Lápidas

Las últimas palabras

“‘¿Ni siquiera ahora, que sufres la misma condena, temes a Dios? Lo que nosotros ahora padecemos es justo, porque estamos recibiendo lo que merecían nuestros hechos, pero éste no cometió ningún crimen.’ Y a Jesús le dijo: ‘Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.'” Lucas 23:40b-42

“¿Qué quiere poner en su lápida?”, fue la pregunta que apareció hace algunos años en los avisos de una empresa de pizza congelada. Siguiendo esa idea, me pregunto: “¿Cuáles quisiera que fueran sus últimas palabras?

Scott Vollum, autor del libro “Las últimas palabras y la pena de muerte”, investigó las últimas palabras de 292 ejecuciones llevadas a cabo en Texas entre 1982 y 2002.

¿Cuáles fueron esas palabras? Michael Richards dijo: “A viajar”; Granville Riddle, que mató a un hombre en la ciudad de Amarillo utilizando una herramienta, dijo: “Nunca he sido malo o cruel”. David Herman se fue de este mundo diciéndole a la familia de la joven que había asesinado: “Si mi muerte les da paz y tranquilidad, entonces vale la pena”.

De acuerdo a Vollum, “… es extraño ver a muchos de ellos (los que son ejecutados) tratando de redimirse”.

Entonces, la pregunta es: “¿Cuáles serán sus últimas palabras?” No seremos muchos lo que diremos tantas cosas en nuestras últimas palabras como lo hizo el malhechor en la cruz. En su enunciado, que es el texto de esta devoción, confiesa sus errores, proclama la inocencia del Salvador, y una confianza total en Jesús el único capaz de ayudarlo.

Entonces, ¿cuáles serán sus últimas palabras?

Por supuesto que la mayoría de nosotros no tendrá el lujo, si lo podemos llamar así, de saber cuándo nos va a llegar el último momento. Probablemente no tendremos días, semanas, meses, o años para preparar nuestro legado verbal para quienes nos rodeen.

Por esa razón es que es bueno que cada uno de nosotros esté preparado para esa hora incierta en que nos llegue la muerte. Nuestras vidas deben mostrar y nuestras palabras indicar a todos los que nos rodean, que Jesús es nuestro Salvador. Tanto por el bien de ellos, como por el nuestro. Y, si Dios nos da la oportunidad de dejar un último testimonio oral, que podamos decir con el apóstol Pablo: “… el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, que en aquel día me dará el Señor, el juez justo; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2 Timoteo 4:6b-8).

ORACIÓN: Querido Salvador, que viniste para buscar y salvar a los pecadores, me alegra saber que un día vendrás para llevarme a tu Reino. Hasta que llegue ese día, haz que mis palabras y acciones te revelen a ti, que eres el único que puede salvar. En tu nombre. Amén.

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Las últimas palabras

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