El justo por la fe vivirá

¿Qué celebramos estos 500 años de la reforma? PARTE II

Podríamos recordar a Lutero, como una gran líder que venció a los poderosos, no sería injusto recordar a Lutero como líder de Alemania llevándola a independizarse del papado, podríamos recordar a Lutero como aquél que ayudo a unificar el idioma alemán, pero todo esto no haría justicia a los eventos de la reforma. ¿Cómo pudo un hombre hacer este estrago?

¿Qué es lo que la iglesia luterana celebra?

Sin duda para un hombre o una organización no sería posible, la Confesión Luterana presentada como credo del luteranismo, resume cuál es el mensaje que hizo estrago en Europa y en la vida de la iglesia.

¿De qué se trata la confesión de Augsburgo?

Se trata de Jesús y de esto se sigue tratando la Iglesia Luterana. La Confesión de Augsburgo -presentada por el luteranismo en 1530 como su dogma- es la presentación de la iglesia que sólo en Cristo, por gracia por la fe, tenemos salvación delante de Dios.

¿Delante de quien fue presentada?

Delante de los adversarios, delante del emperador, pero por sobre todo delante de la eternidad, con el convencimiento que esta es la fe necesaria que la iglesia tiene que mantener inalterada para ser iglesia y cada creyente para ser salvo, esto es que sólo en Cristo hay salvación de nuestros pecados, frente a otros caminos.

¿Qué es tener una confesión?

Así como Dios buscó de Pedro una confesión preguntándole diciendo ¿Quién dice la gente que soy yo? Y él respondió “tú eres el Cristo el Hijo de Dios” Mateo 16:16-17. Tener una confesión es entrar en una conversación con Dios mismo y esta es una conversación que salva. Quién responde cree. Como dice la epístola a los Romanos cap. 10: “Esta es la palabra de fe que predicamos:
que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”

¿De dónde viene la confesión de fe?

¿Será que fue Lutero quien inventó este mensaje? ¿Será que fue el apóstol Pedro quien descubrió por sí mismo a Cristo? Sin duda que no. Un confesor, nace de Dios, una confesión verdadera -frente a otras falsas acerca de quién es Dios- nace de Dios mismos. Él entrega las palabras a la iglesia que esta debe confesar, fue el apóstol Pedro quien la recibió desde el cielo, en las aguas del bautismo de nuestro Señor quien dijo “Este es mi Hijo amado en quién tengo complacencia” (Mateo 3.17).

Dios siempre ha trastornado el mundo con esta confesión desde los cielos, a veces cambia la vida unos hombres comunes como monjes dentro de un monasterio, como Lutero, otras veces la de los pescadores como los apóstoles Pedro y Juan, pero este Dios ha abierto ya desde el cielo este mensaje eterno que sólo Cristo salva, con este mensaje como aquellos que escribieron la Confesión de Augsburgo, nos enfrentamos a la eternidad con la firme convicción que seremos salvos por causa de Cristo mediante la fe. Celebramos que esta palabra permanece para siempre y que todo aún se trata de Jesús.

 

Felices 500 años de la Reforma Luterana.

Rev. Juan Pablo Lanterna – V Región – Chile.

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