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No por obras

Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios; ni es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie. Efesios 2:8-9

 

Joe Arpaio, exalguacil del condado de Maricopa en el estado de Arizona, consideraba que los criminales no tienen por qué tener cosas mejores que sus víctimas, por lo que en su tiempo como sheriff estableció un programa llamado “PEDAL VISION”.

Tal programa funciona así: si un prisionero quiere mirar televisión, tiene que subirse a una bicicleta estacionaria y pedalear para generar los 12 voltios de electricidad necesarios para encender el televisor. Una hora de pedaleo le permite ver una hora de televisión. Si no pedalea, la televisión deja de funcionar.

Vale aclarar que el único ejercicio que algunos de estos prisioneros hacen, es caminar alrededor del patio de la cárcel, por lo que este programa permite que se mantengan en forma.

Si bien este proyecto es digno de ser aplaudido, debemos estar agradecidos que el Señor no nos ha impuesto a nosotros tal requisito para obtener el perdón de nuestros pecados.

¿Por cuánto tiempo tendría que pedalear una persona para pagar por un mal pensamiento, un desliz de su lengua o una acción maliciosa? Ninguno de nosotros tiene tanta energía o tiempo para pagar por nuestros pecados.

El Señor nos salva por su gracia y no por obras. Gracias al sufrimiento de Jesús, su sacrificio, su muerte y su resurrección, todo el que cree en él es perdonado y salvo. Así de simple: sin necesidad de hacer nada ni de preguntarnos si lo que hemos hecho es suficiente para ganar el perdón y la salvación.

Jesús ya lo ha hecho todo.

ORACIÓN: Señor, te doy gracias porque el Salvador es mi realidad y mi redentor. Te pido por quienes lo han rechazado, para que también un día lo reconozcan como Señor y Salvador de sus vidas. En el nombre de Jesús. Amén.

 

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

© Copyright 2018 Cristo Para Todas Las Naciones

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Fidelidad

El que es confiable en lo poco, también lo es en lo mucho; y el que no es confiable en lo poco, tampoco lo es en lo mucho. Lucas 16:10

 

De acuerdo a un artículo que leí, una señora de 68 años, originaria de Corea del Sur, es una muestra clara de lo que significa la palabra “compromiso”. Según ese artículo, esa señora:
Ha gastado $4,200 en solicitudes para dar el examen para obtener la licencia de conducir.

Después de dar 950 veces la parte escrita del examen, finalmente logró obtener el 60% necesario para aprobarlo. Ahora le falta aprobar la parte práctica para obtener su licencia de conducir.
¿Se puede imaginar dar 950 veces el mismo examen? Yo me habría rendido mucho antes de eso. Pero no esta señora, quien dice: “Creo que uno puede alcanzar sus metas si las persigue persistentemente… así que no dejen de soñar… sean fuertes y den su mejor esfuerzo.”

Lamentablemente, hay áreas en nuestra vida en las que, por más que nos esforcemos, no lograremos triunfar. Hay metas que nunca alcanzaremos… sin importar todo lo duro que tratemos de lograrlas… sin importar cuán persistentes seamos… sin importar la sinceridad con que creamos en nuestro sueño.

¿Necesita un ejemplo? Acá va uno: somos pecadores estancados en nuestra triste situación de pecadores. Una persona puede soñar con eliminar sus pecados; puede trabajar día y noche para deshacerse de ellos; puede esforzarse por llevar una vida limpia de pecado y dedicar todos sus esfuerzos a ese fin, pero aún así no lo logrará.

El tercer capítulo del Evangelio de Juan nos dice muy claramente cómo son las cosas: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Somos salvos por el amor y la gracia de Dios, no por nada que nosotros hagamos. Sólo la gracia de Dios, expresada a través del sacrificio de su hijo Jesucristo, puede salvarnos.

ORACIÓN: Amado Jesús, sin tu sacrificio estaría perdido. Con mis sueños, mi trabajo o mi dedicación nunca podría ganar el perdón y la salvación. Gracias a tu sacrificio en la cruz del calvario y a tu resurrección, soy salvo. Por todo ello te doy gracias. En tu nombre. Amén.

 

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

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