Coleccionando enemigos

Coleccionando enemigos - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 24042019

Jesús miró a sus discípulos y les dijo: “… Bienaventurados serán ustedes cuando, por causa del Hijo del Hombre, la gente los odie, los segregue, los vitupere, y menosprecie su nombre como algo malo. Cuando llegue ese día, alégrense y llénense de gozo, porque grande será el galardón que recibirán en los cielos. ¡Eso mismo hicieron con los profetas! (…) ¡Ay de ustedes, cuando todos los alaben!, porque lo mismo hacían con los falsos profetas los antepasados de esta gente” (Lucas 6:22-23, 26).

A nadie le gusta tener enemigos. Nos duele cuando alguien nos odia, se burla de nosotros o no nos quiere como amigos. ¿Y quién no ha sido víctima de rumores falsos? Algunos de nosotros ya comenzamos a sufrir cosas así en la escuela primaria. Y algunos todavía las sufrimos hoy.

Pero Jesús dice algo sorprendente: “Bienaventurados serán ustedes cuando, por causa del Hijo del Hombre, la gente los odie, los segregue, los vitupere, y menosprecie su nombre como algo malo”. Aparentemente, hay un momento en el que deberíamos estar contentos de tener enemigos que nos maltratan: cuando lo hacen por causa de Jesús.

Pero eso no sucede muy a menudo, ¿verdad? Piensa otra vez. Jesús también dice: “Ay de ti, cuando todas las personas hablen bien de ti, porque así hicieron sus padres a los falsos profetas”. Aparentemente, no tener enemigos es una mala señal. Sugiere que no estamos defendiendo lo que es correcto, que somos demasiado parecidos al mundo en el que vivimos, que encajamos mejor con los impíos que con Jesús. ¡Y eso no es bueno!

Cuando era adolescente solía preocuparme un poco porque no tenía enemigos. Pero con la edad adulta vinieron los enemigos. Una mujer me odiaba porque me vi obligada a llamar a las autoridades cuando la sorprendimos abusando de sus hijos. Hasta el día de hoy, estoy segura de que le gustaría verme muerta. Otro grupo de personas odiaba a mi esposo, el pastor, porque permitía que una mujer con una reputación terrible asistiera a la iglesia. Temían que la iglesia recibiera un mal nombre si acogía a los pecadores.

Los cristianos atraemos enemigos naturalmente, porque simplemente no encajamos bien en nuestro mundo. Si sigues a Cristo, tarde o temprano es probable que tengas que tomar una decisión: ¿hago lo correcto y enojo a alguien, o no hago nada y mantengo a todos contentos conmigo? Aunque estamos tentados a retirarnos, el Espíritu Santo nos empuja a hacer lo correcto. Y así comienza nuestra colección de enemigos.

No me malinterpretes. Algunas veces hacemos enemigos no porque estemos haciendo el bien, sino porque lo merecemos: en nuestra pecaminosidad lastimamos a alguien o nos portamos mal o avergonzamos el Nombre de Cristo. Si nuestros enemigos son resultado de nuestro mal comportamiento no tenemos nada de qué alegrarnos, sino que es hora de arrepentirnos. ¿Pero si hacemos lo que es correcto por el bien de nuestro Salvador Jesús y aun así nos hacemos de uno o dos enemigos? Entonces es cuando debemos recordar la promesa de Jesús: “Cuando llegue ese día, alégrense y llénense de gozo, porque grande será el galardón que recibirán en los cielos”.

ORACIÓN: Señor Jesús, ayúdame a atraer enemigos solo por la razón correcta: por amor a ti y a tu pueblo. Amén.

Dra. Kari Vo

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Enemigos. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones (CPTLN) - Chile. 04/12/2018

Enemigos

Yo pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre su descendencia y tu descendencia; ella te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón. Génesis 3:15

 

¿Puede ser bueno ser enemigos? Normalmente mi respuesta sería “no”. Ya lo aprendemos de niños, cuando nuestros padres nos dicen: “Pide perdón, haz las paces y hazte amigo”. Pero cuando se trata del diablo, la enemistad no es algo malo sino un regalo.

 

Escucha lo que Dios le dice al diablo luego que Adán y Eva le desobedecieron: “Pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre tu descendencia y su descendencia”. Hasta este punto, los seres humanos y el diablo no eran enemigos, y eso fue un problema. Cuando el diablo la tentó, Eva lo escuchó como a un amigo. Adán y Eva aceptaron su sugerencia como si él tuviera sus mejores intereses en el corazón, lo que por supuesto no era cierto. ¡Hubiera venido bien un poco de enemistad!

 

Y Dios se la da. Pero la enemistad no surgió de la nada. Dios dice: “Pondré enemistad… entre tu descendencia y su descendencia”. ¿De quién está hablando? De Jesús, el Salvador prometido que sería descendiente de Eva y vencería a todos los descendientes del diablo, es decir, a todos los poderes malvados que dañan a la humanidad.

 

Siendo Dios, Jesús conocía al diablo por lo que era: un rebelde, mentiroso y asesino. Y así es que Jesús tomó carne humana en defensa de la humanidad, las personas que eligió amar como propias. Como verdadero hombre, Jesús venció a nuestro enemigo con su muerte en la cruz y su resurrección de entre los muertos. Él rompió el poder del mal sobre todos los que confían en él, y ahora comparte esa misma victoria sobre nuestro enemigo con todos los que lo aman. ¡Gracias, Señor!

 

ORACIÓN: Querido Señor, gracias por salvarnos de nuestro enemigo y hacer que seamos tus amigos; mejor aún, tu propia familia. Te amamos, Señor. Amén.

 

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