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Casas del Espíritu Santo

¿Acaso ignoran que el cuerpo de ustedes es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, y que recibieron de parte de Dios, y que ustedes no son dueños de sí mismos? Porque ustedes han sido comprados; el precio de ustedes ya ha sido pagado. Por lo tanto, den gloria a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios. 1 Corintios 6:19-20

 

“Casas de espíritus” fueron una de las cosas interesantes que vimos en nuestro viaje misionero a Tailandia. Las mismas están ubicadas en lugares prominentes en los jardines, dentro de los hogares y en los negocios.

Nuestro guía dijo que dichas casas están preparadas para dar albergue a los espíritus que han sido desplazados porque una familia o un negocio ocupó su terreno. Los espíritus pueden ser tanto buenos como malos y deben ser respetados por quienes están cerca, porque si no se sienten complacidos, pueden causar problemas.

Todos los días, muchas familias tailandesas les ofrecen incienso y les piden que protejan sus hogares y negocios. Algunas hasta les hacen ofrendas de flores, frutas y vegetales, pues creen que así recibirán seguridad, prosperidad y un futuro mejor, aun cuando esos espíritus les sean completamente desconocidos.

Cuando visitamos a una familia que había sido afectada por el tsunami, noté que en su hogar tenían una de estas casas de espíritus. Me pregunté dónde habían estado esos espíritus cuando llegó el tsunami que mató a tantas personas. Los espíritus no pudieron ayudar, porque sencillamente no existen. Pero hay un Espíritu que sí existe: es el Espíritu Santo de Dios.

Alejados de Jesús, la furia de Dios se enardece contra nuestros pecados. No existe ofrenda que calme su ira. Flores, fruta, vegetales y dinero no son suficientes. No hay nada que podamos hacer para merecer la seguridad, compasión y bendiciones que nosotros anhelamos. Aquí es donde el Dios verdadero se distingue a sí mismo de todos los otros dioses del mundo.

Dios mismo se hizo como uno de nosotros en la persona de Jesús, y entró a nuestro mundo turbulento para vivir la vida perfecta que nosotros no podemos vivir. Al morir en la cruz por nuestros pecados, Jesucristo se convirtió en la ofrenda de Dios por nosotros que apaciguó su ira y nos liberó. Él nos compró a un precio: su propia muerte.

Dios ofrece perdón y una vida mejor para todo quien cree en Jesús. No tenemos que hacer nada para ello. El Espíritu de Dios viene a nosotros a través de su palabra y nos lleva a creer en Jesús. El Espíritu de Dios es el único espíritu verdadero, y es bueno, amoroso y compasivo con todo aquel que ama y confía en Jesús.

Aun cuando ocurren desastres como el tsunami, Jesús promete vida eterna a sus hijos. Las aguas del tsunami que arrebataron vidas no pueden vencer a las aguas del bautismo, donde Dios da a los creyentes la vida eterna. El Espíritu de Dios nos da a Jesús para que nosotros mismos seamos la casa de su Espíritu, un templo donde Jesús está siempre presente.

ORACIÓN: Señor, gracias por calmar la ira de Dios a través de tu muerte y resurrección. Mantén presente tu Espíritu en mi corazón para que siempre crea y confíe en Jesús como mi salvador. Amén.

 

Biografía del autor: Esta devoción ha sido escrita por el Rev. Keith Ringers de la Iglesia Luterana St. Mark de Elberta, Alabama, quien junto con su esposa Diana, han hecho trabajo misionero en Tailandia en conjunto con la oficina de Cristo Para Todas Las Naciones en ese país.

 

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

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