Fragancia de Dios. Foto en blanco y negro de hombre sosteniendo un ramo de rosas rojas; solo el ramo tiene color en la imagen. Devocional del 26/10/2018 de Cristo Para Todas Las Naciones Chile.

La fragancia de Dios

Pero recuerden esto: El que poco siembra, poco cosecha; y el que mucho siembra, mucho cosecha. 2 Corintios 9:6

 

Una vez, el propietario de una gran hacienda le dio a su jardinero algunas rosas para que éste le llevara de regalo a su esposa. Pero las flores nunca le llegaron a quien estaban destinadas. Aquella tarde, cuando estaba en el autobús, el jardinero se sentó junto a una viuda, quien le contó sobre su desolación. Sabiendo que su esposa entendería, él le dio las rosas a esa viuda solitaria, alegrándole así el día.

Pero la viuda tampoco llegó a su casa con las rosas. Cuando estaba en la tienda haciendo compras, se encontró con una pequeña niña que lloraba porque su mamá estaba muy enferma. “Toma”, le dijo la viuda, dándole las flores. “Dáselas a tu mamá y dile que voy a rezar por ella”.

Contenta y agradecida, la niña marchó a su casa con las flores para su mamá. Las rosas animaron a la enferma quien, contemplándolas desde su cama, pensaba: “Son demasiado bellas para no compartirlas”. Al día siguiente, cuando su pastor fue a visitarla, le dijo: “Quisiera que lleve estas flores a la iglesia”.

El pastor las colocó en el santuario, donde la congregación entera las podría ver y disfrutar. Después del servicio de adoración, el pastor repartió las rosas entre los presentes. La belleza de las flores fue apreciada una vez más antes que se marchitaran.

El poema que dice que “Las flores dejan su fragancia en las manos de quien las da” es muy acertado. Cada buena acción, cada desinteresada gentileza, cada obra bien intencionada que brota de un corazón lleno de fe -un corazón tocado por la abundancia que el Señor ha otorgado libremente– tiene la capacidad de bendecir al que da y multiplicar el regalo. Como el efecto ondeante de una piedra lanzada al agua, los círculos que emanan pueden alcanzar muchas orillas lejanas.

Así también es con el mayor amor de todos. La obra redentora de Jesús en la cruz nos llega a través de la Palabra de Dios. Por el poder santificante del Espíritu Santo, somos hechos limpios de mancha y aceptables a Dios a través de la fe en la salvación que Cristo ha ganado para nosotros.

La fragancia de Dios, el perfecto sacrificio de su Hijo, es ofrecida a todos y es gratis. Compártala cada vez que se le presente una oportunidad.

ORACIÓN: Padre celestial, te doy gracias por tu amor. Ayúdame hoy y siempre a tener el coraje para compartir esta verdad. En el nombre de Jesús. Amén.

 

Autor: Pastor Charles Bameka – Uganda.

 

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

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La fragancia de Dios

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