya entre ustedes celos, contiendas y divisiones, serán gente carnal y vivirán según criterios humanos” (1 Corintios 3:1-3).

 

Lamentablemente, los problemas que enredaron la vida de los creyentes en Corinto y las perturbaciones que agobiaron la salud y la madurez espiritual de la iglesia no son infrecuentes entre las iglesias actuales. También tenemos problemas que nos dividen, preocupaciones que nos desgastan y malentendidos que erosionan nuestra unidad y comprometen nuestra integridad como seguidores de Cristo.

 

En respuesta a esto, Pablo dice que debemos “procurar abundar en los dones para la edificación de la iglesia”. Aquí toma las riendas para guiar a la asamblea corintia en la dirección correcta. Les recuerda que, en la edificación de la iglesia, en la atención a la comunidad y en la satisfacción de sus necesidades, Cristo es el centro, aquel en quien ellos confían. Los lazos especiales con Pablo o Apolos o Cefas, no lo harán. “Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y ustedes son el campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios” (1 Corintios 3:9).

 

Cuando se trata del derramamiento de los dones espirituales, Pablo enfatiza una vez más la unidad cooperativa del cuerpo de Cristo: “Todo esto lo hace uno y el mismo Espíritu, que reparte a cada uno en particular, según su voluntad. Porque así como el cuerpo es uno solo, y tiene muchos miembros, pero todos ellos, siendo muchos, conforman un solo cuerpo, así también Cristo es uno solo. Por un solo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, tanto los judíos como los no judíos, lo mismo los esclavos que los libres, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. (1 Corintios 12:11-13).

 

Y lo que realmente debería unirnos, como Pablo tan elocuentemente les dice a los corintios y a las muchas otras iglesias que visitó, es el amor. El amor es lo que supera todo lo demás. El amor es lo que evita los celos, la vanidad y las pequeñas diferencias. El amor es lo que actúa en circunstancias difíciles, buscando siempre ser más como Jesús.

 

Somos su cuerpo, un cuerpo formado por miembros individuales como tú y yo.

 

ORACIÓN: Señor Jesucristo, nos has dado el privilegio de ser tu cuerpo en la tierra. Renueva nuestras mentes y corazones para amar a los demás como tú nos has amado. En tu nombre oramos. Amén.

 

Paul Schreiber

 

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El amor unió a Carlos y Carmen en la verdad del Evangelio | Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN- Chile

El amor unió a Carlos y Carmen en la verdad del Evangelio

Carlos Silva y Carmen Vergara transmiten un entusiasmo que cualquier joven en sus veinte años envidiaría. Y esa energía, para estos abuelos, tiene una razón: el descubrimiento de la verdad del Evangelio.

 

Todo comenzó en 2016, cuando don Carlos, contador jubilado (y además payador), se acercó al estand que Cristo Para Todas Las Naciones – Chile instala dos veces por semana en el Centro de Salud Familiar “Dr. Fernando Maffioletti”, de la comuna de La Florida, en el sur de Santiago.

 

Aunque don Carlos ya estaba familiarizado con el Programa de Literatura de LHM/CPTLN – Chile, porque era en ese entonces presidente del centro de salud, fue la invitación del pastor luterano James Tino al servicio dominical de la iglesia el primer paso para su cambio de vida. “Ya yo estaba decidido”, afirma, al referirse a su convicción de confirmarse como luterano en ese año, a la edad de 73 años.

 

 

Decepcionados

Carlos y su esposa Carmen -modista pensionada, de 73 años de edad- desde niños fueron fieles católicos.

 

En una congregación de La Florida, ambos preparaban a parejas para el matrimonio, y poco les faltó para convertirse en consejeros.

 

Pero en los últimos años su decepción acerca de la iglesia fue creciendo, por distintas razones.

 

El más convencido a cambiar de iglesia era Carlos, pues pese a que Carmen ya había asistido a algunos servicios con su esposo, y le habían gustado, aún no se sentía preparada para entrar a la iglesia.

 

 

Una decisión por amor

Carlos y Carmen sabían que no podían seguir separados en la fe.

 

Todo comenzó en la ceremonia de sus 50 años de matrimonio, que celebraron en la misma parroquia católica en la que se congregaban. Carmen estaba feliz de celebrar sus segundas nupcias, pero Carlos no tanto, pues sentía que ya no pertenecía a esa iglesia.

 

Carlos, no obstante, por complacerla a ella se alejó de la iglesia luterana por al menos un año. Juntos asistían a los servicios católicos, pero empezaban a echar de menos la confraternización que habían conocido en la congregación luterana.

 

Incluso, en ese lapso, buscaron otras iglesias para congregarse, pero sus servicios no los convencieron.

 

Carlos quería volver a la iglesia luterana, pero antes debía hacer una reafirmación de la fe y su esposa debía hacer la catequesis para poder confirmarse.

 

“Ahora yo ya entendí por qué él (Carlos) no debió irse conmigo; él ya se había comprometido con Dios”, expresa Carmen.

 

Ambos fueron confirmados el 10 de febrero de este año en la Iglesia La Cruz de Cristo, en La Florida.

 

Para Dios no existen fronteras

La pareja está feliz de su renacer en la fe. “Ahora mi fe es muy grande”, afirma Carmen.

 

Carlos resume su viaje espiritual de esta manera: “Para llegar a Dios no hay fronteras. El que quiere a Dios lo busca, como sea. Se estrecharán los caminos, habrá caminos abruptos, cientos de problemas, pero lo importante es llegar a la meta, estar a los pies del Señor y decirle ‘aquí estoy, Señor, perdóname si te he ofendido, es lo único que te pido. Amén”.

 

El amor unió a Carlos y Carmen en la verdad del Evangelio | Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN- Chile
Carlos y Carmen en la ceremonia de reafirmación de la fe y confirmación, respectivamente.

 

 

*Redacción: Moisés Hernández

 


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Jesús sufrió en nuestro lugar - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 26/02/2019

Jesús sufrió en nuestro lugar

En el año que murió el rey Uzías, yo vi al Señor sentado sobre un trono alto y sublime. El borde de su manto cubría el templo. Dos serafines permanecían por encima de él… Uno de ellos clamaba al otro y le decía: “¡Santo, santo, santo, es el Señor de los ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria!”. Entonces dije yo: “¡Ay de mí! ¡Soy hombre muerto! ¡Mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos, aun cuando soy un hombre de labios impuros y habito en medio de un pueblo de labios también impuros!”. Entonces uno de los serafines voló hacia mí. En su mano llevaba un carbón encendido, que había tomado del altar con unas tenazas. Con ese carbón tocó mi boca, y dijo: “Con este carbón he tocado tus labios, para remover tu culpa y perdonar tu pecado”.

Isaías 6:1-2a, 3, 5-7

 

En este pasaje, el profeta Isaías nos da una de las más hermosas descripciones de Jesús en el Antiguo Testamento. (Sí, es Jesús; Juan 12:41 deja en claro que Isaías estaba viendo la gloria de Jesús).

 

Isaías ve a Jesús “alto y sublime”, sentado en el templo entre los ángeles. Los serafines claman: “Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos; ¡Toda la tierra está llena de su gloria!”. El humo del incienso llena el templo.

 

Isaías no puede lidiar con eso. Está dominado por la gloria y santidad de Jesús. El contraste con su pecado es demasiado. Y así, Isaías también clama, pero no para decir “santo, santo, santo”. Por el contrario, dice: “¡Ay de mí! ¡Porque estoy perdido!”. Sus “labios impuros” no pueden decir nada más. Solo puede confesar su propia impiedad en la presencia del Dios santo.

 

Ese es nuestro problema, también, ¿no es así? Somos impuros por naturaleza. Tratamos de hacer lo correcto, pero a menudo pecamos con nuestros labios. Mentimos, engañamos y torcemos la verdad. Nos envanecemos, chismoseamos y devolvemos la agresión. Usamos nuestro discurso para derribar a otros en lugar de edificarlos. Al igual que Isaías, tenemos que gritar: “¡Ay de mí!”.

 

Y Dios también tiene misericordia de nosotros, tal como lo hizo con Isaías. Un ángel voló hasta Isaías con un carbón ardiente tomado del altar de Dios. El carbón estaba tan caliente, que el ángel tuvo que llevarlo con pinzas. Y lo llevó a los labios de Isaías, diciendo: “Con este carbón he tocado tus labios, para remover tu culpa y perdonar tu pecado”.

 

¿Notas algo extraño en esta historia? En ninguna parte dice que el carbón ardiente hirió a Isaías. El ángel se lo pone en los labios e Isaías es perdonado, purificado. Pero él no parece estar sufriendo. ¿Quién se llevó el sufrimiento?

 

Nuestro Señor Jesucristo lo hizo. El carbón ardiente vino del altar de Dios, que apuntaba a la cruz de Jesús. En ese altar Jesús se ofreció a sí mismo por nuestros pecados, haciéndose expiación por nosotros para que pudiéramos ser purificados. El sufrimiento es de Jesús; el perdón es de nosotros.

 

¡Cuánto nos ama!

 

ORACIÓN: Señor Jesús, gracias por llevarte el sufrimiento que nos pertenecía y por limpiarnos nuevamente. Amén.

 

Dr. Kari Vo

 

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Temas inconclusos-los planes del Señor-Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile-25/02/2019

Temas inconclusos

Tú, Señor, cumplirás en mí tus planes.

Salmo 138:8a

 

Los cristianos somos una obra en progreso, específicamente, una obra creada, mantenida, supervisada y completada por la mano del Señor.

 

Pablo escribe en Efesios 2:10 que nuestra vida es obra de Dios, creada en Cristo para buenas obras ya preparadas y preordenadas para que podamos andar en ellas. ¿No sería bueno saber específicamente cuáles son las buenas obras que el Señor nos ha preparado de antemano? Con ese conocimiento previo podríamos trazar un mejor curso de acción. Todo encajaría perfectamente en su lugar. Nuestro futuro sería seguro, predecible, cómodo y predeterminado.

 

Esto puede sonar atractivo para cualquier cristiano que clasifique la seguridad como una prioridad, pero sería una vida sumamente aburrida, sin mencionar que no habría necesidad de tener fe en las promesas de Dios para sostenernos. Dios conoce nuestro futuro y todas las cosas buenas que él quiere que hagamos en su reino. Ese conocimiento es “el tema inconcluso” de nuestra vida, pero se revelará poco a poco, día a día, hora a hora, incluso minuto a minuto, mientras caminamos en fe confiando en el Señor.

 

En gran alabanza David clama en este salmo para que Dios lo libere de todos sus enemigos. David sabe que su victoria en el día de la batalla viene solo de la gracia de Dios, quien cambia el curso de la batalla en su favor. ¿Por qué ese trato preferencial para el rey David? Porque el Señor no dejará sola la casa de David hasta que no haya terminado todos sus “asuntos” mesiánicos a través de él. “Cuando me encuentre angustiado, tú me infundirás nueva vida; me defenderás de la ira de mis enemigos, y con tu diestra me levantarás victorioso” (Salmo 138:7).

 

Bien por el rey David, pero ¿y tú? ¿Cuál es el tema inconcluso de tu vida?

 

Los poderes invisibles de este mundo superan con creces las amenazas visibles que vemos. Jesús advirtió: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Más bien, teman a aquel que puede destruir alma y cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). Dios juzga con la cruz de Cristo a toda la raza humana a lo largo de toda su historia. Los ojos de la fe ven esta realidad. En esa historia del mundo, tu vida cristiana deambula desde tu nacimiento hasta tu muerte. Las fuerzas del mal luchan contra tu vida para desviarte del propósito que Dios te dio en Cristo y buscan destruir la vida de buenas obras preordenadas para ti en Cristo. La misión del diablo es tentarte incesantemente, seduciéndote para que desperdicies tu vida en trivialidades mientras te especializas en cosas insignificantes para que, en el día del juicio, todo el bien que podrías haber hecho en Cristo se vea negligente y flaco.

 

Contra tal horrible resultado se encuentra la promesa de Dios a través de la boca de David: “Tú, Señor, cumplirás en mí tus planes.” ¡Entonces cree! La niebla de la tentación se evaporará. La desesperación de una vida desperdiciada por el pecado se secará. ¡Se restaurará la claridad y se renovará la fuerza de carácter hasta que el tema inconcluso de tu vida concluya para la gloria de Dios en Cristo Jesús!

 

ORACIÓN: Padre celestial, confío solo en ti para terminar el tema inconcluso de mi vida en Cristo y cumplir tu propósito para mí. Amén.

 

Dr. Mark Schreiber

 

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Él tendrá compasión - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 22/02/2019

Él tendrá compasión

Dios nos lo ha impuesto. Así que callemos y confiemos. Hundamos la cara en el polvo. Tal vez aún haya esperanza. Demos la otra mejilla a quien nos hiera. ¡Cubrámonos de afrentas! El Señor no nos abandonará para siempre; nos aflige, pero en su gran bondad también nos compadece. No es la voluntad del Señor afligirnos ni entristecernos.

Lamentaciones 3:28-33

 

 

Jeremías estaba aprendiendo, como lo había hecho Isaías, que Dios dice: “Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni son sus caminos mis caminos. Así como los cielos son más altos que la tierra, también mis caminos y mis pensamientos son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes” (Isaías 55: 8-9).

 

Estaba aprendiendo por experiencia personal lo que el salmista ya sabía: que los caminos de Dios son imposibles de descubrir. Por más astutos y perspicaces que seamos o tratemos de ser, siempre hay un misterio que trasciende nuestra comprensión de lo que nos sucede. Esto no es un pensamiento consuelo, sino más bien es reconocer que la finitud del hombre nunca podrá aprehender lo infinito; que lo que Dios tiene en mente, los patrones maestros que Él está tejiendo, siempre es mayor que lo que podamos comprender.

 

Somos “santos sufrientes”. Podemos decir que la injusticia parece estar caminando sobre la faz de la tierra. Lo primero que comienza a suceder con los santos sufrientes es que en medio de todo, y al igual que Jeremías, debemos reconocer el propósito de Dios. Ningún ser humano, gobierno, sínodo o empresa que se interponga ante Dios permanecerá para siempre. Cuando el Antiguo Testamento habla del temblor de los cimientos, es porque el Primer Mandamiento puede convertirse nuevamente en el mandamiento gobernante, amándolo a Él en primer lugar y por sobre todas las cosas.

 

Jeremías no anduvo predicando una especie de pensamiento positivo del Evangelio de “ten esperanza, no importa lo mal que se vean las cosas”. Él siempre tuvo esperanza en Dios, pues se dio cuenta de que Dios es el proveedor de todas las cosas, el Rey de todos los reyes, y el Señor de todos los señores. Cuando comenzamos a confiar en algo que no es Dios, Él va a permitir que algo suceda para que, en medio de eso, Él sea revelado como el único Rey que reina por siempre. Reconoce, entonces, que Dios siempre tiene un propósito, y espera en él.

 

También se nos recuerda que otra razón por la que esperamos en Dios es que el sufrimiento que consideramos tan malo, el sufrimiento que termina en la muerte y que nos separa de quienes más nos importan, tiene lugar bajo el mismo Dios quien, aunque hace caer los imperios humanos, nos mantiene seguros en su hijo Jesucristo. Las historias de resurrección de la hija de Jairo, de Lázaro y de su Jesús mismo nos recuerdan que Él tiene la victoria sobre la muerte. Y esa victoria que da también a sus “santos sufrientes”.

 

ORACIÓN: Padre celestial, aunque la vida a veces puede parecer sombría, en tu Hijo, nuestro último vencedor, tenemos confianza para esta vida y la vida venidera. En el Nombre de Jesús oramos. Amén.

 

 

Rev. Edward Wessling

 

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Buenas nuevas, en primer lugar

Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades se los llevaban, y él ponía sus manos sobre cada uno de ellos y los sanaba. También de muchos salían demonios, los cuales gritaban: «¡Tú eres el Hijo de Dios!»… Al llegar el día, Jesús salió y se fue a un lugar apartado. La gente lo buscaba, y cuando lo encontraron intentaron retenerlo para que no se alejara de ellos; pero él les dijo: «También es necesario que yo anuncie en otras ciudades las buenas noticias del reino de Dios, porque para esto he sido enviado». Y siguió predicando en las sinagogas de esa región.

Lucas 4:40-41a, 42-44

 

 

En el pasaje de hoy dice: “La gente lo buscaba [a Jesús], y cuando lo encontraron intentaron retenerlo para que no se alejara de ellos”. Yo haría lo mismo: me encantaría mantener a Jesús permanentemente cerca, siempre a mano, siempre disponible para hacer milagros de sanación y expulsar demonios. Entiendo perfectamente por qué la multitud quería impedir que se fuera a otro lugar.

 

Si somos honestos, nos gustaría hacer lo mismo, ¿no es cierto? Es natural que valoremos mucho la salud. Quizás estamos enfermos, y eso es muy difícil de soportar, especialmente si la enfermedad implica dolor o nos impide hacer las cosas que necesitamos hacer. Quizás algún ser querido está gravemente enfermo, ya sea en cuerpo o en mente. ¿A dónde más habríamos de llevarlo, sino al Señor nuestro sanador?

 

Y sin embargo. Sin embargo … cuando las personas de Capernaúm trataron de retener permanentemente a Jesús para que pudiera continuar con su ministerio de sanación, Jesús dijo: “También es necesario que yo anuncie en otras ciudades las buenas noticias del reino de Dios, porque para esto he sido enviado”. Y luego siguió su camino, enseñando y predicando sobre el reino de Dios y sobre cómo Dios había preparado un camino para que las personas sean perdonadas y salvas de su pecado.

 

Jesús pone las Buenas Nuevas en primer lugar. Si bien la sanación es claramente importante para Jesús, las Buenas Nuevas son aún más importantes. ¿Y por qué? Porque esas Buenas Nuevas nos ofrecen una sanación más profunda que va más allá de los grandes milagros que le vieron hacer en sus aldeas; una sanación que va más allá de la curación de la fiebre, más allá de la curación del cáncer, más allá de expulsar demonios. Quien confía en Jesús como Salvador, recibe una sanación que va más allá de cualquier otra cosa: la sanación de su relación con Dios y la restauración de su naturaleza humana.

 

Al ofrecerse en la cruz para quitar nuestro mal, Jesús sanó nuestra relación con Dios. Al resucitar de entre los muertos, nos abrió la puerta a la vida eterna. Y al recrearnos a través de la fe en él, nos ha hecho hijos de Dios. Ya en esta vida tenemos el comienzo de esa sanación eterna que se completará el día en que Jesús regrese a nosotros en gloria.

 

ORACIÓN: Querido Señor, ayúdame a atesorar tus Buenas Nuevas y a compartirlas con otras personas a mi alrededor. Amén.

 

 

Dr. Kari Vo

 

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Palabras que coinciden con el testimonio - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 20/02/2019

Palabras que coinciden con el testimonio

Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal resonante, o címbalo retumbante. 1 Corintios 13:1

 

 

Así da inicio al famoso capítulo de amor el apóstol Pablo en el Nuevo Testamento: “Si yo hablara lenguas humanas y angélicas… “. Esto ciertamente sería una aspiración de Pablo: hablar con gran elocuencia y delicadeza al proclamar el Evangelio de Jesús. El pensamiento aquí es que, aún si el mensaje de Pablo fuera transmitido en las lenguas de los ángeles pero sus actos de amor fueran inexistentes, entonces sus palabras serían mero clamor y ruido.

 

¡Qué profundo es esto! Para alguien educado en las Escrituras hebreas y en la tradición rabínica como lo fue Pablo, el hablar con autoridad, desmantelar los mitos de la tradición griega y esclarecer profundas verdades del Antiguo Testamento sobre profecías cumplidas en la Persona y obra de Jesús, el poder hablar con la fuerza y el poder convincente de un ángel serían un regalo supremo del cielo.

 

Pero esto no era lo que Pablo tenía en mente al involucrar a sus hermanos corintios.

 

“Así que, hermanos, cuando fui a ustedes para anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con palabras elocuentes ni sabias. Más bien, al estar entre ustedes me propuse no saber de ninguna otra cosa, sino de Jesucristo, y de éste crucificado. Estuve entre ustedes con tanta debilidad, que temblaba yo de miedo. Ni mi palabra ni mi predicación se basaron en palabras persuasivas de sabiduría humana, sino en la demostración del Espíritu y del poder, para que la fe de ustedes no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2: 1-5).

 

Mientras Pablo viajaba miles de millas por el Mediterráneo hablando con personas e iglesias acerca de la redención encontrada en Jesús, tenía en claro que el amor debía gobernar; el amor debía ser la regla. Sin él, todo lo demás eran solo palabras, sin importar cuán finamente adornadas estuvieran.

 

En esto hay una lección para nosotros hoy. En realidad, hay una gran esperanza para nosotros hoy. Cada vez que tomamos tiempo para estudiar y reflexionar sobre la Palabra de Dios, somos ricamente bendecidos. Podemos encontrar, sin embargo, que traducir este conocimiento a la vida real puede ser difícil. Dios nos habla en su Palabra y encontramos fuerza en eso. Pero podemos encontrar que esa fuerza se desvanece cuando nos encontramos con una oportunidad real de dar testimonio de nuestra fe.

 

Ese sería un buen momento para permitir que intervenga el amor. No estamos llamados a tener todas las respuestas correctas ni a conocer cada cita de las Escrituras, pero sí estamos llamados a amar. El amor se expresa cuando estamos disponibles para los demás aun cuando es inconveniente o costoso, o nos lleva mucho tiempo. Esa clase de compromiso con otro ser humano puede tener más impacto en la imagen que vean de Cristo en ti, que tus argumentos persuasivos y referencias bíblicas.

 

Ciertamente, debemos ser cada vez más capaces de manejar la Palabra de Dios (ver 2 Timoteo 2:15), pero también debemos ser sensibles a vivir su Palabra en nuestra vida. Como dice Pablo: “… me propuse no saber de ninguna otra cosa, sino de Jesucristo, y de éste crucificado” (1 Corintios 2:2).

 

“Jesucristo, y de éste crucificado” – el mayor ejemplo de amor.

 

ORACIÓN: Querido Padre Celestial, por tu Santo Espíritu enséñanos a amar de tal manera que nuestras palabras y nuestro testimonio coincidan. En el nombre de Jesús. Amén.

 

Paul Schreiber

 

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Jesús está con nosotros - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 19/02/2019

Jesús está con nosotros

Y el Señor extendió su mano, me tocó la boca y me dijo: «Yo, el Señor, he puesto mis palabras en tu boca. Date cuenta de que este día te he puesto sobre naciones y reinos, para que arranques y destruyas, para que arruines y derribes, para que construyas y plantes» Jeremías 1:9-10

 

 

¡Pobre Jeremías! Imagina ser un joven, probablemente un adolescente, y que Dios te imponga tal responsabilidad: ser un profeta con el poder de afectar el destino de las naciones y los reinos. Debe haber sido aterrador. No es de extrañar que Jeremías se quisiera zafar, diciendo: “¡Ay, Señor! ¡Ay, Señor! ¡Date cuenta de que no sé hablar! ¡No soy más que un muchachito!”.

 

Pero Dios no lo iba a permitir: “No digas que sólo eres un muchachito, porque harás todo lo que yo te mande hacer, y dirás todo lo que te ordene que digas. No temas delante de nadie, porque yo estoy contigo y te pondré a salvo” (Jeremías 1: 6-8).

 

Puede que no enfrentemos exactamente las mismas presiones que Jeremías, pero tenemos nuestras propias responsabilidades. Quizás seamos padres o abuelos a cargo de pequeñas vidas humanas. O quizás seamos maestros o mentores de algún tipo, responsables de guiar las mentes y acciones de las personas a nuestro cuidado. Quizás seamos empleadores o gerentes, afectando el sustento de los que están bajo nosotros. O quizás hacemos un trabajo que afecta la salud pública o el bienestar financiero de las personas cuyo dinero manejamos. Incluso hasta podríamos ser funcionarios de gobierno que tomamos decisiones que afectan nuestra vida en común.

 

Sea cual sea nuestra responsabilidad, es común y útil que nos sintamos como Jeremías: “No estoy a la altura de esta tarea, Señor. No soy suficiente”. Tenemos razón al sentirnos así, porque es verdad. No somos suficientes. No podemos, en nosotros mismos, hacer el trabajo que Dios nos ha confiado.

 

Pero miremos lo que Dios hizo con Jeremías: le tocó la boca, que simbolizaba el trabajo que Jeremías estaría haciendo, y dijo: “Yo te llamé … Yo te envío … Yo estoy contigo para librarte”. Jeremías no iba a llevar a cabo su ministerio por su cuenta. Tampoco nosotros estamos haciendo nuestro trabajo por nuestra cuenta. Dios nos ha dado algo aún mayor que nuestras responsabilidades: Su presencia, Su guía y Su protección.

 

Por supuesto que nos ponemos nerviosos cuando empezamos una nueva responsabilidad. Pero Jesús está con nosotros. Él ya ha andado por donde debemos andar ahora y ha sido responsable no solo por una persona o un grupo de personas, sino por toda la humanidad. Cuando vino a la tierra para salvarnos, el destino de la raza humana estaba sobre sus hombros. Y al colgar de la cruz, en su hora más débil, soportó la carga de la culpa del pecado de todos nosotros para que, a través de su muerte, pudiéramos ser salvos. La responsabilidad fue solo suya. Ahora que ha resucitado de entre los muertos y vive para siempre junto al Padre, no cabe duda de que puede ayudarnos con las nuestras.

 

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, ayúdame con las responsabilidades que me has asignado, para que tú mismo puedas manejarlas a través de mí. Amén.

 

Dra. Kari Vo

 

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Quién es Jesús - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile. 18/02/2019

“Eres tú”

Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, y en el día de reposo entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se levantó a leer las Escrituras. Se le dio el libro del profeta Isaías, y al abrirlo encontró el texto que dice: «El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha ungido para proclamar buenas noticias a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a proclamar el año de la buena voluntad del Señor». Enrolló luego el libro, se lo dio al asistente, y se sentó. Todos en la sinagoga lo miraban fijamente. Entonces él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes.» Lucas 6:16-21

 

 

Este acontecimiento en una sinagoga de Nazaret tuvo lugar después de que Jesús regresara del desierto de Jordania a Galilea. Allí, guiado por el Espíritu Santo, Jesús había ayunado por 40 días durante los cuales fue objeto de las tentaciones de Satanás. Su regreso a Galilea fue recibido con mucha fanfarria y su predicación en las sinagogas fue alabada por todos. A esa altura, las cosas se veían bien para el hijo del carpintero. Sigue así y no tendrás opositores, deben haber pensado algunos.

 

Pero, por supuesto, el halago de los hombres era lo último que Jesús estaba buscando.

 

“Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes”, ¡por cierto una declaración sumamente audaz! Mientras que algunos se maravillaban y se acercaban para escuchar más, otros retrocedían ante la afirmación de Jesús. Casi que se los puede oír decir: “¡Perdón, pero ¿qué estás diciendo? ¿Acaso no eres un comerciante común y corriente? ¿Qué te da derecho a decir eso?!”.

 

Jesús no necesitó más para comenzar a citar textos bien conocidos de I y II Reyes (en el Antiguo Testamento) que hablan de Elías y la viuda de Sarepta y de Eliseo y el leproso de Siria, dos instancias en las cuales Dios va más allá de su pueblo elegido, llegando a gentiles cercanos que estaban dispuestos a recibirlo.

 

Pero los judíos no quisieron saber nada de eso. “Se levantaron, lo echaron fuera de la ciudad, y lo llevaron hasta la cumbre del monte sobre el que estaba edificada la ciudad, para despeñarlo” (Lucas 4:29).

 

¡Qué trágicamente triste!

 

Si supieran que ese era él, Jesús, ungido con el Espíritu Santo. Era él, Jesús, designado para proclamar preciosas buenas nuevas a los pobres y oprimidos. Era él, Aquél que proclama libertad a los cautivos, que pone en libertad a los oprimidos espiritualmente y que sana a quienes sufren físicamente. Ese era él, el Señor Jesucristo, el tan esperado Mesías de Israel, con cuya llegada se cumplían todas las expectativas proféticas.

 

ORACIÓN: Señor Jesús, abre nuestros ojos para que veamos quién eres y lo que has hecho por nosotros. En tu nombre oramos. Amén.

 

Paul Schreiber

 

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