Los mantos fuera de sus espaldas

Los mantos fuera de sus espaldas - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 29.03.2019

Leer Marcos 11:1-10

Por el camino, muchos tendían también sus mantos, mientras que otros tendían ramas que habían cortado en el campo. (Marcos 11:8)

“Con alfombra roja”. Así es como se describe una bienvenida real en la cultura occidental. La muchedumbre que recibió a Jesús pensaba igual. Con mucha alegría los discípulos de Jesús pusieron sus mantos sobre el lomo del burrito, haciendo lo mejor que podían hacer a falta de montura. La muchedumbre tomó sus propios mantos y los desparramó sobre el camino, formado una alfombra real para que Jesús pasara. Habrá sido pobre e improvisada, pero estaba llena de alegría y amor.

No puedo dejar de preguntarme qué habrán dicho las mujeres a sus esposos e hijos cuando los vieron llegar a casa con más ropa manchada para lavar. Bueno, en realidad, puedo imaginar cada palabra. Pero, ¿cómo se habrán defendido? “Es que era para Jesús”, deben haber dicho. “Perdón por tanta tierra y el trabajo extra. Pero era para Jesús. Espero que comprendas”.

Las mujeres que recibieron a Jesús ya comprendían. Quienes lo habían conocido antes, quienes lo habían escuchado predicar, habían sido sanados o consolados por él, habían sido perdonados y bendecidos, ellos también comprendían. Nada es demasiado bueno para Jesús, porque todo lo que tenemos está manchado… nuestros mantos, nuestros corazones, nuestras vidas.

Gracias a Dios que Jesús vino a limpiarnos. Pero no vino a lavar nuestras ropas con agua y jabón, sino a lavarnos a nosotros para dejarnos perfectamente limpios y puros, como dignos hijos de un rey. Y lo hizo con su propia sangre.

ORACIÓN: Límpiame, Señor Jesús, para que pueda ser un digno hijo tuyo. Amen.

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Sólo un burrito

Sólo un burrito - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 27.03.2019

Leer Mateo 21:1-11

Y [Jesús] les dijo: “Vayan a la aldea que tienen ante ustedes. Allí encontrarán una burra atada, junto con un burrito; desátenla y tráiganmelos. Si alguien les dice algo, respóndanle: ‘El Señor los necesita. Luego los devolverá” (Mateo 21:2-3).

No era más que un burrito. Suficientemente grande como para cargar a una persona, pero tan joven que todavía no había sido entrenado para nada. Y todavía estaba con su mamá.

Ese fue el animal que Jesús eligió para entrar en Jerusalén como rey y salvador. Era costumbre que la realeza judía montara burros o mulas: lo podemos leer en la historia del Rey David. Pero antes que ningún príncipe se subiera a uno de esos animales, ya habían sido bien entrenados. Después de todo, montar uno que no haya sido domesticado, probablemente nos deje de espaldas en el suelo. Y eso todavía es más probable si el animal no tiene montura ni riendas, sino sólo un manto sobre su lomo, y tiene que pasar en medio de una muchedumbre ruidosa.

Sin embargo, nada de eso sucedió con Jesús. Ese burrito sin domesticar lo llevó calmadamente en medio de la muchedumbre a través de las puertas de Jerusalén. Indudablemente, el poder divino de Jesús tuvo algo que ver, al igual que el hecho que sus discípulos llevaron también a su mamá. Al atardecer, los dos burros ya estarían de vuelta en su casa descansando tranquilos.

No podemos decir lo mismo de Jesús. Las noches tranquilas que le quedaban podían ser contadas con los dedos de una mano: domingo, lunes, martes y miércoles. La noche del jueves sería su última comida con los discípulos que amaba. Unas horas más tarde sería arrestado, y ya no dormiría más hasta después de la cruz.

Por supuesto que él sabía todo esto… y estaba de acuerdo. Con su sufrimiento y muerte nos habría de salvar a todos, jóvenes y ancianos, tontos y sabios. Y con su poderosa y gloriosa resurrección nos habría de garantizar la vida eterna junto a él en el cielo.

ORACIÓN: Querido Jesús, gracias por dar tu vida para hacerme tuyo. Amén.

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¿Desperdicio, o no?

¿Desperdicio, o no? - Devocional de Cuaresma de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 27.03.2019

Leer Marcos 14:3-11

Mientras Jesús estaba en Betania, sentado a la mesa en la casa de Simón el leproso, llegó una mujer. Llevaba ésta un vaso de alabastro con perfume de nardo puro, que era muy costoso. Rompió el vaso de alabastro, y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. (Marcos 14:3)

Una vez, mi abuelo me regaló un frasco bien pequeño de un perfume en crema muy caro importado de Grecia. Sólo se podía sacar algo poniendo adentro el dedo pequeño. El frasco de perfume de María, en cambio, debe haber tenido un cuello largo y fino, por lo que la única manera de sacar el perfume era rompiéndolo. Aun así, María no dudó. ¿Para Jesús? ¡Cualquier cosa!

Pero algunas personas que la observaban no pensaban lo mismo. Judas, en particular, se quejó. ¿Por qué desperdiciar algo tan caro en Jesús? (No es difícil ver el problema, ¿no?)

Siempre va a haber personas que piensan que en Dios no se debe desperdiciar nada de valor. Y no se trata sólo de perfume. “¿Por qué desperdicias tu vida en Dios?”, dicen. “Sólo se vive una vez. Gana dinero, diviértete y disfruta de la vida. Dios exige mucho de sus seguidores. No te aflijas, no gastes tu tiempo y tus energías en un Dios así”.

Tienen razón al decir que Dios pide mucho de nosotros. “Perdonen, y serán perdonados”, dice. “Amen a sus enemigos… y oren por quienes los persiguen, para que sean ustedes hijos de su Padre que está en los cielos” (ver Lucas 6:37; Mateo 5:44-45). Y finalmente: “Si alguno me sirve, sígame; donde yo esté, allí también estará mi servidor” (Juan 12:26a).

Es cierto que amar a Jesús tiene un costo, pero vale la pena. Porque Jesús es quien rompió no un frasco de perfume, sino su propio cuerpo para rescatarnos de la muerte y el poder del diablo. ¿Quién puede medir el amor de tal sacrificio? En comparación, el frasco de María no es nada. “Nadie tiene mayor amor que éste, que es el poner su vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando” (Juan 15:13-14).

Este mundo inevitablemente quebrará nuestro corazón. Es imposible escapar a ello sabiendo que el pecado y la muerte son parte de la vida. Pero cuando eso suceda, que no sea en vano sino para dar gloria y honor a Aquél que nos ama.

ORACIÓN: Querido Dios, sostenme firme en tus brazos cuando mi corazón esté abatido y utilízame para que otros también te conozcan. Amén.

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Amor extravagante

Amor extravagante - Devocional de Cuaresma de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 26.03.2019

Leer Juan 12:1-8

Entonces María tomó unos trescientos gramos de perfume de nardo puro, que era muy caro, y con él ungió los pies de Jesús, y con sus cabellos los enjugó. Y la casa se llenó con el olor del perfume. (Juan 12:3)

Trata de ponerte en el lugar de María. No hacía mucho que había estado llorando a los pies de Jesús por la muerte de su hermano Lázaro. Jesús lo había resucitado de la muerte y ahora la familia estaba dando una cena en su honor. ¿Cómo podía agradecerle?

Para Marta era más fácil: lo hacía poniendo en práctica su don de cocinar y servir. Pero María quería hacer algo más. Por eso buscó un tesoro: un frasco de perfume de nardo puro, que probablemente era lo más caro que había en la casa. Y sin más, lo derramó sobre la cabeza y los pies de Jesús (ver Marcos 14:3 y Juan 12:3). Finalmente, se arrodilló para enjugar los pies de Jesús con su cabello, algo totalmente impensable para una mujer judía.

¿Por qué hacer algo así? Era costumbre ungir a los invitados especiales. También era la forma en que se ordenaba a los sacerdotes y se instalaba a los reyes como gobernantes. El mismo nombre “Mesías” (o “Cristo”) significa el “Ungido”. Quizás todas estas cosas estaban en el corazón de María mientras ungía a Jesús.

Cuando pensamos en lo que Jesús ha hecho por nosotros, nos encontramos en el mismo dilema que María. ¿Cómo podemos agradecerle por todo lo que ha hecho? Nos buscó, nos llamó para que seamos suyos, dio su vida para salvarnos, resucitó de los muertos para darnos vida eterna… ¿cómo podremos amarlo lo suficiente? ¡El sólo tratar de expresar esos sentimientos duele! Entonces, cuando no encontramos palabras suficientes para expresar lo que nuestro corazón siente, buscamos otra manera de hacerlo.

Damos gracias a Dios porque Jesús nos ha dado formas de expresar ese amor. Nos ha dado el Bautismo y la Santa Cena. Nos ha dado prójimos, incluyendo a los más humildes, y nos ha prometido que “todo lo que hicieron por uno de mis hermanos más pequeños, por mí lo hicieron” (Mateo 25:40b).

Juan nos dice que la casa se llenó con el olor del perfume de nardo.

Que al amar a nuestro Señor, así como lo amó María, el mundo que nos rodea se llene del perfume de nuestra ofrenda de gratitud.

ORACIÓN: Gracias, Señor, por amarme y por permitirme amarte. Ayúdame a demostrar mi amor por ti en todo lo que hago y digo. Amén.

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No es suficiente

No es suficiente | Devocional Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 25.03.2019

Leer Marcos 12:41-44

Una viuda pobre llegó y echó dos moneditas de muy poco valor… [Jesús dijo] “porque todos han echado de lo que les sobra, pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, ¡todo su sustento!” (Marcos 12:42, 44b)

Dos moneditas que, juntas, valían un centavo. No era mucho para una ofrenda, ¿verdad? Humanamente hablando, una tontería: alguna institución de caridad va a tener que mantener a esa viuda y el costo sin dudas va a ser mucho más que un centavo. El balance entre la ofrenda y el mantenimiento va a dar pérdida. ¿Por qué, entonces, habría de ofrendar?

No es suficiente, pero es todo lo que tiene.

Y Jesús la honra y elogia: “De su pobreza echó todo lo que tenía, ¡todo su sustento!”. Ahora depende totalmente de Dios para que le provea todo lo que necesita, tanto en cuerpo como en alma.

Y ciertamente Dios le provee: porque, aunque ella no lo sabe, el mismo Dios hecho carne está a su lado.

Dios ha ido a Jerusalén por la misma razón que ella: para ofrendar todo lo que tiene, para darse a sí mismo por la salvación del mundo. En pocos días, Jesús estará colgando de una cruz cargando la culpa de cada cosa mala que cada uno de nosotros hemos hecho y habremos de hacer. Allí va a dar su vida y luego va a resucitar, dando todo lo que tiene como ofrenda por nosotros. Gracias a él somos perdonados, limpiados y restaurados a Dios y a la vida.

Lo que Jesús ofrece es suficiente: suficiente para la viuda pobre y suficiente también para nosotros, por más necesitados y quebrados que estemos. Jesús nunca nos va a abandonar ni defraudar. A él pertenecemos. La ofrenda de su sacrifico es suficiente.

ORACIÓN: Señor, confiamos en ti ahora y por la eternidad. Ayúdanos en nuestras necesidades y mantennos siempre a tu lado. Amén.

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La imagen en una moneda

La imagen en una moneda | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 22.03.2019

Leer Marcos 12:13-17

Él les dijo: “¿De quién es esta imagen, y esta inscripción?” (Marcos 12:16b)

Otra vez nos encontramos con los líderes religiosos tratando de atrapar a Jesús con sus propias palabras: “¿Es lícito pagar tributo al César, o no? ¿Qué dice la Ley de Dios?” (Marcos 12:14b). Sabían muy bien que, si decía que lo pagaran, todo el pueblo se iba a poner en su contra pues odiaban los impuestos de Roma. Pero, por otro lado, si decía que no, podía ser ejecutado por los romanos por rebelión. Pero Jesús sabía muy bien lo que estaban tratando de hacer al hacerle esa pregunta.

Así es que corta por lo sano y les pregunta de quién es la imagen y qué nombre dice en la moneda. Ah, ¿dicen que el de César? Bueno, entonces denle a César lo que le pertenece a él. Pero, más importante todavía, denle a Dios lo que le pertenece a él. Denle a Dios su corazón y mente, su cuerpo y alma, porque ustedes llevan en sí la imagen de Dios.

Lo mismo que Jesús les dijo a los líderes religiosos de su tiempo, nos lo dice también a nosotros hoy: “Den a Dios lo que es de Dios”. Dense ustedes mismos, porque Dios los ha creado a su imagen y les ha dado su nombre al bautizarlos. No pertenecen a ustedes mismos, sino que pertenecen a Dios.

Y para no dejar lugar a dudas, Jesús está camino al Calvario donde quitará nuestros pecados y todo posible reclamo que al diablo se le ocurra hacer por causa de nuestros errores. Allí, en el Calvario, su sufrimiento y muerte aclararon todo gravamen que el diablo pudiera tener contra nosotros. Y gracias a resucitó de entre los muertos, Jesús nos promete que nosotros también vamos a resucitar a la vida eterna… hechos nuevos, con la imagen de Dios brillando perfecta en nosotros. Porque pertenecemos a Jesús.

ORACIÓN: Querido Padre, de muchas maneras he enturbiado tu imagen en mí. Perdóname y restáurame en Jesucristo. Amén.

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¿Pagas tus impuestos?

¿Pagas tus impuestos? | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 21.03.2019

Leer Mateo 17:24-27

Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Capernaúm, los que cobraban el impuesto del templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: “¿Su maestro no paga el impuesto del templo?” (Mateo 17:24 NVI)

El impuesto del templo era algo que cada judío debía pagar para subvencionar el templo. Es por ello que, cuando los cobradores de impuestos le hicieron esa pregunta a Pedro, probablemente lo querían saber era si Jesús era un buen judío que apoyaba al templo. La forma en que hicieron la pregunta: “¿Su maestro no paga el impuesto del templo?”, sugiere que tenían dudas.

Pedro fue a buscar a Jesús, y Jesús le hizo una pregunta inesperada: “Los reyes de la tierra, ¿a quiénes cobran tributos e impuestos: a los suyos o a los demás?” (Mateo 17:25b). No hace falta pensar mucho para ver la conexión: Dios, el Rey de todo, tampoco le cobra impuesto a su propio Hijo. O sea que Jesús está exento de pagar el impuesto del templo.

Pero si nos fijamos bien, vemos que Jesús utiliza el plural cuando le dice a Pedro: “Entonces los [hijos] suyos están exentos” (Mateo 17:26b). ¿Quiénes son esos otros hijos del Rey? Pedro. Tú. Yo. Cada creyente en Jesús. Jesús dio su vida para hacernos hijos de Dios. Ahora somos verdaderamente libres; y no sólo del impuesto, sino de todas las demandas imposibles de la Ley, pues Cristo las ha satisfecho todas.

Ahora su Espíritu Santo vive en nosotros dándonos fe y haciéndonos cada vez más como Jesús. Veamos lo que Jesús dice: “Pero para no escandalizar a la gente, vete…” (Mateo 17:27a), y dice el milagro que va a hacer para obtener el dinero necesario para pagar el impuesto del templo para los dos “… para no escandalizar a la gente”. Jesús no les debe nada, pero igual lo va a pagar para evitar molestarlos innecesariamente y especialmente para asegurarse de que nada se interponga en el camino que eventualmente los llevará a creer las Buenas Nuevas sobre él.

“Les hablo así, hermanos, porque ustedes han sido llamados a ser libres; pero no se valgan de esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones. Más bien sírvanse unos a otros con amor” (Gálatas 5:13). Ahora que Jesús nos ha hecho hijos de Dios, su Espíritu Santo vive en nosotros permitiéndonos amar y servir a nuestros prójimos, incluyendo a los cobradores de impuestos. El Señor está obrando a través de nosotros para acercar a la fe en Jesús a quienes nos rodean.

ORACIÓN: Querido Señor, gracias por hacerme libre en ti. Ayúdame a servir a los demás, así como tú me has servido a mí. Amén.

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Ropa nueva

Ropa nueva | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 20.03.2019

Leer Lucas 8:26-39

La gente salió a ver lo que había sucedido. Cuando llegaron a donde estaba Jesús, se encontraron con que el hombre, de quien habían salido los demonios, estaba sentado a los pies de Jesús, vestido y en su cabal juicio. Y tuvieron miedo. (Lucas 8:35)

La historia del endemoniado geraseno comienza como un cuento de terror.

El pobre hombre estaba atormentado por miles de demonios: de allí el nombre “Legión”, que hace referencia a un grupo de más de 5.000 soldados romanos. Como resultado de ese tormento, no podía controlar su conducta. Vivía desnudo entre las tumbas y cuando alguien trataba de encerrarlo, rompía las cadenas y se escapaba.

Era imposible ayudarlo. Nadie podía siquiera mantenerlo en un lugar el tiempo suficiente como para hacer algo por él. Pero cuando Jesús se bajó de la barca, allí esta él listo y esperando ayuda. Y antes que los demonios pudieran decir algo, Jesús les estaba ordenando que se fueran.

¡Qué uso maravilloso del poder divino! Pero todavía había otra necesidad más a saciar. El hombre aún estaba desnudo. Sin embargo, cuando la gente del pueblo llegó a ver lo que había pasado, ya estaba totalmente vestido.

¿De dónde sacó la ropa? No lo sabemos. Lo más probable es que Jesús y sus discípulos se la hayan dado. Alguien habrá dado su muda extra de ropa para cubrir al hombre. Una bendición en dos partes: Jesús echa los demonios y luego-ya sea él mismo o a través de uno de sus seguidores-lo cubre con lo necesario para que no tenga vergüenza.

¿Acaso no es eso lo mismo que hace con nosotros? Con su sufrimiento y muerte Jesús venció el poder del diablo por nosotros, liberándonos de la esclavitud de Satanás. Y con su resurrección de la muerte nos da perdón y nos cubre de toda vergüenza.

Ya no estamos más atormentados, desamparados y desnudos por el poder del diablo. Como nos dice Pablo: “Todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque todos ustedes, los que han sido bautizados en Cristo, están revestidos de Cristo” (Gálatas 3:26-27).

ORACIÓN: Señor, gracias por cubrir mi vergüenza y hacerme tuyo. Utilízame para bendecir quienes me rodean y dar gloria a tu nombre. Amén.

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Durmiendo en la barca

Durmiendo en la barca | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 19/03/2019

Leer Marcos 4:1-2, 35-41

Pero se levantó una gran tempestad con vientos, y de tal manera las olas azotaban la barca, que ésta estaba por inundarse. Jesús estaba en la popa, y dormía sobre una almohada. Lo despertaron y le dijeron: “¡Maestro! ¿Acaso no te importa que estamos por naufragar?” (Marcos 4:37-38)

Seguramente estaba muy cansado. Después de haber predicado todo el día, Jesús está ahora durmiendo en la parte de atrás de la barca sobre una almohada. Dudo que fuera una “almohada” como las que conocemos hoy. Quizás no fuera más que una tela que cubría las redes. Fuera lo que fuese, me sorprende que fuera tan cómodo como para que permaneciera dormido en medio de una tormenta con olas tan grandes que hasta echaban agua adentro de la barca. Sí, seguramente estaba muy cansado.

Y los discípulos estaban muy asustados. Varios de ellos eran pescadores y conocían el Mar de Galilea y sus tormentas. Ya las habían vivido antes. ¡No eran marineros sin experiencia! Sin embargo, esta tormenta los tiene aterrorizados… tanto, que despiertan a Jesús diciéndole: “¿Acaso no te importa que estemos por naufragar?”.

Indudablemente, eso lo despertó. Por más irrespetuosa que haya sido, la “oración” de los discípulos despertó a Jesús y lo puso en acción. “¡Silencio! ¡A callar!”, dice, y la tormenta se tranquiliza: el viento deja de soplar y el mar se calma. Luego Jesús encara la tormenta personal de los discípulos: “¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Cómo es que no tienen fe?”.

Mientras escribo esto, me llegó la noticia que es probable que a un ser querido le haya regresado el cáncer. No quiero navegar por esa tormenta y he pedido de rodillas a Jesús que se despierte y que sea él quien lidie con ella, porque yo tengo miedo… ¡AYÚDAME! Esta barca se está llenando de agua. Por favor, Señor, ¡despiértate!

La situación es horrible. Y, sin embargo, Jesús está con nosotros en nuestra barca. No se ha ido a ninguna parte. Él escucha nuestras oraciones, por más asustadas, irrespetuosas o faltas de fe que sean. Y cuando él hable, la tormenta conocerá a su Señor.

Gracias a Dios por estar con nosotros.

ORACIÓN: Señor, recuérdame que siempre estás en mi barca y ayúdame a confiar en ti en todo momento, especialmente en las tormentas de esta vida. Amén.

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Arrancando espigas

Arrancando espigas | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 18/03/2019

Leer Marcos 2:23-28

Un día de reposo, mientras Jesús pasaba por los sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas a su paso. Entonces los fariseos le dijeron: “¡Fíjate! ¿Por qué hacen éstos en el día de reposo lo que no está permitido hacer?” (Marcos 2:23-24)

A cualquiera se le hace difícil vivir de acuerdo con las expectativas meticulosas y exigentes de los demás. Jesús y sus discípulos tuvieron que lidiar con lo mismo en una oportunidad en que iban caminando y los fariseos los vieron arrancando espigas para comer.

Tenían hambre. ¿Por qué no comer un poco? La ley judía lo permitía explícitamente, siempre y cuando no se llevaran los granos del prójimo en contenedores. Pero los fariseos no iban a aprobar tal conducta; oh, no. Los acusaron de que estaban “cosechando”, lo que era un trabajo prohibido en el día de reposo.

Hubiera sido más fácil si Jesús hubiera discutido con ellos. ¿Desde cuándo arrancar un poco de grano es “cosechar”? Pero Jesús evita la pregunta sobre “cuánto es demasiado” y va derecho al grano: ¿acaso la ley del día de reposo estaba hecha para ser una carga para el pueblo, o para ser una bendición? Luego les recuerda que el Rey David había quebrantado una ley mucho más seria al alimentar a sus hombres, y termina diciendo: “El día de reposo se hizo por causa del género humano, y no el género humano por causa del día de reposo. De modo que el Hijo del Hombre es también Señor del día de reposo” (Marcos 2:27b-28).

Ahí está el centro de todo: Jesús es el Hijo de Dios y eso lo convierte en experto en sus propias leyes. Pero también es Hijo del Hombre, el único ser humano perfecto que está a punto de redimir al resto de la humanidad. Él está cargando sobre sus hombros el peso total de la Ley de Dios, cumpliéndola a la perfección, y preparándose para el día cuando va a tomar nuestro lugar y asumir nuestra culpa sobre sí mismo, cubriéndonos con su perfección.

¿El resultado de su amoroso sacrificio? Una cosecha completa de humanidad recogida como se recoge el grano bueno en el granero de Dios (ver Mateo 3:12). Y no porque hayamos obedecido un sinnúmero de leyes, sino porque hemos confiado en Jesús, quien cumplió la Ley por nosotros y nos dio perdón, libertad y vida eterna.

ORACIÓN: Querido Padre, te doy gracias por todas las cosas con las que me has bendecido, pero más que nada te doy gracias por tu hijo Jesús, mi salvador. Amén.

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