Navidad

De Belén para el mundo

Miqueas 5:2-4

Tú, Belén Efrata, eres pequeña para estar entre las familias de Judá; pero de ti me saldrá el que será Señor en Israel. (Miq 5:2) 

Una aldea pequeña destinada a ser famosa. Belén había sido cuna de la familia de Elimelec y Noemí, los suegros de Rut, la moabita que fuera recibida bajo las alas de Yahvé. No solo eso; había sido la cuna del gran rey David, el hijo de Isaí. Belén está situada a unos pocos kilómetros al sur de Jerusalén, en la denominada “ruta de los patriarcas”. El nombre Belén (Bet Léjem) significa “casa de pan”, dado que allí se cultiva trigo y cebada.

Una pequeña aldea, cuna de grandes reyes. Pero todavía faltaba el más grande de todos: el Salvador, Jesús. A partir de su llegada, el nombre Belén quedaría grabado en la historia con letras de oro. ¿Puede salir alguien tan grande de un lugar tan humilde? En principio, la lógica nos dice que no. Por esta razón fue que, cuando los magos de oriente buscaban al rey recién nacido, se dirigieron a Jerusalén, la capital, y no a esa pequeña aldea.

Dios sigue ofreciéndonos y dándonos grandes cosas a través de lugares, elementos y personas humildes. Con simples palabras Él nos anuncia la buena noticia del evangelio: el mensaje de perdón gratuito por causa de Cristo. A través de agua, unida a su palabra, nos lava y nos incorpora a su reino. A través de pan y vino, unidos a su palabra, nos alimenta para la eternidad.

No rechacemos lo que Dios nos ofrece en Belén por su apariencia. Alimentemos nuestra esperanza con el pan que el Padre amasa con amor en esa tierra: el pan de vida, Jesús.

Dios de gracia: te alabo por darme un Salvador tan grande, nacido en un lugar tan humilde. Que en humildad también, yo reciba sus dones de vida. Por Jesús. Amén.

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