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Dios nos conoce por dentro y por fuera

Tú, Señor, diste forma a mis entrañas; ¡tú me formaste en el vientre de mi madre! Te alabo porque tus obras son formidables, porque todo lo que haces es maravilloso. ¡De esto estoy plenamente convencido! Aunque en lo íntimo me diste forma, y en lo más secreto me fui desarrollando, nada de mi cuerpo te fue desconocido. Salmo 139:13-15

 

Los restaurantes con ventanilla de drive-thru ya hace muchos años que existen, y cada vez son más los diferentes tipos de negocios que están agregando el mismo servicio de entrega directa al auto: desde un café hasta los medicamentos, parece que casi no hay límite para las cosas que se pueden hacer desde el auto a través de una ventanilla.

La última noticia es que un médico del estado de Illinois está tratando de convertir un restaurante en un consultorio médico… un consultorio médico con ventanillas de atención a los pacientes desde sus automóviles.

No me cabe duda que ese médico es mucho más visionario que yo. Cuando pienso en un examen médico desde mi automóvil a través de una ventanilla, me estremezco. Además de la parte en que el doctor dice: “abra grande la boca y diga AAAHHHH”, no hay muchas otras partes de un examen médico que quisiera que me hicieran a través de una ventanilla.

Yo quiero que mi médico me conozca. Claro, ningún doctor puede conocernos como Dios nos conoce. Como dice el salmista en la Escritura para el día de hoy, Dios nos ha conocido antes de que hubiéramos nacido. Lo maravilloso de esto es que, aunque Dios nos conoce por dentro y por fuera y sabe muy bien acerca de nuestra condición pecaminosa, igual nos ama.

A pesar de nuestros errores, a pesar de nuestras transgresiones, a pesar de nuestra perdición, Dios sigue amando a cada hombre pecador, a cada mujer pecadora, a cada niño pecador. Y para que una humanidad tan pecadora pudiera ser salvada, el Padre en el cielo mandó a su Hijo como nuestro sacrificio.

Jesús, el Perfecto, fue condenado en lugar del imperfecto. Jesús, el Santo, murió por el pecador. El Hijo de Dios fue crucificado para que la humanidad condenada pudiera ser perdonada y adoptada como hijos e hijas de Dios.

Así es como quiero ser conocido: como un hijo de Dios.

ORACIÓN: Querido Señor, antes de que naciera tú me conocías y me amabas. A pesar de conocer mi condición pecaminosa que me condenaba, enviaste a tu Hijo para que me rescatara a mí y a todos los pecadores. Haz que quienes aún no te conocen sean traídos a la fe. En el nombre de Jesús. Amén.

 

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

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