Fiel hasta en los más pequeños detalles

Fiel hasta en los más pequeños detalles - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 07/05/2019

Por lo tanto, hermanos santos, que tienen parte del llamamiento celestial, consideren a Cristo Jesús, el apóstol y sumo sacerdote de la fe que profesamos. Él es fiel al que lo constituyó, como lo fue también Moisés en toda la casa de Dios. Pero a Jesús se le ha concedido más honor que a Moisés, así como al que hace una casa se le rinde más honor que a la casa misma. Porque toda casa es hecha por alguien, pero el que hizo todas las cosas es Dios. Como siervo, Moisés fue fiel en toda la casa de Dios, para dar testimonio de lo que se iba a decir. Cristo, en cambio, como hijo es fiel sobre su casa, que somos nosotros, si mantenemos la confianza firme hasta el fin y nos gloriamos en la esperanza. Hebreos 3:1-6

La mayoría de las personas que tienen una casa en algún momento necesitan hacer algún arreglo: una gotera en el techo luego de una lluvia fuerte o una pérdida de agua. Cuando se busca a quién llamar para reparar el daño, la pregunta que surge es: “¿Será que esta empresa es buena? ¿Cuánto me va a costar?”.

¡Qué alivio sentimos cuando el arreglo termina siendo hecho bien y sin costar demasiado! Cuando eso sucede, nos sentimos aliviados y agradecidos por que el técnico de reparaciones supiera lo que estaba haciendo y lo hiciera bien. En otras palabras, porque fuera fiel a su oficio o a su vocación.

Pensé en esto después de leer este pasaje sobre Moisés en el libro de Hebreos. Moisés, esa imponente figura del Antiguo Testamento cuya vida es extraordinaria en todos los aspectos imaginables.

Desde sus inicios, cuando fue rescatado de la muerte a orillas del Nilo hasta su estatus privilegiado en la sociedad egipcia, y todos los sucesos posteriores: la zarza ardiente, las plagas y el éxodo, su deambular por el Sinaí y los Diez Mandamientos, Moisés tuvo amplias oportunidades para dejar que todo se le subiera a la cabeza. Bien pudo haber evitado la voz de Dios; pudo haber usado su posición de liderazgo para tomar las riendas y establecer un reino en su nombre, olvidando al Dios que lo llamó.

Pero no fue así con Moisés. “Pero con mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa, no lo hago así, sino que con él hablo cara a cara”. A través de todo, Moisés fue fiel. ¿Como líder? Por supuesto. ¿Como un administrador sabio y experto de personas y recursos? Sin ninguna duda. Pero se lo recuerda como un siervo y, en este rol, se le confió toda la casa de Dios (Números 12:7-8).

Siendo fiel al llamado de Dios, Moisés señaló al Cristo de siglos por venir. Y mientras que Cristo es ciertamente el Siervo de Dios es, antes que nada, el Hijo de Dios. El autor de Hebreos lo dice bellamente: “Él es el resplandor de la gloria de Dios. Es la imagen misma de lo que Dios es. Él es quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la derecha de la Majestad, en las alturas, y ha llegado a ser superior a los ángeles, pues ha recibido un nombre más sublime que el de ellos” (Hebreos 1:3-4).

Ese es el Jesús en quien confiamos, Aquél a quien Moisés, el fiel siervo de la casa de Dios, señaló.

ORACIÓN: Padre celestial, haznos siervos fieles de tu Hijo. Amén.

Paul Schreiber

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Fidelidad

El que es confiable en lo poco, también lo es en lo mucho; y el que no es confiable en lo poco, tampoco lo es en lo mucho. Lucas 16:10

 

De acuerdo a un artículo que leí, una señora de 68 años, originaria de Corea del Sur, es una muestra clara de lo que significa la palabra “compromiso”. Según ese artículo, esa señora:
Ha gastado $4,200 en solicitudes para dar el examen para obtener la licencia de conducir.

Después de dar 950 veces la parte escrita del examen, finalmente logró obtener el 60% necesario para aprobarlo. Ahora le falta aprobar la parte práctica para obtener su licencia de conducir.
¿Se puede imaginar dar 950 veces el mismo examen? Yo me habría rendido mucho antes de eso. Pero no esta señora, quien dice: “Creo que uno puede alcanzar sus metas si las persigue persistentemente… así que no dejen de soñar… sean fuertes y den su mejor esfuerzo.”

Lamentablemente, hay áreas en nuestra vida en las que, por más que nos esforcemos, no lograremos triunfar. Hay metas que nunca alcanzaremos… sin importar todo lo duro que tratemos de lograrlas… sin importar cuán persistentes seamos… sin importar la sinceridad con que creamos en nuestro sueño.

¿Necesita un ejemplo? Acá va uno: somos pecadores estancados en nuestra triste situación de pecadores. Una persona puede soñar con eliminar sus pecados; puede trabajar día y noche para deshacerse de ellos; puede esforzarse por llevar una vida limpia de pecado y dedicar todos sus esfuerzos a ese fin, pero aún así no lo logrará.

El tercer capítulo del Evangelio de Juan nos dice muy claramente cómo son las cosas: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Somos salvos por el amor y la gracia de Dios, no por nada que nosotros hagamos. Sólo la gracia de Dios, expresada a través del sacrificio de su hijo Jesucristo, puede salvarnos.

ORACIÓN: Amado Jesús, sin tu sacrificio estaría perdido. Con mis sueños, mi trabajo o mi dedicación nunca podría ganar el perdón y la salvación. Gracias a tu sacrificio en la cruz del calvario y a tu resurrección, soy salvo. Por todo ello te doy gracias. En tu nombre. Amén.

 

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

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