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Repeticiones

Porque en cuanto a su muerte, murió al pecado de una vez y para siempre; pero en cuanto a su vida, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado pero vivos para Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor. Romanos 6:10-11

 

Han pasado 209 años desde que nació y 169 años desde que se le encontró vagando sin rumbo en las calles de Baltimore. Visiblemente enfermo, se le llevó al hospital de la ciudad, donde murió unos días después.

Se arregló su funeral rápidamente, y el vagabundo fue enterrado. Siete personas fueron a despedirle.

Al cabo de los años, quienes gustan del horror y de lo macabro, pensaron que la forma en que el escritor Edgar Allan Poe había dejado este mundo no había sido honorable, por lo que el encargado del museo de Allan Poe en Baltimore decidió una repetición de su funeral.

Para el mismo, se puso en exhibición un modelo de tamaño real del cuerpo de Poe, al cual los visitantes podían dar sus respetos. El féretro fue montado en una carroza estilo antiguo, y conducido al cementerio de Westminster, donde los restos de Poe han estado sepultados por más de 150 años.

¿Una repetición del funeral? Conozco a muchas personas a quienes les encantaría repetir el funeral de Jesús.

Tanto gobernantes irreverentes como otras religiones y pensadores ateos y agnósticos, han expresado su deseo de colocar el cuerpo de Jesús de vuelta en la tumba.

En los primeros tiempos de la iglesia, el emperador Dioclesiano inscribió en una piedra su logro mayor: Haber exterminado el nombre de los cristianos de la faz de la tierra. Hoy no es muy diferente.

Por supuesto, todos los enemigos de la cruz se han enfrentado con el mismo problema: Jesús murió una vez… y para siempre. Él no va a regresar a la tumba. Eso fue lo que le dijo Pablo a la iglesia en Roma. Eso es lo que Dios le dice a este planeta agonizante.

El Señor envió a su Hijo para que diera su vida como rescate. Todos los que creen en él como Salvador son perdonados y redimidos. Los que no creen… tratan de devolver a Jesús al sepulcro… pero él no se queda allí.

ORACIÓN: Querido Salvador, siempre estaré agradecido porque tú viviste, moriste y resucitaste por mí, dándome vida eterna. Derrama tu Espíritu Santo sobre los que no creen. Abre sus ojos para que vean que, porque tú vives, ellos también pueden vivir. Te pido esto en el nombre de Jesús. Amén.

 

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

© Copyright 2018 Cristo Para Todas Las Naciones

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Casas del Espíritu Santo

¿Acaso ignoran que el cuerpo de ustedes es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, y que recibieron de parte de Dios, y que ustedes no son dueños de sí mismos? Porque ustedes han sido comprados; el precio de ustedes ya ha sido pagado. Por lo tanto, den gloria a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios. 1 Corintios 6:19-20

 

“Casas de espíritus” fueron una de las cosas interesantes que vimos en nuestro viaje misionero a Tailandia. Las mismas están ubicadas en lugares prominentes en los jardines, dentro de los hogares y en los negocios.

Nuestro guía dijo que dichas casas están preparadas para dar albergue a los espíritus que han sido desplazados porque una familia o un negocio ocupó su terreno. Los espíritus pueden ser tanto buenos como malos y deben ser respetados por quienes están cerca, porque si no se sienten complacidos, pueden causar problemas.

Todos los días, muchas familias tailandesas les ofrecen incienso y les piden que protejan sus hogares y negocios. Algunas hasta les hacen ofrendas de flores, frutas y vegetales, pues creen que así recibirán seguridad, prosperidad y un futuro mejor, aun cuando esos espíritus les sean completamente desconocidos.

Cuando visitamos a una familia que había sido afectada por el tsunami, noté que en su hogar tenían una de estas casas de espíritus. Me pregunté dónde habían estado esos espíritus cuando llegó el tsunami que mató a tantas personas. Los espíritus no pudieron ayudar, porque sencillamente no existen. Pero hay un Espíritu que sí existe: es el Espíritu Santo de Dios.

Alejados de Jesús, la furia de Dios se enardece contra nuestros pecados. No existe ofrenda que calme su ira. Flores, fruta, vegetales y dinero no son suficientes. No hay nada que podamos hacer para merecer la seguridad, compasión y bendiciones que nosotros anhelamos. Aquí es donde el Dios verdadero se distingue a sí mismo de todos los otros dioses del mundo.

Dios mismo se hizo como uno de nosotros en la persona de Jesús, y entró a nuestro mundo turbulento para vivir la vida perfecta que nosotros no podemos vivir. Al morir en la cruz por nuestros pecados, Jesucristo se convirtió en la ofrenda de Dios por nosotros que apaciguó su ira y nos liberó. Él nos compró a un precio: su propia muerte.

Dios ofrece perdón y una vida mejor para todo quien cree en Jesús. No tenemos que hacer nada para ello. El Espíritu de Dios viene a nosotros a través de su palabra y nos lleva a creer en Jesús. El Espíritu de Dios es el único espíritu verdadero, y es bueno, amoroso y compasivo con todo aquel que ama y confía en Jesús.

Aun cuando ocurren desastres como el tsunami, Jesús promete vida eterna a sus hijos. Las aguas del tsunami que arrebataron vidas no pueden vencer a las aguas del bautismo, donde Dios da a los creyentes la vida eterna. El Espíritu de Dios nos da a Jesús para que nosotros mismos seamos la casa de su Espíritu, un templo donde Jesús está siempre presente.

ORACIÓN: Señor, gracias por calmar la ira de Dios a través de tu muerte y resurrección. Mantén presente tu Espíritu en mi corazón para que siempre crea y confíe en Jesús como mi salvador. Amén.

 

Biografía del autor: Esta devoción ha sido escrita por el Rev. Keith Ringers de la Iglesia Luterana St. Mark de Elberta, Alabama, quien junto con su esposa Diana, han hecho trabajo misionero en Tailandia en conjunto con la oficina de Cristo Para Todas Las Naciones en ese país.

 

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

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En conflicto con el mundo

Si el mundo los aborrece, sepan que a mí me ha aborrecido antes que a ustedes. Juan 15:18

 

Cuando recibimos a Jesucristo como Señor y Salvador, es probable que amigos, o incluso familiares, se pongan en contra nuestra. Pero al convertirnos en hijos de Dios, el Espíritu Santo nos da la fuerza para vivir una vida en santidad y alejarnos de las malas intenciones y acciones de quienes nos rodean. De hecho, el no estar involucrados en actividades que disgustan a Dios puede causar que, quienes se oponen a nuestra fe, nos odien aún más.

Jesucristo lo sabía. Él vino a este mundo para morir por nuestros pecados, pero aun así el mundo lo odió. Jesús dijo: “El siervo no es mayor que su señor” (Juan 15:20a). Este mundo odió a nuestro Señor, y ciertamente nos odiará a nosotros.

Al vivir vidas santificadas y servir a Jesucristo, somos bendecidos. Está escrito: “Bienaventurados serán ustedes cuando, por causa del Hijo del Hombre, la gente los odie, los segregue, los vitupere, y menosprecie su nombre como algo malo” (Lucas 6:22).

Si el mundo los odia, no se desanimen. Confíen en la guía del Espíritu Santo, perseveren en la lectura de la Palabra de Dios y tengan presente el premio que los aguarda en el cielo y que es suyo a través de la fe en Jesucristo. “Por causa de mi nombre todo el mundo los odiará a ustedes, pero el que resista hasta el fin, se salvará” (Marcos 13:13).

Esta es la promesa que Dios nos ha dado.

ORACIÓN: Padre celestial, gracias por la fuerza que nos ayuda a mantenernos firmes frente a la persecución del mundo. Gracias por las bendiciones que nos otorgas cuando somos odiados por los hombres. Protégenos con tus brazos poderosos y danos paz. En el nombre de Jesucristo. Amén.

 

Biografía del autor: Esta devoción fue escrita por un voluntario de las oficinas de Cristo Para Todas Las Naciones en Vietnam.

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

 

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