Él tendrá compasión - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 22/02/2019

Él tendrá compasión

Dios nos lo ha impuesto. Así que callemos y confiemos. Hundamos la cara en el polvo. Tal vez aún haya esperanza. Demos la otra mejilla a quien nos hiera. ¡Cubrámonos de afrentas! El Señor no nos abandonará para siempre; nos aflige, pero en su gran bondad también nos compadece. No es la voluntad del Señor afligirnos ni entristecernos.

Lamentaciones 3:28-33

 

 

Jeremías estaba aprendiendo, como lo había hecho Isaías, que Dios dice: “Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni son sus caminos mis caminos. Así como los cielos son más altos que la tierra, también mis caminos y mis pensamientos son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes” (Isaías 55: 8-9).

 

Estaba aprendiendo por experiencia personal lo que el salmista ya sabía: que los caminos de Dios son imposibles de descubrir. Por más astutos y perspicaces que seamos o tratemos de ser, siempre hay un misterio que trasciende nuestra comprensión de lo que nos sucede. Esto no es un pensamiento consuelo, sino más bien es reconocer que la finitud del hombre nunca podrá aprehender lo infinito; que lo que Dios tiene en mente, los patrones maestros que Él está tejiendo, siempre es mayor que lo que podamos comprender.

 

Somos “santos sufrientes”. Podemos decir que la injusticia parece estar caminando sobre la faz de la tierra. Lo primero que comienza a suceder con los santos sufrientes es que en medio de todo, y al igual que Jeremías, debemos reconocer el propósito de Dios. Ningún ser humano, gobierno, sínodo o empresa que se interponga ante Dios permanecerá para siempre. Cuando el Antiguo Testamento habla del temblor de los cimientos, es porque el Primer Mandamiento puede convertirse nuevamente en el mandamiento gobernante, amándolo a Él en primer lugar y por sobre todas las cosas.

 

Jeremías no anduvo predicando una especie de pensamiento positivo del Evangelio de “ten esperanza, no importa lo mal que se vean las cosas”. Él siempre tuvo esperanza en Dios, pues se dio cuenta de que Dios es el proveedor de todas las cosas, el Rey de todos los reyes, y el Señor de todos los señores. Cuando comenzamos a confiar en algo que no es Dios, Él va a permitir que algo suceda para que, en medio de eso, Él sea revelado como el único Rey que reina por siempre. Reconoce, entonces, que Dios siempre tiene un propósito, y espera en él.

 

También se nos recuerda que otra razón por la que esperamos en Dios es que el sufrimiento que consideramos tan malo, el sufrimiento que termina en la muerte y que nos separa de quienes más nos importan, tiene lugar bajo el mismo Dios quien, aunque hace caer los imperios humanos, nos mantiene seguros en su hijo Jesucristo. Las historias de resurrección de la hija de Jairo, de Lázaro y de su Jesús mismo nos recuerdan que Él tiene la victoria sobre la muerte. Y esa victoria que da también a sus “santos sufrientes”.

 

ORACIÓN: Padre celestial, aunque la vida a veces puede parecer sombría, en tu Hijo, nuestro último vencedor, tenemos confianza para esta vida y la vida venidera. En el Nombre de Jesús oramos. Amén.

 

 

Rev. Edward Wessling

 

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Buenas nuevas, en primer lugar

Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades se los llevaban, y él ponía sus manos sobre cada uno de ellos y los sanaba. También de muchos salían demonios, los cuales gritaban: «¡Tú eres el Hijo de Dios!»… Al llegar el día, Jesús salió y se fue a un lugar apartado. La gente lo buscaba, y cuando lo encontraron intentaron retenerlo para que no se alejara de ellos; pero él les dijo: «También es necesario que yo anuncie en otras ciudades las buenas noticias del reino de Dios, porque para esto he sido enviado». Y siguió predicando en las sinagogas de esa región.

Lucas 4:40-41a, 42-44

 

 

En el pasaje de hoy dice: “La gente lo buscaba [a Jesús], y cuando lo encontraron intentaron retenerlo para que no se alejara de ellos”. Yo haría lo mismo: me encantaría mantener a Jesús permanentemente cerca, siempre a mano, siempre disponible para hacer milagros de sanación y expulsar demonios. Entiendo perfectamente por qué la multitud quería impedir que se fuera a otro lugar.

 

Si somos honestos, nos gustaría hacer lo mismo, ¿no es cierto? Es natural que valoremos mucho la salud. Quizás estamos enfermos, y eso es muy difícil de soportar, especialmente si la enfermedad implica dolor o nos impide hacer las cosas que necesitamos hacer. Quizás algún ser querido está gravemente enfermo, ya sea en cuerpo o en mente. ¿A dónde más habríamos de llevarlo, sino al Señor nuestro sanador?

 

Y sin embargo. Sin embargo … cuando las personas de Capernaúm trataron de retener permanentemente a Jesús para que pudiera continuar con su ministerio de sanación, Jesús dijo: “También es necesario que yo anuncie en otras ciudades las buenas noticias del reino de Dios, porque para esto he sido enviado”. Y luego siguió su camino, enseñando y predicando sobre el reino de Dios y sobre cómo Dios había preparado un camino para que las personas sean perdonadas y salvas de su pecado.

 

Jesús pone las Buenas Nuevas en primer lugar. Si bien la sanación es claramente importante para Jesús, las Buenas Nuevas son aún más importantes. ¿Y por qué? Porque esas Buenas Nuevas nos ofrecen una sanación más profunda que va más allá de los grandes milagros que le vieron hacer en sus aldeas; una sanación que va más allá de la curación de la fiebre, más allá de la curación del cáncer, más allá de expulsar demonios. Quien confía en Jesús como Salvador, recibe una sanación que va más allá de cualquier otra cosa: la sanación de su relación con Dios y la restauración de su naturaleza humana.

 

Al ofrecerse en la cruz para quitar nuestro mal, Jesús sanó nuestra relación con Dios. Al resucitar de entre los muertos, nos abrió la puerta a la vida eterna. Y al recrearnos a través de la fe en él, nos ha hecho hijos de Dios. Ya en esta vida tenemos el comienzo de esa sanación eterna que se completará el día en que Jesús regrese a nosotros en gloria.

 

ORACIÓN: Querido Señor, ayúdame a atesorar tus Buenas Nuevas y a compartirlas con otras personas a mi alrededor. Amén.

 

 

Dr. Kari Vo

 

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Editado por CPTLN – Chile

 


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Palabras que coinciden con el testimonio - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 20/02/2019

Palabras que coinciden con el testimonio

Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal resonante, o címbalo retumbante. 1 Corintios 13:1

 

 

Así da inicio al famoso capítulo de amor el apóstol Pablo en el Nuevo Testamento: “Si yo hablara lenguas humanas y angélicas… “. Esto ciertamente sería una aspiración de Pablo: hablar con gran elocuencia y delicadeza al proclamar el Evangelio de Jesús. El pensamiento aquí es que, aún si el mensaje de Pablo fuera transmitido en las lenguas de los ángeles pero sus actos de amor fueran inexistentes, entonces sus palabras serían mero clamor y ruido.

 

¡Qué profundo es esto! Para alguien educado en las Escrituras hebreas y en la tradición rabínica como lo fue Pablo, el hablar con autoridad, desmantelar los mitos de la tradición griega y esclarecer profundas verdades del Antiguo Testamento sobre profecías cumplidas en la Persona y obra de Jesús, el poder hablar con la fuerza y el poder convincente de un ángel serían un regalo supremo del cielo.

 

Pero esto no era lo que Pablo tenía en mente al involucrar a sus hermanos corintios.

 

“Así que, hermanos, cuando fui a ustedes para anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con palabras elocuentes ni sabias. Más bien, al estar entre ustedes me propuse no saber de ninguna otra cosa, sino de Jesucristo, y de éste crucificado. Estuve entre ustedes con tanta debilidad, que temblaba yo de miedo. Ni mi palabra ni mi predicación se basaron en palabras persuasivas de sabiduría humana, sino en la demostración del Espíritu y del poder, para que la fe de ustedes no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2: 1-5).

 

Mientras Pablo viajaba miles de millas por el Mediterráneo hablando con personas e iglesias acerca de la redención encontrada en Jesús, tenía en claro que el amor debía gobernar; el amor debía ser la regla. Sin él, todo lo demás eran solo palabras, sin importar cuán finamente adornadas estuvieran.

 

En esto hay una lección para nosotros hoy. En realidad, hay una gran esperanza para nosotros hoy. Cada vez que tomamos tiempo para estudiar y reflexionar sobre la Palabra de Dios, somos ricamente bendecidos. Podemos encontrar, sin embargo, que traducir este conocimiento a la vida real puede ser difícil. Dios nos habla en su Palabra y encontramos fuerza en eso. Pero podemos encontrar que esa fuerza se desvanece cuando nos encontramos con una oportunidad real de dar testimonio de nuestra fe.

 

Ese sería un buen momento para permitir que intervenga el amor. No estamos llamados a tener todas las respuestas correctas ni a conocer cada cita de las Escrituras, pero sí estamos llamados a amar. El amor se expresa cuando estamos disponibles para los demás aun cuando es inconveniente o costoso, o nos lleva mucho tiempo. Esa clase de compromiso con otro ser humano puede tener más impacto en la imagen que vean de Cristo en ti, que tus argumentos persuasivos y referencias bíblicas.

 

Ciertamente, debemos ser cada vez más capaces de manejar la Palabra de Dios (ver 2 Timoteo 2:15), pero también debemos ser sensibles a vivir su Palabra en nuestra vida. Como dice Pablo: “… me propuse no saber de ninguna otra cosa, sino de Jesucristo, y de éste crucificado” (1 Corintios 2:2).

 

“Jesucristo, y de éste crucificado” – el mayor ejemplo de amor.

 

ORACIÓN: Querido Padre Celestial, por tu Santo Espíritu enséñanos a amar de tal manera que nuestras palabras y nuestro testimonio coincidan. En el nombre de Jesús. Amén.

 

Paul Schreiber

 

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Jesús está con nosotros - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 19/02/2019

Jesús está con nosotros

Y el Señor extendió su mano, me tocó la boca y me dijo: «Yo, el Señor, he puesto mis palabras en tu boca. Date cuenta de que este día te he puesto sobre naciones y reinos, para que arranques y destruyas, para que arruines y derribes, para que construyas y plantes» Jeremías 1:9-10

 

 

¡Pobre Jeremías! Imagina ser un joven, probablemente un adolescente, y que Dios te imponga tal responsabilidad: ser un profeta con el poder de afectar el destino de las naciones y los reinos. Debe haber sido aterrador. No es de extrañar que Jeremías se quisiera zafar, diciendo: “¡Ay, Señor! ¡Ay, Señor! ¡Date cuenta de que no sé hablar! ¡No soy más que un muchachito!”.

 

Pero Dios no lo iba a permitir: “No digas que sólo eres un muchachito, porque harás todo lo que yo te mande hacer, y dirás todo lo que te ordene que digas. No temas delante de nadie, porque yo estoy contigo y te pondré a salvo” (Jeremías 1: 6-8).

 

Puede que no enfrentemos exactamente las mismas presiones que Jeremías, pero tenemos nuestras propias responsabilidades. Quizás seamos padres o abuelos a cargo de pequeñas vidas humanas. O quizás seamos maestros o mentores de algún tipo, responsables de guiar las mentes y acciones de las personas a nuestro cuidado. Quizás seamos empleadores o gerentes, afectando el sustento de los que están bajo nosotros. O quizás hacemos un trabajo que afecta la salud pública o el bienestar financiero de las personas cuyo dinero manejamos. Incluso hasta podríamos ser funcionarios de gobierno que tomamos decisiones que afectan nuestra vida en común.

 

Sea cual sea nuestra responsabilidad, es común y útil que nos sintamos como Jeremías: “No estoy a la altura de esta tarea, Señor. No soy suficiente”. Tenemos razón al sentirnos así, porque es verdad. No somos suficientes. No podemos, en nosotros mismos, hacer el trabajo que Dios nos ha confiado.

 

Pero miremos lo que Dios hizo con Jeremías: le tocó la boca, que simbolizaba el trabajo que Jeremías estaría haciendo, y dijo: “Yo te llamé … Yo te envío … Yo estoy contigo para librarte”. Jeremías no iba a llevar a cabo su ministerio por su cuenta. Tampoco nosotros estamos haciendo nuestro trabajo por nuestra cuenta. Dios nos ha dado algo aún mayor que nuestras responsabilidades: Su presencia, Su guía y Su protección.

 

Por supuesto que nos ponemos nerviosos cuando empezamos una nueva responsabilidad. Pero Jesús está con nosotros. Él ya ha andado por donde debemos andar ahora y ha sido responsable no solo por una persona o un grupo de personas, sino por toda la humanidad. Cuando vino a la tierra para salvarnos, el destino de la raza humana estaba sobre sus hombros. Y al colgar de la cruz, en su hora más débil, soportó la carga de la culpa del pecado de todos nosotros para que, a través de su muerte, pudiéramos ser salvos. La responsabilidad fue solo suya. Ahora que ha resucitado de entre los muertos y vive para siempre junto al Padre, no cabe duda de que puede ayudarnos con las nuestras.

 

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, ayúdame con las responsabilidades que me has asignado, para que tú mismo puedas manejarlas a través de mí. Amén.

 

Dra. Kari Vo

 

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Quién es Jesús - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile. 18/02/2019

“Eres tú”

Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, y en el día de reposo entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se levantó a leer las Escrituras. Se le dio el libro del profeta Isaías, y al abrirlo encontró el texto que dice: «El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha ungido para proclamar buenas noticias a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a proclamar el año de la buena voluntad del Señor». Enrolló luego el libro, se lo dio al asistente, y se sentó. Todos en la sinagoga lo miraban fijamente. Entonces él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes.» Lucas 6:16-21

 

 

Este acontecimiento en una sinagoga de Nazaret tuvo lugar después de que Jesús regresara del desierto de Jordania a Galilea. Allí, guiado por el Espíritu Santo, Jesús había ayunado por 40 días durante los cuales fue objeto de las tentaciones de Satanás. Su regreso a Galilea fue recibido con mucha fanfarria y su predicación en las sinagogas fue alabada por todos. A esa altura, las cosas se veían bien para el hijo del carpintero. Sigue así y no tendrás opositores, deben haber pensado algunos.

 

Pero, por supuesto, el halago de los hombres era lo último que Jesús estaba buscando.

 

“Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes”, ¡por cierto una declaración sumamente audaz! Mientras que algunos se maravillaban y se acercaban para escuchar más, otros retrocedían ante la afirmación de Jesús. Casi que se los puede oír decir: “¡Perdón, pero ¿qué estás diciendo? ¿Acaso no eres un comerciante común y corriente? ¿Qué te da derecho a decir eso?!”.

 

Jesús no necesitó más para comenzar a citar textos bien conocidos de I y II Reyes (en el Antiguo Testamento) que hablan de Elías y la viuda de Sarepta y de Eliseo y el leproso de Siria, dos instancias en las cuales Dios va más allá de su pueblo elegido, llegando a gentiles cercanos que estaban dispuestos a recibirlo.

 

Pero los judíos no quisieron saber nada de eso. “Se levantaron, lo echaron fuera de la ciudad, y lo llevaron hasta la cumbre del monte sobre el que estaba edificada la ciudad, para despeñarlo” (Lucas 4:29).

 

¡Qué trágicamente triste!

 

Si supieran que ese era él, Jesús, ungido con el Espíritu Santo. Era él, Jesús, designado para proclamar preciosas buenas nuevas a los pobres y oprimidos. Era él, Aquél que proclama libertad a los cautivos, que pone en libertad a los oprimidos espiritualmente y que sana a quienes sufren físicamente. Ese era él, el Señor Jesucristo, el tan esperado Mesías de Israel, con cuya llegada se cumplían todas las expectativas proféticas.

 

ORACIÓN: Señor Jesús, abre nuestros ojos para que veamos quién eres y lo que has hecho por nosotros. En tu nombre oramos. Amén.

 

Paul Schreiber

 

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Cómo puedo ayudar - cuerpo de cristo. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 15/02/2019

¿Cómo puedo ayudar?

Pero Dios ordenó el cuerpo de tal manera, que dio mayor honor al que le faltaba, para que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocupen los unos por los otros. De manera que, si uno de los miembros padece, todos los miembros se conduelen, y si uno de los miembros recibe honores, todos los miembros se regocijan con él. 1 Corintios 12:24b-26

 

Pocas Escrituras se refieren al trabajo conjunto del cuerpo de Cristo como 1 Corintios 12.

 

Las líneas clásicas del apóstol Pablo como “Aun cuando el pie diga: Yo no soy mano, así que no soy del cuerpo”, y así sucesivamente, dan forma a nuestro pensamiento con respecto a cómo debería funcionar la iglesia y la necesidad de que todos los cristianos se unan a su funcionamiento saludable.

 

Pablo sabía tan bien como todos que los creyentes necesitan cuidarse unos a otros. La supervivencia y el crecimiento de la iglesia primitiva dependían de confiar en Dios para satisfacer sus necesidades, a la vez que los fieles eran alentados a hacer todo lo posible para ayudarse mutuamente.

 

Dado que había grupos de creyentes diseminados por el Mediterráneo desde Jerusalén hasta Roma, tenía sentido que se unieran en grupos, ya fuera en Filipos o en Corinto, en los cuales cultivar su fe y satisfacer las necesidades de sus hermanos y hermanas. Pablo menciona a menudo a los necesitados (ver Gálatas 5:13; Romanos 12: 9-13; Filipenses 2: 4) y, por supuesto, también lo hace Jesús (ver Mateo 23:11; 25: 35-40; Lucas 10: 25-37).

 

En su libro Lutero sobre la vocación, Gustaf Wingren ofrece este comentario de Lutero: “Dios no necesita nuestras buenas obras, pero nuestro prójimo sí las necesita”. Como cristianos, las buenas obras son las cosas que debemos hacer, no como una forma de merecer la salvación, sino por amor a Dios y su creación.

 

Por su parte, refiriéndose a la vocación y el servicio a nuestros prójimos, el destacado autor, erudito y profesor emérito de literatura Gene Edward Vieth, dijo lo siguiente: “En Jesucristo, quien cargó con nuestros pecados y nos da nueva vida en su resurrección, Dios nos salva para la vida eterna. Pero mientras tanto, él nos coloca en esta vida temporal donde crecemos en fe y santidad. En nuestros diversos llamamientos, como cónyuge, padre, miembro de la iglesia, ciudadano y trabajador, debemos vivir nuestra fe”.

 

ORACIÓN: Padre celestial, tú nos equipas con tu Espíritu Santo para que vivamos para los demás. Enséñanos a tomar tiempo para quienes nos rodean, dándonos a nosotros mismos y compartiendo así el amor de Jesús. En su nombre oramos. Amén.

 

Paul Schreiber

 

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El gozo del Señor_devocional. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 13/02/2019

El gozo del Señor

… le rogaron al escriba Esdras que llevara el libro de la ley de Moisés, que el Señor le había dado al pueblo de Israel…
…Y es que la lectura de la ley se hacía con mucha claridad, y se recalcaba todo el sentido, de modo que el pueblo pudiera entender lo que escuchaba.
Como todo el pueblo lloraba al escuchar las palabras de la ley, el gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras, y los levitas que explicaban al pueblo el sentido de la ley, dijeron: “Este día está consagrado al Señor, nuestro Dios. No hay razón para que lloren y se pongan tristes”.
También dijeron: “Vayan y coman bien, y tomen un buen vino, pero compartan todo con los que nada tienen. Este día está consagrado a nuestro Señor, así que no estén tristes. El gozo del Señor es nuestra fuerza” (Nehemías 8:1, 8-10).

 

Debo admitir que hay algunas partes de la Biblia que no me gusta leer o escuchar en la iglesia. Chocante, ¿no es cierto? Pero cada vez que las leo, me hacen sentir culpable. Reconozco todos mis pecados y culpa, y ese no es un sentimiento para nada agradable.

 

Las personas en el pasaje de arriba están casi en el mismo bote. Se trata de los israelitas que habían regresado del exilio. Ellos sabían bien su propia historia: cómo el pueblo de Israel tenía la Ley de Dios pero había desobedecido tan a menudo y tan obstinadamente, que finalmente Dios permitió que sus enemigos los vencieran y se los llevaran prisioneros a una tierra extraña en la cual vivieron durante 70 años. Ahora que finalmente están de regreso en su propia tierra, están tratando de reconstruir. Pero no es fácil.

 

Solo imagina lo que es estar en una ciudad que ha sido destruida al punto que parece que hubiera sido bombardeada. El templo había sido quemado; la muralla de la ciudad había sido derribada. Había montones de piedras apiladas por todas partes, al igual que madera quemada. Las casas necesitaban muchos arreglos para volver a ser seguras y evitar que entrara la lluvia. Y todo eso era el resultado de quebrar las leyes de Dios. ¡No es de extrañar, entonces, que las personas lloraran al escuchar las palabras de la Ley de Dios!

 

Pero sus líderes, Nehemías y Esdras, los detienen diciéndoles: “No lloren. Vayan a casa; coman bien y beban vino dulce. Sean feliz y celebren; el gozo del Señor es nuestra fortaleza“.

 

¿A qué se referían con eso? Simplemente, a que no debemos quedarnos en el arrepentimiento. Sí, es cierto que debemos lamentarnos cuando pecamos. Pero luego debemos tomar el siguiente paso, que es recibir la misericordia de Dios.

 

Necesitamos reconocer que, a través de nuestro salvador Jesucristo, Dios ha perdonado todos nuestros pecados y nos ha reconciliado consigo mismo. Ya no somos enemigos de Dios. Jesús ha llevado nuestros pecados a su cruz. Ya no estamos muertos en nuestros pecados; estamos vivos para Dios en nuestro Señor Jesús resucitado.

Está bien que celebremos y seamos felices, pues Dios nos ha dado paz y gozo con Él para siempre.

 

ORACIÓN: Querido Señor, ayúdame a confiar en tu perdón y a ser feliz en tu amor. Amén.

 

Dra. Kari Vo

 

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Jesús está esperando por ti. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 11/02/2019

Esperando por ti

El Señor no se tarda para cumplir su promesa, como algunos piensan, sino que nos tiene paciencia y no quiere que ninguno se pierda, sino que todos se vuelvan a él. 2 Pedro 3:9

 

A menudo se dice que, si sabes de lo que estás hablando, puedes expresar tu opinión en 30 segundos o menos. Advertencia: esto se vuelve personal y puede tardar un poco más de 30 segundos.

 

Aquí va: por más potencial para hacer el bien que veas en ti mismo y en el mundo, estás arruinado de manera irrevocable. Por más que lo intentes, estás destinado a fallar; y solo intentarlo no es suficiente. ¡El Dios que te creó y te ama exige perfección! Cuando Adán y Eva desobedecieron en el jardín, trayendo el mal al mundo, recibieron la sentencia de muerte para ti, para mí y para todos los seres humanos.

 

En su carta a los Romanos, el apóstol Pablo lo expresa de esta manera: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un solo hombre, y por medio del pecado entró la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12).

 

¡Guau! Esto es totalmente deprimente, pero no termina ahí, con nosotros desapareciendo hasta perdernos por completo.

 

Es que Dios nos amó tanto, que inmediatamente prometió enviar un salvador: su propio Hijo, quien era perfecto (ver Génesis 3:15). Esa promesa se cumplió hace 2.000 años cuando Jesús nació en Belén, vivió en este mundo como Dios y como hombre, murió en una cruz por nuestros pecados, resucitó de entre los muertos y ahora reina a la diestra de Dios Padre.

 

Entonces, por la gracia de Dios, hay una manera de salir de la situación en la que nos encontramos por causa del pecado. Es tan simple como aceptar un regalo porque, de hecho, eso es lo que es. Escuchemos otra vez a Pablo: “Pero el pecado de Adán no puede compararse con el don de Dios. Pues si por el pecado de un solo hombre muchos murieron, la gracia y el don que Dios nos dio por medio de un solo hombre, Jesucristo, abundaron para el bien de muchos” (Romanos 5:15).

 

¿Qué hay de tan importante en este Jesucristo? Que Jesús está aquí para ti, en vez de que tú estés aquí para algún otro dios. Es así de simple. No se trata de lo que tú hagas por un poder superior para ganarte un favor o lograr la iluminación. Se trata de lo que Jesús, el Hijo de Dios, hizo al dar su vida por ti para que puedas recibir su paz para los altibajos de hoy y, lo que es más importante, para que tengas vida con él en el cielo para siempre.

 

Entonces, ¿qué piensas de Jesús y de todo lo que él ha hecho? ¿Estás enojado, feliz, lleno de preguntas? Puedes hablar con él. Usa tus propias palabras. Él no espera nada sofisticado. Él está dispuesto a escucharte. Él te está esperando.

 

ORACIÓN: Padre celestial, la vida, muerte y resurrección de tu hijo Jesucristo tienen el poder de transformarnos a través del don de la fe. Gracias por Jesús, tu regalo inefable. En su nombre. Amén.

 

 

Adaptación del folleto escrito por Tara Mulder, “Aquí: estás aquí en el plan de Dios”.

 

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Solucionando problemas. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 08/02/2019

Solucionando problemas

Al tercer día se celebraron unas bodas en Caná de Galilea; y allí estaba la madre de Jesús. También Jesús y sus discípulos fueron invitados a la boda. Cuando se terminó el vino, la madre de Jesús le dijo: “Ya no tienen vino.” Jesús le dijo: “¿Qué tienes conmigo, mujer? Mi hora aún no ha llegado.” Su madre dijo a los que servían: “Hagan todo lo que él les diga.” (Juan 2:1-5)

 

Me encanta la historia de Jesús en la boda en Caná, cuando María menciona el problema del vino a Jesús: ¿por qué, exactamente? Hasta este punto él no ha hecho milagros (ver Juan 2:11), por lo que ella probablemente no espera uno. ¿Tenía la reputación de arreglar problemas difíciles? Es evidente que ella tiene mucha fe en él.

 

Jesús reacciona a la insinuación de su madre con desconcierto: “¿Qué tienes conmigo, mujer? Mi hora aún no ha llegado”.

 

La última oración es un poco enigmática, pero ciertamente quiere decir “No”. Estoy segura de que María también la escuchó. Sin embargo, ella conoce bien a su Hijo. Entonces, en lugar de discutir o rendirse, simplemente se dirige a los sirvientes: “Hagan todo lo que él les diga”. Y se va, dejando el problema en las manos de Jesús.

 

¡Qué elección sabia! Y, así como lo previó María, Jesús se pone a trabajar en el problema… aunque quizás no exactamente en la forma en que ella esperaba. Jesús obra su primer milagro. Pero no lo hace por su cuenta, haciendo que los odres se llenen mágicamente de agua o vino. No, Jesús tiene una idea mejor. Él involucra a los sirvientes para que ellos sean parte del milagro. “Llenen de agua estas tinajas”, les dice, y ellos lo hacen, hasta el borde, aunque no saben por qué, por supuesto. Jesús les pidió que lo hicieran, y eso fue suficiente. Luego, Jesús les dice que saquen un poco y se lo lleven al encargado de la fiesta para que lo beba. Esto debe haber sido un poco más aterrador. ¿Qué hará el encargado cuando se encuentre con una copa llena de agua para lavarse las manos?

 

Pero lo hacen y todo sale bien; de hecho, más que bien. ¡El agua era el mejor vino! Los sirvientes dejan escapar un suspiro de alivio, María sin duda sonrió y el banquete de bodas siguió con toda normalidad.

 

Este es un buen ejemplo a seguir cuando nos encontramos con problemas en nuestra propia vida, ¿no es cierto? Como María, podemos llevar nuestras necesidades a Jesús, incluso las cosas extrañas o las que parecen no tener ninguna dimensión espiritual. Es posible que no tengamos idea de cómo solucionar el problema, o que no sepamos qué orar. No importa. Podemos dejarlo en manos de Jesús, sabiendo que él hará lo que sea mejor. ¡Siempre lo ha hecho antes!

 

Pero hay más. Porque muy a menudo Jesús nos incluye en la solución de esos problemas, tal como involucró a los sirvientes en Caná. “Hagan esto y aquello”, nos dice, y nos vamos a hacerlo, ya sea que le prestemos dinero a alguien, que hagamos llamadas telefónicas en su nombre, que escuchemos durante horas a una persona con problemas o cualquier otra acción amorosa. Le obedecemos y confiamos en que él resolverá las cosas. Después de todo, ¡aquel que murió y resucitó para salvarnos para siempre, sin duda se preocupará por los problemas más pequeños en nuestras vidas!

 

ORACIÓN: Señor, cuando haya problemas en mi vida, por favor ayúdame. Amén.

 

Dr. Kari Vo

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En guerra con el mundo - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile. 07/02/2019

En guerra con el mundo

Ustedes saben que, cuando no eran creyentes, eran arrastrados hacia los ídolos mudos. (1 Corintios 12:2)

 

 

La palabra que Pablo usa en el original para “no creyentes” es “paganos”, un término muy interesante que evoca todo tipo de cosas, como estrellas de cinco puntas y éxtasis religioso, hedonismo e idolatría. Uno podría pensar en un grupo de brujas con túnicas negras que practican algún ritual secreto en lo profundo del bosque. Las prácticas de animismo o incluso satanismo vienen a la mente.

 

En los días del apóstol Pablo, un pagano era un gentil que no era ni cristiano ni judío, y que seguía una de las religiones politeístas o misteriosas en boga en el primer siglo, ya fuera en Grecia o Palestina. Los cultos paganos griegos eran bien conocidos por sus prodigiosos ídolos y los magníficos templos que albergaban a sus dioses. Sin duda, Pablo tenía una gran tarea por delante en la rica y cosmopolita metrópolis de Corinto, donde el paganismo estaba en pleno apogeo.

 

Aunque la magnitud del paganismo griego antiguo no es la norma en los Estados Unidos, me pregunto qué tendría que decir el apóstol sobre el estado actual de nuestras cosas. Con toda nuestra sofisticación de alta tecnología, artilugios y diversiones, nosotros, como aquellos que vivieron en un mundo de 10.000 dioses, estamos siendo tentados por todos lados, a menudo insensibles a las cosas de Dios, saturados con el mundo y la egolatría que tan hábilmente destaca y reafirma.

 

De manera similar, en un momento el mismo Pablo estuvo preocupado con las cosas mundanas: “Fui circuncidado al octavo día, y soy del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín; soy hebreo de hebreos y, en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que se basa en la ley, irreprensible” (Filipenses 3:5-6). Estas son credenciales excepcionales. “La vida es buena”, debe haber pensado. “Tengo todo en orden”, debe haber reflexionado secretamente, adorándose a sí mismo y a la profesión “justa” a la que se dedicaba.

 

Pero gracias a Dios, esas cargas que engañan al alma fueron quitadas de su espalda y arrojadas al basurero como tantos otros ídolos.

 

“Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida, por amor de Cristo. Y a decir verdad, incluso estimo todo como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por su amor lo he perdido todo, y lo veo como basura, para ganar a Cristo y ser hallado en él, no por tener mi propia justicia, que viene por la ley, sino por tener la justicia que es de Dios y que viene por la fe, la fe en Cristo; a fin de conocer a Cristo y el poder de su resurrección, y de participar de sus padecimientos, para llegar a ser semejante a él en su muerte, si es que de alguna manera llego a la resurrección de entre los muertos” (Filipenses 3:7-11).

 

Señor, presérvanos de las cosas que desvían nuestra atención de ti, en cualquier forma que se nos presenten.

 

ORACIÓN: Padre celestial, sin la luz de tu Hijo estamos destinados a seguir a un “ídolo” tras otro. Acércanos a ti por el poder del Espíritu Santo y afirma nuestros corazones en Jesús. En su nombre oramos. Amén.

 

Paul Schreiber

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