¿De quién era la cruz?

De quién era la cruz - Devocional de Cuaresma de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 16/04/2019

Leer Marcos 15:21-25

Y ellos tomaron a Jesús y se lo llevaron. Con su cruz a cuestas, Jesús salió al llamado “Lugar de la Calavera”, que en hebreo es “Gólgota”. (Juan 19:16b-17)

Luego de ser azotado, burlado y condenado, Jesús fue llevado por el camino a Gólgota cargando su propia cruz. Cuando se habla de la cruz, lo más probable es que se trate sólo del travesaño, el patíbulo, ya que el poste vertical probablemente estaba fijo en el lugar de las ejecuciones.

Aun así, ese travesaño debía pesar alrededor de 100 libras (45 kg), un peso considerable para un hombre en buen estado físico, pero no para Jesús, que ya estaba medio muerto: débil, deshidratado y probablemente en shock por todos los latigazos y abusos. No iba a poder cargarla. La distancia era demasiado grande.

Así que los soldados llamaron a Simón de Cirene, un espectador, para que lo ayudara. Era una tarea humillante: llevar una cruz en un desfile público de ejecución, ¡como si él fuera el criminal condenado a morir! Pero Simón lo hizo, a los soldados romanos no se les dice que “no”.

Y luego Jesús fue clavado y el travesaño fue puesto en su lugar, dejando al Hijo de Dios colgando suspendido entre el cielo y la tierra para que todo el mundo lo viera.

En el mundo antiguo esa era una escena de vergüenza máxima. Los romanos hasta usaban las palabras “cruz” y “crucificar” para maldecir. Todavía hoy, los musulmanes se rehúsan a creer que Jesús murió en una cruz: dicen que esa muerte es demasiado vergonzosa, que Dios no la habría permitido para un hombre santo.

Pero Dios sí la permitió; es más, Dios la ordenó. El consejo de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, un Dios, eligió esa muerte vergonzosa. Dios eligió nuestra muerte y cruz para sí mismo, para poder darnos a cambio su vida, santidad y gloria.

ORACIÓN: ¿Cómo podemos agradecerte, querido Jesús? Te amamos y confiamos en ti. Querido Padre, concede que Jesús reciba todos los frutos de su cruz: que personas de todo el mundo crean en él y sean salvos. Amén.

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