Ocho días después

Ocho días después - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 15052019

Ocho días después, sus discípulos estaban otra vez a puerta cerrada, y Tomás estaba con ellos. Estando las puertas cerradas, Jesús llegó, se puso en medio de ellos y les dijo: «La paz sea con ustedes». Luego le dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Entonces Tomás respondió y le dijo: «¡Señor mío, y Dios mío!». Jesús le dijo: «Tomás, has creído porque me has visto. Bienaventurados los que no vieron y creyeron». Jesús hizo muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer, tengan vida en su nombre” (Juan 20: 26-31).

Detente un momento y piensa cómo habrá sido para los discípulos la semana posterior a la Pascua. Todos siguen recluidos en una habitación en Jerusalén, con las puertas cerradas por temor a ser arrestados. Diez de ellos están eufóricos: ¡han visto a Jesús vivo de nuevo! ¡Dios ha hecho algo maravilloso!

Y luego está Tomás, quien no estaba presente cuando Jesús se apareció el primer domingo, y no puede creer que esté realmente vivo. Probablemente pasa de la pena por la muerte de Jesús, a la ira hacia los otros discípulos, preguntándose: ¿han perdido la cabeza? ¿Están borrachos? ¿Están conspirando para tomarme el pelo? Debe haber sido una semana increíblemente larga.

Es alentador que una semana después todavía estuvieran todos juntos: los diez creyentes no echaron a Tomás por ser un aguafiestas; Tomás no los envenenó por estar felices; nadie se separó del grupo, a pesar de lo difícil que debe haber sido aguantarse el uno al otro; y Tomás finalmente llegó a la fe, y todos pudieron regocijarse. (Espero que nadie haya dicho: “te lo dije”).

No tengo idea de por qué Jesús esperó ocho días. Claramente sabía que Tomás estaba teniendo problemas, pero aun así esperó tanto tiempo para lidiar con su duda. Tampoco tengo idea de por qué Jesús hace lo mismo hoy en tantos casos: por qué nos permite luchar, dudar y temer durante tanto tiempo, incluso en medio de un grupo de creyentes felices, confiados y seguros. Jesús claramente sabe lo que nos está pasando, pero no se presenta hasta que llega el momento adecuado.

Pero me reconforta saber que hay quienes luchan y hay quienes se regocijan. Los creyentes fuertes pueden soportar a los que tropezamos, luchamos y tenemos dificultades con nuestra fe. Los que luchan pueden seguir amando y apoyando a quienes a veces somos felices sin pensar, y probablemente les causemos cualquier cantidad de dolor sin querer hacerlo. Esa es la forma en que la iglesia debe funcionar: con amor, paciencia y misericordia, sin importar dónde nos encontremos en nuestro caminar con Jesús.

ORACIÓN: Señor Jesús, ayuda a quienes tienen miedo, dolor o duda y también a quienes les rodean, para que puedan cuidarlos. Amén.

Dra. Kari Vo

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