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Falta de cortesía

En vez de eso, sean bondadosos y misericordiosos, y perdónense unos a otros, así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo. Efesios 4:32

 

El tráfico puede ser un problema en una ciudad grande. Esto es especialmente cierto cuando un peatón se encuentra con un conductor rudo.

Eso ocurrió la semana pasada. La luz del semáforo estaba en rojo y un automóvil sólo se detuvo en medio del cruce peatonal, haciendo que los peatones, como yo , nos viéramos forzados a rodear el auto para cruzar la calle.

No era nada grave, pero sí totalmente innecesario, y además agravado por el hecho de que el conductor se reía de nosotros.

De pronto vi que una jovencita hizo algo para enervar la furia del conductor, lo cual dejó perplejos a los otros peatones: abrió la puerta trasera del automóvil, se metió en él y salió por el otro lado, dejando ambas puertas abiertas.

La falta de cortesía está a la orden del día.

Nos encontramos con personas que piensan sólo en ellas mismas, sin ninguna consideración por los demás, y muchas veces las ignoramos. Pero a veces, como esa jovencita, queremos pagar ojo por ojo ahí mismo en el instante. La venganza es muy dulce, pero también muy triste.

Después de todo, nosotros no actuamos como niñitos pequeños cuyas acciones van en aumento: del insulto se pasa al empujón y del empujón se va a los puños. Ni somos como algunos de los países del mundo que tienen que hacer dos bombas porque otro país hizo una.

¿Dónde se detiene?

El Señor sabe que debe detenerse con el perdón. El perdón que recibimos del Salvador crucificado y resucitado es el mismo que debemos compartir con otros. Aun si, y especialmente si lo que se busca es la venganza, lo mejor es perdonar.

Eso es lo que el texto bíblico de hoy nos dice: perdonemos así como fuimos perdonados.

ORACIÓN: Padre celestial, es mejor perdonar cuando otros nos han herido. Ayúdanos a ser generosos para dar lo que Jesús tan misericordiosamente nos ofreció: el perdón por nuestros pecados. En el nombre de Jesús te lo pedimos. Amén.

 

De una devoción escrita originalmente para “By the Way”

Publicado en Paraelcamino.com

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Perdonar para ser perdonados

Si ustedes perdonan a los otros sus ofensas, también su Padre celestial los perdonará a ustedes. Pero si ustedes no perdonan a los otros sus ofensas, tampoco el Padre de ustedes les perdonará sus ofensas. Mateo 6:14-15

 

A veces nos resulta difícil comunicarnos, aun con las personas más allegadas. Hace unos años Olivia, mi prometida, y yo, pasamos por un período en el que todo lo que yo decía ella lo malinterpretaba. Ni siquiera las muchas oraciones que dije por Olivia lograron ayudarnos.

Un día, nuestro consejero me dijo: “Charles, puedes pasar el resto de tu vida orando para que una persona cambie, pero si en tu corazón no la has perdonado, estás interfiriendo con la respuesta de Dios a tus oraciones”.

¡Yo era el problema! En desesperación, confesé mi falta de perdón no sólo a Dios, sino también a Olivia. Casi inmediatamente sentí cómo se disipaban las nubes oscuras que durante tanto tiempo me habían cubierto, y pude ver la transformación que se dio en ella.

Pronto me di cuenta que ella estaba tomando decisiones maduras por sí misma, sin que yo la ayudara. Luego comenzó a pedir mi opinión, en vez de contradecirme como lo hacía antes. Una tarde que nunca voy a olvidar la escuché decirle a una amiga por teléfono: “Charles y yo tenemos una magnífica relación”.

Cuánto poder hay en el perdón. Nuestro Salvador Jesucristo nos enseña que le pidamos a Dios que nos perdone. Nuestro Padre celestial no mira nuestros pecados ni nos niega los deseos de nuestro corazón por causa de ellos sino que por su gracia, y a través de la muerte y resurrección de su hijo Jesucristo, nos los perdona.

ORACIÓN: Padre celestial, ayúdanos a perdonar a quienes pecan contra nosotros, así como tú nos has perdonado. En el nombre de Jesús. Amén.

 

Biografía del autor: Esta devoción ha sido escrita por un voluntario de Cristo Para Todas Las Naciones de Uganda.

Originalmente publicado en Paraelcamino.com

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