Durmiendo en la barca

Durmiendo en la barca | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 19/03/2019

Leer Marcos 4:1-2, 35-41

Pero se levantó una gran tempestad con vientos, y de tal manera las olas azotaban la barca, que ésta estaba por inundarse. Jesús estaba en la popa, y dormía sobre una almohada. Lo despertaron y le dijeron: “¡Maestro! ¿Acaso no te importa que estamos por naufragar?” (Marcos 4:37-38)

Seguramente estaba muy cansado. Después de haber predicado todo el día, Jesús está ahora durmiendo en la parte de atrás de la barca sobre una almohada. Dudo que fuera una “almohada” como las que conocemos hoy. Quizás no fuera más que una tela que cubría las redes. Fuera lo que fuese, me sorprende que fuera tan cómodo como para que permaneciera dormido en medio de una tormenta con olas tan grandes que hasta echaban agua adentro de la barca. Sí, seguramente estaba muy cansado.

Y los discípulos estaban muy asustados. Varios de ellos eran pescadores y conocían el Mar de Galilea y sus tormentas. Ya las habían vivido antes. ¡No eran marineros sin experiencia! Sin embargo, esta tormenta los tiene aterrorizados… tanto, que despiertan a Jesús diciéndole: “¿Acaso no te importa que estemos por naufragar?”.

Indudablemente, eso lo despertó. Por más irrespetuosa que haya sido, la “oración” de los discípulos despertó a Jesús y lo puso en acción. “¡Silencio! ¡A callar!”, dice, y la tormenta se tranquiliza: el viento deja de soplar y el mar se calma. Luego Jesús encara la tormenta personal de los discípulos: “¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Cómo es que no tienen fe?”.

Mientras escribo esto, me llegó la noticia que es probable que a un ser querido le haya regresado el cáncer. No quiero navegar por esa tormenta y he pedido de rodillas a Jesús que se despierte y que sea él quien lidie con ella, porque yo tengo miedo… ¡AYÚDAME! Esta barca se está llenando de agua. Por favor, Señor, ¡despiértate!

La situación es horrible. Y, sin embargo, Jesús está con nosotros en nuestra barca. No se ha ido a ninguna parte. Él escucha nuestras oraciones, por más asustadas, irrespetuosas o faltas de fe que sean. Y cuando él hable, la tormenta conocerá a su Señor.

Gracias a Dios por estar con nosotros.

ORACIÓN: Señor, recuérdame que siempre estás en mi barca y ayúdame a confiar en ti en todo momento, especialmente en las tormentas de esta vida. Amén.

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Arrancando espigas

Arrancando espigas | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 18/03/2019

Leer Marcos 2:23-28

Un día de reposo, mientras Jesús pasaba por los sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas a su paso. Entonces los fariseos le dijeron: “¡Fíjate! ¿Por qué hacen éstos en el día de reposo lo que no está permitido hacer?” (Marcos 2:23-24)

A cualquiera se le hace difícil vivir de acuerdo con las expectativas meticulosas y exigentes de los demás. Jesús y sus discípulos tuvieron que lidiar con lo mismo en una oportunidad en que iban caminando y los fariseos los vieron arrancando espigas para comer.

Tenían hambre. ¿Por qué no comer un poco? La ley judía lo permitía explícitamente, siempre y cuando no se llevaran los granos del prójimo en contenedores. Pero los fariseos no iban a aprobar tal conducta; oh, no. Los acusaron de que estaban “cosechando”, lo que era un trabajo prohibido en el día de reposo.

Hubiera sido más fácil si Jesús hubiera discutido con ellos. ¿Desde cuándo arrancar un poco de grano es “cosechar”? Pero Jesús evita la pregunta sobre “cuánto es demasiado” y va derecho al grano: ¿acaso la ley del día de reposo estaba hecha para ser una carga para el pueblo, o para ser una bendición? Luego les recuerda que el Rey David había quebrantado una ley mucho más seria al alimentar a sus hombres, y termina diciendo: “El día de reposo se hizo por causa del género humano, y no el género humano por causa del día de reposo. De modo que el Hijo del Hombre es también Señor del día de reposo” (Marcos 2:27b-28).

Ahí está el centro de todo: Jesús es el Hijo de Dios y eso lo convierte en experto en sus propias leyes. Pero también es Hijo del Hombre, el único ser humano perfecto que está a punto de redimir al resto de la humanidad. Él está cargando sobre sus hombros el peso total de la Ley de Dios, cumpliéndola a la perfección, y preparándose para el día cuando va a tomar nuestro lugar y asumir nuestra culpa sobre sí mismo, cubriéndonos con su perfección.

¿El resultado de su amoroso sacrificio? Una cosecha completa de humanidad recogida como se recoge el grano bueno en el granero de Dios (ver Mateo 3:12). Y no porque hayamos obedecido un sinnúmero de leyes, sino porque hemos confiado en Jesús, quien cumplió la Ley por nosotros y nos dio perdón, libertad y vida eterna.

ORACIÓN: Querido Padre, te doy gracias por todas las cosas con las que me has bendecido, pero más que nada te doy gracias por tu hijo Jesús, mi salvador. Amén.

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Mejor que un estanque

Mejor que un estanque-paralítico de Betesda | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 15032019

Leer Juan 5:1-17

Allí había un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo… [Jesús] le dijo: “¿Quieres ser sano?” (Juan 5:5, 6b)

Jesús fue al estanque de Betesda, donde había muchas personas enfermas. Se dice que de vez en cuando un ángel bajaba al estanque y agitaba sus aguas, y se creía que la primera persona que entrara al estanque era sanada. Así que muchos enfermos yacían a su alrededor, día tras día, vigilando el agua para ver si se movía. ¡Un hombre había estado allí 38 años!

Jesús le dijo: “¿Quieres ser sano?”.

A primera vista, suena como una pregunta tonta: ¡por supuesto que ese hombre quería ser sanado! Si no, ¿para qué iba a ir al estanque de Betesda? Y, sin embargo, quizás no. A veces nos sentimos cómodos en nuestra miseria. A veces la salud no es una bendición total para quien sólo saber vivir enfermo.

Quizás el hombre también pensó que era una pregunta tonta. ¿Quién sabe? Sea como fuere, no le contestó a Jesús, sino que se quejó: nunca podía llegar primero al estanque; siempre alguien le ganaba y por eso no podía curarse. O, al menos, eso creía.

Jesús fue directo al grano: “Levántate, toma tu lecho, y vete”, le dijo.

Y para su gran sorpresa, ¡lo hizo! Se levantó y se dio cuenta de que estaba completamente curado. El estanque no era necesario. Jesús, el Hijo de Dios, lo había sanado.

Nosotros somos como ese hombre, ¿no es cierto? Cuando nos enfermamos o tenemos problemas, buscamos la mejor ayuda que podemos encontrar: doctores, abogados, psicólogos o expertos… cualquiera que nos ofrezca un rayo de esperanza. Y está bien que así sea. Después de todo, Dios nos ha dado esos recursos para nuestra ayuda y protección.

Pero somos más sabios cuando nos volvemos a Jesús, nuestro Salvador, y le pedimos que nos ayude. Él es el dador de todo lo bueno, nuestro creador y redentor que eligió sufrir y morir por nosotros en la cruz y que ahora, habiendo resucitado, nos cuida y protege en tiempo de necesidad.

ORACIÓN: Señor Jesús, tú conoces mis problemas y las situaciones que vivo. Te pido que me ayudes a resolverlas de acuerdo con tu voluntad. Amén.

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Una abertura en el techo

Una abertura en el techo-el paralítico y sus amigos | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 14032019

Leer Marcos 2:1-12

Llegaron entonces cuatro hombres que cargaban a un paralítico. Como no podían acercarse a Jesús por causa de la multitud, quitaron parte del techo donde estaba Jesús, hicieron una abertura, y por ahí bajaron la camilla en la que estaba acostado el paralítico. Cuando Jesús vio la fe de ellos, le dijo al paralítico: “Hijo, los pecados te son perdonados”. (Marcos 2:3-5)

Deben haber tenido mucha fe. Imagina que eres paralítico confinado a tu cama, cuando de pronto se aparecen tus amigos quienes te dicen que Jesús está en el pueblo y que quieren pedirle que te sane. Como no puedes caminar, han decidido a llevarte con tu cama. ¡Menos mal que son cuatro!

Pero el nerviosismo no termina allí. La muchedumbre es tan grande, que ni siquiera pueden entrar a la casa donde se encuentra Jesús. Van a tener que darse por vencidos. Excepto que, de pronto, alguien dice las temidas palabras: “podríamos subir al techo y hacer una abertura…”.

Y allí van, subiendo por la escalera exterior, mientras tú contienes la respiración y esperas que no te dejen caer. Luego quitan las tejas y escarban el barro del techo. De pronto se escuchan gritos: las personas que están debajo se dan cuenta que algo está sucediendo, mientras tus amigos quitan la capa de ramas que había debajo del barro. A través de la abertura cae tierra seca sobre Jesús y las personas a su alrededor.

Lentamente, tus amigos comienzan a bajar tu cama, hasta que estás colgando justo frente a Jesús.

Sorprendentemente, Jesús ignora la abertura en el techo, la muchedumbre e incluso tu parálisis, y dice: “Los pecados te son perdonados”. Cada cosa mala que has dicho, pensado o querido es borrada. Y recién entonces Jesús sana tu cuerpo.

Poco tiempo después, lo único que queda de tan maravilloso milagro es la abertura en el techo. No más parálisis: está sanada. No más paciente: Jesús te ha enviado a tu casa, llevando contigo tu cama. No más pecado: Jesús lo ha quitado y cargado sobre sí. Lo único que queda es el cielo abierto que se ve a través del techo… porque para Jesús tú vales mucho más que cualquier techo.

ORACIÓN: Gracias, Señor, por amarme tanto. Recuérdame de tu amor cuando el desaliento o el temor me abruman. Amén.

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¿Respeto por las Escrituras?

Respeto por la escritura | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 13/03/2019

Leer Lucas 4:16-30

Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, y en el día de reposo entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se levantó a leer las Escrituras. Se le dio el libro del profeta Isaías, y al abrirlo encontró el texto… Entonces él comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes”.

Lucas 4:16-17, 21

¿Respetas la Biblia? Casi que es una pregunta ofensiva, ¿no es cierto? No son muchas las personas que dirían que no, especialmente si son creyentes.

Ciertamente Jesús respetó la Biblia. En el pasaje para hoy leemos que, cuando fue invitado a predicar en la sinagoga de su ciudad natal, Jesús tomó el rollo de Isaías, lo abrió, leyó un pasaje en voz alta para el grupo y luego comenzó a predicar sobre él.

Pensemos por un momento. Dios en persona está por predicar… y para comenzar le lee la Biblia al pueblo. No dice: “Bueno, ya que estoy aquí les voy a predicar; pero no voy a leer las Escrituras pues no es necesario”. Al contrario, es como si Dios dijera: “Las Escrituras tienen tanto valor, que ni siquiera les voy a hablar sin primero leer de ellas. Y si yo las valoro tanto, ustedes también deben hacerlo”.

Es fácil valorar los pasajes favoritos de la Biblia. Los habitantes de Nazaret, por ejemplo, no tuvieron problemas en escuchar a Jesús leer acerca de ayudar al oprimido y liberar a los cautivos, pues eso les recordaba cuánto los amaba y cuidaba Dios.

Pero no reaccionaron de la misma forma cuando Jesús se refirió a otros pasajes de la Biblia. Por ejemplo, cuando mencionó al profeta Eliseo, quien ayudó a una viuda extranjera pobre, y al profeta Elías, quien sanó a un hombre de Siria. De pronto, la lección bíblica dejó de ir bien. ¿Cómo? ¿El Dios de Israel ayudando a extranjeros en vez de a su propio pueblo? ¿Acaso debían respetar eso?

No lo hicieron. Al contrario, trataron de empujar a Jesús por un precipicio.

Muchos no habrían de respetar la Biblia. Pero Jesús sí lo hizo, cumpliendo cada promesa hecha en el Antiguo Testamento sobre el Salvador que habría de rescatarnos del pecado y la muerte. Y ahora que se ha levantado de los muertos, sigue cumpliendo sus promesas: Jesús perdona a todo aquél que confía en él y le da vida eterna.

ORACIÓN: Espíritu Santo, ayúdame a atesorar tu Palabra y a crecer cada día más a través de ella. Amén.

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¿Qué hay en las tinajas?

¿Qué hay en las tinajas? - Bodas de Caná | Devocional de Cuaresma de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 12/03/019

Leer Juan 2:1-11

En ese lugar había seis tinajas de piedra para agua, como las que usan los judíos para el rito de la purificación, cada una con capacidad de más de cincuenta litros.

Juan 2:6

En la casa de Caná había varias tinajas con agua para lavarse. Eran bastante grandes, probablemente le llegaban a uno hasta la cintura, por lo que llenarlas de agua llevaba un tiempo. Pero una vez que estaban llenas, las necesidades de la casa quedaban satisfechas durante horas o días… aun cuando se celebrara un casamiento con muchos invitados. Tinajas como esas eran valiosas; humildes, pero muy útiles.

Y esa también es una buena descripción de nosotros, ¿no es cierto? Humildes, pero útiles. O al menos así lo deseamos. Sólo somos tinajas de piedra; no de oro o plata o decoradas con joyas, o siquiera de cobre o bronce. Sin embargo, llenas de agua (luego de mucho trabajo), útiles para tener en la casa.

No hay dudas que esas tinajas bien podrían haber servido toda su vida útil sin que nadie les prestara atención. Y así fue, al menos hasta que Jesús entró en escena.

“Llenen de agua esas tinajas”, dijo a los sirvientes. Y así lo hicieron. Hasta aquí, nada fuera de lo común. Pero luego les dice: “Ahora saquen lo que está allí, y llévenselo al catador”. ¿Qué? ¡Nadie bebe del agua para lavar! Pero obedecieron. Y ya sabemos cómo termina la historia: el agua para lavar se había convertido en el mejor vino.

¡Qué sorpresa para el novio, que sabía que en esas tinajas no debía haber vino! ¡Y qué sorpresa para nosotros cuando Jesús toma el agua aburrida de nuestra vida cotidiana, la convierte en el vino de la gracia y misericordia de Dios, y lo pasa a través nuestro a quienes lo necesitan! “¡No fuimos hechos para llevar eso!”, protestamos. “¡Eso es demasiado bueno para nosotros!”. Y es cierto. Pero Jesús nos da el gran privilegio de ser los portadores de su amor a los demás.

En esta época de Cuaresma, derrama ese amor y misericordia a quienes te rodean: el amor y la misericordia que Jesús te ha mostrado, incluso desde la cruz.

ORACIÓN: Señor, lléname con tu Espíritu Santo y utilízame para que muchas personas más puedan ver tu gloria. Amén.

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¿Redes o ganchos?

¿Redes o ganchos? - Pescadores de hombres | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 11/03/2019

Leer Marcos 1:16-20

Mientras Jesús caminaba junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés. Estaban echando la red al agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme, y yo haré de ustedes pescadores de hombres”.

Marcos 1:16-17

Cuando era niña, a menudo íbamos a acampar al río Kern en las Sierras, donde pescábamos truchas. El garaje de mi casa estaba lleno de equipos de pesca. Había una caja con aparejos, cañas, carretes y pequeños frascos con huevos de salmón de color rojo brillante que usábamos de carnada. También había anzuelos: esos ganchos horribles que podían atravesar un dedo si uno no tenía cuidado.

Los anzuelos eran la razón por la cual no me gustaba mucho la pesca. Sí disfrutaba estar en las rocas junto al agua. Y también comprendía que los pescados tuvieran que morir para que pudiéramos alimentarnos. Eso no me molestaba. Pero no quería ver a un pobre pescado salir del agua luchando con mi anzuelo clavado en su boca, por lo que me alegraba en secreto cuando no pescaba nada.

Creo que muchas personas sienten lo mismo con respecto al evangelismo. De alguna manera les parece deshonesto tratar de hacer “picar el anzuelo espiritual” a alguien, aun cuando sea por una buena causa. Sienten como que no están siendo honestos. Quizás nosotros también nos alegramos cuando no pescamos nada.

Pero esa no es la clase de pesca a la cual Jesús nos llama. Los hombres a quienes Jesús llamó no pescaban con anzuelos y carnadas, sino con redes. Pescaban muchos peces a la vez y lo hacían abiertamente. No usaban ningún truco y no causaban ningún dolor innecesario a los peces.

Y cuando comenzaron a pescar personas, la pesca fue mucho mejor aún: porque esos “peces” humanos estaban destinados a la vida y no a la muerte. Esos peces habrían de ser el amado pueblo de Dios, sus hijos; porque Jesucristo, el maestro pescador, habría de dar su vida por ellos. ¿Anzuelos y carnada, dolor y sufrimiento? Jesús los tomó todos sobre sí para que nosotros, su pesca, podamos vivir.

ORACIÓN: Gracias, Jesús, por pescarme y hacerme tuyo. Utilízame para traer a otros a la fe en ti. Amén.

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¿Piedras o pan?

¿Piedras o pan? | Devocional de Cuaresma de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 07032019

El tentador se le acercó, y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”.

Mateo 4:3

Quizás las piedras que estaban a los pies de Jesús parecían pequeños panes. “Di que estas piedras se conviertan en pan”. Fácil, ¿verdad? Más allá del hecho que Dios no hace ese tipo de cosas, pues el pan se hace a partir de una semilla viva que crece en la tierra que durante cientos o miles de años erosionó de la roca. Más allá del trabajo duro que implica labrar y cultivar la tierra, y amasar y hornear. ¡Más allá de que sólo sería para el bien personal de Jesús! “Sólo hazlo. Es rápido y fácil. Satisface primero tus deseos”.

Pero Jesús dijo que no y siguió sufriendo hambre. El pan que comió más tarde, lo obtuvo con gran esfuerzo.

A veces me pregunto si en algún momento Dios estuvo tentado de cambiar instantáneamente nuestros corazones de piedra en corazones vivos y cálidos. ¡Qué fácil sería! No más problemas, no más espera, no más sufrimiento… no más cruz.

Pero ese es el problema. Jesús no toma la salida fácil. Si va a transformar nuestros corazones de piedra, lo va a hacer a la manera de Dios y en el tiempo de Dios: a través de su propio sufrimiento, muerte y resurrección. Lo va a hacer aun cuando ello signifique que tenga que ser apedreado, convirtiéndose lentamente en tierra. Lo va a hacer aun cuando ello signifique que tenga que convertirse en ese grano de trigo que describió a sus discípulos, el que cae en la tierra y muere para producir muchos frutos (ver Juan 12:24).

Y eso es exactamente lo que hizo. Jesús siguió “toda palabra que sale de la boca de Dios” (ver Mateo 4:4). Y porque así lo hizo, hoy vive -eternamente- y nosotros también.

ORACIÓN: Querido Jesús, gracias por tu paciencia y deseo de hacer lo que es correcto. Renueva y limpia mi corazón para que sea cada vez más como el tuyo. Amén.

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Salvados a través del agua

Salvados a través del agua | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 06032019

Leer Marcos 1:9-11

En cuanto Jesús salió del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu descendía sobre él como una paloma. (Marcos 1:10)

El agua tiene tantos significados, que es difícil hablar sobre ella. Es un símbolo de vida: nos formamos y desarrollamos en agua dentro del cuerpo de nuestra madre; cuando llega el momento de nacer, un torrente de agua da el aviso. El agua es indispensable para la vida y la salud: pocas personas pueden vivir más de tres días sin beber agua, ¿y quién quiere pasar muchos días sin poder lavarse?

Pero el agua también es un símbolo de muerte. Hay personas que mueren en inundaciones o debido a la fuerza de las olas o corrientes marinas. Y las enfermedades que llenan el cerebro, el corazón o los pulmones de agua también pueden matar, incluso estando en tierra seca.

Quizás sea por eso que Jesús eligió el agua para marcar el comienzo de su ministerio público. Cuando Juan lo bautizó, Jesús se sumergió en el agua y volvió a salir. Esto es un simbolismo o prefigura de lo que iba a hacer al final de su ministerio público, cuando libremente fue a la muerte para salvarnos y luego resucitó nuevamente a la vida.

Jesús nos mostró el camino a través de su Bautismo. El apóstol Pablo nos recuerda: “¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Porque por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte para que, así como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Romanos 6:3-4).

Al comienzo de su ministerio Jesús nos muestra el camino a través de las aguas de la vida y la muerte y nos ofrece un nuevo nacimiento a través del Bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La muerte sigue estando, sí; la muerte por nuestra vieja naturaleza pecadora, por el mal que nos acosa e infecta nuestro corazón y mente. Y eso nos asusta. Pero Jesús ya conquistó la muerte y, a través del Bautismo, nos hace hijos amados de Dios y nos promete la vida eterna junto a él.

ORACIÓN: Señor Jesús, gracias por el don de la vida a través del Bautismo. En este día y cada día de mi vida, ahoga el pecado que hay en mí y levántame para vivir contigo en gozo y paz. Amén.

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Enterrando el pasado | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 06032019

Enterrando el pasado

… y por último se me apareció a mí, que soy como un niño nacido fuera de tiempo. A decir verdad, yo soy el más pequeño de los apóstoles, y no soy digno de ser llamado apóstol porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no ha sido en vano, pues he trabajado más que todos ellos, aunque no lo he hecho yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.

1 Corintios 15:8-10

 

Parecería que el apóstol Pablo le debe haber costado mucho convencer a las personas acerca del mensaje de Jesús. Digo esto en términos humanos, por supuesto, porque es el Espíritu Santo y la Palabra de Dios lo que nos mueve a la fe. Pero en este mundo a menudo se nos conoce por la reputación que nos precede, y para Pablo hacer un cambio tan radical y predicar el Evangelio de un judío común por el cual antes perseguía a otros, no era algo fácil de vender.

 

Cuán a menudo, al predicar, debe haberse topado con quienes sintieron su flagelo fariseo de su vida anterior a Cristo. ¿Cuántas veces le fue necesario derribar muros de resistencia para que su mensaje pudiera encontrar oídos listos para escuchar? Después de todo, debe haber habido personas en su audiencia que conocían o tenían familiares que habían sido golpeados o encarcelados por simpatizar con las enseñanzas de Jesús.

 

Antes de que Jesús se le apareciera a Pablo (quien entonces se llamaba Saulo), este estaba decidido a eliminar cualquier cosa que amenazara al judaísmo. ¡Lejos de él no defender la fe monoteísta y las tradiciones rabínicas que tanto admiraba y defendía! Aplastar a esos tontos que tuvieron la audacia de creer, y aún más la descarada audacia de esparcir, las mentiras viles de un carpintero muerto, bueno, eso era un trabajo que valía la pena hacer.

 

Saúl, el vigilante religioso, buscó desarraigar y destruir a cualquiera o cualquier cosa que oliera a Cristo. Armado con órdenes de marcha de sus superiores fariseos, tenía una misión: purgar el campo de esos blasfemos viles. Y así lo hizo observando, al menos en una ocasión, el horroroso asesinato de Esteban, un seguidor de Cristo y defensor valeroso y abierto del Evangelio. Lucas registra el suceso en el libro de Hechos. “… y lo sacaron de la ciudad y lo apedrearon. Los testigos falsos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo… Saulo estuvo de acuerdo con la muerte de Esteban… Saulo hacía destrozos en la iglesia: entraba a las casas, y arrastraba a hombres y mujeres y los llevaba a la cárcel” (Hechos 7:58; 8:1a, 3).

 

¡Cómo debió haber sido perseguido Pablo por su brutal pasado después de recibir a Jesús como Señor y Salvador! ¡Cuánto estrés debe haberle producido al encontrarse solo, con frío y hambriento en una celda húmeda de la prisión, esperando lo desconocido! Podemos imaginar sus pensamientos: ¿Qué me harán mis captores ahora que las mesas están cambiadas? ¡Ahora yo soy el paria, compartiendo las mismas Buenas Nuevas por las que perseguí a otros!

 

Pero a través de todo, Dios lo sostuvo, le dio la victoria sobre el pecado: la nueva vida en Cristo y el honor de dar su vida por el Evangelio.

 

ORACIÓN: Padre celestial, lo que puedes hacer de la escoria de nuestras vidas no tiene límites. Recuérdanos que en la muerte de Cristo has enterrado nuestro pasado, y en su resurrección nos has dado una vida nueva para servirte a ti y a nuestro prójimo. En el Nombre de Jesús oramos. Amén.

 

 

Paul Schreiber

 

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