Casa en el bosque

Rescate del mal

“Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.” 2 Timoteo 4:18

Es triste ver que una casa termina siendo rematada. El remate representa el fin de los sueños que alguien alguna vez tuvo; el capítulo final de una historia que había comenzado con esperanza y que finaliza con tristeza.

Así fue la historia de Tracy Orr que apareció en un artículo de la CNN. Con lágrimas en los ojos, Tracy presenció cómo su casa era entregada al mejor postor, mientras trataba de hacer oídos sordos a lo que la persona que estaba detrás de ella decía: “¿Es su casa? ¿Vale la pena comprarla?”

La casa de Tracy fue vendida por $30.000. Quien la compró fue la persona molesta que había estado detrás de Tracy, una señora que, después del remate, le dijo: “Lo hice por usted”. Esa persona desconocida, sin siquiera saber el nombre de Tracy, o su condición financiera, compró la casa para dársela nuevamente.

La historia de Tracy es mi historia, y también es la suya. Una vez usted y yo teníamos un hogar en el paraíso, pero, por causa de nuestro pecado, lo perdimos. Al vernos perdidos, un extraño, el mejor de los samaritanos, el Hijo de Dios, vino para salvarnos.

Jesús volvió a comprar nuestro hogar en el cielo. Entre Jesús y la persona generosa en la historia de Tracy hay dos diferencias: la primera es que Jesús no pagó su compra con oro o plata. Su costo fue muchísimo más alto. El Salvador nos rescató a nosotros y a nuestro hogar en el cielo con su santa y preciosa sangre y a través de su sufrimiento inocente y su muerte.

La segunda diferencia es que la benefactora de Tracy no le dio la casa gratuitamente, sino que se la vendió con un plan de pagos que Tracy puede cumplir. En cambio nuestro Salvador, sabiendo que nosotros nunca podríamos pagar el precio exigido para tener un hogar en el cielo, nos lo regala en forma gratuita y sin ataduras.

ORACIÓN: Querido Señor, cuando la humanidad perdió su hogar en el Jardín del Edén, tú nos tuviste compasión e hiciste todo lo que era necesario para llevarnos de vuelta a tu casa. A través de tu vida, sufrimiento, muerte y resurrección, nos has dado un hogar eterno en el cielo. Por el regalo que compraste con tu sangre te doy gracias y te alabo, te sirvo y te obedezco. En tu nombre. Amén.

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Rescate del mal

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