Un lugar para el pueblo de Dios - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 10/06/2019

Un lugar para el pueblo de Dios

Entonces se me acercó uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas finales, y me dijo: «Ven acá, voy a mostrarte a la novia, la esposa del Cordero».
Y en el Espíritu me llevó a un monte de gran altura, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, la cual descendía del cielo, de Dios.
Tenía la gloria de Dios y brillaba como una piedra preciosa, semejante a una piedra de jaspe, transparente como el cristal.
Tenía una muralla grande y elevada, y doce puertas; en cada puerta había un ángel, e inscripciones que correspondían a los nombres de las doce tribus de Israel.
Tres puertas daban al oriente, tres puertas al norte, tres puertas al sur, y tres puertas al occidente.
La muralla de la ciudad tenía doce cimientos, y en ellos estaban los nombres de los doce apóstoles del Cordero.


Apocalipsis 21: 9-14

¡Qué imagen del libro de Apocalipsis!

Esta descripción de la nueva Jerusalén, con su brillante belleza y resplandor descendiendo del cielo con la gloria de Dios y sus 12 puertas atendidas por ángeles, es fascinante. En las puertas están inscriptas los nombres de las “doce tribus de Israel”. Es como decir que esta ciudad es la ciudad del pueblo de Dios, de aquellos hijos elegidos del patriarca Jacob a través de los cuales vinieron sacerdotes y profetas, guerreros y reyes, siervos, escribas y, en “el tiempo señalado”, un Salvador (véase Gálatas 4:4-7).

¿Y a través de qué hijo, a qué tribu se le daría el honor de nombrar al Mesías entre sus descendientes? Esa distinción recayó en Judá, el cuarto hijo de Jacob (más tarde Israel) y su esposa Lea. “Tú, Belén Efrata, eres pequeña para estar entre las familias de Judá; pero de ti me saldrá el que será Señor en Israel. Sus orígenes se remontan al principio mismo, a los días de la eternidad” (Miqueas 5:2).

Con los planos de la futura ciudad de Dios ya establecidos desde los comienzos del tiempo y con el gran Arquitecto que hizo su aparición entre nosotros (ver Hebreos 2:14), se pudieron sentar los cimientos del muro que la rodea. Y así como las personas de antaño habían servido fielmente a su Dios y al Padre, también lo harían los discípulos de Jesús con excelencia, sus nombres estampados para siempre en los 12 cimientos de la Nueva Jerusalén.

Más allá de cualquier escena concebida en un famoso libro o una película de Hollywood, “la gran ciudad santa de Jerusalén, la cual descendía del cielo, de Dios. Tenía la gloria de Dios”, seguramente estará mucho más allá de nuestra débil imaginación. Pablo ya sabía esto cuando se refirió a Isaías acerca de lo que Dios tiene reservado para sus fieles: “Como está escrito: ‘Las cosas que ningún ojo vio, ni ningún oído escuchó, ni han penetrado en el corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman'”(1 Corintios 2: 9).

La nueva Jerusalén: una ciudad para el propio pueblo de Dios: un día será nuestra ciudad, en una vida sin fin donde se alaba y adora a Dios: “Tú eres santo, tú eres rey; tú eres alabado por Israel” (Salmo 22: 3).

ORACIÓN: Padre celestial, guíanos siempre hacia adelante en el nombre de tu Hijo, para que vivamos para ti en agradecimiento y alegría hasta que lleguemos a tu ciudad santa. En Jesús. Amén.

Paul Schreiber

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