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“Si no han escuchado a Moisés y a los profetas, tampoco se van a convencer si alguien se levanta de entre los muertos.” Lucas 16:31b

La Escritura es muy clara: si vamos a ser salvos, va a ser solamente a través de la fe en Jesucristo que hemos recibido en forma gratuita.

El apóstol Pablo tenía esto bien presente cuando, en su carta a la iglesia en Roma, escribió que todos somos pecadores… pecadores que hemos recibido el regalo de gracia a través de Jesús.

Lamentablemente, para algunas personas el regalo de gracia de Jesús parece no ser suficiente para transformarlos en seguidores serios y fieles de su Salvador.

Al menos eso es lo que publicó en un artículo la agencia de noticias AP. La historia hablaba acerca de las estrategias e incentivos que algunas iglesias están usando para tratar de atraer más personas a sus servicios de adoración.

El artículo en cuestión se refería específicamente a una iglesia Congregacional del centro del país que había repartido entre sus visitantes tarjetas de $50 para gasolina.

Una pareja decidió irse de la congregación porque sintieron que la iglesia estaba sobornando a los visitantes, pero el pastor defendió sus acciones diciendo: “Es la forma en que nos estamos dando a conocer… por $200 salimos una vez en el periódico, dos veces en la televisión, y toda la ciudad está hablando de nosotros. Por ese dinero ni siquiera puedo comprar un aviso de un cuarto de página”.

Lo más probable es que el pastor tuviera razón. Si el propósito es dar a conocer la iglesia, la congregación debe hacer todo lo que esté a su alcance para lograrlo. Aún así, doy gracias porque la mayoría de los pastores y parroquias que conozco, si bien hacen todo lo posible por avanzar, se mantienen dedicados a compartir la historia del sufrimiento, muerte y resurrección del Salvador.

Y no están solos. Por más que leo y releo el Nuevo Testamento, no logro encontrar en ningún momento que el Salvador, o alguno de sus seguidores, ofreciera incentivos para conseguir más adeptos.

Al contrario, después que Jesús alimentó a los 5.000, a propósito decidió dejar de seguir alimentándolos, para que ellos dejaran de seguirlo (Juan 6:15). Parafraseando las palabras de la parábola (dichas por Abraham): “Si no les hacen caso a Moisés y a los Profetas, tampoco se convencerán aunque alguien les dé una tarjeta para gasolina de $50”.

Quizás nuestras iglesias no sean especialistas en publicidad, pero sí son especialistas en compartir la salvación que Jesús nos compró con su sangre… y esto es todo lo que el ser humano necesita.

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, ayúdanos a ver en ti al Salvador de nuestras almas. Bendice a nuestras iglesias con la capacidad de mostrar a las almas perdidas el camino que lleva a ti, para que reciban la salvación que sólo tú puedes dar. En tu nombre. Amén.

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