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Un regalo especial

Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios; ni es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie. Efesios 2:8-9

 

Un periódico vietnamita publicó el siguiente artículo:

“Un joven prisionero había sido asignado a la torre para vigilar los campos que rodean la prisión. Temprano por la mañana, notó que el área se estaba inundando por el crecimiento de las aguas. Desde la torre vio una pequeña casa rodeada de agua, en cuyo techo había paradas once personas. El joven prisionero saltó desde la torre y nadó hacia la pequeña casa. Luego de nadar con esfuerzo por algún tiempo, logró traer a las once personas sanas y salvas a la torre”.

El artículo también decía que el gobierno de Vietnam había decidido liberar al joven prisionero como premio por su buena acción.

Al igual que ese joven, nosotros también hemos sido liberados de una prisión: la prisión de Satanás. Y no por nuestro propio mérito, sino por la gracia de Dios, quien envió a su hijo Jesucristo a este mundo para sufrir el castigo que nosotros merecíamos por nuestros pecados.

Nosotros no podemos hacer nada para salvarnos a nosotros mismos de la esclavitud del pecado: “Ciertamente, la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios; ni es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie”, dice la Escritura para el día de hoy.

Si Dios hubiera requerido de nosotros buenas acciones para nuestra salvación, estaríamos perdidos. ¡Qué maravilloso regalo el que Él nos ha dado!

El gobierno de Vietnam perdonó al prisionero por su buena acción. Pero el Rey de reyes nos perdona incondicionalmente. Él no pide nada, ¡porque ese es su regalo!

ORACIÓN: Padre celestial, gracias por habernos regalado a tu único hijo Jesucristo, quien nos salvó de la inundación del pecado con su preciosa sangre. No hay nada en toda la tierra que se iguale al valor de tu regalo. No permitas que olvidemos que aún hay mucha gente sumergida en la inundación del pecado, e ilumínanos para que llevemos tu amor a quienes nos rodean. En el nombre de Jesús. Amén.

 

Autor: Doan Thanh Truc, exdirector de la oficina de Cristo Para Todas Las Naciones en la ciudad de Ho Chi Minh en Vietnam.

 

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

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