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Hablar bien

Hermanos, no hablen mal los unos de los otros. El que habla mal del hermano y lo juzga, habla mal de la ley y juzga a la ley. Y si tú juzgas a la ley, te eriges en juez de la ley, y no en alguien que debe cumplirla. Santiago 4:11

 

Una de las partes más fáciles de memorizar para los confirmandos es lo que dice el octavo mandamiento: “No darás falso testimonio contra tu prójimo”.

Eso es lo que Santiago dijo hace unos cuantos siglos, pues quería que supiéramos que, como cristianos, debemos abstenernos de hablar mal de los demás.

Pero los creadores de un cierto sitio en Internet no piensan igual. En tal sitio está permitido decir lo que uno quiera, de quien quiera.

Si su jefe no le cae bien allí puede descargarse, diciendo todo lo que piensa acerca de él.

Si no está satisfecho con la atención de su médico, dentista o pastor, ese es el lugar donde podrá decir lo que quiera acerca de ellos.

Y no sólo eso. Todo lo que dice, lo puede decir en forma anónima y nadie puede rastrear sus comentarios y descubrir que fue usted. Más aún, usted puede decir todo lo que quiera, porque nadie podrá removerlo.

Ese sitio permite a cada pecador tirar la primera piedra a alguien más; permite a todo el mundo convertirse en policía, acusador, juez y jurado de la reputación de otra persona.

Es verdad que allí también se puede elogiar a alguien, pero no son muchas las personas que escriben elogios. La mayoría de las veces, la gente prefiere diseminar chismes y escuchar lo malo en vez de lo bueno.

Cuando Jesús estuvo en la tierra, y a pesar de ser perfecto, la gente dijo toda clase de mentiras acerca de él: que estaba conectado con el demonio, que era un insurrecto, un blasfemo y un mentiroso.

Los cristianos sabemos que Jesús no era ninguna de esas cosas… Él fue el Hijo de Dios enviado con la misión de ofrecerse a sí mismo como rescate por nuestras almas pecadoras. Su obra, cumplida en la cruz del calvario y confirmada con la tumba vacía, es el plan de Dios que nos da perdón y la eternidad en el cielo.

En agradecimiento al Señor, quien se ofreció a sí mismo por nosotros, tratemos de seguir la exhortación de Santiago y abstengámonos de hablar mal de los demás.

ORACIÓN: Señor Jesús, aunque somos pecadores en pensamientos, palabras y obras, nos amaste lo suficiente como para entrar a este mundo y dar tu vida para salvar la nuestra. Permite que, en agradecimiento por el perdón obtenido con tu gran sacrificio, hablemos bien de los demás y demos testimonio de lo que tú has logrado en la cruz y en la tumba vacía. En tu nombre. Amén.

 

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

© Copyright 2018 Cristo Para Todas Las Naciones

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Porque él nos amó primero

Nosotros lo amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no ha visto? Nosotros recibimos de él este mandamiento: El que ama a Dios, ame también a su hermano. 1 Juan 4:19-21

 

Hace muchos años, con mi esposa e hijos visitamos a unos amigos que tenían una cantidad de gatos.

Cuando era hora de regresar, empecé a buscar a nuestros niños. A nuestra hija menor la encontré sentada en la galería acariciando a uno de los gatos, que ronroneaba de contento.

Le dijimos a nuestra hija que se preparara, pues estábamos por irnos. Aun cuando no protestó, tampoco se movió. Cuando le preguntamos por qué no se movía, dijo: “No sé qué hacer con el gato, tiene el motor encendido”.

Desde entonces, encuentro que algunas veces lo que funciona con un gato -amor, cariño y atención- casi siempre funciona con las personas. Es como dice el refrán: “Más moscas se cazan con miel que con hiel”.

Lamentablemente, en la iglesia no siempre ofrecemos el amor, el cariño y la atención que deberíamos. Algunas veces imponemos a las personas reglas innecesarias y arbitrarias. Algunas veces nos rehusamos a perdonar así como hemos sido perdonados. No tengo necesidad de continuar, ¿verdad?

Es triste que actuemos así, y además está mal. Mire el pesebre de Belén, la cruz del Calvario y la tumba vacía y verá todo el amor, el cariño y la atención inmerecida que el Salvador nos ha dado.

Y lo único que nos pide es que amemos a otros porque Él nos amó primero.

Si así lo hacemos, los resultados serán ensordecedores… con todos los otrora extraños y enemigos del Salvador ronroneando al unísono.

ORACIÓN: Amado Señor, tú me amaste sin que lo mereciera, y por eso quiero ser agradecido y compartir tu amor con los demás. Ayúdame para que en todo lo que haga y diga el mundo pueda verte a ti, mi Señor y Salvador. En el nombre de Jesús. Amén.

 

De una devoción escrita originalmente para “By the Way”

Publicado en Paraelcamino.com

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Ayudando a otros

En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. Así también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Pero ¿cómo puede habitar el amor de Dios en aquel que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano pasar necesidad, y le cierra su corazón? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. 1 Juan 3:16-18

 

La mayoría estará de acuerdo conmigo en que la vida está llena de toda clase de molestias. Y la mayor parte del tiempo o no podemos o escogemos no hacer nada para remediar dichas inconveniencias.

Sin embargo, hay excepciones. Por ejemplo, una persona que vive cerca de una gran carretera, decidió rellenar un pozo de considerable tamaño que había en la misma. Para ello tuvo que vaciar el contenido de cuatro baldes de cinco galones cada uno, mientras esquivaba los automóviles que pasaban.

Cuando un reportero le preguntó por qué lo había hecho, dijo: “Rellenar el pozo me tomó unos minutos… pero probablemente le he ahorrado a los conductores cientos, quizás miles de dólares en reparaciones en sus automóviles. Era algo que necesitaba hacerse, y yo no estaba tan ocupado.”

¿Impresionado? Yo también, y aún más sabiendo que esa persona ni siquiera tiene un automóvil.

En el texto bíblico de hoy, Juan le recuerda a los cristianos que deben reflejar el amor y el sacrificio del Salvador a todos los que los rodean.

Para resumir, no deberíamos tan sólo quejarnos y no hacer nada con los pozos que se nos atraviesan en el camino, sino que, motivados por la salvación y el perdón que Jesús nos ha regalado, deberíamos hacer algo para suavizar el camino a los demás. Como dijo Juan: “No amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad.”

ORACIÓN: Amado Señor, gracias por un Salvador que a través de su sufrimiento, muerte y resurrección, ha reparado el camino que conduce al cielo. Ayúdame para que mi agradecimiento sea demostrado haciendo lo necesario para ayudar a otros. En el nombre de Jesús. Amén

 

De una devoción escrita originalmente para “By the Way”

Publicado en Paraelcamino.com

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La actitud correcta

Traten a los demás como ustedes quieran ser tratados. Lucas 6:31

 

Siendo coleccionista de historias, encuentro que poseen cosas interesantes y con vida propia. Con esto quiero decir que algunas historias son contadas, luego son modificadas, después son olvidadas y más tarde algunas son resucitadas para ser contadas de nuevo.

Recientemente alguien me contó una historia acerca de Dave y John quienes, mientras andaban por las montañas, se encontraron con un puma. John se quedó helado, pero Dave se sentó sobre un tronco, se quitó sus botas, y se calzó las zapatillas de correr. John susurró: “¡Por el amor de Dios, jamás podrás correr más rápido que un puma!”. A lo que Dave, sonriendo, contestó: “No tengo que correr más rápido que el puma; sólo tengo que correr más rápido que tú”.

Hasta donde yo sé, esta historia ha sido modificada cinco o seis veces. A veces los amigos huyen del puma de las montañas, a veces huyen de un toro en los prados. La historia sigue cambiando, pero la moraleja permanece igual: para sobrevivir, debemos ganarle a los demás.

Pero, ¿es así como la vida es en realidad? ¿Es cierto que no tenemos que preocuparnos por los demás, que lo único que importa es que nosotros estemos a salvo?

Qué diferentes serían nuestro presente y nuestra eternidad si Jesús hubiera pensado de ese modo. Qué tristes serían nuestras vidas si Jesús hubiera decidido salvarse a sí mismo y no a nosotros. Menos mal que el pesebre, la cruz y la tumba vacía, nos dicen que Jesús no pensó de esa manera.

Y él no quiere que nosotros pensemos ni vivamos tampoco de ese modo. En una manera hermosa e increíblemente concisa, Jesús dice a sus seguidores: “Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes”. Si todo el mundo siguiese la regla de Jesús, este mundo se transformaría… y tendríamos muchos menos pumas sobrealimentados a nuestro alrededor.

ORACIÓN: Querido Señor, es una gran bendición hallar personas que son un reflejo de ti. Hazme uno de ellos. Ayúdame a tratar a los demás de tal modo que, cuando otros me vean o me oigan, vean la presencia del Redentor quien sacrificó su vida para mi salvación. En el nombre de Jesús. Amén.

 

De una devoción escrita originalmente para “By the Way”

Publicado en Paraelcamino.com

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