Renovados

Renovados-Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 30042019

Porque así como la muerte vino por medio de un solo hombre, también por medio de un solo hombre vino la resurrección de los muertos. Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 1 Corintios 15:21-22

Pareciera que tenemos que agradecer a Dios por haber resucitado a Jesús de entre los muertos.

Si bien el viejo hombre, Adán, nos otorgó el regalo de la muerte, ese no iba a ser nuestro destino final. Dios, quien hizo al hombre a su propia imagen (ver Génesis 1:27), no iba a permitir que la muerte fuera la declaración final de su creación. Para ello prometió un Salvador (ver Génesis 3:15), que le haría la guerra a la serpiente vil, al engañador astuto, al heraldo de la muerte.

En la promesa del libertador que Dios les hizo a Adán y Eva, nos dio a Jesús y, al hacerlo, nos dio vida. Pero todavía tenemos que lidiar con el aquí y el ahora. Aunque el fin de Satanás está marcado (ver Apocalipsis 20:10), su terrible infección en este mundo continúa. Y lamentablemente, su efecto no está lejos de ninguno de nosotros.

La lucha contra el pecado en nuestras vidas es demasiado conocida y real como para descartarla como un rasgo de carácter del que podríamos deshacernos si tuviéramos suficiente tiempo e hiciéramos terapia. Es el viejo hombre, el pecador que vive dentro de cada uno de nosotros. Y qué cerca que está, provocándonos con alguna queja mezquina o pecado favorito que no podemos superar. Nosotros tampoco podremos vencerlo hasta que se lo entreguemos a Dios y su Palabra, para que pueda llevarse a cabo una verdadera limpieza.

Verdaderamente, por un hombre llegó la muerte, y el cáncer de alma que produjo su acción nos contagia a todos.

Pero por otro hombre (ver Gálatas 4:4), un hombre enviado por Dios (ver 1 Juan 4:9), un hombre que cumplió la ley de Dios y no pecó (ver Mateo 5:17-18), un hombre que lo dio todo por nosotros (ver Filipenses 2:5-8), Jesús, el Cristo, Dios ha hecho posible una nueva vida para todos y cada uno de nosotros (ver 2 Corintios 5:17).

Las Escrituras nos dan un extenso testimonio de quién es Dios, de cuál es nuestra condición ante él y de lo que él ha hecho por nosotros: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:16-17).

Para que no haya dudas, Pablo explica nuestra situación y la solución justa de Dios para todos nosotros:

“Así que, como por la transgresión de uno solo vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno solo vino la justificación de vida a todos los hombres. Porque así como por la desobediencia de un solo hombre muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos. La ley se introdujo para que abundara el pecado; pero cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para traer muerte, también la gracia reine por la justicia para darnos vida eterna mediante Jesucristo, nuestro Señor” (Romanos 5:18-21).

Gracias a Dios. Él nos ha liberado y nos ha dado plenitud.

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, aunque cada día pecamos, por gracia somos salvos. Renuévanos como criaturas nacidas de nuevo para compartir tu mensaje de amor con los demás. En tu nombre. Amén.

Paul Schreiber

Editado por CPTLN Chile

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¿Por qué sucedió esto?

¿Por qué sucedió esto? - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 29/04/2019

Entonces José les dijo: “Acérquense a mí”. Ellos se acercaron, y él les dijo: “Yo soy José, su hermano, el que ustedes vendieron a Egipto. Pero no se pongan tristes, ni lamenten el haberme vendido, porque Dios me envío aquí, delante de ustedes, para preservarles la vida. Ya ha habido dos años de hambre en todo el país, y aún faltan cinco más, en los que no habrá quien are la tierra ni quien coseche nada. Pero Dios me envió delante de ustedes, para preservar su descendencia en la tierra y para darles vida mediante una gran liberación. Génesis 45:4-7

“¿Por qué me tuvo que suceder esto?”. Los cristianos nos hacemos esta pregunta más de una vez. Los teólogos llaman a esto el problema del mal. ¿Cómo puede un Dios bueno, amoroso y todopoderoso permitir que sucedan cosas malas?

Voy a ser honesta: para esta pregunta no hay una respuesta verdaderamente satisfactoria de este lado del cielo. Sin embargo, seguimos siendo cristianos; pero no porque comprendemos a Dios, sino porque en Jesús, nuestro Salvador, vemos su corazón. A pesar del mal que vemos y vivimos, sabemos que Dios es bueno y que nos ama porque envió a su hijo Jesús a morir y resucitar por nosotros. Y es gracias a Jesús que seguimos caminando, incluso a través de la oscuridad. No hay otra respuesta.

Pero hay más preguntas. ¿Qué puede hacer Dios con el mal? ¿Qué cosa nueva y buena puede crear Dios a partir de lo malo que nos ocurre?

Esa fue la pregunta con la que José tuvo que lidiar. Muchos años antes, sus celosos hermanos lo habían vendido como esclavo al lejano Egipto. Allí José aprendió lo que significaba sufrir. Trabajó duro y fue maltratado, e incluso fue falsamente acusado y encarcelado. Tenía todas las razones (humanamente hablando) para dejar de confiar en Dios. ¿Quién podría culparlo?

Seguramente estuvo tentado a renunciar a la fe; sin embargo, el texto bíblico nos dice que salió victorioso y por fin vio cómo Dios produjo algo muy bueno a partir de todo su sufrimiento: la familia de José habría de sobrevivir el hambre y, más aún, ¡habría de prosperar! Gracias a que mucho tiempo atrás él había sido vendido como esclavo a Egipto, en el momento de necesidad estuvo en condiciones de ofrecerles un hogar y toda la ayuda que necesitaban.

Esto no hace menos malvado lo que los hermanos de José le hicieron. El secuestro es secuestro; vender a tu hermano como esclavo nunca estará en la lista de buenos ejemplos morales para imitar. Sin embargo, Dios usó ese gran mal para lograr la salvación de casi cien personas. De esas personas surgió la nación de Israel y, de Israel, nuestro Salvador Jesucristo.

Dios también puede hacer algo bueno de nuestros males. Quizás no lo veamos ahora mismo o en este mundo. Pero igual está bien, porque conocemos el corazón de Dios demostrado en la vida, muerte y resurrección de nuestro querido Señor Jesucristo. Dios está a nuestro favor. Él nos ama y redimirá todos nuestros males.

ORACIÓN: Querido Señor, sostenme cuando sufro el mal, y mantén mi confianza en Jesús, mi Salvador. Amén.

Dra. Kari Vo

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Impresiones de Cuaresma

Impresiones de Cuaresma - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 26/04/2019

Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Filipenses 2: 8

La época penitencial de la Cuaresma acaba de concluir. Ojalá que haya sido un tiempo de reflexión sobre el sufrimiento y la muerte de nuestro Señor Jesucristo, un período en el que pudiste detenerte para considerar tu caminar en este mundo como un “pequeño Cristo”.

Es un tiempo de tranquilidad, un tiempo para reconocer la calma que viene de confiar en Dios, como lo registra el salmista: “¡Alto! ¡Reconozcan que yo soy Dios!” (Salmo 46:10a). Es cierto que esto no es fácil de hacer en el bullicio de nuestro agitado mundo. El ruido constante de los electrónicos puede ahogar esa calma. Si a eso agregamos nuestro propio ajetreo y horarios apretados, es fácil ver por qué es difícil detenerse para conocer a Dios a través de la reflexión y la meditación. ¡Que pérdida tan grande!

Es costumbre que, durante el tiempo de Cuaresma, muchas iglesias propongan disciplinas para que sus miembros fortalezcan su camino de fe. En el pasado, era común el tratar de dejar los malos hábitos o el ayunar. Sin embargo, en los últimos tiempos, esta práctica ha declinado en uso. Aunque estoy seguro de que probablemente causó algún bien el crecer en la autodisciplina, creo que mejor aún es dedicar nuestro tiempo a cultivar nuestra fe y vida personal.

Y no solo durante la Cuaresma, sino durante todo el año. Por ejemplo, solo porque la Cuaresma ha terminado, no significa que no debamos acercarnos más a Jesús. Para ello, busca un lugar tranquilo y reflexiona sobre el profundo amor de Dios. Si tienes 15 minutos, dedícate a leer la Palabra de Dios. Reflexiona sobre lo que ella te dice. Busca profundamente. Hazle preguntas. Medita en sus verdades. Pídele a Dios en oración cómo puedes servirle mejor a Él, a tu cónyuge, a tu iglesia, a tu prójimo. Busca la ayuda del Espíritu Santo para llevar al Señor en cada minuto de tu vida diaria.

Luego explora las muchas posibilidades que pueden enriquecer y fortalecer tu vida. En casa: ¿podemos ser más amorosos y perdonadores con nuestros seres queridos? ¿Cómo podemos mostrar mejor nuestro amor incondicional? En el trabajo: ¿somos un ejemplo cristiano para nuestros compañeros de trabajo? ¿Prestamos atención a las luchas por las que otros están pasando? En la iglesia (donde a veces, irónicamente, es más difícil): ¿cómo podemos servir mejor a nuestros hermanos y hermanas en la fe?

Ahora que se acabó la Cuaresma, no perdamos de vista de qué se trata esa época. Hemos pasado semanas considerando la vida, el ministerio, la muerte y la resurrección de Jesús. Ahora, deja que el mensaje del amor de Dios en Jesús resuene audazmente en tu propia vida.

Que el mensaje de la Cuaresma sea un tiempo para fortalecer tu fe personal y tu vida para la gloria de Dios.

ORACIÓN: Padre celestial, imprime en nuestros corazones el amor que nos has mostrado en Jesús. Amén.

Devoción tomada de The Lutheran Layman, edición de marzo de 1979, “Cuaresma: Es hora de reflexionar sobre la muerte y la vida”, por el Dr. J.A.O. Preus.

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Patrones de habla

Patrones del habla - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 24042019

Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis pensamientos, oh Señor, roca mía y redentor mío. Salmo 19:14

A lo largo de la historia se ha escrito mucho sobre el potencial que las palabras que hablamos tienen tanto para lo bueno como para lo malo.

Alguien incluso llegó a decir: “Los pensamientos expresados a veces pueden morir, pero ni Dios puede matarlos una vez que han sido dichos”.

Aunque ese joven poeta pudo haber sido un poco exagerado, tenía un respeto muy saludable por el poder de la palabra hablada. Quizás no haya nada que pueda romper una relación más rápido que las palabras desagradables o dichas con enojo. Y, a la inversa, las palabras amorosas y consideradas, cuando son dichas con sinceridad, pueden cimentar efectivamente una relación.

El apóstol Santiago también reconoció el poder de la palabra hablada.

En su epístola, tiene mucho que decir sobre lo malo que es hablar palabras difamatorias, mentirosas o engañosas y sobre los resultados de tales “patrones de habla”. Busca Santiago 3:5-12 y fíjate en los versículos 5-8. ¿De qué manera es la lengua como un fuego? ¿Por qué es tan difícil domesticar la lengua? ¿Alguna vez es esto un problema para ti? Piensa en situaciones específicas en las que tu lengua te haya metido en problemas. ¿Hablaste demasiado rápido? ¿Ásperamente? ¿Con un tono no muy amistoso? ¿Qué puedes hacer para minimizar o prevenir este problema?

Ahora mira los versículos 9-12.

Santiago sugiere que la solución real para frenar los pecados de la lengua no es solo abstenerse de ciertas palabras o expresiones, sino más bien estar firmemente arraigados en lo que motiva nuestro discurso. Por lo tanto, lo que debemos preguntarnos es: “¿Qué es lo que motiva mi discurso como cristiano?”. La respuesta, por supuesto, depende de nuestro amor por Dios y de cómo lo mostramos en la vida cotidiana.

Como cristianos, nuestros patrones de habla son motivados por la fe en nuestro Señor Jesucristo y son parte de nuestra respuesta amorosa hacia Él y hacia quienes nos rodean.

El amor de Dios por nosotros en Jesucristo nos impulsa, por el poder de su Espíritu, a seguir las directivas de nuestro Señor: “Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros” (Juan 13:34).

Por supuesto que nuestros patrones de habla y la forma en que nos comunicamos nunca serán perfectos. De manera no intencional, y a veces por diseño, decimos palabras que lastiman a otros y tensan las relaciones. Cuando hacemos esto, necesitamos recordar que de Dios recibimos un patrón de habla lleno de gracia, la Palabra que fue desde el principio y que ha sido enviada para nuestro bien: “Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su Gloria (la gloria que corresponde al unigénito del Padre), llena de gracia y de verdad” (Juan 3:14).

ORACIÓN: Señor Jesús, haz que nuestras palabras te glorifiquen y sean un dulce sonido para quienes las oyen. En tu nombre. Amén.

Devoción enviada por un escritor contribuyente de Lutheran Hour Ministries

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Coleccionando enemigos

Coleccionando enemigos - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 24042019

Jesús miró a sus discípulos y les dijo: “… Bienaventurados serán ustedes cuando, por causa del Hijo del Hombre, la gente los odie, los segregue, los vitupere, y menosprecie su nombre como algo malo. Cuando llegue ese día, alégrense y llénense de gozo, porque grande será el galardón que recibirán en los cielos. ¡Eso mismo hicieron con los profetas! (…) ¡Ay de ustedes, cuando todos los alaben!, porque lo mismo hacían con los falsos profetas los antepasados de esta gente” (Lucas 6:22-23, 26).

A nadie le gusta tener enemigos. Nos duele cuando alguien nos odia, se burla de nosotros o no nos quiere como amigos. ¿Y quién no ha sido víctima de rumores falsos? Algunos de nosotros ya comenzamos a sufrir cosas así en la escuela primaria. Y algunos todavía las sufrimos hoy.

Pero Jesús dice algo sorprendente: “Bienaventurados serán ustedes cuando, por causa del Hijo del Hombre, la gente los odie, los segregue, los vitupere, y menosprecie su nombre como algo malo”. Aparentemente, hay un momento en el que deberíamos estar contentos de tener enemigos que nos maltratan: cuando lo hacen por causa de Jesús.

Pero eso no sucede muy a menudo, ¿verdad? Piensa otra vez. Jesús también dice: “Ay de ti, cuando todas las personas hablen bien de ti, porque así hicieron sus padres a los falsos profetas”. Aparentemente, no tener enemigos es una mala señal. Sugiere que no estamos defendiendo lo que es correcto, que somos demasiado parecidos al mundo en el que vivimos, que encajamos mejor con los impíos que con Jesús. ¡Y eso no es bueno!

Cuando era adolescente solía preocuparme un poco porque no tenía enemigos. Pero con la edad adulta vinieron los enemigos. Una mujer me odiaba porque me vi obligada a llamar a las autoridades cuando la sorprendimos abusando de sus hijos. Hasta el día de hoy, estoy segura de que le gustaría verme muerta. Otro grupo de personas odiaba a mi esposo, el pastor, porque permitía que una mujer con una reputación terrible asistiera a la iglesia. Temían que la iglesia recibiera un mal nombre si acogía a los pecadores.

Los cristianos atraemos enemigos naturalmente, porque simplemente no encajamos bien en nuestro mundo. Si sigues a Cristo, tarde o temprano es probable que tengas que tomar una decisión: ¿hago lo correcto y enojo a alguien, o no hago nada y mantengo a todos contentos conmigo? Aunque estamos tentados a retirarnos, el Espíritu Santo nos empuja a hacer lo correcto. Y así comienza nuestra colección de enemigos.

No me malinterpretes. Algunas veces hacemos enemigos no porque estemos haciendo el bien, sino porque lo merecemos: en nuestra pecaminosidad lastimamos a alguien o nos portamos mal o avergonzamos el Nombre de Cristo. Si nuestros enemigos son resultado de nuestro mal comportamiento no tenemos nada de qué alegrarnos, sino que es hora de arrepentirnos. ¿Pero si hacemos lo que es correcto por el bien de nuestro Salvador Jesús y aun así nos hacemos de uno o dos enemigos? Entonces es cuando debemos recordar la promesa de Jesús: “Cuando llegue ese día, alégrense y llénense de gozo, porque grande será el galardón que recibirán en los cielos”.

ORACIÓN: Señor Jesús, ayúdame a atraer enemigos solo por la razón correcta: por amor a ti y a tu pueblo. Amén.

Dra. Kari Vo

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¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué? - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 23042019

Leer Lucas 24:1-11

Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungir el cuerpo de Jesús. (Marcos 16:1)

José y Nicodemo no habían tenido tiempo el viernes de preparar correctamente el cuerpo de Jesús para su entierro. Habían hecho lo mejor que habían podido, pero las mujeres que seguían a Jesús no habían quedado satisfechas, por lo que planearon regresar bien temprano en la mañana del domingo para terminar.

Seguramente tuvieron que ir de compras; probablemente el sábado a la noche, luego que terminara oficialmente el Sabbath. Habrán comprado especias, ungüentos y todas las cosas que necesitarían para lavar y ungir el cuerpo de Jesús, y las habrán dejado prontas para llevar a la tumba el día siguiente… cuando se encontraron con que ya no eran necesarias: Jesús estaba vivo, el funeral se había cancelado.

¿Y ahora qué iban a hacer con todas esas especias? ¿Tratar de devolverlas? ¡Imaginen explicarle al tendero la razón por la cual lo hacían! ¿Guardarlas para el próximo entierro? Pero si la muerte había sido conquistada, ¡vaya a saber qué otra cosa sucedería! Se me ocurre que finalmente optaron por guardarlas en algún lugar, hasta decidir qué hacer con ellas.

La resurrección de Jesús debe haber dado lugar a muchas situaciones ridículas y felices. Y dado que Jesús nos va a levantar de la muerte a todos los que en él confiamos, en el futuro va a haber muchos más momentos como esos. Pensemos en las cosas que ya no necesitaremos en el cielo y la tierra nuevos que Dios está preparando: cementerios, casas funerarias, ropas oscuras. No más testamentos ni herencias. No más asilos para ancianos ni cuidados intensivos. No más sufrimiento. No más pena. No más muerte.

En lugar de todo eso habrá vida, amor, felicidad y risa. Habrá actividad, creatividad y comunidad. Habrá amistad y alegría al conocernos mutuamente sin que el pecado arruine nuestras vidas y relaciones.

Y, lo mejor de todo, allí estará el Señor. Estará Dios el Padre, Hijo y Espíritu Santo, quien nos creó, redimió y santificó para una vida eterna gozosa en su Reino. ¡Demos gracias a Dios!

ORACIÓN: Gracias, Señor por todo el gozo que me espera en el nuevo cielo y la nueva tierra que tú estás creando. Mantenme firme en la fe y utilízame para que muchas más personas lleguen también a confesarte como Señor y Salvador de sus vidas. Amén.

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Un comienzo familiar

Un comienzo familiar - Devocional de Pascua de Resurrección de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 22042019

Leer Juan 20:1-9

Tras él llegó Simón Pedro, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí; pero el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no estaba puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. (Juan 20:6-7)

De alguna manera, todo luce muy prolijo. Cuando los discípulos miran dentro de la tumba, ven los lienzos sobre la cama de piedra y la tela que la había cubierto la cara prolijamente doblada en otro lugar. No hubo ninguna explosión, ni ningún trozo de tela quedó colgada dramáticamente en la roca.

La escena sugiere que, cuando resucitó de la muerte, Jesús simplemente se sentó, se quitó las telas que lo envolvían, las dobló (así como su madre seguramente le había enseñado), se levantó y siguió adelante con su día.

Sin duda un comienzo muy tranquilo y familiar para el día que cambió al mundo. Un comienzo como cualquier otro, uno que dice: “Estoy en casa, me siento cómodo, aquí pertenezco”. Pero también un comienzo como ningún otro: porque ese es el día en que la muerte fue vencida, primero para Jesús y finalmente para cada persona que le confiesa como Señor y Salvador.

Le tememos a la muerte porque es nuestra enemiga, es algo extraño y desconocido. Pero Cristo no es ningún extraño ni desconocido. Él es nuestro Señor, nuestro Salvador, nuestro hermano, amigo y refugio, y quien ha conquistado a la muerte. Ya no necesitamos tener miedo.

Nuestro Señor Jesús va con nosotros en nuestra vida, sufrimiento, muerte y vida nueva. Él conoce el camino y nos cuida cuando pasamos por momentos difíciles. Y así como fue con él, será un día también con nosotros: nos levantaremos de nuestra tumba para disfrutar la vida eterna que él nos da. Y entonces sí estaremos en casa y nos sentiremos cómodos, porque allí es donde pertenecemos, para siempre, con Jesús.

ORACIÓN: Querido Señor, gracias por resucitar. Ayúdame a confiar totalmente en ti tanto en la vida como en la muerte, sabiendo que tú estarás conmigo y me ayudarás en todo momento. Amén.

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Para ti

Para ti - Devocional de Cuaresma de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 18042019

Jueves Santo
Leer 1 Corintios 11:23-25

[Jesús dijo] “Este pan es mi cuerpo, que por ustedes entrego… Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre…” (1 Corintios 11:24b-25a).

“¿Me das un abrazo?”, me dice mi hijo cuando algo le sucede. “¿Me das la mano?”, le pide un niño a su mamá mientras esperan subir a un juego en el parque de diversiones. “¿Te quedas conmigo? No quiero estar solo”, dicen los niños cuando los llevamos al dentista.

Es que el contacto físico nos consuela, ¿no es cierto? Cuando estoy sola y atemorizada, lo que más quiero es que un ser querido me abrace y sostenga. Eso me da consuelo y fuerza. Los millones de niños que se despiertan en medio de la noche seguramente piensan igual.

Jesús también. Y por esa razón (¡y muchas más! Ver más detalles en el Catecismo Menor de Lutero), la noche en que fue traicionado nos dio un regalo muy especial: tomó pan y vino común y corriente y lo dio a sus discípulos diciendo: “Tomen, coman… beban de él… este es mi cuerpo… esta es mi sangre”. Y en, con y a través del pan y el vino, se nos entrega a sí mismo: su propio cuerpo y sangre de perdón.

Eso es consuelo. Eso es misericordia. Que Jesús nos dejara algo de sí mismo que podemos tocar, gustar y comer, un don que pasa a ser la base de nuestro propio cuerpo y sangre. Él sabe cómo estamos hechos; sabe que, tarde o temprano, vamos a desear haber estado allí en los días y lugares que él estuvo visible en la tierra para que cualquier persona pudiera verlo y tocarlo… un don para todo su pueblo. Demos gracias a Dios.

ORACIÓN: Gracias, Padre, por el cuidado que tienes de nuestro cuerpo físico. Pero más que nada, gracias por el don del cuerpo y sangre de tu Hijo. Amén.

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Compartiendo un té y un café en el Centro de Salud

Compartiendo un té y un café en el Centro de Salud - Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 17042019

Como una forma de acercarnos a los usuarios y dar a conocer nuestro Programa de Literatura, compartimos un té y café gratuitos en el Centro de Salud Familiar “Dr. Fernando Maffioletti”, en La Florida, sur de Santiago.

Todo el equipo de LHM / CPTLN-Chile estuvo presente en el estand especialmente preparado para recibir a las personas que, diariamente, acuden a este centro de asistencia y se interesan por nuestros folletos.

Siempre es grato compartir con las personas que se acercan para preguntar por los temas abordados en las publicaciones, en los cuales se ofrece orientación para enfrentar los problemas de la vida diaria.

Algunos de los tópicos que tocamos son la depresión, la crisis de pareja, los miedos, la muerte y conviviendo con un enfermo, entre otros.

Fue este último tema el que cautivó a Petronila Soto, una de nuestras fieles lectoras.

“Es muy lindo”, comentó Petronila, jubilada del sector textil, de unos 60 años aproximadamente, y que pasó a saludar y llevar otro de los folletos.

“Conviviendo con un enfermo” fue de gran ayuda para Petronila, pues llegó a sus manos justamente en el momento en que le tocaba cuidar a una persona con problemas de salud.

El Programa de Literatura siempre está desplegado en este centro de salud los martes y miércoles de cada semana, y, además, los folletos pueden ser solicitados tanto en nuestra oficina de Los Quillayes 288, en La Florida, Santiago, como por el teléfono 2 22 83 2915 y también a través de esta web.


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Los clavos

Los clavos - Devocional de Cuaresma de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 17042019

Leer Juan 20:24-28

“Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré” -repuso Tomás. (Juan 20:25b)

Seguramente, siendo carpintero, Jesús estaba acostumbrado a usar clavos. Pero los clavos eran caros; si podía sustituirlos con una varilla de madera, lo hacía. Aunque para algunos trabajos lo único que servía era el hierro de los clavos.

Pero ahora, las herramientas que había usado en su oficio (el martillo, los clavos, las estacas) estaban siendo usadas para atravesar sus muñecas, en la base de las manos. Allí eran suficientemente fuertes como para soportar el peso de su cuerpo. Allí causaban un daño increíble a los delicados huesos y tendones de sus manos. ¡Y ni que hablar del dolor!

Luego de morir le quitarían los clavos. Pero las marcas quedarían.

¿Por qué? ¿Por qué habría de elegir cicatrices que perdurarían aun después de su muerte y resurrección? Todavía hoy esas marcas son visibles (ver Apocalipsis 5:6). Son un recordatorio eterno de lo que le costó a Dios rescatarnos de Satanás, la muerte y el infierno. Nadie que las vea puede decir: “Para él fue fácil”.

Pero todavía más importantes son las marcas de su amor, el mensaje escrito en su propia carne, que dice:

“No temas, que yo te he redimido;
te he llamado por tu nombre; tú eres mío…
Yo soy el Señor, tu Dios,
el Santo de Israel, tu salvador” (Isaías 43:1b, 3a).

Y cuando lo reconocemos por las marcas de los clavos en sus manos, así como lo reconoció Tomás, respondemos con gozo:

“¡Sí, este es nuestro Dios;
en él confiamos, y él nos salvó!
¡Este es el Señor, en él hemos confiado;
regocijémonos y alegrémonos en su salvación!” (Isaías 25:9).

ORACIÓN: Gracias, Señor Jesús, por todo lo que has hecho por nosotros. Vemos las marcas de tu amor y nos alegramos. Amén.

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