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Belleza interior

Dios mío, por tu gran misericordia, ¡ten piedad de mí!; por tu infinita bondad, ¡borra mis rebeliones! Lávame más y más de mi maldad; ¡límpiame de mi pecado! Salmo 51:1-2

 

Muchas de las señoras que escuchan mi programa tienen alhajas hechas con perlas. ¿Sabe que las perlas son un producto del dolor? Los que saben de estas cosas me dicen que cuando una sustancia extraña, una sustancia irritante como un grano de arena, se mete dentro de una ostra, le causa dolor. Por esa razón, la ostra reviste el grano de arena con una sustancia llamada nácar. Capa tras capa, el nácar va cubriendo la sustancia irritante, produciendo, como resultado, una hermosa perla.

Esta reacción no se limita a las perlas solamente. Muchas personas maravillosas que tengo la bendición de conocer han hecho la misma cosa en sus vidas. De algún modo, el pecado y Satanás lograron introducir algo irritante en sus vidas. A veces fue algo pequeño, otras veces fue algo terrible y trágico. Bien podrían haber permitido que ese “algo” irritante los destruyera, pero no lo hicieron. En vez de entregarse a la desesperación, eligieron buscar al Señor.

Por medio de la Palabra, los sacramentos y el consuelo del Espíritu Santo, las almas que sufren reciben esperanza para sus vidas y paz en sus corazones. El Señor las cubre una y otra vez con su amor y su misericordia para que su dolor sea apaciguado y puedan vivir en tranquilidad una vez más.

Pero Dios proporciona un mejor beneficio que la mera desaparición del dolor. Una vez que estas personas han conquistado su problema por medio de la gracia de Dios, a menudo ellas descubren que una hermosa perla ha sido producida dentro de ellas y sus vidas adquieren un valor que no tenían antes.

ORACIÓN: Amado Señor que eres todo gracia y misericordia, te doy gracias porque en tu constante amor has borrado mis pecados, y por medio de la sangre de Jesús has lavado mis transgresiones. Te pido tu ayuda para conquistar las cosas irritantes que aún quedan en mi vida. Haz de mi vida un hermoso testimonio de Jesús, mi Salvador. En su nombre te lo ruego. Amén.

 

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

© Copyright 2018 Cristo Para Todas Las Naciones

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En conflicto con el mundo

Si el mundo los aborrece, sepan que a mí me ha aborrecido antes que a ustedes. Juan 15:18

 

Cuando recibimos a Jesucristo como Señor y Salvador, es probable que amigos, o incluso familiares, se pongan en contra nuestra. Pero al convertirnos en hijos de Dios, el Espíritu Santo nos da la fuerza para vivir una vida en santidad y alejarnos de las malas intenciones y acciones de quienes nos rodean. De hecho, el no estar involucrados en actividades que disgustan a Dios puede causar que, quienes se oponen a nuestra fe, nos odien aún más.

Jesucristo lo sabía. Él vino a este mundo para morir por nuestros pecados, pero aun así el mundo lo odió. Jesús dijo: “El siervo no es mayor que su señor” (Juan 15:20a). Este mundo odió a nuestro Señor, y ciertamente nos odiará a nosotros.

Al vivir vidas santificadas y servir a Jesucristo, somos bendecidos. Está escrito: “Bienaventurados serán ustedes cuando, por causa del Hijo del Hombre, la gente los odie, los segregue, los vitupere, y menosprecie su nombre como algo malo” (Lucas 6:22).

Si el mundo los odia, no se desanimen. Confíen en la guía del Espíritu Santo, perseveren en la lectura de la Palabra de Dios y tengan presente el premio que los aguarda en el cielo y que es suyo a través de la fe en Jesucristo. “Por causa de mi nombre todo el mundo los odiará a ustedes, pero el que resista hasta el fin, se salvará” (Marcos 13:13).

Esta es la promesa que Dios nos ha dado.

ORACIÓN: Padre celestial, gracias por la fuerza que nos ayuda a mantenernos firmes frente a la persecución del mundo. Gracias por las bendiciones que nos otorgas cuando somos odiados por los hombres. Protégenos con tus brazos poderosos y danos paz. En el nombre de Jesucristo. Amén.

 

Biografía del autor: Esta devoción fue escrita por un voluntario de las oficinas de Cristo Para Todas Las Naciones en Vietnam.

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

 

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Hablar bien

Hermanos, no hablen mal los unos de los otros. El que habla mal del hermano y lo juzga, habla mal de la ley y juzga a la ley. Y si tú juzgas a la ley, te eriges en juez de la ley, y no en alguien que debe cumplirla. Santiago 4:11

 

Una de las partes más fáciles de memorizar para los confirmandos es lo que dice el octavo mandamiento: “No darás falso testimonio contra tu prójimo”.

Eso es lo que Santiago dijo hace unos cuantos siglos, pues quería que supiéramos que, como cristianos, debemos abstenernos de hablar mal de los demás.

Pero los creadores de un cierto sitio en Internet no piensan igual. En tal sitio está permitido decir lo que uno quiera, de quien quiera.

Si su jefe no le cae bien allí puede descargarse, diciendo todo lo que piensa acerca de él.

Si no está satisfecho con la atención de su médico, dentista o pastor, ese es el lugar donde podrá decir lo que quiera acerca de ellos.

Y no sólo eso. Todo lo que dice, lo puede decir en forma anónima y nadie puede rastrear sus comentarios y descubrir que fue usted. Más aún, usted puede decir todo lo que quiera, porque nadie podrá removerlo.

Ese sitio permite a cada pecador tirar la primera piedra a alguien más; permite a todo el mundo convertirse en policía, acusador, juez y jurado de la reputación de otra persona.

Es verdad que allí también se puede elogiar a alguien, pero no son muchas las personas que escriben elogios. La mayoría de las veces, la gente prefiere diseminar chismes y escuchar lo malo en vez de lo bueno.

Cuando Jesús estuvo en la tierra, y a pesar de ser perfecto, la gente dijo toda clase de mentiras acerca de él: que estaba conectado con el demonio, que era un insurrecto, un blasfemo y un mentiroso.

Los cristianos sabemos que Jesús no era ninguna de esas cosas… Él fue el Hijo de Dios enviado con la misión de ofrecerse a sí mismo como rescate por nuestras almas pecadoras. Su obra, cumplida en la cruz del calvario y confirmada con la tumba vacía, es el plan de Dios que nos da perdón y la eternidad en el cielo.

En agradecimiento al Señor, quien se ofreció a sí mismo por nosotros, tratemos de seguir la exhortación de Santiago y abstengámonos de hablar mal de los demás.

ORACIÓN: Señor Jesús, aunque somos pecadores en pensamientos, palabras y obras, nos amaste lo suficiente como para entrar a este mundo y dar tu vida para salvar la nuestra. Permite que, en agradecimiento por el perdón obtenido con tu gran sacrificio, hablemos bien de los demás y demos testimonio de lo que tú has logrado en la cruz y en la tumba vacía. En tu nombre. Amén.

 

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

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Falta de cortesía

En vez de eso, sean bondadosos y misericordiosos, y perdónense unos a otros, así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo. Efesios 4:32

 

El tráfico puede ser un problema en una ciudad grande. Esto es especialmente cierto cuando un peatón se encuentra con un conductor rudo.

Eso ocurrió la semana pasada. La luz del semáforo estaba en rojo y un automóvil sólo se detuvo en medio del cruce peatonal, haciendo que los peatones, como yo , nos viéramos forzados a rodear el auto para cruzar la calle.

No era nada grave, pero sí totalmente innecesario, y además agravado por el hecho de que el conductor se reía de nosotros.

De pronto vi que una jovencita hizo algo para enervar la furia del conductor, lo cual dejó perplejos a los otros peatones: abrió la puerta trasera del automóvil, se metió en él y salió por el otro lado, dejando ambas puertas abiertas.

La falta de cortesía está a la orden del día.

Nos encontramos con personas que piensan sólo en ellas mismas, sin ninguna consideración por los demás, y muchas veces las ignoramos. Pero a veces, como esa jovencita, queremos pagar ojo por ojo ahí mismo en el instante. La venganza es muy dulce, pero también muy triste.

Después de todo, nosotros no actuamos como niñitos pequeños cuyas acciones van en aumento: del insulto se pasa al empujón y del empujón se va a los puños. Ni somos como algunos de los países del mundo que tienen que hacer dos bombas porque otro país hizo una.

¿Dónde se detiene?

El Señor sabe que debe detenerse con el perdón. El perdón que recibimos del Salvador crucificado y resucitado es el mismo que debemos compartir con otros. Aun si, y especialmente si lo que se busca es la venganza, lo mejor es perdonar.

Eso es lo que el texto bíblico de hoy nos dice: perdonemos así como fuimos perdonados.

ORACIÓN: Padre celestial, es mejor perdonar cuando otros nos han herido. Ayúdanos a ser generosos para dar lo que Jesús tan misericordiosamente nos ofreció: el perdón por nuestros pecados. En el nombre de Jesús te lo pedimos. Amén.

 

De una devoción escrita originalmente para “By the Way”

Publicado en Paraelcamino.com

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¿Cuántas veces debo perdonar?

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” Jesús le dijo: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” Mateo 18:21-22 (RVR 1995)

 

El titular decía: “Teléfonos celulares: peligrosos”.

Casi no leo la historia, porque todos hemos visto personas conduciendo sus automóviles peligrosamente por estar conversando en sus celulares sin prestar atención al tráfico.

Pero esta vez se trataba de un hombre que, sin querer, llamó a un número equivocado. Aparentemente, la persona que recibió la llamada se enojó y lo insultó a través de un mensaje de texto. Un segundo después, el primer hombre le devolvió el insulto con otro mensaje de texto.

A los pocos minutos se encontraron los dos en un estacionamiento para arreglar el asunto. Como resultado, uno de ellos fue arrestado por la policía y el otro fue llevado al hospital en condición crítica debido a una herida de bala.

Parece de película. Por haber llamado a un número equivocado, un hombre pierde su libertad y otro casi pierde su vida.

¿Dónde está el concepto del perdón? Recuerde, no hablo de perdonar setenta veces siete, ni siquiera de perdonar siete veces.

Estos individuos no pudieron perdonar al otro… ni siquiera una vez.

Honestamente hablando, a la mayoría de nosotros nos es muy difícil perdonar. ¿Se puede imaginar perdonando a alguien por algo una vez, y luego seguir perdonando a esa misma persona por lo mismo otra vez y otra, y otra?

¿Le parece demasiado? Mi amigo, en este punto está apenas a la mitad del camino del número de veces que Pedro sugirió y no está ni siquiera cerca de lo que dice el Salvador.

Y si honestamente se pregunta quién es capaz de perdonar setenta veces siete, tengo una respuesta igualmente honesta: Jesús puede… y lo hace.

Lea las Escrituras y encontrará a Jesús sanando a los que tienen necesidades físicas y perdonando a los que tienen cargas espirituales. Lea las Escrituras y verá al Cristo crucificado perdonando a los que lo crucificaron.

Y si no tiene una Biblia a mano, entonces mírese a sí mismo. ¿Cuántos pecados ha cometido una y otra vez? ¿Está Jesús llevando la cuenta de los pecados que usted comete? Yo creo que no. Su sacrificio, su muerte y su resurrección, dicen que él ya tomó control de la situación.

ORACIÓN: Querido Señor, perdóname por todas las veces que creí que podía cuidarme a mí mismo, porque no puedo, especialmente cuando me enojo o me siento burlado o desatendido. Ayúdame a controlar mi temperamento y a ser un testigo firme de ti y de tu amor. En el nombre de Jesús. Amén.

 

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

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Dios sí sabe adónde vamos

Más bien, confórmense con lo que ahora tienen, porque Dios ha dicho: «No te desampararé, ni te abandonaré». Así que podemos decir con toda confianza: «El Señor es quien me ayuda; no temeré lo que pueda hacerme el hombre» Hebreos 13:5b-6

 

Una vez, un hombre joven muy pobre fue a Londres, donde conoció a una joven de la nobleza… una joven dama quien, además, tenía mucho dinero.

Ellos se enamoraron y ella decidió ir a hablar con su padre para que le permitiera casarse con él. Muy preocupado, su padre respondió: “No sabes nada de él, ni de dónde viene.” “Es verdad”, admitió ella, “no sé de dónde viene, pero sé a dónde va, y quiero ir con él”.

¿Sabe usted a dónde va? Y si es así, ¿cuántos piensan que su decisión es suficientemente buena como para querer acompañarlo?

La verdad es que muchos no saben a dónde van. Sabemos si vamos al trabajo o al mercado, pero ¿sabemos a dónde vamos en nuestra vida? A veces puede ser muy complicado. Quizás empezamos yendo en una dirección, pero perdemos el trabajo, o se nos muere un amigo, o los planes que teníamos se vienen abajo, y todo cambia.

Menos mal que tenemos un Dios que sabe a dónde vamos, aun si nosotros no lo sabemos. Aún más, Él promete estar a nuestro lado. Su amor, demostrado en el sacrificio y resurrección de Jesús, está presente en nuestros logros y en nuestras fallas; cuando somos desviados de nuestra meta y cuando logramos nuestros objetivos.

Es reconfortante, ¿verdad?

Es tan reconfortante, que quienes han visto el sacrificio del Salvador y creen en la grandeza y santidad de su amor, pueden decir: “Yo sé a donde va Él, y doy gracias que me lleva con Él”.

ORACIÓN: Padre celestial, te agradecemos por cuidarnos y estar con nosotros. Gracias al Salvador sabemos que no hay lugar donde tú nos olvides o nos abandones. Por ello es que no tememos al futuro. En el nombre de Jesús. Amén.

 

De una devoción escrita originalmente para “By the Way”

Publicado en Paraelcamino.com

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Un regalo especial

Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios; ni es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie. Efesios 2:8-9

 

Un periódico vietnamita publicó el siguiente artículo:

“Un joven prisionero había sido asignado a la torre para vigilar los campos que rodean la prisión. Temprano por la mañana, notó que el área se estaba inundando por el crecimiento de las aguas. Desde la torre vio una pequeña casa rodeada de agua, en cuyo techo había paradas once personas. El joven prisionero saltó desde la torre y nadó hacia la pequeña casa. Luego de nadar con esfuerzo por algún tiempo, logró traer a las once personas sanas y salvas a la torre”.

El artículo también decía que el gobierno de Vietnam había decidido liberar al joven prisionero como premio por su buena acción.

Al igual que ese joven, nosotros también hemos sido liberados de una prisión: la prisión de Satanás. Y no por nuestro propio mérito, sino por la gracia de Dios, quien envió a su hijo Jesucristo a este mundo para sufrir el castigo que nosotros merecíamos por nuestros pecados.

Nosotros no podemos hacer nada para salvarnos a nosotros mismos de la esclavitud del pecado: “Ciertamente, la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios; ni es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie”, dice la Escritura para el día de hoy.

Si Dios hubiera requerido de nosotros buenas acciones para nuestra salvación, estaríamos perdidos. ¡Qué maravilloso regalo el que Él nos ha dado!

El gobierno de Vietnam perdonó al prisionero por su buena acción. Pero el Rey de reyes nos perdona incondicionalmente. Él no pide nada, ¡porque ese es su regalo!

ORACIÓN: Padre celestial, gracias por habernos regalado a tu único hijo Jesucristo, quien nos salvó de la inundación del pecado con su preciosa sangre. No hay nada en toda la tierra que se iguale al valor de tu regalo. No permitas que olvidemos que aún hay mucha gente sumergida en la inundación del pecado, e ilumínanos para que llevemos tu amor a quienes nos rodean. En el nombre de Jesús. Amén.

 

Autor: Doan Thanh Truc, exdirector de la oficina de Cristo Para Todas Las Naciones en la ciudad de Ho Chi Minh en Vietnam.

 

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Dios nos conoce por dentro y por fuera

Tú, Señor, diste forma a mis entrañas; ¡tú me formaste en el vientre de mi madre! Te alabo porque tus obras son formidables, porque todo lo que haces es maravilloso. ¡De esto estoy plenamente convencido! Aunque en lo íntimo me diste forma, y en lo más secreto me fui desarrollando, nada de mi cuerpo te fue desconocido. Salmo 139:13-15

 

Los restaurantes con ventanilla de drive-thru ya hace muchos años que existen, y cada vez son más los diferentes tipos de negocios que están agregando el mismo servicio de entrega directa al auto: desde un café hasta los medicamentos, parece que casi no hay límite para las cosas que se pueden hacer desde el auto a través de una ventanilla.

La última noticia es que un médico del estado de Illinois está tratando de convertir un restaurante en un consultorio médico… un consultorio médico con ventanillas de atención a los pacientes desde sus automóviles.

No me cabe duda que ese médico es mucho más visionario que yo. Cuando pienso en un examen médico desde mi automóvil a través de una ventanilla, me estremezco. Además de la parte en que el doctor dice: “abra grande la boca y diga AAAHHHH”, no hay muchas otras partes de un examen médico que quisiera que me hicieran a través de una ventanilla.

Yo quiero que mi médico me conozca. Claro, ningún doctor puede conocernos como Dios nos conoce. Como dice el salmista en la Escritura para el día de hoy, Dios nos ha conocido antes de que hubiéramos nacido. Lo maravilloso de esto es que, aunque Dios nos conoce por dentro y por fuera y sabe muy bien acerca de nuestra condición pecaminosa, igual nos ama.

A pesar de nuestros errores, a pesar de nuestras transgresiones, a pesar de nuestra perdición, Dios sigue amando a cada hombre pecador, a cada mujer pecadora, a cada niño pecador. Y para que una humanidad tan pecadora pudiera ser salvada, el Padre en el cielo mandó a su Hijo como nuestro sacrificio.

Jesús, el Perfecto, fue condenado en lugar del imperfecto. Jesús, el Santo, murió por el pecador. El Hijo de Dios fue crucificado para que la humanidad condenada pudiera ser perdonada y adoptada como hijos e hijas de Dios.

Así es como quiero ser conocido: como un hijo de Dios.

ORACIÓN: Querido Señor, antes de que naciera tú me conocías y me amabas. A pesar de conocer mi condición pecaminosa que me condenaba, enviaste a tu Hijo para que me rescatara a mí y a todos los pecadores. Haz que quienes aún no te conocen sean traídos a la fe. En el nombre de Jesús. Amén.

 

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Compromiso

Yo te amo con amor eterno. Por eso te he prolongado mi misericordia. Jeremías 31:3b

 

Dado que la mayoría de la gente se tiene en muy alta estima, muchos tienden a creer que son personas comprometidas.

Y quizás algunos lo sean, pero los años me han enseñado que no siempre es tan así. Un ejemplo de compromiso dudoso es la historia del joven que le escribió la siguiente nota a la joven de sus sueños: “Amada, por ti escalaría la montaña más alta, cruzaría a nado el ancho mar y atravesaría a pie el ardiente desierto. Querida mía, sería capaz de dar mi vida a cambio de la tuya”.

Después de uno o dos párrafos más de semejante declaración de amor, el enamorado agregó la siguiente nota: “Te veré el sábado, si no llueve”.

Esa no es más que una muestra de cuánto se comprometen hoy en día muchas personas y la mayoría de las empresas.

Así sucede que compramos productos que creemos tienen garantía total, pero luego descubrimos que la garantía sólo sirve hasta que lo usamos por primera vez. Una vez el producto está en uso, quedamos totalmente desprotegidos. ¿Por qué? Porque la empresa que lo fabricó se comprometió sólo a medias.

Y todos sabemos que un compromiso a medias no es un compromiso.

En contraste con los compromisos a medias de este mundo, quienes estamos en Cristo reconocemos haber recibido un Salvador único y maravilloso.

Jesús no hace compromisos a medias. Al contrario, sus compromisos son completos. Tan completos, que estuvo dispuesto a sufrir desolación, pena, pobreza y traición. Tan completos, que estuvo dispuesto a morir en la cruz por nosotros.

Gracias a que los compromisos de Jesús fueron completos, el Domingo de Resurrección el Cristo resucitado anunció a todo el que quisiera ver y oír que la muerte y la condenación pertenecen al pasado, pues Dios ha hecho posible el perdón y la salvación.

Nuestra esperanza presente y nuestro futuro hogar en el cielo son nuestros gracias a que Cristo cumplió hasta el final su compromiso.

Gracias a la victoria de Jesús podemos orar para que, por el poder del Espíritu Santo, recibamos la fuerza para vivir nuestros días en total gratitud y compromiso con nuestro querido Señor.

ORACIÓN: Señor Jesús, gracias por tu amor incondicional y tu sacrificio misericordioso. Permite que esa gratitud se muestre en todo lo que hago, digo y pienso. En tu nombre. Amén.

 

De una devoción escrita originalmente para “By the Way”

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Fidelidad

El que es confiable en lo poco, también lo es en lo mucho; y el que no es confiable en lo poco, tampoco lo es en lo mucho. Lucas 16:10

 

De acuerdo a un artículo que leí, una señora de 68 años, originaria de Corea del Sur, es una muestra clara de lo que significa la palabra “compromiso”. Según ese artículo, esa señora:
Ha gastado $4,200 en solicitudes para dar el examen para obtener la licencia de conducir.

Después de dar 950 veces la parte escrita del examen, finalmente logró obtener el 60% necesario para aprobarlo. Ahora le falta aprobar la parte práctica para obtener su licencia de conducir.
¿Se puede imaginar dar 950 veces el mismo examen? Yo me habría rendido mucho antes de eso. Pero no esta señora, quien dice: “Creo que uno puede alcanzar sus metas si las persigue persistentemente… así que no dejen de soñar… sean fuertes y den su mejor esfuerzo.”

Lamentablemente, hay áreas en nuestra vida en las que, por más que nos esforcemos, no lograremos triunfar. Hay metas que nunca alcanzaremos… sin importar todo lo duro que tratemos de lograrlas… sin importar cuán persistentes seamos… sin importar la sinceridad con que creamos en nuestro sueño.

¿Necesita un ejemplo? Acá va uno: somos pecadores estancados en nuestra triste situación de pecadores. Una persona puede soñar con eliminar sus pecados; puede trabajar día y noche para deshacerse de ellos; puede esforzarse por llevar una vida limpia de pecado y dedicar todos sus esfuerzos a ese fin, pero aún así no lo logrará.

El tercer capítulo del Evangelio de Juan nos dice muy claramente cómo son las cosas: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Somos salvos por el amor y la gracia de Dios, no por nada que nosotros hagamos. Sólo la gracia de Dios, expresada a través del sacrificio de su hijo Jesucristo, puede salvarnos.

ORACIÓN: Amado Jesús, sin tu sacrificio estaría perdido. Con mis sueños, mi trabajo o mi dedicación nunca podría ganar el perdón y la salvación. Gracias a tu sacrificio en la cruz del calvario y a tu resurrección, soy salvo. Por todo ello te doy gracias. En tu nombre. Amén.

 

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