Nuestro escudo y orgullo - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 04/07/2019

Nuestro escudo y orgullo

Pero tú, Señor, me rodeas como un escudo; eres mi orgullo, el que sostiene mi vida. Con mi voz clamaré a ti, Señor, y tú me responderás desde tu lugar santo.

Salmo 3:3-4

A pesar de que somos libres de adorar como deseamos, hay momentos que queremos clamar al igual que el salmista David: “Señor, ¡cómo han aumentado mis enemigos!” (Salmo 3:1a). Aunque no suframos persecución, daño físico o pérdida de posesiones materiales, podemos ser ridiculizados por nuestra fe; o nuestra confianza en Cristo puede simplemente ser descartada como inútil. Ciertamente, los enemigos como el miedo, la duda y la culpa siempre nos acosan, y el diablo, nuestro principal enemigo, busca incesantemente nuestra caída.

Vivimos en una sociedad que se burla cada vez más de quienes seguimos a Jesús. Muchos oponentes sugieren: “Pueden seguir practicando su fe, pero siempre y cuando lo hagan en privado”. Cuando invitamos a otros a examinar la verdad de la fe cristiana, a encontrar a Jesús, que es la verdad, la respuesta bien podría ser: “Tú tienes tu verdad y yo la mía”. David se enfrentó a una respuesta similar, y así lo expresa en el salmo: “Son muchos los que me dicen que tú no vendrás en mi ayuda” (Salmo 3:2).

Pero David tiene la respuesta. Él no se avergüenza de confesar la verdad de su salvación, y tampoco debemos nosotros: “Pero tú, Señor, me rodeas como un escudo; eres mi orgullo, el que sostiene mi vida”.


Dios nos protege y sostiene nuestra vida con esperanza porque hace mucho tiempo Él nos respondió desde su “lugar santo” (Salmo 3:4b). En una colina santa en las afueras de Jerusalén, nuestro Señor Jesús soportó la burla y el ridículo de los espectadores que acudieron a observar su ejecución: “Ya que salvó a otros, que se salve a sí mismo” (Lucas 23:35b). Él no quiso salvarse a sí mismo, porque al colgar de la cruz en esa colina sagrada nos estaba salvando… a nosotros. El sufrimiento de nuestro Señor acabó, en las palabras del salmo: “yo me acuesto, y duermo” el sueño de la muerte. El mismo salmo pudo haber formado la oración de nuestro Salvador en la primera mañana de Pascua: “Y despierto porque tú, Señor, me sostienes” (Salmo 3:5).

Cada día nos acostamos a dormir confiados en que el Señor, quien se dio a sí mismo para salvarnos, nos sostendrá durante toda la noche, y durante el nuevo día será nuestro escudo y nuestro orgullo. Un día, como lo hizo nuestro Señor Jesús, nos acostaremos y dormiremos el sueño de la muerte. Pero al igual que con nuestro Señor, nosotros también despertaremos de la muerte porque el Señor que nos sostiene ahora a través de la vida nos elevará a la vida eterna y nos sostendrá en Su presencia para siempre.

ORACIÓN: Señor Jesús, cuando los enemigos, reales e imaginarios, se alzan contra nosotros, sostennos con tu poder. Fortalece y alienta a todos los que sufren persecución por tu santo Nombre. Sé nuestro escudo y nuestro orgullo y levántanos en triunfo. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

  1. ¿De qué manera crees que la sociedad que te rodea menosprecia o eleva a quienes buscan ayuda en Dios?
  2. ¿Qué haces cuando te sientes presionado o rechazado por tu fe?

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Dominado por la ira - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 02/07/2019

Dominado por la ira

Los judíos le respondieron: «¿Acaso no tenemos razón al decir que tú eres samaritano, y que tienes un demonio?».

Respondió Jesús: «Demonio no tengo. Yo lo que hago es honrar a mi Padre, pero ustedes me deshonran.

Y yo no busco mi gloria. Pero hay uno que la busca, y que juzga. De cierto, de cierto les digo que, el que obedece mi palabra, nunca verá la muerte».

Entonces los judíos le dijeron: «Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abrahán murió, lo mismo que los profetas; ¿y tú dices: El que guarda mi palabra, nunca verá la muerte?

¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Abrahán, el cual murió? ¡Y también los profetas murieron! ¿Quién te crees tú?».

Jesús respondió: «Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; pero el que me glorifica es mi Padre, el que ustedes dicen que es su Dios.

Ustedes no lo conocen, pero yo sí lo conozco. Y si yo dijera que no lo conozco, sería un mentiroso como ustedes. Pero lo conozco, y obedezco su palabra.

Abrahán, el padre de ustedes, se alegró al saber que vería mi día. Y lo vio, y se alegró».

Los judíos le dijeron: «Ni siquiera tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?».

Jesús les dijo: «De cierto, de cierto les digo: Antes de que Abrahán fuera, yo soy».

Entonces tomaron piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo. (Juan 8:48-59)

¿Alguna vez te has enojado al punto que tu corazón late con fuerza, tu presión arterial aumenta, tus manos se cierran en puños y te es casi imposible pensar con claridad?

Todo eso podemos verlo en acción en este pasaje de la Biblia, donde Jesús habla con los líderes religiosos de su pueblo. Una por una, él suelta frases que los irrita cada vez más. Al decir las últimas dos palabras: “Yo soy”, Jesús estaba reclamando el nombre de Dios como propio. ¡No es de extrañar que intentaran apedrearlo!

Jesús debe haber sabido que iban a tener esa reacción. Pero, aun así, siguió adelante. ¿Por qué?

Porque necesitaban saberlo. Todo lo que Jesús dijo era verdad. Él es Aquél cuya palabra trae vida. Es el Hijo de Dios, quien conoce al Dios invisible y nos lo da a conocer. Es el Mesías que Abraham esperaba con esperanza. Es el gran “YO SOY” de Israel, el Dios que reveló su nombre a Moisés (ver Éxodo 3:14).

Es fácil juzgar a los líderes religiosos, pero a veces hacemos lo mismo, ¿no es cierto? ¿Acaso cuando nos enojamos nos detenemos a considerar si puede haber alguna verdad importante en lo que la otra persona está diciendo o haciendo? Deberíamos, porque Dios podría tener algo para que aprendamos. La ira puede nublar nuestra comprensión.

Pero a ninguno nos gusta hacerlo. Sin embargo, con la ayuda del Espíritu Santo, podemos hacerlo. Dios puede llegar a nuestros corazones y lidiar con nuestra ira, dándonos autocontrol y oídos que escuchan, así como sabiduría para juzgar correctamente. Entonces sí podremos responder como Dios desea a ese miembro de la familia, a ese compañero de trabajo, o a ese vecino. ¿Por qué? Porque pertenecemos a Jesús, quien murió y resucitó por nuestro bien. Él nos mantendrá cerca de él.

ORACIÓN: Espíritu Santo, obra en mi corazón para darme sabiduría, amor y autocontrol cuando estoy enojado. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

  1. Cuando te enojas, ¿cuáles son algunas de tus respuestas típicas?
  2. ¿Qué puedes hacer para que tu forma de reaccionar refleje cada vez más tu fe en Dios?

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Hora de hablar - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 01/07/2019

Hora de hablar

Varones israelitas, escuchen mis palabras: Jesús nazareno, que fue el varón que Dios aprobó entre ustedes por las maravillas, prodigios y señales que hizo por medio de él, como ustedes mismos lo saben, fue entregado conforme al plan determinado y el conocimiento anticipado de Dios, y ustedes lo aprehendieron y lo mataron por medio de hombres inicuos, crucificándolo. Pero Dios lo levantó, liberándolo de los lazos de la muerte, porque era imposible que la muerte lo venciera.

Hechos 2: 22-24

Cuando Pedro dijo estas palabras, la “iglesia” cristiana estaba en su primera infancia. Sus palabras llegaron justo después de la avalancha del Espíritu Santo en Pentecostés cuando, como un fuerte viento, llenó la habitación de la casa donde estaban los discípulos y “comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu los llevaba a expresarse” (Hechos 2: 4b).

¡Qué experiencia debe haber sido! Los espectadores estaban atónitos y maravillados. Esa asamblea multinacional reunida en Jerusalén “que venían de todas las naciones conocidas” (Hechos 2:5b) escuchaba a los discípulos hablar a cada uno en su “lengua materna” sobre “las maravillas de Dios” (ver Hechos 2: -8, 11). “Todos ellos estaban atónitos y perplejos, y se decían unos a otros: ‘¿Y esto qué significa?’ Pero otros se burlaban, y decían: ‘¡Están borrachos!'” (Hechos 2:12-13).

Entonces Pedro se pone de pie y da su primer discurso. Es gracioso que lo primero que tiene que hacer es disipar la noción de que los discípulos están borrachos pues apenas eran las nueve de la mañana. Pero luego de hacerlo pone manos a la obra, mostrando de inmediato cómo se estaban cumpliendo allí las palabras del profeta Joel: “En los últimos días derramaré de mi Espíritu sobre toda la humanidad. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán; sus jóvenes tendrán visiones” (Hechos 2:17a).

Y sí que profetizaron: nación tras nación escuchó la obra de Dios a través de los siglos.

Estos mensajes deben haber sido sorprendentes para los extranjeros que no están familiarizados con el Dios de Israel. ¡Cuán poderosas fueron sus obras! ¡Qué severo su juicio contra los malvados, pero también cuán amorosa su paciencia para con sus hijos! ¿Y cómo es eso de un Rey aún por venir, un Mesías prometido que salvará a su pueblo de sus pecados?

Ese tan esperado Mesías es Jesús, atestiguado por Dios a través de ,”obras poderosas, maravillas y señales” Jesús, entregado y crucificado de acuerdo al plan de Dios y resucitado por el poder de Dios, destruyó “los lazos de la muerte, porque era imposible que la muerte lo venciera”.

Ese era el mensaje que Pedro sabía que era verdad. Él había estado con Jesús desde el principio: había estado allí cuando las multitudes fueron alimentadas y muchas personas fueron sanadas milagrosamente. Había presenciado las señales y maravillas del Salvador y había agonizado por la muerte de Jesús y su propia negación aterrorizada de conocer a su amado amigo y confidente. Pero Pedro ya no era el testigo renuente. Había tomado en serio las directivas personales de su Maestro para alimentar a sus ovejas (ver Juan 21:15-17).

Pedro estaba listo; ya era hora de hablar.

ORACIÓN: Padre celestial, permite que podamos hablar de ti a los demás como lo hizo Pedro. En el nombre de Jesús. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

  1. ¿Cuál sería tu reacción ante los eventos de Pentecostés?
  2. ¿Qué “obras poderosas, maravillas y señales” hace Dios hoy?

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Editado por CPTLN-Chile – junio de 2019


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La Sabiduría de Dios - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 27/06/2019

La Sabiduría de Dios

¿Acaso no está llamando la sabiduría? ¿Qué, no deja oír su voz la inteligencia? Se para en las colinas, junto al camino; se queda esperando en las encrucijadas. Deja oír su voz a un lado de las puertas; a la entrada misma de la ciudad exclama: “A ustedes, los hombres, los llamo; a ustedes, los hombres, dirijo mi voz”.

Proverbios 8: 1-4

El libro de Proverbios nos presenta a la sabiduría como a una mujer que llama a las personas a que acudan a ella en busca de ayuda. Quiere que las personas sean sabias, que aprendan la sabiduría que Dios da, y para ello sube a las colinas y va hasta las encrucijadas, para tratar de llamarles la atención.

Ella dice: “Muchachos ingenuos, ¡entiendan! Jóvenes necios, ¡recapaciten! ¡Óiganme, que lo que voy a decirles son cosas muy justas e importantes… El que me halla, ha encontrado la vida y alcanzado el favor del Señor. El que peca contra mí, se daña a sí mismo; el que me aborrece, ama a la muerte” (Proverbios 8:5-6, 35-36).

¿Por qué habla a los gritos? ¿Por qué tiene que ir por todas partes, en vez de quedarse quieta? La respuesta es simple: las personas no le prestan atención.

Ya sea hace miles de años u hoy en día, los seres humanos somos tercos e insensatos: nos apartamos de la sabiduría, no importa cuán fuerte sea su voz. A veces pienso que la sabiduría necesita algo más que su voz: ¡necesita una red para atraparnos!

La necedad humana debe ser algo realmente frustrante para Dios. Él nos dice qué es bueno y correcto, pero ¿acaso le escuchamos? Por lo general, no. Somos como las ovejas tontas de las que habla Isaías: “Todos perderemos el rumbo, como ovejas, y cada uno tomará su propio camino” (Isaías 53:6a). Hacemos cosas que nos dañan a nosotros y a otras personas, aun cuando lo sabemos. La sabiduría puede estar clamando, ¡pero no la escuchamos!

Es por ello que Dios tomó el asunto en sus manos. Como nosotros no íbamos a él, él vino a nosotros. Vino a nuestro mundo como un bebé humano en la persona de Jesucristo, nuestro Salvador. Jesús creció entre nosotros y vivió nuestra vida, sirviendo a quienes le rodeaban y enseñando con toda la sabiduría de Dios.

Al igual que la figura de la sabiduría en Proverbios, él pasó sus días en las encrucijadas y las puertas de la ciudad, allí donde pudieran escucharlo, llamando a las personas a él. Y luego llevó a cabo el acto supremo de la sabiduría de Dios yendo a la cruz a morir por nosotros. Pablo lo llama “Cristo crucificado, que para los judíos es ciertamente un tropezadero, y para los no judíos una locura, pero para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Corintios 1:23-25).

Ningún ser humano podría haber imaginado que Dios elegiría salvarnos no con poder, sino con el sufrimiento; no con la sabiduría humana, sino rebajándose para ser uno de nosotros. Y porque Jesús nació, sufrió, murió y resucitó por nosotros, ahora tenemos vida eterna y participamos de la sabiduría divina que da vida. El Espíritu Santo de Dios vive en nosotros y renueva constantemente nuestras vidas.

“¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién ha entendido la mente del Señor? ¿O quién ha sido su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que él tenga que devolverlo? Ciertamente, todas las cosas son de él, y por él, y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén” (Romanos 11:33, 36).

ORACIÓN: Señor, hazme sabio para confiar en tu Hijo Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

  1. ¿Qué crees que hace que algo sea sabio?
  2. ¿Qué quiere decir que “lo insensato de Dios es más sabio que los hombres”?

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Colmado de gloria - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile

Colmado de gloria

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, y la luna y las estrellas que has creado, me pregunto: ¿Qué es el ser humano, para que en él pienses? ¿Qué es la humanidad, para que la tomes en cuenta? Hiciste al hombre poco menor que un dios, y lo colmaste de gloria y de honra.

Salmo 8: 3-5

El 7 de diciembre de 1972, los astronautas de Apolo 17 giraron una cámara hacia la tierra y, desde una distancia de 18.000 millas, fotografiaron su superficie.

A esa imagen, con sus colores arremolinados de azul, verde y blanco y colgando en la vasta oscuridad del espacio, se la conoce como “la canica azul”.

Aunque muy pocos han visto la tierra desde ese sitio privilegiado, una simple fotografía puede hacernos sentir muy pequeños e insignificantes.

Cuando el salmista observa la inmensidad del espacio desde la canica azul, pone en tela de juicio su propia importancia. Se maravilla ante el cielo nocturno, la luna y las estrellas que Dios ha creado, y le pregunta a su Creador: “¿Qué es el ser humano, para que en él pienses?”. En medio de este universo impresionante con sus innumerables estrellas y galaxias, ¿será que Dios me ha notado, o que nos ha notado a nosotros?

¡Sí! En su amor por esta gran canica azul y las personas que Él creó para vivir en él, Dios envió a su Hijo para redimirnos “y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en los cielos” (Colosenses 1:20a).

El escritor de Hebreos aplica la pregunta del salmista y su respuesta a Cristo. Jesús, el Hijo del Hombre, fue hecho un poco menor que los ángeles. Se humilló a sí mismo, ofreciendo su vida como el sacrificio perfecto por nuestros pecados. Entonces Dios lo levantó de entre los muertos y lo coronó de “gloria y de honra” (ver Hebreos 2:6-7).

Esa es la fuente de nuestra importancia en esta canica azul. Nuestro significado no se encuentra en nada de lo que somos o hemos hecho o logrado, sino en lo que nuestro Dios ha hecho por nosotros en Cristo Jesús. Dios, nuestro Salvador, siempre nos tiene presentes y se ocupa de nosotros. A través de su Hijo nos reconcilió consigo mismo y nos coronó con gloria y honor como sus preciosos hijos e hijas. ¡No hay mayor importancia que eso!

ORACIÓN: Dios todopoderoso, te alabamos y te damos gracias por el mundo que has creado. En Cristo Jesús, tu Hijo, encontramos nuestro significado y, un día, coronados de gloria en tu presencia, ofreceremos nuestra alabanza ante tu trono. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

  1. ¿Dónde o de qué manera puedes ver a Dios en la naturaleza?
  2. ¿Qué significa que el hombre haya sido coronado con “gloria y honor”?

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Fervor - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 26/06/2019

Fervor

Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, preso suyo. Al contrario, participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y nos llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.

2 Timoteo 1: 8-9

El otro día me encontré con una palabra que debería ser parte de un comercial de té helado: “defervescencia”, que significa el enfriamiento o disminución de la temperatura corporal. Es una palabra útil cuando se acerca el verano y las temperaturas comienzan a aumentar.

Quienes escriben columnas de consejos, al igual que los defensores de la psicología popular, a menudo recomiendan una “disminución de la temperatura” en situaciones estresantes. Esto tiene sentido ya que a veces necesitamos enfriarnos, evaluar una situación y dar a nuestros nervios la oportunidad de calmarse. O, como aconseja la tapa en el frasco de mayonesa: “Mantener fresco; no congelar”.

Pero hay veces en que necesitamos encender los quemadores, por así decirlo, sobre todo cuando es necesario aumentar los niveles de energía. Es en esos momentos en que es útil aplicar la palabra fervor, celo. Es lo que me gustaría ver en la vida diaria del pueblo de Dios, ¿tal vez los “fanáticos fervientes” de Dios?

Las formas en que podemos llegar a ser más apasionados en nuestra vida cristiana son infinitas: trabajar un fin de semana con un grupo de voluntarios; invitar a cenar a los nuevos vecinos; ir a visitar a personas enfermas en un hospital o asilo de ancianos; enseñar en la escuela dominical o colaborar con el grupo de jóvenes. Y todo esto puede comenzar dedicando unos minutos cada día a leer la Palabra de Dios o una devoción diaria.

El apóstol Pablo no fue ajeno al fervor. Encontró a Juan, Marcos y, más tarde, a Timoteo, y se dirigió a partes desconocidas declarando las Buenas Noticias sobre Jesús por todos lados. Él fue quien dijo: “¡Ay de mí si no predico el evangelio!” (1 Corintios 9: 16b). Y encendió en el mundo la llama del Evangelio, porque el Espíritu Santo lo había encendido a él. ¿Le has pedido a Dios que te llene con esa misma llama, ese mismo celo y fervor?

No es fácil servir a Dios cada día en medio de los desafíos de la vida. Pero con el poder de la gracia de Dios y el Espíritu Santo para guiar nuestros pasos podemos lograrlo, así como lo hizo Pablo. “Es verdad que aún somos seres humanos, pero no luchamos como los seres humanos. Las armas con las que luchamos no son las de este mundo, sino las poderosas armas de Dios, capaces de destruir fortalezas” (2 Corintios 10: 3-4).

A medida que avancemos fervientemente, recordemos que nosotros también poseemos ese mismo poder divino.

ORACIÓN: Señor Jesús, deja que nuestra vida arda brillantemente para ti y se convierta en luz para quienes nos rodean y luchan en un mundo oscuro. En tu nombre. Amén.

De The Lutheran Layman, agosto de 1983, “Thawing Out”, por Jane L. Fryar

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Las pequeñas cosas del amor - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 25/06/2019

Las pequeñas cosas del amor

Jesús le respondió: «El que me ama, obedecerá mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y con él nos quedaremos a vivir. El que no me ama, no obedece mis palabras; y la palabra que han oído no es mía, sino del Padre que me envió… Ya no hablaré mucho con ustedes, pues viene el príncipe de este mundo, que ningún poder tiene sobre mí. Pero para que el mundo sepa que amo al Padre, hago todo tal y como el Padre me lo ordenó. Levántense, vámonos de aquí.

Juan 14:23-24, 30-31

¿Guardas viejas cartas de amor? ¿Qué tal en tu teléfono? ¿Guardas mensajes de texto y mensajes de voz de tus familiares, personas que amas, incluso si ya fallecieron? Si es así, no eres inusual, pues valoramos las palabras de las personas que amamos.

Cuando Jesús estaba hablando con sus discípulos la noche en que fue arrestado, dijo: “El que me ama, obedecerá mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y con él nos quedaremos a vivir”. La palabra “obedecer” nos pone a muchos cristianos en problemas; inmediatamente comenzamos a pensar en la obediencia (lo que está bien) y en ganar el favor de Dios (lo cual es imposible). Y luego nos atamos con nudos legalistas tratando de “obedecer” todos los mandamientos, o hacemos lo contrario y abandonamos la obediencia cristiana por completo.

¡Pero no tiene que ser así! La palabra griega para “obedecer” es “tereo”, que significa guardar, atender con cuidado, atesorar. Es lo que hacemos con aquello que amamos: no lo ignoramos ni lo tratamos con desdén, sino más bien lo cuidamos, le prestamos atención y lo preservamos. Las madres cuidan a sus hijos de esta manera y los seguidores de un maestro atesoran sus palabras.

También puede ser así para nosotros como seguidores de Jesús. Conocemos su amor, pues lo hemos visto en acción cuando sufrió y murió por nosotros para lograr nuestro perdón, y cuando resucitó para darnos vida eterna. Jesús es nuestro Salvador, y por ello lo amamos.

Esto le da un giro diferente a la idea de obedecer su Palabra. Si él nos ama y nosotros lo amamos a él, ¡por supuesto que apreciaremos su Palabra! Por supuesto que lo tendremos en cuenta y que pensaremos en él y que trataremos, aunque sea en forma débil y vacilante, de hacer las cosas que él nos pide que hagamos. Porque en la obediencia encontramos gozo. Esto no tiene nada que ver con “ganar la salvación”; él ya la ha ganado para nosotros. Sí tiene todo que ver con demostrarle que le amamos a través de nuestras palabras y acciones.

Es cierto que no siempre sentimos el amor. Y así es; los sentimientos van y vienen y no podemos construir una vida, o nuestra fe, en base a ellos. Pero ya sea que “sintamos” amor o no, siempre podemos “amar” con nuestras acciones, así como hacemos cosas por amor para nuestras familias y amigos, más allá de nuestros sentimientos hacia ellos en el momento. No vamos a lograr obedecer su Palabra a la perfección, pero el Espíritu Santo obrará en nosotros para que crezcamos en el amor a Dios que se manifiesta en nuestras vidas.

ORACIÓN: Querido Señor, aumenta mi amor por ti y ayúdalo a florecer en acciones que te agraden. Amén.

Dra. Kari Vo

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El lenguaje del corazón - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 24/06/2019

El lenguaje del corazón

Cuando llegó el día de Pentecostés, todos ellos estaban juntos y en el mismo lugar.


De repente, un estruendo como de un fuerte viento vino del cielo, y sopló y llenó toda la casa donde se encontraban.


Entonces aparecieron unas lenguas como de fuego, que se repartieron y fueron a posarse sobre cada uno de ellos.


Todos ellos fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu los llevaba a expresarse.


En aquel tiempo vivían en Jerusalén judíos piadosos, que venían de todas las naciones conocidas.


Al escucharse aquel estruendo, la multitud se juntó, y se veían confundidos porque los oían hablar en su propia lengua.


Estaban atónitos y maravillados, y decían: «Fíjense: ¿acaso no son galileos todos estos que están hablando?


¿Cómo es que los oímos hablar en nuestra lengua materna?


Aquí hay partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto y Asia. Están los de Frigia y Panfilia, los de Egipto y los de las regiones de África que están más allá de Cirene. También están los romanos que viven aquí, tanto judíos como prosélitos, y cretenses y árabes, ¡y todos los escuchamos hablar en nuestra lengua acerca de las maravillas de Dios!».


Todos ellos estaban atónitos y perplejos, y se decían unos a otros: ‘¿Y esto qué significa?'”.

Hechos 2: 1-12

¿Cuál es el idioma de tu corazón? Es muy probable que, incluso si eres políglota, tengas un idioma que está más cerca de tu corazón. Este es a menudo el idioma que tus padres hablaron, el idioma de tu primera infancia. Es el idioma con el que tu madre solía cantarte, tu padre te contaba historias, tus hermanos y hermanas solían bromear. No importa cuántos idiomas aprendas, tu primera lengua siempre significará “hogar”.

Esta podría ser la razón por la que Dios eligió hacer un milagro muy específico en el día de Pentecostés. Bien pudo haber hecho cualquier milagro, pero para asegurarse de que el mensaje de Jesús llegara a la mayor cantidad de personas posible, Dios les dio a los primeros cristianos el don del habla milagroso. Sin haber estudiado nunca, pudieron contar la historia de Jesús en los idiomas de los peregrinos reunidos en Jerusalén ese día: personas de todo el mundo conocido. Las personas escuchaban… y tres mil fueron bautizadas ese día.

Muchos han notado una conexión con la historia de Babel en Génesis.

En Babel, Dios confundió los idiomas del mundo para que nadie pudiera entender a su prójimo; en Pentecostés, Dios reunió a personas de muchos idiomas a través del Evangelio de Jesucristo. Y, sin embargo, si miramos más de cerca, vemos que no es una simple inversión de Babel. Los nuevos cristianos todavía hablan muchos idiomas diferentes, y seguirán haciéndolo. Pero llevarán el único mensaje de nuestro Salvador a sus propios vecinos y ellos a su vez lo contarán a otros, y todo en su propio idioma. Habrá una iglesia, pero muchos idiomas; un cuerpo de Cristo, pero muchas naciones.

Dios no les quitó su individualidad y tampoco nos la quita a nosotros. Tú eres de valor para él, porque él te ha elegido como hijo suyo. No eres simplemente parte de una multitud, uno de los miles de millones de personas por las cuales murió Jesús. Eres alguien que Dios conoce por su nombre. Dios habla tu idioma y te llama para sí mismo.

ORACIÓN: Amado Padre, ayúdame a llevar tu mensaje para que muchos más escuchen acerca de tu hijo Jesús y puedan creer. Amén.

Dra. Kari Vo

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"Hagámonos de renombre" - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 21/06/2019

“Hagámonos de renombre”

En la tierra todos tenían entonces una sola lengua y unas mismas palabras, pero sucedió que, cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar y se establecieron allí… y dijeron: «Vamos a edificar una ciudad, y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo. Hagámonos de renombre, por si llegamos a esparcirnos por toda la tierra».


Pero el Señor descendió para ver la ciudad y la torre que los hijos de los hombres estaban edificando, y dijo: «Esta gente es una sola, y todos ellos tienen un solo lenguaje. Ya han comenzado su obra, y ahora nada los hará desistir de lo que han pensado hacer. Así que descendamos allá y confundamos su lengua, para que ninguno entienda la lengua de su compañero».

Así fue como el Señor los esparció por toda la tierra, y como dejaron de edificar la ciudad.

Génesis 11:1-2, 4-6a, 7-8

Mi ciudad vende “derechos de denominación” al centro de convenciones local. Cualquier persona que quiera darle un nombre al centro lo puede hacer, luego de pagar una enorme cantidad de dinero por tal privilegio. Esto significa que cada tanto, el centro de convenciones recibe un nuevo nombre, generalmente el de una empresa local, ¡y todos quedamos confundidos sobre cómo llamarlo!

Después del diluvio, las personas tuvieron un deseo similar de “hacerse de renombre”: “Vamos a edificar una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo. Hagámonos de renombre, por si llegamos a esparcirnos por toda la tierra”. Nota cuál era su temor: querían permanecer juntos en un solo lugar. ¿Por qué? Probablemente porque esto los haría más fuertes y poderosos como pueblo. La ciudad con la torre daría el mensaje: “Este es nuestro territorio. ¡Miren lo que somos capaces de hacer!”.

Pero eso no era lo que Dios quería. En Génesis 9:1, Dios le dijo a la familia de Noé: “Reprodúzcanse y multiplíquense: ¡llenen la tierra!”. Dios quería que se esparcieran para llenar el mundo de humanidad, para que al final hubiera personas de todas las tribus y naciones. Un mundo de variedad y belleza.

Pero los miedos y deseos humanos los llevaron a desobedecer a Dios. Tenían poca visión de futuro, estaban asustados, eran poco aventureros y estaban hambrientos de poder. Entonces Dios tomó medidas. ¡Y de repente todos hablaban diferentes idiomas! El sueño falso había terminado. No tenían más remedio que esparcirse y alejarse.

Lamentablemente, nuestros ancestros no fueron los únicos que cayeron en esa trampa. Nosotros también lo hacemos, ¿verdad? Lo hacemos cada vez que tomamos la opción segura, cómoda y autoglorificadora en lugar de hacer lo que, en el fondo de nuestro corazón, sabemos que Dios preferiría. Cada vez que damos prioridad a los edificios sobre las personas, a los programas sobre el cuidado, a “construir un legado” sobre atender a las necesidades prácticas (y poco atractivas) que tenemos delante nuestro en el momento. Queremos hacernos un nombre y, preferiblemente, de la manera más segura y obvia posible.

Hoy Dios sigue llamando a través de su Espíritu Santo a alejarnos de nuestros sueños de poder y seguridad. Nos recuerda que ya nos ha dado un nombre, que nos ha puesto el Nombre de Jesús, que es un nombre mejor que cualquier otro. Pertenecemos a Jesús, quien conquistó los poderes del mal en la cruz y rompió el poder de la muerte cuando se levantó de la tumba. Con un Salvador tan poderoso, no debemos tener miedo ni jugar a lo seguro. Podemos seguir a Jesús en el mundo para cuidar a nuestro prójimo, incluso cuando nos hace sentir incómodos o nerviosos. Él nunca nos dejará, sino que estará con nosotros siempre. El resultado de su obra a través de nosotros será glorioso.

ORACIÓN: Querido Señor, ayúdame a elegir tu voluntad en lugar de mi propia seguridad o gloria. Amén.

Dra. Kari Vo

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Recordando una reputación - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 20/06/2019

Recordando una reputación

Tú eres mi Dios; enséñame a hacer tu voluntad, y que tu buen espíritu me guíe por caminos rectos. Señor, por tu nombre, vivifícame; por tu justicia, líbrame de la angustia.

Salmo 143:10-11

“Mi enemigo… ha puesto mi vida por los suelos”, clama el salmista, y vive en las tinieblas con el espíritu deprimido y el corazón deshecho (ver Salmo 143:3-4).

Quizás alguna vez hayas sentido lo mismo. No es un buen lugar para estar, pero a menudo nos encontramos allí aplastados por las circunstancias de la vida, sufriendo por el dolor y la pérdida, o por nuestra propia vergüenza y culpa. ¿A dónde vamos? ¿A quién le pedimos ayuda?

El salmista tiene la respuesta: “Cuando evoco los días de antaño…”. Pero no está evocando recuerdos entrañables de los tiempos de antes, algunos de los cuales pueden haber sido buenos, ni recordando lo que él hizo en el pasado, sino lo que Dios hizo en aquellos días de antaño. Es muy probable que evoque la obra de Dios en la belleza de la creación y sus obras poderosas cuando liberó a Israel de la esclavitud y lo llamó como su pueblo elegido. Y seguramente recuerda la obra de Dios cuando estableció a su pueblo en la Tierra Prometida.

Cuando nos sentimos aplastados, con el espíritu deprimido y el corazón deshecho, el Espíritu nos guía a través de la Palabra de Dios para que, junto con el salmista, recordemos los días en que Dios mismo vino entre nosotros en carne humana, naciendo en Belén. Jesús, nuestro Señor, recorrió la tierra en su camino hacia la cruz y murió y resucitó para salvarnos, liberándonos para siempre de la esclavitud del pecado, la muerte y el diablo. Recordamos la gran obra de Dios que aún está por venir, cuando nos establecerá en nuestra tierra prometida eterna.

Hasta entonces, oramos para que Dios nos guíe de acuerdo con su voluntad y nos enseñe a través de su Palabra santa. Oramos para que, a través de nuestras debilidades y tropiezos, el Espíritu nos guíe por senderos llanos y nos libere del mal.

Recordamos también que aquí hay una reputación en juego. No es nuestra reputación, sino el Nombre de nuestro Dios. Por el bien de su santo Nombre, y de acuerdo con su juicio justo, una vez más hará lo que hizo en los días de antaño, perdonándonos y salvándonos. Confiamos en él porque él siempre recuerda y cumple sus promesas.

ORACIÓN: Dios todopoderoso, recordamos tus obras poderosas en los días de antaño. Enséñanos a hacer tu voluntad y permite que tu buen Espíritu nos guíe. Amén.

Dra. Carol Geisler

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