Consolados en Jerusalén

Todos ustedes, los que aman a Jerusalén, ¡alégrense y regocíjense con ella! ¡Llénense de regocijo por ella, todos los que por ella se han entristecido! Porque ella los amamantará en sus pechos, y los consolará y dejará satisfechos; ustedes serán amamantados, y disfrutarán de las delicias de su gloria. Ciertamente, el Señor ha dicho: «¡Miren! Voy a extender sobre ella la paz y la riqueza de las naciones, como si fueran un río desbordado. Ustedes serán amamantados y llevados en brazos, y mimados en el regazo. Yo los consolaré a ustedes como consuela una madre a sus hijos, y en Jerusalén hallarán consuelo».

Isaías 66:10-13

Jerusalén significó muchas cosas para el pueblo en los días de Isaías. Además de ser la capital nacional y la sede de su rey, Jerusalén era el lugar donde Dios había colocado Su templo, el lugar donde todo Israel debía ir a adorar cada año. Eso le dio a Jerusalén un lugar especial en la mente y el corazón del pueblo: simbolizaba el reino de Dios, el lugar donde Dios se acerca a su pueblo y se reunía con ellos en paz.

Desafortunadamente, eso no era todo lo que Jerusalén significaba, como lo deja claro la mayoría del Antiguo Testamento. También era un lugar conocido por el pecado, un lugar donde la idolatría continuaba, a veces en el mismo templo de Dios. Era un lugar donde se oprimía a los pobres y se aceptaban sobornos para pervertir la justicia. Un lugar donde los horrores como el canibalismo ocurrieron durante los días en que estuvo sitiada. Jesús mismo se refirió a ella como “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que son enviados a ti!” (Lucas 13:34a).

¡No es de extrañar que los profetas de Dios parezcan tener una relación de amor-odio con Jerusalén! Era un símbolo de lo mejor… pero también podía ser un símbolo de lo peor.

¿Te suena familiar? A mí sí. Jerusalén, en muchos aspectos, se asemeja a la iglesia cristiana aquí en la tierra: un lugar bueno y malo a la vez. Un lugar donde nos reunimos en la adoración y comunión, donde servimos juntos al pueblo de Dios y mostramos preocupación y amor los unos por los otros. Pero también es un lugar donde hay luchas de poder y frialdad de corazón, e incluso maldades históricas como las Cruzadas y la Inquisición. Como escribe Santiago: “Hermanos míos, ¡esto no puede seguir así! ¿Acaso de una misma fuente puede brotar agua dulce y agua amarga?” (Santiago 3:10b-11). Quienes amamos a la iglesia podemos caer en la desesperación. Vemos la gloria a la que Dios nos ha llamado como miembros del cuerpo de Cristo, los embajadores de Jesús en este mundo. Y luego vemos … ¿qué? Nuestro pecado, avergonzando el Nombre que llevamos. ¿Quién nos puede ayudar?

Solo Dios puede verdaderamente limpiar y enderezar la manifestación terrenal de su reino. Solo Jesús puede purificarnos a nosotros, el pueblo de Dios, y convertirnos en “irreprensibles y sencillos, e intachables hijos de Dios en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual ustedes resplandecen como luminares en el mundo, aferrados a la palabra de vida” (Filipenses 2:15-16a). Él puede hacer esto, y lo hará. ¿Cómo no va a hacerlo si ya ha dado su vida por nosotros, para hacernos suyos?

ORACIÓN: Querido Padre, limpia tu iglesia y ayuda al mundo a ver a tu hijo Jesús a través de nosotros. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

¿Por qué crees que Jerusalén pudo ser al mismo tiempo la ciudad de Dios y el lugar donde se mató a los profetas de Dios?

¿Qué haces para que tu iglesia sea un lugar abierto y de servicio a tu comunidad?

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En terreno seco - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 18/07/2019

En terreno seco

Vengan a ver las obras de Dios, sus hechos sorprendentes en favor de los hombres. Convirtió el mar en terreno seco, y ellos cruzaron el río por su propio pie. ¡Alegrémonos por lo que hizo allí! Por su poder, él nos gobierna para siempre.

Salmo 66:5-7a

Este salmo da un mandamiento y ofrece una invitación. Se nos manda a cantar de alegría a Dios y a darle “gloriosas alabanzas” (Salmo 66:2b). Dar honor al nombre del Creador del cielo y de la tierra. Incluso sus enemigos son convocados a reconocer su poder, aunque “son sometidos” ante el Señor de la gloria (Salmo 66:3b).

En caso de que alguien no sepa el motivo de la alabanza obligatoria, se nos extiende una invitación a todos, fieles y enemigos por igual: “Vengan a ver las obras de Dios” (Salmo 66:5a).

Podemos ver claramente lo que Dios ha hecho; somos testigos de primera mano de Sus obras asombrosas registradas en las páginas de las Escrituras. Cuando Dios liberó a su pueblo de la esclavitud en Egipto, lo hizo “con mano fuerte y brazo extendido” (Deuteronomio 5:15b). En su éxodo a la libertad, cuando Israel quedó atrapado entre las aguas del Mar Rojo y los carros mortales del Faraón, Dios “convirtió el mar en terreno seco”. Israel cruzó a un lugar seguro en tierra seca y las aguas que regresaban ahogaron a los soldados que los perseguían. Finalmente, cuando Israel estaba a punto de cruzar a la tierra que Dios les había prometido, encontraron otra barrera de agua: esta vez, el río Jordán. Una vez más, Dios contuvo las aguas e Israel cruzó el río “con su propio pie”, sobre terreno seco.

No nos limitamos a sentarnos y escuchar o leer acerca de los hechos asombrosos de Dios: los vivimos porque Él realiza sus obras poderosas también en nuestras vidas. El gran poder de Dios estaba oculto y, al mismo tiempo, revelado en la cruz. Allí vemos sus obras más impresionantes. Dios envió a su propio Hijo para nacer entre nosotros y asumir la pena de muerte que merecíamos por nuestro pecado. Luego, demostrando su poder glorioso, Dios lo resucitó de entre los muertos. Ahora, llamados por el Espíritu Santo y marcados con el signo de la cruz, hemos pasado por las aguas del Bautismo. Enterrados con Cristo Jesús en el bautismo, fuimos levantados para caminar con Él en una vida nueva. Y un día, de acuerdo con el tiempo perfecto de Dios, caminaremos seguros con Jesús a través de las furiosas y mortales aguas de la muerte, como si estuviéramos en terreno seco.

ORACIÓN: Dios Todopoderoso, en tu santa Palabra hemos visto lo que has hecho por nosotros. Te alabamos por tus asombrosas acciones ahora y por toda la eternidad. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

El agua ocupa un lugar destacado en los milagros de Dios en las Escrituras: el Mar Rojo, el Río Jordán, el Mar de Galilea, el Mediterráneo. ¿Por qué crees que sea así?

¿Alguna vez ha obrado Dios en tu vida de una manera notable? ¿Cómo?

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Algunas palabras de David - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 17/07/2019

Algunas palabras de David

No te fijes ya en mis pecados; más bien, borra todas mis maldades. Dios mío, ¡crea en mí un corazón limpio! ¡Renueva en mí un espíritu de rectitud! ¡No me despidas de tu presencia, ni quites de mí tu santo espíritu!

Salmo 51:9-11

Al igual que con el salmista David, así debe ser siempre que los cristianos lloremos penitentemente por el perdón de nuestros pecados, suplicando que la culpa y el castigo sean eliminados. Pero también tenemos otra necesidad y requisito más urgente: necesitamos al Espíritu Santo. El pecado de nuestra vida y de incontables generaciones pasadas ha hecho más que acumular culpabilidad y castigo; ha arruinado nuestra fuerza de voluntad; ha pervertido nuestra comprensión; ha arruinado nuestro carácter.

Por causa del pecado, todo nuestro cuerpo, mente y espíritu, nuestro corazón y todos sus impulsos se han vuelto caprichosos, inestables, inciertos, inconstantes y no confiables. El pecado nos ha dominado y esclavizado durante tanto tiempo, que no podemos deshacernos de su poder y control. Aunque tenemos las mejores intenciones y hacemos las más solemnes resoluciones, a menudo nos encontramos presos del mal que nos rodea.

Nuestro corazón descarriado nos impulsa de locura a locura, amenazando con enredarnos cada vez más desesperadamente en una interminable red de malas acciones. Esta condición pecaminosa nubla nuestra comprensión de la Palabra de Dios. Nos hace dudar del estado de gracia en el que estamos y, tristemente, la incredulidad del mundo que nos rodea encuentra un eco en nuestros corazones.

Pero Jesús es un sanador del pecado y la vergüenza. Él no retrocede ante nuestra condición, sino que nos sana completamente devolviéndonos la salud y el vigor y regenerando y renovando nuestro corazón. Él no solo perdona nuestros pecados, sino que también nos da el don del Espíritu Santo. Así, David también oró por el perdón y un nuevo corazón en su gran salmo penitencial.

“No te fijes ya en mis pecados; más bien, borra todas mis maldades. Dios mío, ¡crea en mí un corazón limpio! ¡Renueva en mí un espíritu de rectitud! ¡No me despidas de tu presencia, ni quites de mí tu santo espíritu!”. Padre celestial, lávame con la sangre de tu Hijo Jesús. Sana mi vida de las enfermedades mortales del pecado y haz que mi corazón lata con deseos limpios y santos.

“¡Renueva en mí un espíritu de rectitud!”. Hazlo firme, inalterable en tu Palabra y capacitado para seguirte. Hazme inquebrantable en tu gracia y permíteme ver claramente la verdad para que pueda cumplirla contra cualquier mal.

“¡No me despidas de tu presencia, ni quites de mí tu santo espíritu!”. Sin tu Espíritu, sería la presa desesperada de mi propia carne, del mundo y de los astutos engaños de Satanás. Con tu Espíritu puedo vencer todas las cosas.

ORACIÓN: Padre celestial, llénanos con el amor, la alegría y la luz de tu Espíritu Santo. Amén.

The Lutheran Layman

Para reflexionar:

¿Qué motivos tenía David para sentirse sucio delante Dios?
¿Cómo está tu corazón delante de Dios?

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Caminando con cuidado - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 16/07/2019

Caminando con cuidado

Se acercaba el tiempo en que Jesús había de ser recibido arriba, así que resolvió con firmeza dirigirse a Jerusalén. Envió mensajeros delante de él, y ellos se fueron y entraron en una aldea samaritana para prepararle todo; pero los de allí no lo recibieron porque se dieron cuenta de que su intención era ir a Jerusalén. Al ver esto, sus discípulos Jacobo y Juan dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos que caiga fuego del cielo, como hizo Elías, para que los destruya?». Pero Jesús se volvió y los reprendió. Y se fueron a otra aldea.

Lucas 9:51-56

Hay una historia muy oportuna sobre Jesús y los discípulos. Jesús viaja de Galilea a Jerusalén y decide hacerlo a través de Samaria, lo cual era algo inusual para un judío en esos días porque la mayoría de los judíos miraban a los samaritanos como mestizos y forasteros. Era básicamente una forma de racismo. De hecho, la mayoría de los judíos preferían tomar el camino más largo bordeando toda Samaria, con tal de evitar el contacto con ese pueblo.

Pero no Jesús; él no era racista. Planeó viajar a través de Samaria y para ello envió personas delante de él para que prepararan un lugar donde pudiera quedarse. A la gente de la aldea no le tomó mucho tiempo darse cuenta de que Jesús era un judío que iba camino a Jerusalén, su ciudad archirrival. El racismo engendra racismo, por lo que lo rechazaron y se negaron a tenerlo en su ciudad.

Naturalmente, eso hizo que Santiago y Juan se enojaran. Sin duda pensaron que estaban absolutamente justificados cuando se ofrecieron a hacer que cayera fuego del cielo para destruir esa aldea. Después de todo, ¡habían rechazado al Mesías! ¡Merecían el castigo de Dios! ¡Tenía que proteger a Jesús!

Pero Jesús los reprendió severamente. Su odio y su ira eran exactamente lo opuesto a lo que Jesús quería: no había venido a destruir a las personas de esa aldea, sino a salvarlas.

Entonces, ¿qué pasó con ellos? Hasta donde sabemos, nada en absoluto. Jesús reprendió a sus discípulos y fueron a quedarse a un pueblo diferente. Un pueblo samaritano diferente; que quede en claro. En cuanto a la aldea original… bueno, Jesús fue a Jerusalén para sufrir y morir por ellos, al igual que por el resto del mundo. Puede que no lo hayan amado, pero no importaba. Él los amó, al igual que a nosotros.

¿Y qué de nosotros cuando estamos justamente enojados con otros, o al menos así lo creemos? Jesús nos muestra el camino. No debemos hacerles daño de ninguna manera. No debemos amenazarlos, forzarlos o abusar de ellos. Ellos también son personas por quienes Jesús murió y resucitó de entre los muertos. Valen tanto para él como nosotros.

Esto no significa que debamos convertirnos en felpudos, sino que cuando entramos en conflicto con los demás, debemos hacer todo con mucho cuidado, con amor y amabilidad. Nuestros enemigos no son blancos de nuestra ira: son personas por las que Cristo murió porque las ama.

ORACIÓN: Señor Jesús, sabes lo difícil que es para mí mostrar amor a ciertas personas. Por favor ayúdame, y haz que mi corazón sea como el tuyo. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

¿Cómo te sientes cuando viajas por un territorio desconocido?
¿Cómo reaccionas cuando te sientes rechazado o despreciado?

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Ayuda para la lucha - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 15/07/2019

Ayuda para la lucha

Digo, pues: Vivan según el Espíritu, y no satisfagan los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne se opone al Espíritu, y el del Espíritu se opone a la carne; y éstos se oponen entre sí para que ustedes no hagan lo que quisieran hacer.

Gálatas 5:16-17

El apóstol Pablo tuvo mucho para decir por escrito a las iglesias en Galacia. Conocía los escollos de la naturaleza pecaminosa y sabía cuán intoxicante y tortuoso puede ser el mundo. Hoy en día es imperativo que recordemos lo mismo, porque la cantidad y variedad de desviaciones impías, placeres seductores y tonterías falsas solo se han multiplicado desde la época de Pablo.

Entonces, ¿qué significa vivir “según el Espíritu” para que “no satisfagan los deseos de la carne”?

Para Pablo vivir por el Espíritu y negar la carne era una ocupación de tiempo completo. En muchas de sus cartas explica la lucha de por vida que se desarrolla en la vida de los creyentes que viven en este mundo, pero se niegan a ser parte de él. Vivir según el Espíritu es parte de nuestra obediencia activa a Dios. En la búsqueda diaria de la justicia, nuestros deseos quedan sin ser gratificados y, por la gracia de Dios, son superados a medida que el Espíritu Santo nos va transformando en sus nuevas creaciones.

Lamentablemente, nuestra naturaleza pecaminosa no se va a rendir sin luchar. Y esa naturaleza no solo es pasivamente corrupta y propensa al mal, sino que también se opone activamente al Espíritu Santo de Dios. Pero, gracias a Dios, esta batalla no es unilateral pues el Espíritu Santo se opone a nuestra naturaleza pecaminosa. Pablo estaba muy familiarizado con esta lucha, pues lo vivía incesantemente dentro de él.

“Entonces, aunque quiero hacer el bien, descubro esta ley: que el mal está en mí. Porque, según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero encuentro que hay otra ley en mis miembros, la cual se rebela contra la ley de mi mente y me tiene cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (Romanos 7:21-23).

Ahora bien, si el Espíritu de Dios está en desacuerdo con nuestra naturaleza pecaminosa, ¿qué tan inclinada al mal puede ser esa naturaleza? Afortunadamente, Pablo tuvo una respuesta a esta pregunta. “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Doy gracias a Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 7:24-25a).

¿Cómo está yendo la batalla contra el pecado en tu vida? ¿Estás perdiendo tu determinación de luchar en contra de esas cosas que te persiguen y te arrastran? ¿Eres capaz de dejar de lado tus respuestas habituales a la frustración y la tentación (enojo, ira, echar la culpa a otros) para dedicar tiempo suficiente a hablar con Dios sobre eso? Dios te está esperando. Para eso nos dio su Espíritu Santo: para ayudarnos a resistir al diablo y a la carne y para triunfar sobre ellos a través de la victoria que tenemos en Jesucristo.

Tú también puedes vivir según el Espíritu. Solo necesitas pedir la ayuda de Dios. “Tú, Señor, estás cerca de quienes te invocan, de quienes te invocan con sinceridad” (Salmo 145:18).

ORACIÓN: Padre celestial, guíanos por tu Espíritu Santo, presérvanos del mal y guíanos en el camino a la vida eterna. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

¿Cuál es el deseo más persistente de la carne con el que tienes que lidiar?
¿De qué manera se expresa en tu vida el “vivir según el Espíritu”? ¿Será que los demás lo pueden ver?

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Un silbido apacible y delicado - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLn Chile - 12/07/2019

Un silbido apacible y delicado

Buscó una cueva donde pasar la noche, y allí el Señor le dijo: «¿Qué haces aquí, Elías?». Y Elías respondió: «Es muy grande mi amor por ti, Señor, Dios de los ejércitos. Los israelitas se han olvidado de tu pacto, han destruido tus altares, han matado a tus profetas, ¡y sólo quedo yo! Pero me andan buscando para quitarme la vida». Entonces el Señor le dijo: «Sal de tu cueva y espérame en el monte, delante de mí». Elías pudo sentir que el Señor estaba pasando, porque se desató un viento poderoso que a su paso desgajaba los montes y partía las rocas. Pero el Señor no estaba en el huracán. Tras el viento vino un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego. Pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Luego vino un silvo apacible y delicado, y cuando Elías lo percibió, se cubrió el rostro con su manto y se quedó a la entrada de la cueva; entonces escuchó una voz que le preguntaba: «¿Qué haces aquí, Elías?».

1 Reyes 19:9b-13

Me encanta la historia de Elías, no la historia del gran milagro en el monte Carmel, sino lo que pasó después. Elías había pedido que cayera fuego del cielo frente a toda la nación (2 Reyes 1:10); derrotó a los sacerdotes de Baal y había dejado en claro quién era el verdadero Dios. Pero esa victoria duró solo unas horas. Uno o dos días después, Elías estaba huyendo de la reina que quería ejecutarlo. De su victoria solo quedaron cenizas.

Tan desesperado estaba Elías, que dijo: “Señor, ¡ya no puedo más! ¡Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados!” (1 Reyes 19:4b). Pero Dios no se había olvidado de Elías. Veamos cómo lo cuidó. Comenzó con un simple cuidado físico: comida y agua traídas por un ángel mientras Elías dormía debajo de un árbol. Entonces Elías viajó al monte Horeb, a 40 días de distancia. El viaje fue tranquilo: nadie lo asustó, lo molestó o le hizo preguntas. Tuvo tiempo para pensar, para orar, para respirar.

Cuando llegó a la montaña Dios le habló, pero no lo hizo con una voz resonante y aterradora. En cambio, Elías escuchó un silbido apacible y delicado, algo que un ser humano quebrantado y desesperado podía aguantar. “¿Qué estás haciendo aquí?”, preguntó Dios. Por supuesto que Dios lo sabía, pero Elías necesitaba una oportunidad para decir lo que había en su corazón.

Y luego Dios le dio aliento y ayuda: le dio a Eliseo para que lo asistiera, y le dijo a Elías que todavía había 7.000 creyentes fieles en Israel, “siete mil israelitas que nunca se arrodillaron ante Baal, ni jamás besaron su estatua” (1 Reyes 19:18b).

Hay momentos en que necesitamos esa clase de misericordia de Dios, momentos en los que nos sentimos agotados, incluso quebrantados; hemos llegado al final de nuestras fuerzas. Dios nos trata con delicadeza: “Pues él sabe de qué estamos hechos; ¡él bien sabe que estamos hecho de polvo!” (Salmo 103:14).

La delicadeza de Dios no es de sorprendernos, especialmente cuando recordamos cómo eligió venir al mundo para salvarnos: no como un héroe poderoso, sino como un bebé recién nacido. Y, si bien tenía y tiene todo el poder, se negó a usarlo excepto para mostrar misericordia a las personas: curar a los enfermos, alimentar a los hambrientos, resucitar a los muertos. Incluso en la cruz triunfó a través de la debilidad, destruyendo el mal con su propia muerte y dándonos vida a través de su resurrección. Como dijo David: “Tú me diste el escudo de tu salvación, me sostuviste con tu mano derecha, y con tu bondad me engrandeciste” (Salmo 18:35).

ORACIÓN: Señor, muéstrame tu delicadeza y misericordia cuando estoy débil. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

¿En qué momentos en las Escrituras Dios habló o se reveló a través de cosas apacibles?
¿Cuáles son tus momentos privados favoritos con Dios?

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Para siempre dichoso - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 11/07/2019

Para siempre dichoso

…porque no me abandonarás en el sepulcro, ¡no dejarás que sufra corrupción quien te es fiel. Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría; ¡estando a tu lado seré siempre dichoso!

Salmo 16:10-11

Dios nos ha dicho: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). Por su parte, el rey David dijo: “Yo declaro, Señor, que tú eres mi dueño; que sin ti no tengo ningún bien” (Salmo 16:2), y: “¡Grandes dolores esperan a sus seguidores!” (Salmo 16:4a). Y el profeta Isaías afirmó: “…pero emprenderán la huida en completa vergüenza los que confían en los ídolos” (Isaías 42:17a).

Si bien muchos fueron tras otros dioses, David se mantuvo fiel al Dios de Israel así como su descendiente, Jesucristo, también se mantendría fiel. Jesús fue obediente hasta la muerte, pagando el precio de nuestra redención con su sangre preciosa. A lo largo de su ministerio terrenal Jesús, Hijo de David, habitaría, y luego moriría seguro en la promesa pronunciada por su antepasado: “Porque no me abandonarás en el sepulcro, ¡no dejarás que sufra corrupción quien te es fiel…!”.

Después que Jesús ascendió al cielo, el Espíritu Santo fue derramado sobre sus discípulos. En el día de Pentecostés, el apóstol Pedro usó las palabras de la promesa de vida y resurrección del salmo para identificar a Jesús como el Mesías crucificado y resucitado. Pedro dice a la multitud en Jerusalén: “que nuestro patriarca David murió y fue sepultado, y que hoy sabemos dónde está su sepulcro entre nosotros” (Hechos 2:29). La tumba estaba allí, y también David. Pero como profeta, David esperaba a su Hijo prometido. Habló del Cristo que, aunque sufrió la muerte, no sería abandonado en el lugar de la muerte. Jesús el Cristo resucitó de entre los muertos. Su tumba, en ese día de Pentecostés, también estaba cerca y estaba vacía.

¡Dios levantó a su Hijo de los muertos! ¡Aleluya! El Salvador conoce la plenitud de gozo a la diestra del Padre y, un día, así lo haremos nosotros. Nuestras tumbas nos retendrán por un momento, pero cuando Jesús nuestro Señor, el Hijo de David, regrese, nos levantará de la muerte y nuestras tumbas quedarán vacías como la de él. Vestidos de inmortalidad, conoceremos la plenitud de la alegría y, a la diestra de Dios, la dicha eterna.

ORACIÓN: Jesús, Hijo de David, en tu muerte y resurrección tenemos la esperanza y la promesa de nuestra resurrección a la vida eterna. Por el poder de tu Espíritu, ayúdanos a vivir fieles a ti mientras esperamos tu regreso. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

¿Qué significa para ti que “¡estando a tu lado seré siempre dichoso!”?
¿Qué estás haciendo ahora para prepararte para vivir para siempre?

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Un nuevo comienzo - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 10072019

Un nuevo comienzo

(Jesús dijo) Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Enséñenles a cumplir todas las cosas que les he mandado. Y yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Mateo 28:19-20

El coro en nuestra pequeña iglesia se sienta en sillas de metal al frente de la congregación y algo detrás del altar y el púlpito, por lo que tenemos una perspectiva especial no disponible al resto de la congregación. Vemos al pastor por detrás mientras predica y dirige la liturgia; vemos al organista mientras toca; vemos de frente a las personas de la congregación, etc.

Todo esto puede ser interesante, pero debo agregar que no es en vano. Mientras observo, a veces me pregunto: ¿por qué será que tal persona no canta hoy? ¿Por qué no se levanta con el resto de la congregación? ¿Por qué esa mujer con la larga trenza canta este himno con tanto vigor? El hijo de una familia está ausente. ¿Estará enfermo? Debo hablar con ellos después del servicio.

Y así continúa el proceso, consciente de que algunos miembros de la congregación probablemente tienen pensamientos similares y hacen observaciones similares sobre mí, un miembro del coro.

Un domingo, no hace mucho tiempo, tuvimos un bautismo. El bebé fue traído a la fuente bautismal por los padres y la pareja de padrinos. Fue un evento breve, y el bebé durmió tranquilo. El bautismo fue normal, excepto en el momento en que se aplicó agua a la cabeza del bebé cuando, para poder ver, la mamá se corrió y sonriendo dijo “mi bebé”.

Fue un momento muy tierno para quienes pudimos verla: una madre joven que sabía lo que significaba el renacimiento del bautismo para su hijo y quería estar lo más cerca posible de ese gran evento en la vida de su bebé. Fue un placer verlo.

Parecía que la magnificencia del Sacramento se resumía y visualizaba en ese momento tranquilo y sin pretensiones. Me recordó todo lo que esa obra santa involucra. El apóstol Pablo lo dijo bien en su Carta a los Romanos: “¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Porque por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que así como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Romanos 6:3-4).

¡Gracias a Dios que hace todas las cosas nuevas!

ORACIÓN: Padre celestial, gracias por el don del bautismo y el don de la fe. En el nombre de Jesús. Amén.

The Lutheran Layman, noviembre de 1978, Jon Suel

Para reflexionar:

¿Sabes por qué Jesús mandó bautizar a todas las naciones?
¿Reconoces o celebras tu bautismo de alguna manera especial?

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Lo que Jesús ha hecho por ti - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 9/07/2019

Lo que Jesús ha hecho por ti

Después arribaron a la tierra de los gerasenos, que está en la ribera opuesta a Galilea. Cuando él llegó a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad que estaba endemoniado. Hacía mucho tiempo que no se vestía ni vivía en una casa, sino en los sepulcros… La gente salió a ver lo que había sucedido. Cuando llegaron a donde estaba Jesús, se encontraron con que el hombre, de quien habían salido los demonios, estaba sentado a los pies de Jesús, vestido y en su cabal juicio. Y tuvieron miedo. Los que habían visto todo esto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado. Entonces toda la gente de la región de los gerasenos le rogó a Jesús que se alejara de ellos, pues tenían mucho miedo. Así que Jesús entró en la barca y se fue. El hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que lo dejara estar con él, pero Jesús lo despidió y le dijo: «Vuelve a tu casa, y cuenta allí todo lo que Dios ha hecho contigo». Entonces el hombre se fue y contó por toda la ciudad lo que Jesús había hecho con él”.

Lucas 8: 26-27a, 35-39

En nuestra lectura bíblica para hoy tenemos la historia del hombre poseído por demonios. Lucas lo describe como un hombre que había perdido casi todo. No tenía hogar, vivía entre las tumbas lejos de la familia y los amigos, estaba desnudo, desprotegido del clima y de la vergüenza. Estaba loco, pues estaba poseído por demonios y tampoco tenía nombre: cuando Jesús le preguntó su nombre, los demonios respondieron “Legión”, refiriéndose a la gran cantidad de ellos que estaban presentes.

Pero, aun así, era un hombre a quien Jesús amaba. No lo había creado para que fuera un juguete de los demonios, sino para para que fuera un ser humano a la imagen de Dios, bendito y completo. Por lo tanto, no podía seguir de largo sin hacer nada. Y así fue. Y cuando les estaba ordenando a los espíritus malignos que se fueran del hombre, ellos irrumpieron con su súplica de misericordia. Sin embargo, apenas unos segundos después, los espíritus malignos se habían ido y al hombre le volvió la cordura. Alguien (¿uno de los discípulos o Jesús mismo?), le entregó una muda de ropa. Y cuando el pueblo salió a ver por sí mismo, el hombre estaba vestido y listo para irse a casa. Jesús había restaurado sus pérdidas.

Pero el hombre quería más. ¿Y quién podía culparlo? Le rogó a Jesús permiso para ir con él, para seguirlo como lo hacían los otros discípulos. Pero Jesús tenía otro plan en mente. Le dijo: “Vuelve a tu casa, y cuenta allí todo lo que Dios ha hecho contigo”. Y el hombre hizo justamente eso. Se fue a su casa y les dijo a todos lo que Jesús había hecho por él, convirtiéndose así en un poderoso testigo del amor de Dios.

El hombre no lo supo entonces, pero Jesús tenía un plan que cumplir que lo acercaba cada vez más a la cruz, donde habría de pelear la batalla suprema de su vida enfrentando y derrotando al demonio con todo su poder aterrador. A través de su muerte Jesús nos liberó de las garras del diablo, y con su resurrección nos abrió las puertas a la vida eterna a todos los que confiamos en Él como nuestro Salvador.

El proceso ha comenzado. Jesús está restaurando todas nuestras pérdidas. Él ha cambiado la muerte en vida, la incredulidad en fe, la desesperación en esperanza y la destrucción en sanidad… y nos promete mucho, mucho más. En el día de su regreso Dios borrará todas nuestras lágrimas, ya no habrá más sufrimiento, pérdida, muerte, dolor. En ese día nos alegraremos, así como se alegró ese hombre.

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, gracias por todo lo que has hecho por nosotros. Mantennos cerca de ti para siempre. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

¿Por qué crees que la gente tuvo miedo del hombre sanado y de Jesús?

¿Alguna vez Dios te ha sanado de un rasgo, actitud o emoción negativa?

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Adulto - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 08/07/2019

Adulto

Pero antes de que viniera la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada… Pero cuando se cumplió el tiempo señalado, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer y sujeto a la ley, para que redimiera a los que estaban sujetos a la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos. Y por cuanto ustedes son hijos, Dios envió a sus corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: «¡Abba, Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, también eres heredero de Dios por medio de Cristo”.

Gálatas 3:23, 4: 4-7

¿Alguna vez, cuando eras pequeño, imaginaste lo que sería ser adulto? No tendrías que acostarte a cierta hora, o hasta podrías quedarte despierto toda la noche viendo películas; podrías comer dulces para el desayuno; no tendrías que ir al dentista en contra de tu voluntad; nadie podría decirte: “¡Haz tu tarea antes de jugar!”.

Por supuesto que, ahora que eres un adulto, sabes que la realidad es muy distinta. Impones tu propia hora de dormir porque si no lo haces, estarás destrozado por la mañana; no hay maratón de películas que dure toda la noche cuando tienes trabajo al día siguiente. No comes dulces en el desayuno y visitas al dentista, pero no porque mamá lo diga, sino porque sabes el dolor de una endodoncia (¡y aún más, la factura que viene con eso!) y comes brócoli voluntariamente, impulsado por el deseo de mantenerte saludable.

Pero no todo es malo. Algo con lo que soñabas es tan bueno como esperabas. Probablemente puedes conducir; eres libre de elegir tu propia ropa, tu propio peinado, tus propios destinos de vacaciones. Tienes obligaciones (cosas que haces por tu cónyuge, tus hijos, tus amigos, tu trabajo), pero tienden a ser obligaciones que asumiste voluntariamente y puedes ver el fruto de tu trabajo. Cada vez más, tienes tu propia iniciativa. Lo que te impulsa a hacer el bien no son fuerzas externas como tus padres, maestros y niñeras, sino tú mismo.

Y esto, dice Pablo, es lo que es ser hijo de Dios. Érase una vez que estábamos bajo la Ley, gobernada desde afuera por los Mandamientos. Nos portábamos bien porque temíamos las consecuencias de no hacerlo. Estábamos bajo coacción, como esclavos o niños pequeños. Pero ahora hacemos el bien por una razón diferente: porque Cristo vive en nosotros y se muestra en nuestras elecciones y acciones diarias. Somos impulsados por nosotros mismos o, mejor dicho, impulsados por Cristo. Hacemos libremente todas las cosas buenas que una vez tenían que obligarnos a hacer.

Sabemos que gracias a que Jesús sufrió y murió por nosotros, hemos sido liberados del peso de nuestro pecado y culpa. Gracias a que Él resucitó de entre los muertos, hemos sido liberados del temor a la muerte y al castigo eterno. Ahora vivimos en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Para decirlo sin rodeos, no hacemos el bien porque “tenemos que hacerlo”, sino porque el Espíritu Santo de Dios en nosotros hace que suceda, convirtiéndonos cada vez más en la imagen de Jesús, nuestro Salvador y hermano mayor. Se está empezando a mostrar un parecido familiar entre Él y nosotros. Y con eso viene el amor, el amor y el agradecimiento a Aquél que nos amó tanto que se entregó a sí mismo por nosotros, para que pudiéramos llegar a ser suyos.

ORACIÓN: Querido Padre, gracias por liberarme de la Ley y por darme la libertad que me brinda estar en tu hijo Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

¿De qué manera la vida, muerte y resurrección de Cristo satisfacen las demandas de la Ley de Dios para nosotros?


¿Cómo puede el “ser maduro en Cristo” diferir de persona a persona?

¿Tiene algo que ver con la edad?

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