¿Salvados cómo? - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 30/01/2019

¿Salvados cómo?

No temas, Jacob, porque yo te redimí; yo te di tu nombre, Israel, y tú me perteneces. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni las llamas arderán en ti. Yo soy el Señor, tu Dios. Yo soy tu salvador, el Santo de Israel. (Isaías 43:1b-3a)

 

Una de las cosas más difíciles de explicar a quien no es cristiano, al menos para mí, es lo que queremos decir cuando comentamos que Dios nos salva.

 

No me refiero a todo el tema de que Jesús murió por nosotros para que podamos ser perdonados y no tengamos que preocuparnos de ir al infierno. Me refiero a la experiencia día a día, hora a hora, de tener a Jesús como nuestro Salvador, de experimentar su ayuda, de conocerlo como nuestro Redentor.

 

Para quienes no son cristianos eso es algo raro, pues ven que le pedimos ayuda a Dios y le damos gracias pero, sin embargo, por lo que ellos pueden ver, pasamos por las mismas dificultades que ellos: nuestros seres queridos mueren, nos enfermamos del corazón o contraemos cáncer, perdemos el empleo, sufrimos accidentes automovilísticos, padecemos enfermedades mentales. Si Dios es nuestro Salvador, ¿de qué exactamente nos está salvando? ¿Qué clase de salvación está haciendo?

 

Difícilmente podemos culparlos por preguntar.

 

El profeta Isaías nos provee las palabras para lo que como cristianos ya conocemos, pero no podemos expresar. Dios dice a través de Isaías: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni las llamas arderán en ti”.

 

Fíjate en lo que Dios no dice. Él no dice: “Cuando pases por las aguas las separaré para que puedas atravesar sin mojarte”. Dios hizo eso por el pueblo de Israel cuando estaban huyendo de los egipcios, pero nunca prometió hacerlo por nosotros. Nuevamente, observa que dice: “Cuando pases por el fuego, no te quemarás”. Él nunca dice: “Haré que el fuego se apague, ¡pafffff! antes de que pongas tus pies en él”.

 

No, Dios nunca promete que evitará que tengamos experiencias terribles. Él promete salvarnos a través de ellas para evitar que nos destruyan. Y nos promete que no estaremos solos: él estará con nosotros cada día hasta el fin de nuestras vidas.

 

Puede que esto no le diga mucho a quien no es cristiano. Pero para un creyente esto significa todo.

 

No estamos solos; Dios no nos ha abandonado. No tenemos que lograr nada por nuestra propia cuenta. Incluso cuando enfrentemos la muerte, lo haremos con Dios a nuestro lado, con Jesús a la cabeza. Después de todo, él es el quien experimentó el sufrimiento y la muerte, y salió victorioso. Él conoce el camino, por lo que, cuando estamos con él, no debemos tener miedo. ¿Podríamos estar en mejores manos?

 

ORACIÓN: Querido Señor, cuando deba sufrir, ayúdame a confiar en que tú estás conmigo y me cuidarás. Amén.

 

Dra. Kari Vo

 

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Cuál va a ser tu legado - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 29/01/2019

¿Cuál va a ser tu legado?

Tú, Señor mi Dios, eres mi esperanza; tú me has dado seguridad desde mi juventud… No me deseches cuando llegue a la vejez; no me desampares cuando mis fuerzas se acaben. Salmo 71:5, 9

 

La abuela solía decir con un acento alemán: “¡Nos volvemos viejos demasiado pronto e inteligentes demasiado tarde!”.

 

Entre los 20 y 40 años somos invencibles. Si tenemos que hacer alguna corrección en nuestra vida, aún nos queda mucho tiempo; no hay problema. Luego llegan los 50 y la montaña rusa de la vida se acelera. Volamos por las curvas y nos sumergimos en el túnel, saliendo por el otro lado con frenos estridentes que nos deslizan hasta los 60 años. La edad de oro de la jubilación se abre ante nosotros. No puede ser. ¡No estoy listo para la jubilación, mucho menos para la tumba!

 

Pero cuando la muerte se apodera de nuestros padres junto con los hermanos mayores, los tíos, las tías y los primos, nos damos cuenta que, en el orden de la vida, no podemos estar muy lejos. Entonces comenzamos a reflexionar seriamente sobre nuestro legado, nuestras relaciones con la familia, el trabajo y la sociedad. Pensamos en el bien que creemos haber hecho, en el bien que soñamos con hacer y en el que nunca hicimos. Nos preguntamos cómo seremos recordados.

 

El salmista mira la vida desde otro ángulo: alaba al Señor por su constante salvación. “¡Mi roca y mi fortaleza! ¡No me abandones!”. Espera con certeza que, incluso a través de grandes y graves problemas, Dios lo revivirá una vez más. Desde el vientre de su madre, el Señor lo llevó a la luz del día. Desde su juventud, el Señor ha sido su confianza. Ahora en su vejez, tiene una última petición: “¡Oh Señor, cuando la vejez destruya mis fuerzas, no me desampares!”.

 

Aquí está el legado más grande que un cristiano puede dejar en la tierra: ser conocido por otros como alguien que confiaba en el Señor tanto en los días buenos como en los malos, en el sol y en la tormenta, al principio y al final de la vida. “Esta es la obra de Dios”, dijo Jesús, “que crean en aquel que él ha enviado” (Juan 6: 29b). Cristo es la obra principal. De él fluyen nuestro legado, nuestras obras, nuestra profesión, nuestra vida medida en días de dolor y tristeza, alegría y esperanza, fortaleza y debilidad.

 

La vejez tiene una característica principal: la debilidad. Las rodillas se debilitan, la espalda se debilita, el estómago se debilita, las articulaciones duelen y los músculos se atrofian.

 

La vejez puede ser una época de interminables quejas y protestas contra nuestro Creador. Eso es exactamente lo que hacen muchos cristianos. O bien, la vejez puede ser el amanecer de una nueva actitud gloriosa hacia la vida.

 

Toda nuestra vida hemos confiado en nosotros mismos para hacer el trabajo. Si bien le dimos a Dios el crédito por nuestro éxito, nuestro corazón reservó una gran parte para nosotros. Ahora, en la vejez, cuando nuestra fuerza va disminuyendo lentamente, solo nos queda una súplica: “¡Querido Señor, no me desampares en mi vejez! Deja que mi legado sea que confíe en ti hasta mi último aliento”.

 

ORACIÓN: Padre celestial, enséñame hoy, antes de que los cabellos grises adornen mi cabeza, que el mayor legado que puedo dejar a mi familia es confiar en Ti para todas las cosas. Amén.

 

 

Dr. Mark Schreiber

 

 

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El regalo que compartimos - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 28/01/2019

El regalo que compartimos

Ponga cada uno al servicio de los demás el don que haya recibido, y sea un buen administrador de la gracia de Dios en sus diferentes manifestaciones. Cuando hable alguno, hágalo ciñéndose a las palabras de Dios; cuando alguno sirva, hágalo según el poder que Dios le haya dado, para que Dios sea glorificado en todo por medio de Jesucristo, de quien son la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. 1 Pedro 4:10-11

 

 

El supermercado tenía 21 cajas, pero solo tres estaban abiertas y yo estaba al final de una larga fila de personas. He estado allí muchas veces, pero no recuerdo que alguna vez las 21 cajas estuvieran abiertas.

 

Por supuesto que este no es un problema exclusivo de los supermercados. En las grandes tiendas sucede lo mismo y en los bancos es común ver los consabidos letreros: “La próxima ventana, por favor”.

 

Más recientemente, me irrité cuando subí las escaleras de un edificio público cargando un montón de cajas, solo para encontrarme con pequeños carteles colgados de cadenas en cada una de las siete puertas, que decían: “Por favor, use la puerta de la calle Yuma”.

Se me ocurre que los mostradores de servicio deberían ser usados para esos fines, ¿no? Sé que debe haber alguna razón lógica para las señales y barreras y supongo que en algún momento se utilizarán todas las entradas y salidas, pero nunca lo he experimentado.

 

Pero así somos también las personas, ¿no es cierto?

 

Tenemos dones y habilidades para usar al servicio de Dios y de nuestro prójimo y se nos presentan muchas oportunidades para servir. Pero, consciente o inconscientemente, colgamos pequeños letreros: “No estoy disponible en este momento”, “Vea a otra persona”, “Estoy muy ocupado”, “Vuelva más tarde”, “Lo siento, no puedo ayudarle”, “Lo siento, no voy a ayudarle”.

 

¡Qué diferente es nuestro Señor! Para buscar su ayuda no tenemos que esperar. De hecho, ya hay abundante ayuda y bendición de parte de Él antes de que se la pidamos. Nunca vamos a encontrar un letrero que diga que está demasiado ocupado o demasiado cansado o que tiene mucho que hacer. En conclusión: en lo que a Él respecta, nunca hay barreras.

 

El profeta Isaías dice: “No tengas miedo, que yo estoy contigo; no te desanimes, que yo soy tu Dios. Yo soy quien te da fuerzas, y siempre te ayudaré; siempre te sostendré con mi justiciera mano derecha” (Isaías 41:10).

 

Más aún, su ayuda es gratuita. A veces es posible que tengamos que esperar, pero su ayuda y su respuesta siempre merecen la pena esperar.

 

A veces, lo mejor que podemos hacer por los demás es simplemente estar con ellos y estar disponibles. Ofrecerle a alguien nuestro tiempo es un regalo que podemos darle a todos.

 

Así como Dios ha hecho con nosotros.

 

ORACIÓN: Querido Padre celestial, recuérdanos que seamos como tu Hijo, que siempre se entregó a sí mismo por nosotros, incluso hasta la muerte en una cruz. En su nombre Amén.

 

 

The Lutheran Layman, julio de 1978, “Nuestros dones y capacidades deben ser utilizados”, por Jon Suel.

 

 

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El desaliento. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 11/01/2019

El desaliento

Pero eres tú quien me dio la vida, eres tú quien me infundió confianza desde que era un niño de pecho. Salmo 22:9

 

 

Hace muchos años, el desaliento y la depresión eran compañeros constantes de un joven abogado. Llegó a caer en tan profunda oscuridad emocional, que sus amigos decidieron hacer desaparecer de su casa todos los cuchillos y las hojas de afeitar.

 

En su momento de mayor oscuridad, este abogado escribió: “Soy el hombre más miserable del mundo. No sé si algún día me mejoraré. Creo que ni siquiera lo merezco”.

 

Después de un tiempo ese joven, Abraham Lincoln, superó el desaliento y llegó a un puesto de poder y autoridad. Por la gracia de Dios, Lincoln, al igual que Martin Luther King, Jr., se dedicó a mejorar la vida de los demás.

 

Pero eso no quiere decir que fuera inmune al desaliento.

 

No tengo dudas que usted también ha experimentado desaliento. Todos pasamos por momentos en los que parece que el mundo se nos viene abajo, y que nada sale como quisiéramos. Quizás hasta alguna vez hayamos jugado con la idea de dejar este “valle de lágrimas”.

 

Si esta es una descripción de lo que usted siente en estos momentos, es hora que el Espíritu Santo le cambie la vida, ya sea a través de aconsejamiento o de confesión, o aclarándole la visión que tiene de lo que el Señor ha hecho por usted.

 

Preste atención a las personas que le rodean y verá que hay algunas que están dispuestas a ayudarle. Entre ellas se encuentra el mismo Dios. Él quiere que sepa que lo que está sufriendo sólo es pasajero. Es más, se lo garantiza con su promesa.

 

A través de Jesucristo Dios nos lleva de la desesperación a la victoria. Así fue para Lincoln, y que así sea también para usted.

 

ORACIÓN:Querido Señor, tú eres mi escudo y quien me reanima cuando estoy desalentado. Te doy gracias por la victoria que es mía a través de Jesucristo. En su nombre. Amén.

 

 

De una devoción escrita originalmente para “By the Way”

 

 

Editado por CPTLN-Chile (enero 2019)

 

 

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Sabiduría proverbial. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 10/01/2019

Sabiduría proverbial

Es mejor ser humilde entre los humildes que compartir despojos con los soberbios. Proverbios 16:19

 

 

¡Cuán contraria a nuestro pensamiento humano parece ser a veces la Palabra de Dios!

 

Fijémonos en el texto para hoy del libro de Proverbios. ¿Será cierto? ¿Será cierto que es mejor humillarse con los oprimidos que compartir el botín con los orgullosos?”.

 

La Palabra de Dios dice que sí. Evidentemente, es mejor ser quien ha sufrido por culpa de otro, que quien hace sufrir a otro. Esta verdad confirma que los caminos de Dios no son nuestros caminos.

 

Cuando miramos la vida de Jesucristo, vemos este principio en acción. Como el Cordero de Dios sin mancha, Jesús llevó nuestros pecados a la cruz, pagó el precio de nuestra redención y resucitó de la tumba victorioso sobre Satanás.

 

Sin embargo, camino al Gólgota, el Salvador fue oprimido, severamente oprimido y golpeado. Aun así, Pedro dice que: “Cuando proferían insultos contra él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba a aquel que juzga con justicia” (1 Pedro 2:23). Jesucristo se “humilló en espíritu”, y confió en Dios.

 

Cuando con fe depositamos nuestra confianza en Dios, quien juzga con justicia, estamos actuando como Cristo actuó. Cuando el mundo nos oprime, cuando nuestros amigos nos fallan, cuando los demás se alegran en nuestra miseria, confiemos en Dios.

 

En los momentos más difíciles y oscuros de su vida, Jesús confió en el poder que su Padre tiene sobre el mundo y todas las circunstancias de la vida.

 

Nosotros también podemos hacerlo.

 

ORACIÓN: Padre celestial, recuérdanos de confiar en ti como lo hizo Jesús. A través de tu Espíritu Santo danos valor para saber que, aun cuando nos sintamos derrotados, tú nos amas y nos cuidas. En el nombre de Jesús. Amén.

 

 

Biografía del autor: Esta devoción está basada en un texto enviado por un voluntario de la Oficina de Cristo Para Todas Las Naciones en Brasil.

 

 

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Decisiones. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 09/01/2019

Decisiones

Pero cuando se cumplió el tiempo señalado, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer y sujeto a la ley, para que redimiera a los que estaban sujetos a la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos. Gálatas 4:4-5

 

 

El niño acababa de terminar la última porción de pastel, cuando su madre entró en la cocina. Con severidad en la voz, le dijo: “¡No puedo creer que te lo comieras todo! ¿Cómo es que no pensaste en tu hermana?” Con total falta de tacto, él le respondió: “Mamá, eso no es justo. Estuve pensando en ella todo el tiempo. Cada vez que daba un bocado, pensaba: ‘Espero terminar antes que venga”.

 

Los adultos no somos mucho mejor que ese niño. Sabemos lo que es correcto, pero frecuentemente no lo hacemos.

 

Esa verdad la pude comprobar personalmente una mañana cuando manejaba al trabajo. Cuando entraba a la vía expresa, encontré que los otros conductores iban a 20 millas por hora (más de 32 Km/h), por encima del límite permitido. Tenía unos pocos segundos para decidir si respetaría el límite de velocidad (y observar a los otros conductores pasarme zumbando), o unirme a los que no respetaban la ley.

 

Opté por unirme a ellos.

 

Eso no significa que hayamos pensado que lo que hacíamos era correcto, porque cuando divisamos un patrullero, todos bajamos rápidamente la velocidad hasta el límite permitido.

 

Pero hicimos lo correcto solamente hasta que el patrullero se perdió de nuestra vista; luego, nuestros velocímetros comenzaron a subir nuevamente.

 

Me imagino que cada vez que hacemos algo así, el Señor debe sacudir la cabeza y pensar que sus hijos no cambian nunca y son muy previsibles. Es evidente que necesitamos un Salvador. Y deberíamos estar muy agradecidos porque tenemos uno.

 

Gracias a Dios que tenemos la bendición de contar con Cristo como nuestro Redentor. Su perfección ha logrado todo lo que nosotros nunca podríamos lograr. Su sufrimiento, muerte y resurrección, nos ofrece perdón, esperanza y vida eternidad en el cielo.

 

En su honor trataré de portarme mejor.

 

ORACIÓN: Amado Señor, te doy gracias por enviar a tu Hijo para nacer bajo la ley, para que así yo pueda ser perdonado de mis ofensas. Ayúdame, para que mi vida sea un testimonio de su amor. En el nombre del Salvador. Amén.

 

 

De una devoción escrita originalmente para “By the Way”

 

 

Editado por CPTLN-Chile (enero 2019)

 

 

 

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Mira, no te lo pierdas. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 07012019

“¡Mira, no te lo pierdas!”

Fíjense en que yo hago algo nuevo, que pronto saldrá a la luz. ¿Acaso no lo saben? (Isaías 43:19a)

 

 

Si alguna vez has estado en una playa o alberca o piscina pública, habrás notado que los niños andan corriendo por todas partes, saltando al agua, tirándose de cabeza, haciendo todo tipo de piruetas, y una y otra vez diciendo: “Mira, mami”, o “mira, papi”, “aprendí a hacer algo nuevo”.

 

En el versículo para hoy, Dios nos dice lo mismo: “¡Mira, escucha! ¡Estoy haciendo algo nuevo! ¡Presta atención, es importante!”, refiriéndose a lo que está haciendo por cada uno de nosotros en Jesucristo, nuestro salvador. Y lo está haciendo a la vista de todas las naciones.

 

De la mitología y otras religiones hemos aprendido historias de dioses deambulantes que vinieron a la tierra por un tiempo y bendijeron o castigaron, antes de irse nuevamente. Pero el verdadero Dios no viene de incógnito por un breve tiempo, sino que viene como un ser humano real, un niño nacido de una joven. El verdadero Dios no se queda aquí por un tiempo breve, sino que pasa su vida con nosotros y no nos abandona, sino que promete acompañarnos siempre: Dios con nosotros.

 

Muchos seguidores han muerto por sus dioses, incluso como sacrificios humanos. Pero, ¿cuándo hubo un dios como el nuestro, el Dios que dio su vida por quienes le amamos y aun por sus enemigos? ¿Qué dios se sacrifica a sí mismo? Sólo Jesucristo, el verdadero Dios.

 

La muerte es el enemigo número uno de la raza humana, un enemigo que nadie puede vencer o evitar. Pero Dios ha hecho algo nuevo: ha resucitado a Jesucristo de los muertos para siempre. ¿Conoces algún otro dios que haya hecho algo así? Más aún, ¿conoces algún dios que haya prometido compartir la vida eterna con todas las personas que confíen en él? Sólo Jesucristo, el verdadero Dios.

 

¡Mira, no te lo pierdas! Dios está haciendo algo nuevo: está obrando nuestra salvación en Jesús a la vista de todas las naciones.

 

ORACIÓN: Padre, gracias por las maravillas que has hecho al salvarnos a través de tu hijo Jesús. Ayúdame a compartir esta noticia con quienes me rodean, para que más personas puedan conocerte y confiar en ti hasta la eternidad. Amén.

 

 

Editado por CPTLN-Chile (2019)

 

 

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Cuando las cosas salen mal. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 04/01/2018

Cuando las cosas salen mal

Jesús nació en Belén de Judea en los tiempos del rey Herodes. En aquel tiempo, unos sabios que venían desde el oriente llegaron a Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el oriente, y venimos a adorarlo.» Mateo 2:1-2

 

 

A veces me pregunto cuánto tardaron los sabios en darse cuenta de que su pregunta inocente había causado un gran malestar.

 

No eran para nada tontos. Probablemente servían en la corte de un rey de alguna parte como consejeros de confianza, y sabían cómo piensan los gobernantes. Así que, una vez que supieron que el niño que buscaban no era ni hijo ni nieto de Herodes… A los reyes no les gustan los rivales, por más que sean recién nacidos. Y su pregunta inocente había empezado todo.

 

A nosotros también nos pasa así, ¿no es cierto? Decimos o hacemos algo con las mejores intenciones, sólo para descubrir más tarde que hemos armado un lío. Y, por más que no haya sido nuestra intención, de pronto nos encontramos en medio de terribles problemas. ¡Cómo desearíamos poder retroceder el tiempo!

 

Pero por supuesto que no podemos. Lo que sí podemos es clamar a Dios, quien tiene misericordia de nosotros y redime incluso nuestros terribles errores. Ni siquiera un rey asesino pudo detener el plan de Dios de enviar un Salvador. Nada que tú o yo podamos hacer impedirá que Dios nos ame, nos busque y nos haga hijos suyos por medio de Jesucristo, nuestro Señor. Estas cosas no dependen de nosotros, sino del amor misericordioso de Dios. Él nos ayudará en cada error y problema, hasta el día en que nos lleve consigo.

 

ORACIÓN: Señor, tú sabes los problemas que he creado y los que tengo ahora. Perdóname, cuida de mí y de mis seres queridos, y mantennos en tu cuidado. Amén.

 

 

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN:
¿Cómo te sientes cuando te equivocas? ¿Qué haces con esos sentimientos?
¿De qué manera te ha ayudado Dios a superar o solucionar un error?

 

 

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El deseo del corazón. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 03012019

El deseo del corazón

También estaba allí Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ana era una profetisa de edad muy avanzada. Desde su virginidad, había vivido siete años de matrimonio, y ahora era una viuda de ochenta y cuatro años. Nunca se apartaba del templo, sino que de día y de noche rendía culto a Dios con ayunos y oraciones. En ese mismo instante Ana se presentó, y dio gracias a Dios y habló del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Lucas 2:36-38

 

 

Lucas nos da muchos detalles de la vida de Ana: de dónde provenía, que había estado casada y que tenía al menos 84 años. Ana está en el templo a toda hora y, si bien va a su casa de vez en cuando para lavarse o cambiarse de ropa, es allí donde se la encuentra día y noche adorando a Dios. Allí es donde su corazón más desea estar: ante la presencia de Dios.

 

Muchas personas mayores son así: su placer más profundo está en el Señor. Siempre están en la iglesia, ¡y conocen sus Biblias mejor de lo que uno alguna vez lo hará! Son las personas que uno quiere que oren por uno, porque se puede sentir la conexión que tienen con Dios. ¿Conoces a alguien así?

 

Pero Ana todavía esperaba algo: la redención de Jerusalén, la venida del Mesías, el nacimiento de Jesús que Dios había prometido. Y entonces llegó el día en que los padres de Jesús lo llevaron al templo para presentarlo ante el Señor. Los deseos de Ana se habían hecho realidad: podía ver y tocar al Mesías. ¡Jesús había nacido para salvar a su pueblo! Inmediatamente comenzó a contar a otros la noticia: “¡Ahí está, vayan a verlo!”.

 

Tú también tienes un deseo en tu corazón. ¿Cuál sería el momento culminante de tu vida? ¿Cómo se relaciona con Jesús, tu salvador?

 

ORACIÓN: Señor, tú conoces mis deseos más profundos. Vuélvelos a Ti, para que pueda estar satisfecho. Amén.

 

 

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN:
Nombra al menos uno de los deseos profundos de tu corazón. ¿Por qué es tan importante?
¿Qué estás haciendo mientras esperas que se haga realidad?

 

 

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Una espada en el alma. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 02/01/2018

Una espada en el alma

Simeón los bendijo, y a María, la madre del niño, le dijo: «Tu hijo ha venido para que muchos en Israel caigan o se levanten. Será una señal que muchos rechazarán y que pondrá de manifiesto el pensamiento de muchos corazones, aunque a ti te traspasará el alma como una espada.» Lucas 2:34-35

 

 

“Te traspasará el alma como una espada”. Y así habría de ser. Treinta y tantos años después, María miraba a su querido hijo Jesús colgando en una cruz, sufriendo las burlas y el odio de quienes lo veían. Seguramente María habría preferido que una espada de verdad le atravesara el corazón, en vez de tener que ver morir así a su hijo Jesús.

 

Pero ese día se quedó escuchando a Simeón. ¿Habrá tenido alguna idea de lo que le esperaba? Tal vez sí. Como mujer judía practicante, habría escuchado las profecías del Antiguo Testamento sobre el Mesías. Pasajes como Isaías 53:3: “… Será el hombre más sufrido, el más experimentado en el sufrimiento…”, y el Salmo 22:15: “… me has lanzado al polvo de la muerte…”, no serían fáciles de escuchar. De sólo pensar en el futuro, a veces se habrá estremecido y abrazado fuerte a su hijo.

 

María no quería ver morir a Jesús. Pero Jesús, el Dios encarnado, no quería ver morir a María… o a cualquiera de nosotros. Él nos ama y quiere que vivamos ahora y para siempre.

 

Y por eso aceptó no una espada en el alma, sino una lanza en el costado (Juan 19:34). Por su propia voluntad Jesús fue a la muerte en nuestro lugar, para volvernos a comprar de la muerte. Fuimos “el gozo que le esperaba” (Hebreos 12:2), lo que hizo que todo el sufrimiento valiera la pena. Y luego resucitó de entre los muertos para nunca más morir. No más espadas en el alma, no más lanzas en el costado. Sólo vida, gozo y amor para siempre.

 

ORACIÓN: Señor, cuando sientas que hay una espada en mi alma, reconfórtame y fortaléceme en Ti. Amén.

 

 

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN:
¿Qué te preocupa del futuro?
¿Alguna vez has elegido sufrir para evitar el dolor de alguien?

 

 

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