Para siempre dichoso - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 11/07/2019

Para siempre dichoso

…porque no me abandonarás en el sepulcro, ¡no dejarás que sufra corrupción quien te es fiel. Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría; ¡estando a tu lado seré siempre dichoso!

Salmo 16:10-11

Dios nos ha dicho: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). Por su parte, el rey David dijo: “Yo declaro, Señor, que tú eres mi dueño; que sin ti no tengo ningún bien” (Salmo 16:2), y: “¡Grandes dolores esperan a sus seguidores!” (Salmo 16:4a). Y el profeta Isaías afirmó: “…pero emprenderán la huida en completa vergüenza los que confían en los ídolos” (Isaías 42:17a).

Si bien muchos fueron tras otros dioses, David se mantuvo fiel al Dios de Israel así como su descendiente, Jesucristo, también se mantendría fiel. Jesús fue obediente hasta la muerte, pagando el precio de nuestra redención con su sangre preciosa. A lo largo de su ministerio terrenal Jesús, Hijo de David, habitaría, y luego moriría seguro en la promesa pronunciada por su antepasado: “Porque no me abandonarás en el sepulcro, ¡no dejarás que sufra corrupción quien te es fiel…!”.

Después que Jesús ascendió al cielo, el Espíritu Santo fue derramado sobre sus discípulos. En el día de Pentecostés, el apóstol Pedro usó las palabras de la promesa de vida y resurrección del salmo para identificar a Jesús como el Mesías crucificado y resucitado. Pedro dice a la multitud en Jerusalén: “que nuestro patriarca David murió y fue sepultado, y que hoy sabemos dónde está su sepulcro entre nosotros” (Hechos 2:29). La tumba estaba allí, y también David. Pero como profeta, David esperaba a su Hijo prometido. Habló del Cristo que, aunque sufrió la muerte, no sería abandonado en el lugar de la muerte. Jesús el Cristo resucitó de entre los muertos. Su tumba, en ese día de Pentecostés, también estaba cerca y estaba vacía.

¡Dios levantó a su Hijo de los muertos! ¡Aleluya! El Salvador conoce la plenitud de gozo a la diestra del Padre y, un día, así lo haremos nosotros. Nuestras tumbas nos retendrán por un momento, pero cuando Jesús nuestro Señor, el Hijo de David, regrese, nos levantará de la muerte y nuestras tumbas quedarán vacías como la de él. Vestidos de inmortalidad, conoceremos la plenitud de la alegría y, a la diestra de Dios, la dicha eterna.

ORACIÓN: Jesús, Hijo de David, en tu muerte y resurrección tenemos la esperanza y la promesa de nuestra resurrección a la vida eterna. Por el poder de tu Espíritu, ayúdanos a vivir fieles a ti mientras esperamos tu regreso. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

¿Qué significa para ti que “¡estando a tu lado seré siempre dichoso!”?
¿Qué estás haciendo ahora para prepararte para vivir para siempre?

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