¿Quiénes creemos que somos? - Arrogancia- Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 12022019

¿Quiénes creemos que somos?

¿Quién puede discernir sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos. Guarda también a tu siervo de pecados de soberbia; que no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro, y seré absuelto de gran transgresión. Salmo 19:12-13 (LBLA)

 

“¿Quién te crees que eres?” puede ser dicho como una suave instigación en manos de un consejero astuto, o puede ser una acusación de arrogancia por parte de alguien ofendido por tu comportamiento o palabras.

 

La arrogancia presupone el derecho a decir: “¡Tengo derecho al favoritismo por mis grandes contribuciones a la sociedad! ¡Estoy por encima de todos y soy más inteligente que todos!”. Tales personas creen que el mundo les debe un favor, y el tamaño de ese favor es proporcional a la arrogancia que poseen.

 

Tal vez conozcas a alguien cuya excesiva arrogancia inhibe tu capacidad de ser educado en su presencia. Hasta su supuesta humildad es irritante. Me recuerda una cita atribuida a Golda Meir, ex primera ministra de Israel, quien una vez dijo a un dignatario VIP visitante: “No seas tan humilde; no eres tan genial”.

 

¿Somos culpables de una arrogancia similar? ¿Obstaculiza ella nuestro testimonio?

 

“Guarda a tu siervo de los pecados de soberbia”, suplica el salmista. ¿Qué son los “pecados de soberbia”? Esto habla de nuestra insistencia en pecar, creyendo que Dios al final nos va a perdonar y que, mientras tanto, todo va bien con nuestras almas. Los luteranos, por extraño que parezca, pueden ser particularmente susceptibles a este tipo de pecado.

 

¿Por qué? Porque nuestra piadosa confesión y absolución de pecados, con la que comenzamos cada servicio de adoración, puede darle a uno la idea de que Dios perdona los pecados semanalmente, independientemente de nuestra intención de enmendar nuestras vidas. “…Que [los pecados de soberbia] no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro, y seré absuelto de gran transgresión”, suplica el salmista David. El pecado de soberbia es una transgresión “grande” porque posee la capacidad de dominar y arruinar la vida santificada en Cristo.

 

Considera al autor de este salmo: el rey David, el dulce salmista de Israel; David el vencedor sobre todos los enemigos de Dios desde su juventud; David, bendecido con riquezas, esposas e hijos en abundancia; David, la mano derecha de Dios en la tierra, específicamente elegido por encima de sus hermanos para dirigir a todo Israel.

 

Seguramente, David debe haberse sentido especial, apartado y favorecido por Dios. Con esta lluvia de bendiciones celestiales, David supuso que Dios siempre sería misericordioso con él, a pesar de los deambulaciones de su propio corazón. Tal presunción cree erróneamente que el mérito de la gracia de Dios le pertenece completamente a David y no a Dios.

 

Luego apareció Betsabé: el pecado de soberbia de David.

 

Conocemos el resto de la historia: problemas por todas partes. Nunca salieron de la casa de David. ¿La lección? Sé sabio, teme a Dios, aléjate y ahórrate el castigo inevitable que seguirá. Sí, la gracia de Dios en Cristo Jesús es incondicional, eterna y más grande que nuestro pecado de soberbia. Pero cuando la tentación golpee, ¡mira a la cruz! Cuenta el costo y declara: “¿Cómo puedo tener la soberbia de pecar ante tal amor? ¿Quién creo que soy? ¿Cómo puedo pecar deliberadamente primero y suponer su perdón más tarde?

 

En vez de ello, busquemos a Dios en su Palabra, arrepintiéndonos por nuestros errores, rogándole seriamente por la gracia y el perdón que solo están disponibles a través de su Hijo Jesús.

 

ORACIÓN: Padre celestial, la próxima vez que pretenda pecar y presumir de tu perdón, dirige mi corazón a la cruz de Cristo y concédeme el verdadero arrepentimiento. Amén.

 

Dr. Mark Schreiber

 

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La genealogía pecadora de Jesús / Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones (CPTLN) - Chile / 07.12.2018

La genealogía pecadora de Jesús

… y con la que fue mujer de Urías el rey David engendró a Salomón. Mateo 1:6b

 

¿Por qué no escribir simplemente “David fue el padre de Salomón” y terminar la declaración allí, como con la mayoría de los otros pasos en esta genealogía? ¿Por qué siquiera mencionar el asunto?

 

Por la forma en que está escrito, el texto nos obliga a recordar que David cometió un gran pecado: cometió adulterio con la esposa de otro hombre y luego lo asesinó para encubrir su propio crimen. El gran Rey David fue adúltero y asesino. ¡Qué historia para encontrar en medio de la genealogía de Jesús!

 

Y, sin embargo, ¿qué mejor lugar podría haber para encontrarla? La historia de David nos recuerda que entre los antepasados de Jesús se encontraban algunos de los peores pecadores imaginables: personas culpables de asesinato, adulterio, prostitución, sacrilegio y sacrificio de niños, entre otros. Jesús compartía su ADN. Sus cuerpos sirvieron de base para el suyo. La genealogía del inmaculado Salvador del mundo estaba repleta de personas pecadoras.

 

¿Cómo puede ser esto? Cuando Dios llamó a Jesús Emanuel, que significa “Dios con nosotros”, lo dijo en serio. Jesús está verdaderamente con nosotros de la manera más íntima y personal. Él no se aleja de nosotros cuando pecamos; al contrario, viene a nosotros, incluso a nuestras profundidades más oscuras y vergonzosas, brilla su luz en nuestras vidas, nos limpia con su sangre derramada en la cruz, nos levanta del fango y nos hace hijos de Dios, lavados y puros con su misericordia. Jesús nació para hacer esto.

 

ORACIÓN: Señor Jesús, mantenme cerca de ti y límpiame de todos mis pecados. Gracias por amarme tanto. Amén.

 

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Editado por CPTLN – Chile