El gran escape

“Por lo tanto, manténganse siempre atentos, y oren para que se les considere dignos de escapar de todo lo que habrá de suceder, y de presentarse ante el Hijo del Hombre.” Lucas 21:36 

Después del huracán Katrina, Nueva Orleáns aprendió que todos los habitantes deben ser obligados a evacuar. El Cuerpo de Ingenieros aprendió que era necesario elevar la altura de las barreras, y la Guarda Nacional y la Policía aprendieron que las calles no pueden ser dejadas en manos de saqueadores.

Pero, por sobre todas las cosas, las personas parecen haber aprendido que es necesario escapar de la destrucción cuando ella está viniendo, y por eso doy gracias.

Como solía decir mi padre: “Si te engañan una vez, culpa al otro; si te engañan dos veces, cúlpate a ti mismo”. Los habitantes del Golfo decidieron que el siguiente huracán no los iba a encontrar otra vez sin estar preparados.

Es una lástima que ese mismo tipo de aprendizaje no sea aplicable a todas las personas cuando se trata de tormentas espirituales.

En las Escrituras, el Señor dice que debemos estar alertas, preparados para escapar las tragedias y los terrores de la vida que casi con toda seguridad nos va a tocar vivir. Una y otra vez la Biblia nos advierte que nuestra vida en este mundo es pasajera, y que va a llegar el día en que tendremos que estar frente al Señor, quien nos juzgará.

Lamentablemente, muchos son los que ignoran el consejo de Dios, y aún cuando han visto a familiares o amigos ser abatidos por las tormentas de la vida, siguen viviendo como si a ellos nunca les fuera a pasar nada.

Razón por la cual, al mismo tiempo que doy gracias porque los habitantes del Golfo han aprendido a escapar de las tormentas físicas, también oro para que hagan lo mismo ante las tormentas espirituales. Pidámosle al Señor que envíe su Santo Espíritu para que todas las personas puedan, con fe en Jesucristo, escapar los vendavales espirituales que la vida les presente.

ORACIÓN: Querido Padre celestial, te doy gracias por ser la roca firme en medio de las tormentas de la vida. Te pido que aumentes mi fe para que, a través de mi vida, quienes me rodean puedan ver que tú eres la fuente de fortaleza y alegría de cada uno de mis días. En el nombre de Jesús. Amén.

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El gran escape

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