Impresiones de Cuaresma

Impresiones de Cuaresma - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 26/04/2019

Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Filipenses 2: 8

La época penitencial de la Cuaresma acaba de concluir. Ojalá que haya sido un tiempo de reflexión sobre el sufrimiento y la muerte de nuestro Señor Jesucristo, un período en el que pudiste detenerte para considerar tu caminar en este mundo como un “pequeño Cristo”.

Es un tiempo de tranquilidad, un tiempo para reconocer la calma que viene de confiar en Dios, como lo registra el salmista: “¡Alto! ¡Reconozcan que yo soy Dios!” (Salmo 46:10a). Es cierto que esto no es fácil de hacer en el bullicio de nuestro agitado mundo. El ruido constante de los electrónicos puede ahogar esa calma. Si a eso agregamos nuestro propio ajetreo y horarios apretados, es fácil ver por qué es difícil detenerse para conocer a Dios a través de la reflexión y la meditación. ¡Que pérdida tan grande!

Es costumbre que, durante el tiempo de Cuaresma, muchas iglesias propongan disciplinas para que sus miembros fortalezcan su camino de fe. En el pasado, era común el tratar de dejar los malos hábitos o el ayunar. Sin embargo, en los últimos tiempos, esta práctica ha declinado en uso. Aunque estoy seguro de que probablemente causó algún bien el crecer en la autodisciplina, creo que mejor aún es dedicar nuestro tiempo a cultivar nuestra fe y vida personal.

Y no solo durante la Cuaresma, sino durante todo el año. Por ejemplo, solo porque la Cuaresma ha terminado, no significa que no debamos acercarnos más a Jesús. Para ello, busca un lugar tranquilo y reflexiona sobre el profundo amor de Dios. Si tienes 15 minutos, dedícate a leer la Palabra de Dios. Reflexiona sobre lo que ella te dice. Busca profundamente. Hazle preguntas. Medita en sus verdades. Pídele a Dios en oración cómo puedes servirle mejor a Él, a tu cónyuge, a tu iglesia, a tu prójimo. Busca la ayuda del Espíritu Santo para llevar al Señor en cada minuto de tu vida diaria.

Luego explora las muchas posibilidades que pueden enriquecer y fortalecer tu vida. En casa: ¿podemos ser más amorosos y perdonadores con nuestros seres queridos? ¿Cómo podemos mostrar mejor nuestro amor incondicional? En el trabajo: ¿somos un ejemplo cristiano para nuestros compañeros de trabajo? ¿Prestamos atención a las luchas por las que otros están pasando? En la iglesia (donde a veces, irónicamente, es más difícil): ¿cómo podemos servir mejor a nuestros hermanos y hermanas en la fe?

Ahora que se acabó la Cuaresma, no perdamos de vista de qué se trata esa época. Hemos pasado semanas considerando la vida, el ministerio, la muerte y la resurrección de Jesús. Ahora, deja que el mensaje del amor de Dios en Jesús resuene audazmente en tu propia vida.

Que el mensaje de la Cuaresma sea un tiempo para fortalecer tu fe personal y tu vida para la gloria de Dios.

ORACIÓN: Padre celestial, imprime en nuestros corazones el amor que nos has mostrado en Jesús. Amén.

Devoción tomada de The Lutheran Layman, edición de marzo de 1979, “Cuaresma: Es hora de reflexionar sobre la muerte y la vida”, por el Dr. J.A.O. Preus.

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Patrones de habla

Patrones del habla - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 24042019

Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis pensamientos, oh Señor, roca mía y redentor mío. Salmo 19:14

A lo largo de la historia se ha escrito mucho sobre el potencial que las palabras que hablamos tienen tanto para lo bueno como para lo malo.

Alguien incluso llegó a decir: “Los pensamientos expresados a veces pueden morir, pero ni Dios puede matarlos una vez que han sido dichos”.

Aunque ese joven poeta pudo haber sido un poco exagerado, tenía un respeto muy saludable por el poder de la palabra hablada. Quizás no haya nada que pueda romper una relación más rápido que las palabras desagradables o dichas con enojo. Y, a la inversa, las palabras amorosas y consideradas, cuando son dichas con sinceridad, pueden cimentar efectivamente una relación.

El apóstol Santiago también reconoció el poder de la palabra hablada.

En su epístola, tiene mucho que decir sobre lo malo que es hablar palabras difamatorias, mentirosas o engañosas y sobre los resultados de tales “patrones de habla”. Busca Santiago 3:5-12 y fíjate en los versículos 5-8. ¿De qué manera es la lengua como un fuego? ¿Por qué es tan difícil domesticar la lengua? ¿Alguna vez es esto un problema para ti? Piensa en situaciones específicas en las que tu lengua te haya metido en problemas. ¿Hablaste demasiado rápido? ¿Ásperamente? ¿Con un tono no muy amistoso? ¿Qué puedes hacer para minimizar o prevenir este problema?

Ahora mira los versículos 9-12.

Santiago sugiere que la solución real para frenar los pecados de la lengua no es solo abstenerse de ciertas palabras o expresiones, sino más bien estar firmemente arraigados en lo que motiva nuestro discurso. Por lo tanto, lo que debemos preguntarnos es: “¿Qué es lo que motiva mi discurso como cristiano?”. La respuesta, por supuesto, depende de nuestro amor por Dios y de cómo lo mostramos en la vida cotidiana.

Como cristianos, nuestros patrones de habla son motivados por la fe en nuestro Señor Jesucristo y son parte de nuestra respuesta amorosa hacia Él y hacia quienes nos rodean.

El amor de Dios por nosotros en Jesucristo nos impulsa, por el poder de su Espíritu, a seguir las directivas de nuestro Señor: “Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros” (Juan 13:34).

Por supuesto que nuestros patrones de habla y la forma en que nos comunicamos nunca serán perfectos. De manera no intencional, y a veces por diseño, decimos palabras que lastiman a otros y tensan las relaciones. Cuando hacemos esto, necesitamos recordar que de Dios recibimos un patrón de habla lleno de gracia, la Palabra que fue desde el principio y que ha sido enviada para nuestro bien: “Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su Gloria (la gloria que corresponde al unigénito del Padre), llena de gracia y de verdad” (Juan 3:14).

ORACIÓN: Señor Jesús, haz que nuestras palabras te glorifiquen y sean un dulce sonido para quienes las oyen. En tu nombre. Amén.

Devoción enviada por un escritor contribuyente de Lutheran Hour Ministries

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Coleccionando enemigos

Coleccionando enemigos - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 24042019

Jesús miró a sus discípulos y les dijo: “… Bienaventurados serán ustedes cuando, por causa del Hijo del Hombre, la gente los odie, los segregue, los vitupere, y menosprecie su nombre como algo malo. Cuando llegue ese día, alégrense y llénense de gozo, porque grande será el galardón que recibirán en los cielos. ¡Eso mismo hicieron con los profetas! (…) ¡Ay de ustedes, cuando todos los alaben!, porque lo mismo hacían con los falsos profetas los antepasados de esta gente” (Lucas 6:22-23, 26).

A nadie le gusta tener enemigos. Nos duele cuando alguien nos odia, se burla de nosotros o no nos quiere como amigos. ¿Y quién no ha sido víctima de rumores falsos? Algunos de nosotros ya comenzamos a sufrir cosas así en la escuela primaria. Y algunos todavía las sufrimos hoy.

Pero Jesús dice algo sorprendente: “Bienaventurados serán ustedes cuando, por causa del Hijo del Hombre, la gente los odie, los segregue, los vitupere, y menosprecie su nombre como algo malo”. Aparentemente, hay un momento en el que deberíamos estar contentos de tener enemigos que nos maltratan: cuando lo hacen por causa de Jesús.

Pero eso no sucede muy a menudo, ¿verdad? Piensa otra vez. Jesús también dice: “Ay de ti, cuando todas las personas hablen bien de ti, porque así hicieron sus padres a los falsos profetas”. Aparentemente, no tener enemigos es una mala señal. Sugiere que no estamos defendiendo lo que es correcto, que somos demasiado parecidos al mundo en el que vivimos, que encajamos mejor con los impíos que con Jesús. ¡Y eso no es bueno!

Cuando era adolescente solía preocuparme un poco porque no tenía enemigos. Pero con la edad adulta vinieron los enemigos. Una mujer me odiaba porque me vi obligada a llamar a las autoridades cuando la sorprendimos abusando de sus hijos. Hasta el día de hoy, estoy segura de que le gustaría verme muerta. Otro grupo de personas odiaba a mi esposo, el pastor, porque permitía que una mujer con una reputación terrible asistiera a la iglesia. Temían que la iglesia recibiera un mal nombre si acogía a los pecadores.

Los cristianos atraemos enemigos naturalmente, porque simplemente no encajamos bien en nuestro mundo. Si sigues a Cristo, tarde o temprano es probable que tengas que tomar una decisión: ¿hago lo correcto y enojo a alguien, o no hago nada y mantengo a todos contentos conmigo? Aunque estamos tentados a retirarnos, el Espíritu Santo nos empuja a hacer lo correcto. Y así comienza nuestra colección de enemigos.

No me malinterpretes. Algunas veces hacemos enemigos no porque estemos haciendo el bien, sino porque lo merecemos: en nuestra pecaminosidad lastimamos a alguien o nos portamos mal o avergonzamos el Nombre de Cristo. Si nuestros enemigos son resultado de nuestro mal comportamiento no tenemos nada de qué alegrarnos, sino que es hora de arrepentirnos. ¿Pero si hacemos lo que es correcto por el bien de nuestro Salvador Jesús y aun así nos hacemos de uno o dos enemigos? Entonces es cuando debemos recordar la promesa de Jesús: “Cuando llegue ese día, alégrense y llénense de gozo, porque grande será el galardón que recibirán en los cielos”.

ORACIÓN: Señor Jesús, ayúdame a atraer enemigos solo por la razón correcta: por amor a ti y a tu pueblo. Amén.

Dra. Kari Vo

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¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué? - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 23042019

Leer Lucas 24:1-11

Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungir el cuerpo de Jesús. (Marcos 16:1)

José y Nicodemo no habían tenido tiempo el viernes de preparar correctamente el cuerpo de Jesús para su entierro. Habían hecho lo mejor que habían podido, pero las mujeres que seguían a Jesús no habían quedado satisfechas, por lo que planearon regresar bien temprano en la mañana del domingo para terminar.

Seguramente tuvieron que ir de compras; probablemente el sábado a la noche, luego que terminara oficialmente el Sabbath. Habrán comprado especias, ungüentos y todas las cosas que necesitarían para lavar y ungir el cuerpo de Jesús, y las habrán dejado prontas para llevar a la tumba el día siguiente… cuando se encontraron con que ya no eran necesarias: Jesús estaba vivo, el funeral se había cancelado.

¿Y ahora qué iban a hacer con todas esas especias? ¿Tratar de devolverlas? ¡Imaginen explicarle al tendero la razón por la cual lo hacían! ¿Guardarlas para el próximo entierro? Pero si la muerte había sido conquistada, ¡vaya a saber qué otra cosa sucedería! Se me ocurre que finalmente optaron por guardarlas en algún lugar, hasta decidir qué hacer con ellas.

La resurrección de Jesús debe haber dado lugar a muchas situaciones ridículas y felices. Y dado que Jesús nos va a levantar de la muerte a todos los que en él confiamos, en el futuro va a haber muchos más momentos como esos. Pensemos en las cosas que ya no necesitaremos en el cielo y la tierra nuevos que Dios está preparando: cementerios, casas funerarias, ropas oscuras. No más testamentos ni herencias. No más asilos para ancianos ni cuidados intensivos. No más sufrimiento. No más pena. No más muerte.

En lugar de todo eso habrá vida, amor, felicidad y risa. Habrá actividad, creatividad y comunidad. Habrá amistad y alegría al conocernos mutuamente sin que el pecado arruine nuestras vidas y relaciones.

Y, lo mejor de todo, allí estará el Señor. Estará Dios el Padre, Hijo y Espíritu Santo, quien nos creó, redimió y santificó para una vida eterna gozosa en su Reino. ¡Demos gracias a Dios!

ORACIÓN: Gracias, Señor por todo el gozo que me espera en el nuevo cielo y la nueva tierra que tú estás creando. Mantenme firme en la fe y utilízame para que muchas más personas lleguen también a confesarte como Señor y Salvador de sus vidas. Amén.

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Un comienzo familiar

Un comienzo familiar - Devocional de Pascua de Resurrección de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 22042019

Leer Juan 20:1-9

Tras él llegó Simón Pedro, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí; pero el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no estaba puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. (Juan 20:6-7)

De alguna manera, todo luce muy prolijo. Cuando los discípulos miran dentro de la tumba, ven los lienzos sobre la cama de piedra y la tela que la había cubierto la cara prolijamente doblada en otro lugar. No hubo ninguna explosión, ni ningún trozo de tela quedó colgada dramáticamente en la roca.

La escena sugiere que, cuando resucitó de la muerte, Jesús simplemente se sentó, se quitó las telas que lo envolvían, las dobló (así como su madre seguramente le había enseñado), se levantó y siguió adelante con su día.

Sin duda un comienzo muy tranquilo y familiar para el día que cambió al mundo. Un comienzo como cualquier otro, uno que dice: “Estoy en casa, me siento cómodo, aquí pertenezco”. Pero también un comienzo como ningún otro: porque ese es el día en que la muerte fue vencida, primero para Jesús y finalmente para cada persona que le confiesa como Señor y Salvador.

Le tememos a la muerte porque es nuestra enemiga, es algo extraño y desconocido. Pero Cristo no es ningún extraño ni desconocido. Él es nuestro Señor, nuestro Salvador, nuestro hermano, amigo y refugio, y quien ha conquistado a la muerte. Ya no necesitamos tener miedo.

Nuestro Señor Jesús va con nosotros en nuestra vida, sufrimiento, muerte y vida nueva. Él conoce el camino y nos cuida cuando pasamos por momentos difíciles. Y así como fue con él, será un día también con nosotros: nos levantaremos de nuestra tumba para disfrutar la vida eterna que él nos da. Y entonces sí estaremos en casa y nos sentiremos cómodos, porque allí es donde pertenecemos, para siempre, con Jesús.

ORACIÓN: Querido Señor, gracias por resucitar. Ayúdame a confiar totalmente en ti tanto en la vida como en la muerte, sabiendo que tú estarás conmigo y me ayudarás en todo momento. Amén.

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Los clavos

Los clavos - Devocional de Cuaresma de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 17042019

Leer Juan 20:24-28

“Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré” -repuso Tomás. (Juan 20:25b)

Seguramente, siendo carpintero, Jesús estaba acostumbrado a usar clavos. Pero los clavos eran caros; si podía sustituirlos con una varilla de madera, lo hacía. Aunque para algunos trabajos lo único que servía era el hierro de los clavos.

Pero ahora, las herramientas que había usado en su oficio (el martillo, los clavos, las estacas) estaban siendo usadas para atravesar sus muñecas, en la base de las manos. Allí eran suficientemente fuertes como para soportar el peso de su cuerpo. Allí causaban un daño increíble a los delicados huesos y tendones de sus manos. ¡Y ni que hablar del dolor!

Luego de morir le quitarían los clavos. Pero las marcas quedarían.

¿Por qué? ¿Por qué habría de elegir cicatrices que perdurarían aun después de su muerte y resurrección? Todavía hoy esas marcas son visibles (ver Apocalipsis 5:6). Son un recordatorio eterno de lo que le costó a Dios rescatarnos de Satanás, la muerte y el infierno. Nadie que las vea puede decir: “Para él fue fácil”.

Pero todavía más importantes son las marcas de su amor, el mensaje escrito en su propia carne, que dice:

“No temas, que yo te he redimido;
te he llamado por tu nombre; tú eres mío…
Yo soy el Señor, tu Dios,
el Santo de Israel, tu salvador” (Isaías 43:1b, 3a).

Y cuando lo reconocemos por las marcas de los clavos en sus manos, así como lo reconoció Tomás, respondemos con gozo:

“¡Sí, este es nuestro Dios;
en él confiamos, y él nos salvó!
¡Este es el Señor, en él hemos confiado;
regocijémonos y alegrémonos en su salvación!” (Isaías 25:9).

ORACIÓN: Gracias, Señor Jesús, por todo lo que has hecho por nosotros. Vemos las marcas de tu amor y nos alegramos. Amén.

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¿De quién era la cruz?

De quién era la cruz - Devocional de Cuaresma de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 16/04/2019

Leer Marcos 15:21-25

Y ellos tomaron a Jesús y se lo llevaron. Con su cruz a cuestas, Jesús salió al llamado “Lugar de la Calavera”, que en hebreo es “Gólgota”. (Juan 19:16b-17)

Luego de ser azotado, burlado y condenado, Jesús fue llevado por el camino a Gólgota cargando su propia cruz. Cuando se habla de la cruz, lo más probable es que se trate sólo del travesaño, el patíbulo, ya que el poste vertical probablemente estaba fijo en el lugar de las ejecuciones.

Aun así, ese travesaño debía pesar alrededor de 100 libras (45 kg), un peso considerable para un hombre en buen estado físico, pero no para Jesús, que ya estaba medio muerto: débil, deshidratado y probablemente en shock por todos los latigazos y abusos. No iba a poder cargarla. La distancia era demasiado grande.

Así que los soldados llamaron a Simón de Cirene, un espectador, para que lo ayudara. Era una tarea humillante: llevar una cruz en un desfile público de ejecución, ¡como si él fuera el criminal condenado a morir! Pero Simón lo hizo, a los soldados romanos no se les dice que “no”.

Y luego Jesús fue clavado y el travesaño fue puesto en su lugar, dejando al Hijo de Dios colgando suspendido entre el cielo y la tierra para que todo el mundo lo viera.

En el mundo antiguo esa era una escena de vergüenza máxima. Los romanos hasta usaban las palabras “cruz” y “crucificar” para maldecir. Todavía hoy, los musulmanes se rehúsan a creer que Jesús murió en una cruz: dicen que esa muerte es demasiado vergonzosa, que Dios no la habría permitido para un hombre santo.

Pero Dios sí la permitió; es más, Dios la ordenó. El consejo de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, un Dios, eligió esa muerte vergonzosa. Dios eligió nuestra muerte y cruz para sí mismo, para poder darnos a cambio su vida, santidad y gloria.

ORACIÓN: ¿Cómo podemos agradecerte, querido Jesús? Te amamos y confiamos en ti. Querido Padre, concede que Jesús reciba todos los frutos de su cruz: que personas de todo el mundo crean en él y sean salvos. Amén.

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Palmas de victoria

Palmas de victoria - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 15/04/2019

Leer Marcos 11:1-10

Por el camino, muchos tendían también sus mantos, mientras que otros cortaban ramas que habían cortado en el campo. (Marcos 11:8)

En el lugar donde crecí había palmeras por todos lados. Las playas tenían palmeras, los árboles que había en las calles eran palmeras, los matorrales eran de hojas de palmas tan espesos que uno podía jugar a las escondidas. ¡Hasta trataban de crecer entre las rajaduras de las calles y veredas!

En Judea, donde eran un símbolo de victoria, gloria y realeza, las palmeras también eran abundantes. Cuando una multitud de personas vio venir a Jesús montado humildemente sobre un burro, cortaron hojas de palmas para tender delante de él en el camino. El simbolismo fue claro: “He aquí nuestro Rey victorioso, el Mesías, el Hijo de David”.

Y estaban en lo cierto. Jesús era su Rey, aun cuando su corona iba a ser de espinas y su trono una cruz. Jesús era victorioso, aunque no sobre los romanos invasores como muchos esperaban, sino sobre el pecado, la muerte y el diablo, los enemigos de la raza humana. Nada ni nadie habría de frenarlo.

Y por su sufrimiento, muerte y resurrección, nuestro Rey obtuvo la victoria para sí mismo y para todos quienes confían en él. Es por ello que, en el último día, nosotros también estaremos delante de él con ramas de palmas alegrándonos y diciendo: “La salvación proviene de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero” (Apocalipsis 7:10b).

ORACIÓN: Ayúdame, Señor, a regocijarme en tu victoria sobre la muerte y el diablo. Amén.

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Treinta monedas de plata

Treinta monedas de plata - Devocional de Cuaresma Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 12/04/2019

Leer Mateo 27:3-10

Entonces Judas Iscariote, que era uno de los doce, fue a ver a los principales sacerdotes, y les dijo: “¿Cuánto me darían, si yo les entrego a Jesús?”. Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. (Mateo 26:14-15)

El precio de un esclavo. El precio de un cementerio. El precio de Dios.

Cuando Judas vio que habían condenado a Jesús, fue a devolver el dinero que los líderes le habían pagado por traicionarlo. “He pecado al entregar sangre inocente”, dijo (Mateo 27:4a). Como si el devolver las monedas de alguna manera lograría evitar que Jesús muriera.

Pero ya era muy tarde para eso. “¿A nosotros qué nos importa?”, le dijeron (Mateo 27:4b). El problema no era de ellos. No había lugar para el arrepentimiento. Ningún líder que se jactara de serlo iba a admitir su participación en el pecado, ni ningún sacerdote iba a ser tan fiel como para ofrecer misericordia al alma de Judas. Por lo que Judas salió y fue a ahorcarse.

Pero las monedas quedaron en el suelo, allí donde Judas las había tirado, y había que hacer algo con ellas. Por lo que se pusieron a buscar una solución, como si esa fuera la decisión más importante que tenían que tomar ese día.

Después de la debida deliberación, decidieron comprar un campo y utilizarlo para enterrar allí a los extranjeros que no tuvieran quien se encargara de ellos al morir. Así es que las monedas que llevaron a la muerte a dos hombres terminaron sirviendo para algo bueno.

Treinta monedas de plata. El precio de la recompensa por la vida de un esclavo muerto (ver Éxodo 21:32). El precio de un cementerio donde los más insignificantes de la sociedad habrían de encontrar un entierro decente. El precio del Dios que tomó forma de siervo: “… se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios el Padre” (Filipenses 2:7-11).

ORACIÓN: Gracias, Señor, por pagar el precio de mis pecados con tu vida. Enséñame y ayúdame a amarte así como tú me has amado. Amén.

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No era necesario

No era necesario - Devocional de Cuaresma de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 11.04.2019

Leer Marcos 14:43-50

Jesús les dijo: “¿Han venido a arrestarme con espadas y palos, como si fuera yo un ladrón?” (Marcos 14:48)

Deben haber sido los objetos más innecesarios que hubo en el jardín esa noche: todas las espadas y palos que la gente había llevado para arrestar a Jesús. Como si Jesús fuera a resistirse. Como si fuera un rey terrenal tratando de ascender a costa del sacrificio de los demás.

Hasta Judas parece haberlo tenido en claro. Él fue quien eligió la señal por la cual la muchedumbre habría de saber a quién debían arrestar: y eligió hacerlo con un beso, un saludo pacífico que lo puso bien cerca de Jesús, en una posición muy vulnerable si Jesús hubiera elegido pelear.

Pero Judas tenía en claro que Jesús no lo iba a lastimar, por más traidor que fuera. Y estuvo en lo cierto. Jesús tomó un momento para sanar la oreja del sirviente del sumo sacerdote que había sido cortada por la espada de Pedro, y luego se sometió al arresto… ¡pero no sin hacer primero un comentario incisivo sobre las armas!

Dijo: “¿Han venido a arrestarme con espadas y palos, como si fuera yo un ladrón? Todos los días estuve con ustedes enseñando en el templo, y no me aprehendieron. Pero esto sucede para que se cumplan las Escrituras” (Marcos 14:48-49).

Jesús no era un ladrón que utilizaba su fuerza para robar la gloria y el poder que le pertenecían a otra persona. Él era, y es, el verdadero Rey de Israel, el Mesías, el Hijo de David. Y sí habría de ascender: ascendería a la cruz, donde su cuerpo sería quebrantado. Ni espadas ni palos eran necesarios.

Jesús vino a dar su vida por su propia voluntad. Por su propia voluntad se sometió al arresto, a la tortura y a la muerte en nuestro lugar. Y tres días más tarde resucitó de los muertos no sólo por él, sino para compartir la victoria y la vida eterna con nosotros. ¿Por qué? Porque nos ama.

ORACIÓN: Gracias, Señor, por dar tu vida por mí. Te pido que vivas en mí y a través de mí, para gloria del Padre. Amén.

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