burbuja y árbol

La paz es posible

Convertirán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces. (Is 2:4b)

Procurar la paz, en términos humanos, es un reto muchas veces inalcanzable. Un viejo dicho reza: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. De hecho, así ha sucedido durante siglos: pueblos y naciones armándose hasta los dientes a fin de garantizar la paz. Pero, como enseña la historia, esa paz muchas veces no es más que una frágil tregua. Si impide la guerra, es debido a que el temor que genera el rival hace que el sentido común evite ir contra el instinto de supervivencia.

Pero hay otra paz que sí es posible: es la que sucede cuando la causa de todos los conflictos y enemistades es erradicada y, en su lugar, se instalan el perdón, la confianza y la justicia. Los profetas del Antiguo Testamento anticipan esa era de paz perfecta y duradera. No es una paz construida desde abajo e impuesta por el temor al otro, ni por consenso, sino que viene desde arriba. Es la Shalom de Dios, que está fundada sobre SU buena voluntad y no la nuestra y que busca reconciliar todas las cosas con Dios en la persona de Jesús, el príncipe de paz.

Esa es la paz que habrían de anunciar los ángeles aquella noche a los pastores en Belén: paz y buena voluntad (de Dios) para con los hombres. Ese Niño que viene en camino será la auténtica prenda de paz, dado que tomará sobre sí mismo todo pecado y rebeldía, a fin de que pueda haber perdón auténtico. Siendo perdonados, podemos perdonarnos mutuamente y a nosotros mismos, y ya no tratamos de resolver los conflictos con lanzas y espadas, agresiones ni venganzas. Demos la bienvenida a esta Shalom.

Señor: dame la paz que es fruto de tu perdón. Transfórmame en un instrumento de paz sincera y duradera. Amén

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La paz es posible

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