El Cordero de Dios

El Cordero de Dios - Devocional de Cuaresma de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 08042019

Leer Marcos 14:12-16

El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, que es cuando se sacrifica el cordero de la pascua, sus discípulos le preguntaron: “¿Dónde quieres que hagamos los preparativos para que comas la pascua?” (Marcos 14:12)

Perfecto. Indefenso. Condenado.

Esas son las únicas palabras que se me ocurren hoy, dos mil años después, para describir el elemento central de la fiesta de la Pascua: los corderos sacrificados en el templo. Año tras año, los pastores llevaban sus corderos a Jerusalén. Debían ser perfectos, sin ningún defecto o enfermedad de ningún tipo. Ciertamente eran indefensos. Y estaban condenados a la muerte.

Me pregunto qué habrá pensado Jesús el último día antes de su muerte. Probablemente lo pasó enseñando en el templo, escuchando los gemidos de los corderos y sintiendo el olor de la sangre que estaba siendo derramada. Sus propios discípulos fueron a comprar y sacrificar una de esas pequeñas criaturas y luego la asaron para la cena. ¿Será que Jesús se vio a sí mismo reflejado en los ojos de ese pequeño cordero?

Perfecto, sí. Un hombre sin pecado: sin codicia, celos o violencia. Un hombre conforme al corazón de Dios, así como su antepasado David. Un hombre que es el corazón de Dios, Dios hecho carne. En él no hubo ningún defecto. Fue aceptable para el sacrificio.

¿Indefenso? Sí y no. “¿No te parece que yo puedo orar a mi Padre, y que él puede mandarme ahora mismo más de doce legiones de ángeles? Pero entonces ¿cómo se cumplirían las Escrituras? Porque es necesario que así suceda” (Mateo 26:53-54). Jesús no se va a ayudar a sí mismo si el hacerlo significa no salvarnos. Su amor por nosotros lo mantiene indefenso.

¿Condenado? Sí. Nada en la historia del mundo ha estado tan predestinado a suceder. El Padre así lo dispuso. El amor de Jesús por nosotros lo movió a hacerlo. Y el Espíritu Santo lo prometió una y otra vez a través de todo el Antiguo Testamento: Jesús habría de morir para rescatarnos.

Pero aun así… Esos corderos en el templo pronto serían la cena, el centro de la gran fiesta de un pueblo liberado por Dios. Jesús, el Cordero de Dios, se ha convertido en el centro de una fiesta aún mayor que celebra la libertad ganada por él para todos nosotros con su muerte y resurrección. A través de su cuerpo y sangre compartimos una vida nueva en gozo. Jesús no sólo es nuestro Cordero, sino también nuestro Salvador.

ORACIÓN: Querido Padre, gracias por dar tu único Hijo por nosotros. Amén.

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Algo inesperado

Algo inesperado - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 05042019

Leer Marcos 14:12-16

Jesús envió a dos de sus discípulos. Les dijo: “Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo”. (Marcos 14:13)

Era el primer día de la Pascua y los discípulos de Jesús necesitaban hacer los preparativos correspondientes.

Así es que le preguntaron dónde ir, dado que estaban visitando Jerusalén y allí no tenían una casa. La respuesta de Jesús seguramente los dejó perplejos: “Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo”.

No era extraño encontrar a una mujer llevando agua; las mujeres lo hacían siempre y especialmente durante una fiesta, cuando había tanto para cocinar y limpiar. Pero, ¿un hombre? No. Definitivamente, esa no era tarea para un hombre. Por eso, cuando los discípulos vieron a un hombre llevando agua, instantáneamente supieron, sin dejo de dudas, que estaban viendo al hombre indicado. ¡No podía haber otro!

No sabemos los detalles sobre por qué Jesús les dijo eso. ¿Acaso había hecho un arreglo especial con la familia anfitriona, o era un milagro puro y Jesús sabía que las cosas iban a suceder de esa manera? La Biblia no lo dice y en realidad no es importante. Lo importante es que los discípulos encontraron al hombre correcto, lo siguieron al lugar correcto y pudieron hacer los preparativos necesarios para la fiesta de la Pascua.

El mensaje que Jesús les dio a sus discípulos ese día fue: “Busquen a un hombre que lleva algo inesperado“. El mensaje que Jesús nos da a nosotros hoy es: “Busquen a un hombre -al Hijo del Hombre, de hecho, al Mesías- que lleva y hace algo inesperado. Busquen al Hijo del Hombre, al Mesías, que va llevando una cruz y síganlo”.

ORACIÓN: Gracias, Señor por la forma inesperada en que elegiste perdonarnos, rescatarnos y darnos vida eterna junto a ti en el cielo. Amén.

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La higuera estéril

La higuera estéril - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 04042019

Leer Marcos 11:12-25

Al ver de lejos una higuera con hojas, fue a ver si hallaba en ella algún higo; pero al llegar no encontró en ella más que hojas, pues no era el tiempo de los higos. (Marcos 11:13)

Este es uno de los milagros extraños del Nuevo Testamento. ¿Por qué estaría Jesús buscando frutos, si no era la época? Y cuando no encontró ninguno, ¿por qué le echó la culpa al árbol y lo maldijo? ¿Habrá tenido algo así como una “rabieta santa”?

En realidad, no. Las higueras comunes producen al menos dos cosechas de higos. La cosecha “breva” aparece en la primavera, junto con las primeras hojas. Podríamos decir que no es la cosecha verdadera; los higos breva no son muy ricos. Muchos ni se molestan en juntarlos, mientras que otros los arrancan para que los higos verdaderos puedan desarrollarse mejor. La cosecha principal llega más tarde y sabe mucho mejor.

Pero Jesús tenía hambre, por lo que fue en busca de higos breva, que ya deberían haber estado allí si ya había hojas, ¡y no encontró nada!

Eso fue una mala señal. Una higuera común que no produce brevas para la Pascua no va a producir higos más adelante. La falla temprana es señal de una falla futura mucho más grande. Y Jesús lo sabía. Las palabras que dijo confirmaron el desastre que se avecinaba: “¡Que nadie vuelva a comer fruto de ti!”. Y en un día, la higuera estuvo muerta.

En nuestra vida también tenemos cosas como las brevas. Vivimos cada día en Jesús, creciendo en la fe y recibiendo sus dones a través de la Palabra y los Sacramentos. Pero de vez en cuando aparece el desafío: ¿estamos produciendo los frutos que muestran que Cristo vive en nosotros? ¿Tenemos higos, o sólo hojas?

Obviamente, la mayoría de los frutos que producimos son como las brevas: pequeños, casi sin gusto, de baja calidad. ¡Jesús tiene que estar muy hambriento para querer nuestros frutos! Y, sin embargo, los quiere. Y se alegra cuando encuentra un higo, aunque sea una breva, porque es una señal que el Espíritu Santo está viviendo en nosotros y haciendo la obra de Dios a través de nosotros, y muestra que pertenecemos Jesús y que un día, cuando llegue el momento de la cosecha real, nos vamos a regocijar junto con él.

ORACIÓN: Padre, que tu Espíritu Santo me ayude a dar muchos frutos para tu gloria y bendición de quienes me rodean. Amén.

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No temas dice el Señor | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile | 28/02/2019

No temas

Cuando Simón Pedro vio esto, cayó de rodillas ante Jesús y le dijo: “Señor, ¡apártate de mí, porque soy un pecador!”. Y es que tanto él como todos sus compañeros estaban pasmados por la pesca que habían hecho. También estaban sorprendidos Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús le dijo a Simón: “No temas, que desde ahora serás pescador de hombres”.

Lucas 5:8-10

 

 

Había sido un día difícil para Pedro. Había estado pescando toda la noche, probablemente con su hermano Andrés y sus compañeros Jacobo y Juan, y aun así no habían pescado nada.

 

A la mañana siguiente, mientras preparaban sus redes para volver al lago, un rabino visitante le pidió a Pedro prestado el bote para predicarle a la gente en la costa. “¿Por qué no?”, pudo haber pensado Pedro. “Puede predicar sin ser apretujado por la multitud, y todo lo que tenemos que hacer es mantener el bote en un solo lugar”. Podría ser un buen descanso después de una noche decepcionante.

 

Pero cuando terminó la predicación, Jesús le dio un consejo al pescador con mala suerte. “Lleva la barca hacia la parte honda del lago y echen allí sus redes”, dijo. Pedro sabía que era una pérdida de tiempo. Pero para mostrar respeto lo hizo, y al poco rato él y sus compañeros estaban hundidos hasta la cintura, ¡casi hundiéndose por completo!

 

Pedro estaba aturdido. Cayendo de rodillas ante Jesús, dijo: “Señor, ¡apártate de mí, porque soy pecador!”. Estaba aterrorizado, ¿y quién podía culparlo? Los milagros no suceden todos los días. ¡Estar involucrado en un milagro da miedo! ¿Y estar al lado de aquel que lo hizo realidad? No es de extrañar que Pedro quisiera salir de esa situación. Todos los errores que había hecho le vinieron a la memoria, cada maldad, cada mentira, cada vez que hacía trampa o maldecía. ¿Cómo podía estar cerca del Dios santo?

 

Para nosotros también es así, ¿no es cierto? Jesús nos dice que hagamos algo, la situación se agrava y de repente nos encontramos abrumados, aturdidos. ¿Quieres que haga qué, Señor? ¿Hablar con esa persona sobre el ti? ¿Por qué? ¡Ni siquiera puedo abrir la boca! ¿Asumir esa responsabilidad que me aterra en mi familia o en la iglesia? ¿Corregir el error que todos conocen, pero que nadie trata de solucionar? No, yo no. Soy pecador. ¡Aléjate de mí, Señor!

 

Pero Jesús nos calma así como calmó a Pedro: “No temas”. Él sabe todo acerca de esos pecados que nos aterran y de esas viejas culpas que parece que no podemos superar. Los llevó a todos a la cruz. Él nos ha perdonado, nos ha lavado, nos ha hecho aptos para su servicio. No debemos temer por lo que somos o hemos sido. Jesús nos está llamando.

 

Y tampoco nos dejará solos. Sea lo que sea que tengamos que hacer él estará con nosotros guiándonos, fortaleciéndonos, enseñándonos a depender de él con todo nuestro corazón. Él sabe que lo necesitamos. Como le dijo a Pedro y a los demás la noche antes de su muerte: “Yo soy la vid y ustedes los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí ustedes nada pueden hacer” (Juan 15: 5). Él nos mantendrá en su amor.

 

ORACIÓN: Señor, cuando tenga miedo, ayúdame a confiar en ti. Gracias por estar siempre conmigo. Amén.

 

Dr. Kari Vo

 

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