En guerra con el mundo - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile. 07/02/2019

En guerra con el mundo

Ustedes saben que, cuando no eran creyentes, eran arrastrados hacia los ídolos mudos. (1 Corintios 12:2)

 

 

La palabra que Pablo usa en el original para “no creyentes” es “paganos”, un término muy interesante que evoca todo tipo de cosas, como estrellas de cinco puntas y éxtasis religioso, hedonismo e idolatría. Uno podría pensar en un grupo de brujas con túnicas negras que practican algún ritual secreto en lo profundo del bosque. Las prácticas de animismo o incluso satanismo vienen a la mente.

 

En los días del apóstol Pablo, un pagano era un gentil que no era ni cristiano ni judío, y que seguía una de las religiones politeístas o misteriosas en boga en el primer siglo, ya fuera en Grecia o Palestina. Los cultos paganos griegos eran bien conocidos por sus prodigiosos ídolos y los magníficos templos que albergaban a sus dioses. Sin duda, Pablo tenía una gran tarea por delante en la rica y cosmopolita metrópolis de Corinto, donde el paganismo estaba en pleno apogeo.

 

Aunque la magnitud del paganismo griego antiguo no es la norma en los Estados Unidos, me pregunto qué tendría que decir el apóstol sobre el estado actual de nuestras cosas. Con toda nuestra sofisticación de alta tecnología, artilugios y diversiones, nosotros, como aquellos que vivieron en un mundo de 10.000 dioses, estamos siendo tentados por todos lados, a menudo insensibles a las cosas de Dios, saturados con el mundo y la egolatría que tan hábilmente destaca y reafirma.

 

De manera similar, en un momento el mismo Pablo estuvo preocupado con las cosas mundanas: “Fui circuncidado al octavo día, y soy del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín; soy hebreo de hebreos y, en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que se basa en la ley, irreprensible” (Filipenses 3:5-6). Estas son credenciales excepcionales. “La vida es buena”, debe haber pensado. “Tengo todo en orden”, debe haber reflexionado secretamente, adorándose a sí mismo y a la profesión “justa” a la que se dedicaba.

 

Pero gracias a Dios, esas cargas que engañan al alma fueron quitadas de su espalda y arrojadas al basurero como tantos otros ídolos.

 

“Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida, por amor de Cristo. Y a decir verdad, incluso estimo todo como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por su amor lo he perdido todo, y lo veo como basura, para ganar a Cristo y ser hallado en él, no por tener mi propia justicia, que viene por la ley, sino por tener la justicia que es de Dios y que viene por la fe, la fe en Cristo; a fin de conocer a Cristo y el poder de su resurrección, y de participar de sus padecimientos, para llegar a ser semejante a él en su muerte, si es que de alguna manera llego a la resurrección de entre los muertos” (Filipenses 3:7-11).

 

Señor, presérvanos de las cosas que desvían nuestra atención de ti, en cualquier forma que se nos presenten.

 

ORACIÓN: Padre celestial, sin la luz de tu Hijo estamos destinados a seguir a un “ídolo” tras otro. Acércanos a ti por el poder del Espíritu Santo y afirma nuestros corazones en Jesús. En su nombre oramos. Amén.

 

Paul Schreiber

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Una hermosa corona - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile. 06/02/2019

Una hermosa corona

Por causa de Sion y de Jerusalén no callaré ni descansaré, hasta que su justicia brille como la aurora y su salvación alumbre como una antorcha. Entonces las naciones verán tu justicia; todos los reyes contemplarán tu gloria. Entonces recibirás un nombre nuevo, que el Señor mismo te pondrá. En la mano del Señor serás una hermosa corona; en la mano de tu Dios serás una regia diadema. (Isaías 62:1-3)

 

 

¿Alguna vez has notado cuánto atraen a las personas las cosas brillantes? No importa si es oro, plata, diamantes o incluso vidrio; si algo brilla, nos encanta, atrae nuestra atención; hace que queramos verlo más de cerca e incluso llevarlo a casa, si es posible.

 

El profeta Isaías usa un lenguaje brillante para hablar sobre el pueblo de Dios. Él dice que está esperando el momento en que nuestra “justicia brille como la aurora y [nuestra] salvación alumbre como una antorcha… serás una hermosa corona; en la mano de tu Dios serás una regia diadema”.

 

¿De qué justicia está hablando? De lo que Jesús ha hecho por nosotros y por todos los que creen en él: Jesús ha quitado nuestro pecado y nos ha hecho criaturas nuevas y hermosas de Dios. Lo hizo cuando tomó nuestra maldad sobre sí mismo y la destruyó a través de su muerte en la cruz, y cuando resucitó de entre los muertos también nos resucitó a nosotros de la muerte, puros y sin mancha a los ojos de Dios.

 

Gracias a la salvación de Jesús ahora brillamos, e Isaías espera que el mundo se dé cuenta. “Las naciones verán tu justicia; todos los reyes contemplarán tu gloria”, dice. El Espíritu Santo de Dios brilla a través de nosotros. Cuando él vive en y a través de nosotros, nos volvemos tan notorios y atractivos como una corona en la mano de alguien. ¿Quién podría resistir mirarnos más de cerca? ¡Qué gran cosa ha hecho Dios por nosotros!

 

Pero Dios está haciendo algo más grande aún por nosotros, y que también nos hace más humildes. Isaías dice: “Serás una hermosa corona; en la mano de tu Dios serás una regia diadema”. Todos sabemos que las coronas no están destinadas a estar en la mano de alguien., sino que van en la cabeza. Si Dios lleva una corona en este pasaje, es porque debe querer dársela a alguien, ¿no es cierto?

 

Pero ¿a quién? ¿Quién más podría ser, sino nuestro Señor Jesucristo? Nosotros somos la corona que él ha ganado a través de sus sufrimientos y muerte. Y esta es la paradoja: la mayoría de las coronas honran a quien las usa, pero en este caso, Jesús nos honra a nosotros. No somos dignos, por naturaleza no somos nada más que una corona de espinas; pero él nos ha hecho su propia corona de belleza.

 

ORACIÓN: Gracias, Señor, por hacernos tuyos y darnos tu belleza. Amén.

 

Dr. Kari Vo

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Temerosos de Dios - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile. 05/02/2019

Temerosos de Dios

¡Dichosos todos los que honran al Señor! ¡Dichosos los que van por sus caminos! ¡Dichoso serás, y te irá bien, cuando te alimentes del fruto de tu trabajo! (Salmo 128:1-2)

 

 

Hubo un tiempo en la historia de nuestra nación en el que era un gran cumplido que alguien le dijera a uno que era “temeroso de Dios”. Hoy la frase suena no solo arcaica y anacrónica, sino también risible. ¿”Temeroso de Dios”, dices? ¿A qué dios le temes? Y ¿qué es lo que temes? Si hay un “Dios”, debe ser puro amor; por lo tanto, no hay nada que temer.

 

Alguna vez, en la era premoderna, todos sabían que Dios era el rey supremo. Es cierto que él volverá a juzgar al mundo. Los hechos son hechos; por lo tanto, vive una vida temerosa de Dios. Luego comenzó la era de la Ilustración del siglo XVIII, y el hombre pasó de temer a Dios a confiar en el poder de la razón por sobre cualquier concepto de Dios. Hoy, en nuestro mundo posmoderno, hemos perdido toda esperanza de que la razón por sí sola pueda establecer un estándar universal de justicia para la humanidad.

 

¿Qué nos queda entonces? Un malestar general de desesperación. Cada uno debe buscar su manera de deambular por la vida eligiendo y definiendo sus propios valores, realidades y ética. El Dios premoderno se convirtió en el Dios moderno moldeado y controlado por la razón, solo para descubrir ahora que es inútil. ¡Qué inteligente se ha vuelto el hombre! ¿Temerle a Dios? Creo que no. El hombre posmoderno teme solo una cosa. ¿He tomado suficientes decisiones buenas como para sacarle la máxima diversión a la vida antes de morir y disolverme en el universo hasta no ser nada?

 

La Sagrada Escritura lo ve de otra forma: “¡Dichosos todos los que honran al Señor! ¡Dichosos los que van por sus caminos!” (Salmo 128:1). Esta es una declaración de la realidad eterna. Todos aquellos que temen al Señor disfrutarán del fruto de su labor con una multitud de bendiciones en esta vida. Todos aquellos que no temen al Señor, aquellos que están perdidos en una ilusión miope de narcisismo y que buscan los placeres de la vida sin pensar en el futuro descubrirán, en el momento en que sus almas se liberen de sus cuerpos, que el Dios al que no temieron en esta vida ahora está ante ellos para exigir cuentas. No será un momento agradable.

 

El temor de Dios es más que un sentimiento especial de asombro o reverencia. Es también el temor de pecar en la presencia del Dios que lo ve todo. “No seas sabio en tu propia opinión; teme al Señor y apártate del mal. Él será la medicina de tu cuerpo; ¡infundirá alivio a tus huesos!” (Proverbios 3:7-8). ¿Temer a Dios? ¿Por qué? ¿Por qué alejarse de cualquier mal que parezca agradable a la carne? Simplemente por amor, solo por eso.

 

¿Pueden los padres sostener a su niño recién nacido en sus brazos y no llenarse de amor? Imagina que eres el padre de Jesús recién nacido y, temeroso de Dios, lo sostienes en tus brazos por primera vez. ¡El amor desborda! ¡La alegría fluye como una cascada desde el cielo! Ahora imagina a tu hijo, tu recién nacido, ya crecido… colgando de una cruz, brutalmente golpeado, abandonado a la muerte. Tu corazón se rompería en mil pedazos, incapaz de seguir viviendo. Pero gracias a Dios, ¡el niño de Belén vive! ¡Cristo ha resucitado! Estamos redimidos. Dichosos los que temen y aman al Señor de esta manera. Este es el temor y el incomprensible amor de Dios que salva tu alma.

 

ORACIÓN: Padre celestial, a través de la preciosa cruz de tu querido Hijo, magnifica tu gracia en mi vida para que diariamente camine de acuerdo con tu Palabra. En el nombre de Jesús. Amén.

 

Dr. Mark Schreiber

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"No hay prisa" - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile_04022019

“No hay prisa”

Sean prudentes y manténganse atentos, porque su enemigo es el diablo, y él anda como un león rugiente, buscando a quien devorar. (1 Pedro 5:8)

 

 

Un amigo nos contó una historia que ha estado dando vueltas entre los grupos de evangelismo. Parece que Satanás y tres de sus compañeros una noche estaban descansando después de la cena, conversando sobre qué se podría hacer para ganar más personas para el infierno.

 

Un tentador joven exclamó con entusiasmo: “¡Ya sé! Vamos a decirles que no hay Dios”.

 

Satanás lo miró con desdén y respondió: “Eso es ridículo. El conocimiento de Dios está escrito en el corazón de las personas; nunca tendrás éxito con una mentira así“.

 

Entonces otro joven demonio intervino: “¡Yo sé! Les diremos que no hay ni cielo ni justicia”.

 

A esto Satanás respondió: “¡Necio! Todos saben que muchas veces no hay justicia en la vida. Nunca convencerás más que a unos pocos de que no hay justicia en la eternidad”.

 

Finalmente, el tentador se levantó de un salto. “¡Ya sé!”, gritó. “No diremos que no hay Dios, ni cielo, ni infierno. Solo diremos que no hay prisa”.

 

La cara de Satanás se iluminó mientras alegremente se frotaba las manos. “¡Excelente!”, respondió. “La mentira perfecta. Con ella ganaremos el mundo”.

 

Y procedió a hacer precisamente eso.

 

Una y otra vez, en el trabajo evangelístico, al hablar con las personas sobre la relación con el Señor Jesús, nos encontramos con familias enteras que parecen receptivas. No se resisten. No nos cierran la puerta en la cara. Sin embargo, ignoran la invitación de la gracia de Dios. Puede que nos digan: “Después de las vacaciones, cuando los niños vuelvan a la escuela podemos comenzar a asistir a la iglesia”. O “después de Navidad, cuando las cosas se calmen un poco, esa será nuestra resolución del Año Nuevo”. O “esta primavera, cuando tengamos mejor clima y no sea una molestia moverse”.

 

Después de todo, ¿cuál es la prisa? Ya vamos a llegar.

 

Más triste aún es que el pueblo de Cristo cree la mentira de Satanás, o al menos actúa como si creyera que “no hay prisa”. No tiene urgencia en compartir su fe, por lo que espera alguna oportunidad de oro cuando las estrellas se alineen, el clima sea el adecuado y todos tengan el conocimiento suficiente de la Biblia para hablar de Jesús. Eso, como es de esperar, nunca sucederá. Al final, tristemente, los cristianos a menudo usamos las mismas excusas que usan los incrédulos para no responder a la invitación del evangelio.

 

Los campos están blancos. La cosecha está lista. Los trabajadores… somos nosotros (ver Mateo 9:35-38). Si hemos fallado en el pasado, podemos comenzar de nuevo e intentarlo nuevamente una y otra vez si es necesario. ¡Y tendremos que hacerlo! porque—y esto no nos debe extrañar—muchas veces fallamos en lo que hacemos. Gracias a Dios, nuestro Señor Jesús nos perdona, y mediante ese perdón nos da el poder para contar su historia a un mundo que necesita escuchar noticias realmente buenas.

 

ORACIÓN: Padre celestial, con facilidad pensamos que siempre habrá un mañana para hacer lo que debemos hacer hoy. Te pedimos que nos ayudes a través de tu Espíritu Santo, para que hablemos cuando sea necesario para que otros puedan conocer el amor de Jesús. En su nombre oramos. Amén.

 

Tomado de The Lutheran Layman, octubre de 1981, “No hay prisa”, Jane L. Fryar

 

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¿Buenas noticias? - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile_01022019

¿Buenas noticias?

Como el pueblo estaba expectante y todos se preguntaban si acaso Juan sería el Cristo, Juan les dijo a todos: “A decir verdad, yo los bautizo en agua, pero después de mí viene uno que es más poderoso que yo, y de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado. Él los bautizará en Espíritu Santo y fuego. Ya tiene el bieldo en la mano, de modo que limpiará su era; recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en un fuego que nunca se apagará.” Con exhortaciones como éstas, y con muchas otras, anunciaba al pueblo estas buenas noticias. (Lucas 3:15-18)

 

 

Los sermones de Juan el Bautista no parecen muy alentadores. De hecho, casi que suenan de terror. ¿Alguien viene a bautizarnos con el Espíritu Santo y con fuego? ¡Ay! ¿Va a limpiar la trilla y quemar la paja con fuego insaciable? ¡Dos veces ay! Incluso si no sé mucho de agricultura, sé que es una referencia al juicio final. El Mesías vendrá a limpiar el universo de Dios, y todas las partes malas, dañadas y malvadas serán destruidas. Y, con seguridad, el “fuego que nunca se apagará” es una referencia al infierno.

 

Entonces, ¿por qué Lucas llama a esto “buenas noticias”? Porque eso es lo que Lucas hace. Él dice: “Con exhortaciones como éstas, y con muchas otras, anunciaba al pueblo estas buenas noticias”. Casi me siento tentada a pensar que, si estas son buenas noticias, ¡Juan puede quedarse con ellas!

 

Pero esto sería un error de mi parte. De hecho, sería el resultado de una serie de errores, el primero de los cuales es saber dónde estamos bajo el juicio de Dios.

 

Muchos cristianos tememos estos pasajes porque cuando los escuchamos automáticamente pensamos en nuestro propio pecado. Nos sentimos como la paja en el universo de Dios, las cáscaras inútiles que alguna vez cubrieron el grano bueno, pero que no tienen ningún valor en sí mismas. Nuestra propia conciencia nos susurra que “paja” es un buen nombre para nosotros, debido a todas las veces que hemos hecho mal. Y así, naturalmente, tememos al fuego.

 

Pero gracias a Jesucristo, ¡ya no tenemos que verlo de esa manera! El sufrimiento, la muerte y la resurrección de Jesús nos han transformado a todos los que confiamos en él. Ya no somos paja, somos el grano bueno que él valora. Dios ha cambiado nuestra propia naturaleza, ha perdonado nuestros pecados y nos ha hecho nuevas criaturas, valoradas, amadas, buscadas, protegidas.

 

Desde ese punto de vista, ¡el sermón de Juan es una buena noticia! Juan nos dice que no tenemos que esperar mucho más; Jesús viene y finalmente pondrá fin al largo y grotesco drama del pecado que invade la historia humana. Pondrá fin a todo mal y nos reunirá a todos los que creemos en él en su “granero”, donde nos protegerá. Todo lo malo se corregirá, y habrá un nuevo cielo y una nueva tierra: el hogar de justicia. ¡Eso es lo que esperamos!

 

ORACIÓN: Santo Padre, ayúdame a esperar la venida de tu Hijo y a confiar siempre en él. Amén.

 

Dra. Kari Vo.

 

 

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"Sé lo que eres" - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile. 31/01/2019

“Sé lo que eres”

Porque el que ha muerto, ha sido liberado del pecado. Así que, si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo resucitó y que no volverá a morir, pues la muerte ya no tiene poder sobre él. Porque en cuanto a su muerte, murió al pecado de una vez y para siempre; pero en cuanto a su vida, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado pero vivos para Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor. (Romanos 6:7-11)

 

 

“Sé lo que eres”, nos dicen. Pero ¿qué significa eso exactamente? Pablo tiene una extraña respuesta a esa pregunta: ‘Eres un muerto, así que compórtate como tal’. Es un consejo extraño, pero así lo dice en Romanos 6.

 

Ayer fui al velatorio de un viejo amigo de mi antigua congregación. La familia había elegido tener el ataúd abierto para que pudiéramos verle por última vez. Pero no se parecía a él, aun cuando estaba bien maquillado. Es que no se movía, ni en lo más mínimo, ni siquiera para respirar. No respondía cuando alguien lo miraba, decía su nombre o lo tocaba o incluso cuando alguien lloraba. Estaba rotundamente muerto.

 

Normalmente, como todos sabemos, que un muerto reaccione no es algo bueno, excepto en el caso del cual Pablo está hablando: de estar muertos al pecado. Él dice: “Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él? ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Porque por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que así como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Romanos 6:2b-4).

 

Suena como una vibrante metáfora. Pero ¿y si en vez de considerarlo una metáfora lo consideramos una realidad? ¿Qué pasaría si la próxima vez que la tentación nos toca a la puerta respondemos: “No, no puedo hacerlo, estoy ocupado estando muerto?”. Lo que Pablo dice es verdad. Estamos muertos, al menos en lo que respecta al pecado. Vivimos con la vida resucitada de Jesús. Y así, Dios nos invita a ser parte de la vida de Jesús, a dejar que él viva en nosotros y a través de nosotros, por más vacilantes y pequeños que sean nuestros primeros pasos.

 

Sabemos muy bien que todavía sufrimos tentaciones y, a veces, caemos en pecado. Pero cuando esto sucede, vamos en contra de nuestra naturaleza: de hecho, nos estamos comportando como zombis, que imitan la forma en que solían vivir. ¿Quién quiere ser un zombi? ¡No, gracias! Mejor vivir con la vida real y resucitada de Jesús, con la ayuda y la gracia de Dios. Como escribe Pablo: “Porque el que ha muerto, ha sido liberado del pecado. Así que, si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo resucitó y que no volverá a morir, pues la muerte ya no tiene poder sobre él. Porque en cuanto a su muerte, murió al pecado de una vez y para siempre; pero en cuanto a su vida, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado pero vivos para Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor”.

 

ORACIÓN: Querido Señor, muéstrame lo que significa vivir como alguien que está muerto al pecado, pero vivo para ti. Amén.

 

 

Dra. Kari Vo

 

 

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¿Salvados cómo? - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 30/01/2019

¿Salvados cómo?

No temas, Jacob, porque yo te redimí; yo te di tu nombre, Israel, y tú me perteneces. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni las llamas arderán en ti. Yo soy el Señor, tu Dios. Yo soy tu salvador, el Santo de Israel. (Isaías 43:1b-3a)

 

Una de las cosas más difíciles de explicar a quien no es cristiano, al menos para mí, es lo que queremos decir cuando comentamos que Dios nos salva.

 

No me refiero a todo el tema de que Jesús murió por nosotros para que podamos ser perdonados y no tengamos que preocuparnos de ir al infierno. Me refiero a la experiencia día a día, hora a hora, de tener a Jesús como nuestro Salvador, de experimentar su ayuda, de conocerlo como nuestro Redentor.

 

Para quienes no son cristianos eso es algo raro, pues ven que le pedimos ayuda a Dios y le damos gracias pero, sin embargo, por lo que ellos pueden ver, pasamos por las mismas dificultades que ellos: nuestros seres queridos mueren, nos enfermamos del corazón o contraemos cáncer, perdemos el empleo, sufrimos accidentes automovilísticos, padecemos enfermedades mentales. Si Dios es nuestro Salvador, ¿de qué exactamente nos está salvando? ¿Qué clase de salvación está haciendo?

 

Difícilmente podemos culparlos por preguntar.

 

El profeta Isaías nos provee las palabras para lo que como cristianos ya conocemos, pero no podemos expresar. Dios dice a través de Isaías: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni las llamas arderán en ti”.

 

Fíjate en lo que Dios no dice. Él no dice: “Cuando pases por las aguas las separaré para que puedas atravesar sin mojarte”. Dios hizo eso por el pueblo de Israel cuando estaban huyendo de los egipcios, pero nunca prometió hacerlo por nosotros. Nuevamente, observa que dice: “Cuando pases por el fuego, no te quemarás”. Él nunca dice: “Haré que el fuego se apague, ¡pafffff! antes de que pongas tus pies en él”.

 

No, Dios nunca promete que evitará que tengamos experiencias terribles. Él promete salvarnos a través de ellas para evitar que nos destruyan. Y nos promete que no estaremos solos: él estará con nosotros cada día hasta el fin de nuestras vidas.

 

Puede que esto no le diga mucho a quien no es cristiano. Pero para un creyente esto significa todo.

 

No estamos solos; Dios no nos ha abandonado. No tenemos que lograr nada por nuestra propia cuenta. Incluso cuando enfrentemos la muerte, lo haremos con Dios a nuestro lado, con Jesús a la cabeza. Después de todo, él es el quien experimentó el sufrimiento y la muerte, y salió victorioso. Él conoce el camino, por lo que, cuando estamos con él, no debemos tener miedo. ¿Podríamos estar en mejores manos?

 

ORACIÓN: Querido Señor, cuando deba sufrir, ayúdame a confiar en que tú estás conmigo y me cuidarás. Amén.

 

Dra. Kari Vo

 

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Cuál va a ser tu legado - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 29/01/2019

¿Cuál va a ser tu legado?

Tú, Señor mi Dios, eres mi esperanza; tú me has dado seguridad desde mi juventud… No me deseches cuando llegue a la vejez; no me desampares cuando mis fuerzas se acaben. Salmo 71:5, 9

 

La abuela solía decir con un acento alemán: “¡Nos volvemos viejos demasiado pronto e inteligentes demasiado tarde!”.

 

Entre los 20 y 40 años somos invencibles. Si tenemos que hacer alguna corrección en nuestra vida, aún nos queda mucho tiempo; no hay problema. Luego llegan los 50 y la montaña rusa de la vida se acelera. Volamos por las curvas y nos sumergimos en el túnel, saliendo por el otro lado con frenos estridentes que nos deslizan hasta los 60 años. La edad de oro de la jubilación se abre ante nosotros. No puede ser. ¡No estoy listo para la jubilación, mucho menos para la tumba!

 

Pero cuando la muerte se apodera de nuestros padres junto con los hermanos mayores, los tíos, las tías y los primos, nos damos cuenta que, en el orden de la vida, no podemos estar muy lejos. Entonces comenzamos a reflexionar seriamente sobre nuestro legado, nuestras relaciones con la familia, el trabajo y la sociedad. Pensamos en el bien que creemos haber hecho, en el bien que soñamos con hacer y en el que nunca hicimos. Nos preguntamos cómo seremos recordados.

 

El salmista mira la vida desde otro ángulo: alaba al Señor por su constante salvación. “¡Mi roca y mi fortaleza! ¡No me abandones!”. Espera con certeza que, incluso a través de grandes y graves problemas, Dios lo revivirá una vez más. Desde el vientre de su madre, el Señor lo llevó a la luz del día. Desde su juventud, el Señor ha sido su confianza. Ahora en su vejez, tiene una última petición: “¡Oh Señor, cuando la vejez destruya mis fuerzas, no me desampares!”.

 

Aquí está el legado más grande que un cristiano puede dejar en la tierra: ser conocido por otros como alguien que confiaba en el Señor tanto en los días buenos como en los malos, en el sol y en la tormenta, al principio y al final de la vida. “Esta es la obra de Dios”, dijo Jesús, “que crean en aquel que él ha enviado” (Juan 6: 29b). Cristo es la obra principal. De él fluyen nuestro legado, nuestras obras, nuestra profesión, nuestra vida medida en días de dolor y tristeza, alegría y esperanza, fortaleza y debilidad.

 

La vejez tiene una característica principal: la debilidad. Las rodillas se debilitan, la espalda se debilita, el estómago se debilita, las articulaciones duelen y los músculos se atrofian.

 

La vejez puede ser una época de interminables quejas y protestas contra nuestro Creador. Eso es exactamente lo que hacen muchos cristianos. O bien, la vejez puede ser el amanecer de una nueva actitud gloriosa hacia la vida.

 

Toda nuestra vida hemos confiado en nosotros mismos para hacer el trabajo. Si bien le dimos a Dios el crédito por nuestro éxito, nuestro corazón reservó una gran parte para nosotros. Ahora, en la vejez, cuando nuestra fuerza va disminuyendo lentamente, solo nos queda una súplica: “¡Querido Señor, no me desampares en mi vejez! Deja que mi legado sea que confíe en ti hasta mi último aliento”.

 

ORACIÓN: Padre celestial, enséñame hoy, antes de que los cabellos grises adornen mi cabeza, que el mayor legado que puedo dejar a mi familia es confiar en Ti para todas las cosas. Amén.

 

 

Dr. Mark Schreiber

 

 

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El regalo que compartimos - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 28/01/2019

El regalo que compartimos

Ponga cada uno al servicio de los demás el don que haya recibido, y sea un buen administrador de la gracia de Dios en sus diferentes manifestaciones. Cuando hable alguno, hágalo ciñéndose a las palabras de Dios; cuando alguno sirva, hágalo según el poder que Dios le haya dado, para que Dios sea glorificado en todo por medio de Jesucristo, de quien son la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. 1 Pedro 4:10-11

 

 

El supermercado tenía 21 cajas, pero solo tres estaban abiertas y yo estaba al final de una larga fila de personas. He estado allí muchas veces, pero no recuerdo que alguna vez las 21 cajas estuvieran abiertas.

 

Por supuesto que este no es un problema exclusivo de los supermercados. En las grandes tiendas sucede lo mismo y en los bancos es común ver los consabidos letreros: “La próxima ventana, por favor”.

 

Más recientemente, me irrité cuando subí las escaleras de un edificio público cargando un montón de cajas, solo para encontrarme con pequeños carteles colgados de cadenas en cada una de las siete puertas, que decían: “Por favor, use la puerta de la calle Yuma”.

Se me ocurre que los mostradores de servicio deberían ser usados para esos fines, ¿no? Sé que debe haber alguna razón lógica para las señales y barreras y supongo que en algún momento se utilizarán todas las entradas y salidas, pero nunca lo he experimentado.

 

Pero así somos también las personas, ¿no es cierto?

 

Tenemos dones y habilidades para usar al servicio de Dios y de nuestro prójimo y se nos presentan muchas oportunidades para servir. Pero, consciente o inconscientemente, colgamos pequeños letreros: “No estoy disponible en este momento”, “Vea a otra persona”, “Estoy muy ocupado”, “Vuelva más tarde”, “Lo siento, no puedo ayudarle”, “Lo siento, no voy a ayudarle”.

 

¡Qué diferente es nuestro Señor! Para buscar su ayuda no tenemos que esperar. De hecho, ya hay abundante ayuda y bendición de parte de Él antes de que se la pidamos. Nunca vamos a encontrar un letrero que diga que está demasiado ocupado o demasiado cansado o que tiene mucho que hacer. En conclusión: en lo que a Él respecta, nunca hay barreras.

 

El profeta Isaías dice: “No tengas miedo, que yo estoy contigo; no te desanimes, que yo soy tu Dios. Yo soy quien te da fuerzas, y siempre te ayudaré; siempre te sostendré con mi justiciera mano derecha” (Isaías 41:10).

 

Más aún, su ayuda es gratuita. A veces es posible que tengamos que esperar, pero su ayuda y su respuesta siempre merecen la pena esperar.

 

A veces, lo mejor que podemos hacer por los demás es simplemente estar con ellos y estar disponibles. Ofrecerle a alguien nuestro tiempo es un regalo que podemos darle a todos.

 

Así como Dios ha hecho con nosotros.

 

ORACIÓN: Querido Padre celestial, recuérdanos que seamos como tu Hijo, que siempre se entregó a sí mismo por nosotros, incluso hasta la muerte en una cruz. En su nombre Amén.

 

 

The Lutheran Layman, julio de 1978, “Nuestros dones y capacidades deben ser utilizados”, por Jon Suel.

 

 

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El desaliento. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 11/01/2019

El desaliento

Pero eres tú quien me dio la vida, eres tú quien me infundió confianza desde que era un niño de pecho. Salmo 22:9

 

 

Hace muchos años, el desaliento y la depresión eran compañeros constantes de un joven abogado. Llegó a caer en tan profunda oscuridad emocional, que sus amigos decidieron hacer desaparecer de su casa todos los cuchillos y las hojas de afeitar.

 

En su momento de mayor oscuridad, este abogado escribió: “Soy el hombre más miserable del mundo. No sé si algún día me mejoraré. Creo que ni siquiera lo merezco”.

 

Después de un tiempo ese joven, Abraham Lincoln, superó el desaliento y llegó a un puesto de poder y autoridad. Por la gracia de Dios, Lincoln, al igual que Martin Luther King, Jr., se dedicó a mejorar la vida de los demás.

 

Pero eso no quiere decir que fuera inmune al desaliento.

 

No tengo dudas que usted también ha experimentado desaliento. Todos pasamos por momentos en los que parece que el mundo se nos viene abajo, y que nada sale como quisiéramos. Quizás hasta alguna vez hayamos jugado con la idea de dejar este “valle de lágrimas”.

 

Si esta es una descripción de lo que usted siente en estos momentos, es hora que el Espíritu Santo le cambie la vida, ya sea a través de aconsejamiento o de confesión, o aclarándole la visión que tiene de lo que el Señor ha hecho por usted.

 

Preste atención a las personas que le rodean y verá que hay algunas que están dispuestas a ayudarle. Entre ellas se encuentra el mismo Dios. Él quiere que sepa que lo que está sufriendo sólo es pasajero. Es más, se lo garantiza con su promesa.

 

A través de Jesucristo Dios nos lleva de la desesperación a la victoria. Así fue para Lincoln, y que así sea también para usted.

 

ORACIÓN:Querido Señor, tú eres mi escudo y quien me reanima cuando estoy desalentado. Te doy gracias por la victoria que es mía a través de Jesucristo. En su nombre. Amén.

 

 

De una devoción escrita originalmente para “By the Way”

 

 

Editado por CPTLN-Chile (enero 2019)

 

 

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