Una espada en el alma. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 02/01/2018

Una espada en el alma

Simeón los bendijo, y a María, la madre del niño, le dijo: «Tu hijo ha venido para que muchos en Israel caigan o se levanten. Será una señal que muchos rechazarán y que pondrá de manifiesto el pensamiento de muchos corazones, aunque a ti te traspasará el alma como una espada.» Lucas 2:34-35

 

 

“Te traspasará el alma como una espada”. Y así habría de ser. Treinta y tantos años después, María miraba a su querido hijo Jesús colgando en una cruz, sufriendo las burlas y el odio de quienes lo veían. Seguramente María habría preferido que una espada de verdad le atravesara el corazón, en vez de tener que ver morir así a su hijo Jesús.

 

Pero ese día se quedó escuchando a Simeón. ¿Habrá tenido alguna idea de lo que le esperaba? Tal vez sí. Como mujer judía practicante, habría escuchado las profecías del Antiguo Testamento sobre el Mesías. Pasajes como Isaías 53:3: “… Será el hombre más sufrido, el más experimentado en el sufrimiento…”, y el Salmo 22:15: “… me has lanzado al polvo de la muerte…”, no serían fáciles de escuchar. De sólo pensar en el futuro, a veces se habrá estremecido y abrazado fuerte a su hijo.

 

María no quería ver morir a Jesús. Pero Jesús, el Dios encarnado, no quería ver morir a María… o a cualquiera de nosotros. Él nos ama y quiere que vivamos ahora y para siempre.

 

Y por eso aceptó no una espada en el alma, sino una lanza en el costado (Juan 19:34). Por su propia voluntad Jesús fue a la muerte en nuestro lugar, para volvernos a comprar de la muerte. Fuimos “el gozo que le esperaba” (Hebreos 12:2), lo que hizo que todo el sufrimiento valiera la pena. Y luego resucitó de entre los muertos para nunca más morir. No más espadas en el alma, no más lanzas en el costado. Sólo vida, gozo y amor para siempre.

 

ORACIÓN: Señor, cuando sientas que hay una espada en mi alma, reconfórtame y fortaléceme en Ti. Amén.

 

 

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN:
¿Qué te preocupa del futuro?
¿Alguna vez has elegido sufrir para evitar el dolor de alguien?

 

 

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En el tiempo preciso. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones (CPTLN) - Chile. 24/12/2018

“En el tiempo preciso”

Y mientras ellos se encontraban allí, se cumplió el tiempo de que ella diera a luz. (Lucas 2:6)

 

 

“Se cumplió el tiempo.” Toda mujer que ha tenido hijos sabe cuánto pesa esa expresión. Desde el comienzo del embarazo, las mujeres esperamos y contamos. ¿Cuándo va a nacer nuestro hijo? ¿Cuándo terminarán las náuseas? ¿Cuándo veré a mi bebé en el ultrasonido? Y, ya hacia el final del embarazo, ¿CUÁNTOS DÍAS MÁS TENDRÉ QUE SEGUIR ANDANDO CON ESTA SEMEJANTE PANZA?

 

Finalmente, a María le llegó el momento de dar a luz. Humanamente hablando, era el peor momento posible: lejos del hogar y de la familia, cobijada entre animales y teniendo que utilizar un pesebre como cuna. Sin lugar a dudas, María y José hubieran preferido algo mejor. Pero Dios el Padre eligió ese tiempo y lugar en particular para que su Hijo entrara en el mundo. Con lo que sabemos hoy, podemos ver por qué Jesús es el salvador que “no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28).

 

Había llegado el momento. Pero a la vez comenzó un nuevo tiempo de espera. Durante su ministerio terrenal, Jesús varias veces dijo: “Mi tiempo aún no ha llegado” (Juan 7, 8:20; Mateo 26:18; Juan 2:4). ¿Qué tiempo? El tiempo en que habría de sufrir y morir para redimirnos a todos, liberarnos del pecado y hacernos hijos de Dios.

 

Fue para ese momento que Jesús vino al mundo, para rescatarnos, redimirnos y resucitarnos a una vida nueva y eterna a través del poder de su propia resurrección. Pablo nos dice: “Porque a su debido tiempo, cuando aún éramos débiles, Cristo murió por los pecadores. Es difícil que alguien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios muestra su amor por nosotros en que, cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:6-8).

 

Ese pequeño Niño se ha convertido en nuestro redentor y salvador. Hoy es el tiempo preciso para confiar en él.

 

ORACIÓN: Señor Jesús, gracias por venir a este mundo a nacer, sufrir, morir y resucitar por nosotros en el tiempo preciso. Mantennos junto a ti hasta la eternidad. Amén.

 

 

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La persona correcta. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones (CPTLN) - Chile. 13/12/2018

¿La persona correcta?

Seis meses después, Dios envió al ángel Gabriel a la ciudad galilea de Nazaret para ver a María, una virgen que estaba comprometida con José, un hombre que era descendiente de David. El ángel entró en donde ella estaba y le dijo: «¡Salve, muy favorecida! El Señor está contigo.» Cuando ella escuchó estas palabras, se sorprendió y se preguntaba qué clase de saludo era ése. Lucas 1:26-29

 

De vez en cuando tomo el teléfono sólo para escuchar una voz desconocida que dice cosas que para mí no tienen sentido. “Lo siento, número equivocado”, le digo, y cuelgo. María no pudo “colgarle” a Gabriel, pero parece haber pensado más o menos lo mismo: “¿Favorecida? ¿El Señor está conmigo? ¿Qué tipo de saludo es este?”.

 

Pero Gabriel continuó, confirmando que no estaba equivocado. “Has encontrado el favor de Dios”, le dijo. No había dudas, ella era la persona correcta, quien concebiría a Jesús y daría a luz al Salvador del mundo.

 

Dios también nos llama a nosotros, y algunas veces estamos tentados de colgarle. “¿Qué es esto a lo que me estás llamando?”, pensamos. “Hijo de Dios, amado, santo, precioso y comprado a un precio”, nos dice. ¿No estás hablando con la persona equivocada? Ciertamente no nos identificamos con todo eso. ¡Nuestros pecados nos miran directamente a la cara!

 

Pero todas esas cosas son las que Dios ve cuando nos mira. Y al igual que María, nosotros también hemos encontrado el favor de Dios. Gracias a la vida, muerte y resurrección de Jesús, realmente somos esas cosas ahora: amados, santos hijos de Dios. Cuando Dios nos llama suyos, no está hablando a un número equivocado. Al igual que María, ahora somos “las personas correctas”.

 

ORACIÓN: Querido Señor, gracias por amarme y hacerme tuyo. Gracias porque cuando dice “amado” e “hijo” te estás refiriendo a mí, a quien has salvado a través del sacrificio de tu Hijo. Amén.

 

 

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