Sentirnos en casa - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 11/06/2019

Sentirnos en casa

En aquel día ya no me preguntarán nada. De cierto, de cierto les digo, que todo lo que pidan al Padre, en mi nombre, él se lo concederá.

Hasta ahora nada han pedido en mi nombre; pidan y recibirán, para que su alegría se vea cumplida.

Les he hablado de esto en alegorías, pero viene la hora en que ya no les hablaré por alegorías, sino que claramente les anunciaré acerca del Padre.

En aquel día ustedes pedirán en mi nombre; y no les digo que yo rogaré al Padre por ustedes, pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que yo salí de Dios. Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.

Juan 16:23-28

Cuando me casé en la comunidad vietnamita, el choque cultural fue grande. Por ejemplo, cuando le dije a unos amigos vietnamitas: “Por favor, siéntanse como en su casa, ¡realmente lo hicieron! Aparecían con bolsas de comestibles, iban a la cocina y cocinaban, usaban lo que encontraban en la nevera, etc. Claro que la comida era deliciosa y lavaban todo lo que utilizaban.

Pero no pude superar el atropello de límites. En los Estados Unidos el “sentirse como en casa” no es más que una expresión de amabilidad: no esperamos que nuestros huéspedes se hagan cargo de la cocina y nuestros refrigeradores; vajilla y cubiertos son sagrados. Siempre hay un límite, un área de “prohibido pasar”, que establece la diferencia entre los miembros de la familia y los invitados.

Se me ocurre que la mayoría de nosotros pensamos de esa manera acerca de la casa de Dios. Por más que Dios nos diga: “Ustedes son mis hijos, esta es su casa”, nos consideramos invitados y seguimos usando nuestros mejores modales y pidiendo permiso para todo. No nos “sentimos en casa”, porque en verdad ¡no lo creemos!

Ante esto, Jesús dice: “En aquel día ya no me preguntarán nada. De cierto, de cierto les digo, que todo lo que pidan al Padre, en mi nombre, él se lo concederá… En aquel día ustedes pedirán en mi nombre; y no les digo que yo rogaré al Padre por ustedes, pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que yo salí de Dios”.

¡Solo imagina! Él dice que podemos ir directamente al Padre en su nombre. No tenemos que hacer las cosas dando rodeos, preguntando por lo que necesitamos a través del miembro de la familia que nos invitó a casa, es decir, Jesús: “¿Podrías preguntarle a tu padre si…?”. Ya no somos más invitados, sino hijos del Padre que nos ama. ¿Por qué? Porque amamos a Jesús y creemos en él.

Yo estoy feliz de poder pedirle cosas a Jesús. Pero también estoy profundamente agradecida porque, gracias a su sacrificio en la cruz, podemos verdaderamente “sentirnos en casa” con Dios el Padre, ya no como invitados sino como hijos.

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, enséñame lo que significa ser hijo de Dios. Amén.

Dra. Kari Vo

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones

Editado por CPTLN – Chile, junio de 2019.


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Sentirnos en casa

You May Also Like

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *